Archivo de la etiqueta: La soñadora

Sara García y la Azteca Film. La Calle de junio 4, 2012

El Colegio de las Vizcaínas ha albergado en su seno a lo largo del tiempo a muchas niñas. Algunas de ellas al volverse mujeres serían parte fundamental de la ciudad de México. Una de estas niñas fue Sara García, una de las figuras icónicas más importantes de la historia de nuestro cine nacional.

Y comienza la historia…

Viajaron de España a México porque su padre Isidoro García había sido contratado para restaurar la catedral de Monterrey. La ciudad gustó a la familia García Hidalgo y fue así como Isidoro montó una pequeña fábrica de papel maché, al mismo tiempo que trabajaba en la fábrica de cerámica de la familia Madero. En 1900, la fatalidad cubrió el hogar de la familia, al caer el padre de un andamio víctima de un derrame cerebral. Felipa, madre de Sara, internó a su marido en el hospital, pero aunque sobrevivió al ataque, quedó semiparalizado para el resto de sus días. Al principio, creyó poder llevar las riendas de la pequeña fábrica de papel maché‚ pero al igual que todas o casi todas las mujeres de su época que quedaban viudas o casi viudas, el negocio se le comenzó a ir de las manos. Al verse sola en una ciudad donde conocía poca gente, se angustió por la salud de su marido y el futuro de su hija. Por consejo de varias familias españolas radicadas en Monterrey, se decidió a viajar a la ciudad de México, ya que ahí existían mejores médicos y hospitales, y sobre todo porque tenía la esperanza de quela Beneficencia Españolale diera un apoyo para hospitalizar a Isidoro e internar en el Colegio de las Vizcaínas a su hija para que prosiguiera con sus estudios.

La vida en México

Felipa acudió ala Beneficencia Españolarecibiendo el apoyo solicitado. Después de realizar todos los trámites para internar a Isidoro, el 28 de octubre de 1904 dirigió sus pasos al Colegio de las Vizcaínas para solicitar el ingreso de Sara como alumna con lugar de gracia, lo cual le fue contestado satisfactoriamente. Al poco tiempo de haber ingresado al colegio muere Isidoro. Sara se siente sola, pero su carácter jovial le ayuda a sobreponerse a lo que sabía irremediable. Felipa, entonces, obtiene un trabajo como ama de llaves.

Pero la desgracia perseguía a la familia García Hidalgo. En 1905 Felipa y Sara se enferman de tifo, Felipa todavía no restablecida de la muerte de Isidoro presiente una nueva tragedia en el seno familiar. Sobresaltada acude a ver a la directora de las Vizcaínas y le encarga que vele por su hija, en caso de ella morir. Y efectivamente, Sara se recupera pero su madre muere de tifo veinte días después. Cecilia Mallet, directora de las Vizcaínas, se hizo responsable de ella con independencia de su inserción como maestra. Primero, la hizo estudiar piano. Al darse cuenta que no era apta para ello, la encaminó hacia la pintura. Las clases las recibió de don Francisco Rebull, pintor consentido del porfiriato.

La muerte de sus padres forjó en la joven alma de Sara un temple que le serviría toda su vida, ya que se volvió una mujer fuerte y decidida, emprendedora y tenaz. Esto lo comprobamos al ver que a la edad de 14 años es nombrada profesora de la clase de dibujo, al sustituir por dos meses a la maestra María Cira Lejarza. El contacto con otras alumnas, fungiendo ella como maestra, le hizo ver que el magisterio podría ser un buen camino y excelente profesión para una joven en sus condiciones. Para Sara, los inicios de la revolución mexicana le fueron ajenos: sucedió fuera de los muros del colegio. Y vino a percatarse de ella hasta el momento dela Decena Trágicaen 1913 cuando impartía el tercer año de primaria. El gobierno pidió permiso para usar la azotea del plantel como trinchera, a lo que la directora se negó. Poco tiempo después caían bombas sobre la enfermería y el laboratorio de física. En realidad los daños fueron mínimos.

La revolución afectó económicamente a la escuela, casi todas las maestras dejaron de cobrar, razón por la que se les permitió dar clases extramuros. Sara tuvo la suerte de ser la maestra particular del hijo del señor Mayán, uno de los dueños del próspero almacén Liverpool – tienda departamental al estilo de los almacenes Lafayette de París. Este trabajo fue una especie de bendición, ya que representaba un buen salario, además de la posibilidad de pasearse libremente por la Alameda y sus alrededores.

El encuentro con el mundo de las sombras

Como todos los miércoles, al salir de la mansión de los Mayán se encaminó hacia el colegio. Para ello tenía que cruzar la Alameda. Tanensimismada estaba en estos pensamientos que no se dio cuenta como llegó hasta la esquina de Juárez y Balderas, junto al pabellón que levantó la comunidad española para la Exposiciónde Arte Peninsular con motivo de las fiestas del Centenario de la Independenciade México en 1910. En el portón había un grupo de personas que miraban algo. Curiosa, se acercó para mirar también. El comentario de un espectador le hizo recordar que ahí se filmaba una película con la gran diva Mimí Derba, quien audazmente había formado su propia compañía de películas: Azteca Film. Se rumoraba que después de la huelga emprendida por Mimí y varios compañeros suyos, las puertas de los teatros capitalinos les habían sido vetadas. Era el pago por jugar al sindicalismo. Fue gracias al patrocinio del General González, amante en turno dela Derba, que esta empresa cinematográfica había podido echarse a andar. Además, a voces no tan bajas, se vinculaba a este general con la famosa banda del automóvil gris.

Según testimonio de la propia Sara García, recogido en uno de los volúmenes de Testimonios para la historia del cine mexicano, que publicóla Cineteca Nacional en 1976, nos cuenta su primer encuentro con el cine:

Cierta vez que yo espiaba, según mi costumbre, lo que sucedía en los flamantes estudios de cine, estaba muy quitada de la pena viendo algo parecido a un baile cuando, de pronto, sentí una mano en el hombro. ¡Era el director de Azteca Film, el señor don Joaquín Coss!

–¿Qué hace usted aquí, niña?, me espetó, porque era muy brusco.

–¡Ay, señor, estaba mirando!

–¿Qué, le gusta esto?

–¡Ay, señor, mucho!

–¿Quisiera trabajar aquí?

–¡Ay, sí señor!, me apresuré a confesar, pues siempre he sido audaz.

Estaban filmando una película, no recuerdo si En defensa propia, Alma de sacrificio o La tigresa. Bueno, pues no bien le hube dicho al señor Coss que deseaba trabajar en los estudios, cuando me invitó a pasar:

–Pase, pase.

–Mire, señor ahorita no puedo…

–Pase, pase, pase.

Total, pasé, anduve fisgando y ya me iba cuando el señor Coss…

–¿Quiere usted venir mañana?

–¡Ay, sí, señor!

–¿A qué hora puede venir?

–A tal hora. Y señalé la destinada a las clases particulares.”

Portada del Cinema Reporter

Salió de los Estudios Azteca Film, como sobre nubes, su sueño de ser actriz comenzaba a corporizarse. No sintió el trayecto hacia el colegio. Cuando llegó, trató de ocultar su secreto. No podía decirlo a nadie, podía costarle el empleo, qué pensaría el Consejo si ella, una maestra del plantel se convertía en cómica de cine… ¡Qué horror!, ¡ni pensarlo!…

Y continúa con sus recuerdos Sara García:

En aquel entonces no me pagaban nada. Todo era de pura gorra. Yo era extra o señorita de conjunto, como nos denominaban. No estoy segura de si es lo mismo una extra que una señorita de conjunto, pero el caso es que esto último sonaba muy bien, aunque sólo se tratara de hacer bola.

En este momento no recuerdo con exactitud si mi primer papel, uno pequeñito, me lo dieron para En defensa propia o en Alma de sacrificio, pero la hice de criadita. Actúe dos minutos y tuve la suerte de que me viera Eduardo Arozamena, apodado El Nanche.

Su primer trabajo como señorita de conjunto, término con el cual se denominaba en el teatro lírico español a las chicas del coro, lo que el cine luego llamaría extras, le permitió filmar sus primeras tres cintas: En defensa propia, La soñadora y Alma de sacrificio. En la primera película tuvo su primer acercamiento con quien posteriormente sería su marido: Fernando Ibáñez, un joven poblano de no malos bigotes, a quien la juerga bohemia atraía más que el deseo de ser actor. Cuando terminó sus dos primeros trabajos en los estudios Azteca Film, sintió un escalofrío pues el estreno de En defensa propia sería el 14 de junio en el teatro Arbeu. ¿Cómo explicar a la Junta del colegio que ella, una alumna y maestra de las Vizcaínas, se había convertido en cómica, que convivía con la desvergonzada amante del general González a quien se ligaba con la banda del automóvil gris? No le quedó más remedio que tomar al toro por los cuernos. Habló con la directora de su situación y extendió su renuncia. Como respuesta recibió del Consejo un permiso sin goce de sueldo, por si las cosas no le salían bien, podía regresar a las aulas a dar clases. Ella aceptó la indicación. A finales de septiembre, al terminar de filmar Alma de sacrificio, se unió a la compañía creada por Eduardo Nanche Arozamena con varios de los actores y actrices de la Azteca Film. Debutó en el teatro Fábregas con la obra francesa muy en boga en esa época: El asno de Buridán. Su sueldo fue de dos pesos diarios, por dos funciones. Así pues, durante los siguientes diez años, Sara García se dedicó al teatro y sería hasta 1927 que vuelve a los sets cinematográficos.

De las cinco películas filmadas por la Azteca Film, Sara García actuó en tres: En defensa propia, Alma de sacrificio y La soñadora. Pero existe otra película del periodo silente donde se supone que actúa doña Sara, sin embargo en ninguna filmografía del cine mudo existe el dato sobre su participación en Yo soy su padre (1927), salvo en el artículo de Luis Terán, de entre varios, que conforman el número monográfico de la revista SOMOS, dedicado a la actriz; esta vez en la primera y única película muda que dirige Juan Bustillo Oro.

El video muestra segmentos de los filmes En defensa propia, La soñadora y La Tigresa, los tres producidos por la Azteca Film; incluye también pietaje filmado por Enrique Rosas — uno de dueños de la Azteca Film — de Porfirio Díaz inaugurando la Exposición Ganadera de Coyoacán en 1905:

* La información vertida en este escrito proviene varias fuentes: en especial del artículo Sara García y las Vizcaínas en la revista Primer cuadro. Vida cotidiana en el centro histórico, septiembre de 2007, año 1, número 2. pp. 3-4 de Fernando Muñoz Castillo; Testimonios para la historia del cine mexicano, 7 vols., México, Cineteca Nacional, 1975-1976, coordinados por Eugenia Meyer; el libro Sara García de Rafael Aviña editado por Clío en 1996; y el número monográfico de la revista SOMOS, Sara García, la abuelita del cine nacional de Editorial Televisa, S. A. de C. V., México, octubre de 2000, año 11, Número 200.

Mimí Derba

Mimí Derba, Mimí Derba, / con dos partes de Afrodita / y una parte de Minerva.

Alfonso Camín

Una de las pioneras del cine mexicano fue Mimí Derba. Conocida más como actriz, fue además productora, directora y argumentista. Oriunda del Distrito Federal donde nació a finales del siglo XIX (1893, 1888 o 1894 según la fuente que se consulte), cambia su nombre, María Herminia Pérez de León Avendaño por el afrancesado Mimí e inicia su carrera artística en el Teatro Lírico donde debuta en 1912. El público mexicano, admirador de María Conesa y Consuela Cabrera, incluye a Mimí Derba como otra de nuestras “divas” autóctonas.

Si bien eran el teatro y la carpa los lugares preferidos de nuestros abuelos, el cine, con “divas” italianas como Pina Menichelli, Francesca Bertini o Italia Almirante Manzini, era el que robaba suspiros a los caballeros de la época, por lo que Mimí decide incursionar en la producción cinematográfica y, junto con el camarógrafo Enrique Rosas, funda la primera productora nacional de cine: La Sociedad Cinematográfica Mexicana, Rosas, Derba y Cía., antecedente de la Azteca Films. Es en mayo de 1917, en una oficina ubicada en la céntrica esquina de Balderas y avenida Juárez en la ciudad de México, cuando inicia, sin experiencia previa, la producción de películas. La osada aventura empresarial tiene frutos inmediatamente pues en su primer y único año de funcionamiento la Azteca Films logra llevar a buen puerto la producción de cinco largometrajes de ficción.

Entre la vida y la muerte es el primer proyecto de la Azteca Films. Dirigida por Joaquín Coss y estelarizada por Mimí Derba la película queda inconclusa al igual que Chapultepec, cinta de la que sólo sabemos que el fotógrafo fue Enrique Rosas. En defensa propia inaugura la producción cinematográfica de la compañía bajo la mancuerna Derba-Rosas, siendo la primera, protagonista y autora del argumento, y el segundo fotógrafo. Entre las actrices secundarias destaca Sara García quien actuará también en Alma de sacrificio y La soñadora. La historia gira en torno a un rico viudo que se casa con la institutriz de su hija, pero una prima, banal y aristocrática trata de separar al matrimonio. Finalmente la prima es desenmascarada por toda la concurrencia a una fiesta de disfraces y los esposos vuelven a unirse. En 1916 se inició la producción cinematográfica mexicana de argumento.

Mimí Derba en Alma de sacrificio
Mimí Derba en Alma de sacrificio, AGN, Colección Fotográfica Pedro Portilla Carrillo

Alma de sacrificio es producida por Mimí Derba, actriz principal del filme y Enrique Rosas, fotógrafo de la misma. La música es adaptada e interpretada por Miguel Lerdo de Tejada. La historia, al igual que el anterior filme, es un melodrama al estilo italiano. Dos hermanas viven juntas, pero una escapa con un hombre casado para regresar al hogar con un hijo. Para poder casarse con un pretendiente, el hijo “ilegítimo” es achacado a una falta de juventud de la hermana honrada, y ésta acepta el sacrificio con tal de ver feliz a su consanguínea.

La tercera obra producida por la Azteca Films es La Tigresa, única película donde Mimí Derba no actúa y funge sólo como directora. Junto con las hermanas Adriana y Dolores Elhers y Candita Beltrán Rendón sería una de las primeras directoras del cine nacional. Otro melodrama influenciado por el cine italiano. Una mujer, por tener una aventura, juega con un obrero. Conoce a un joven elegante con quien se casa. El obrero enloquece y es enviado a un manicomio que es visitado por la pareja y al verla, el obrero se abalanza para ahorcarla.

Bajo la dirección artística de Eduardo Arozamena y basado en un guión suyo se filma La soñadora donde la Derba es protagonista. Historia melodramática de un pintor y su modelo. Como las anteriores películas producidas por la Azteca Films, el final es trágico. Él muere frente a ella, para posteriormente enloquecer.

La quinta y última película producida por esta compañía en su corta existencia de sólo un año es En la sombra, absurdo viaje onírico del personaje principal. Es probable que el argumento sea autoría de Mimí y la dirección de Joaquín Coss. El argumento es sólo un pretexto para el lucimiento de los cantantes de una compañía de ópera italiana. Al finalizar la filmación la sociedad Derba-Rosas se disuelve. Mimí regresa el teatro y Rosas continua filmando.

Llegado el cine parlante, con Santa (1931) donde interpreta a la matrona del burdel, Mimí Derba se integra a la naciente industria cinematográfica nacional como una de las caras inolvidables de la mal llamada “época de oro del cine nacional”.

Ángel Miquel, en su rica y documentada biografía Mimí Derba, rinde un muy merecido homenaje a esta pionera de nuestro cine. Cantante, actriz, argumentista, productora y directora durante más de cuatro décadas hasta su muerte en 1953, dejó una huella difícil de borrar en el imaginario colectivo.