Un revolucionario del cine: cámara y fusil en mano

Traspapelado entre un centenar de documentos, localicé el siguiente artículo de Perla Ciuk sobre Jesús H. Abitia. Desafortunadamente no tuve el cuidado de anotar la fecha y mucho menos la fuente; aunque me parece que por su tipografía apareció en el periódico Reforma. Aún a expensas de mostrar y aceptar mi descuido, considero de interés para los historiadores del fenómeno cinematográfico silente la información vertida en el mismo. Una disculpa a mis lectores y a Perla Ciuk.

Un revolucionario del cine: Cámara y fusil en mano

Perla Ciuk

Apasionado y arriesgado, Jesús H. Abitia (Batuchic, Chihuahua, 1881-Ciudad de México, 1960) ya establecido en 1910 como fotógrafo y distribuidor directo de aparatos y materiales de la Eastman Kodak Company, se adhiere a la Revolución Mexicana como eficiente partidario del cambio político y capturador de éste a través de la imagen. Entre balas y cañones, emboscadas y traiciones, Abitia retrata con valentía y profesionalismo la odisea revolucionaria, labor que lo convierte en representante de la Escuela Mexicana Documentalista al lado de Enrique Rosas y Salvador Toscano.

Hijo de don Luis Abitia, oficial e las fuerzas opositoras al Imperio de Maximiliano, Jesús H. Abitia se educa en un ambiente liberal juarista; diseñador de instrumentos musicales, creativo y curioso adquiere en El Paso, Texas, el invento de moda, la última maravilla: una cámara de cine. Se une a la causa constitucionalista en Sonora y registra los brotes caudillistas alrededor de Álvaro Obregón (su compañero de estudios en Huatabampo, Sonora) en Culiacán, Mazatlán, Teoloyucan, Veracruz, León y Aguascalientes. En 1915, filma el recorrido de Venustiano Carranza por los estados de Coahuila, Nuevo León y San Luis Potosí, hasta llegar a Querétaro. Por orden expresa del presidente Venustiano Carranza, en 1917, emprende una gira por todo el territorio nacional, filmando películas para exhibirlas en países del resto de Latinoamérica con el fin de dar a conocer México. En 1920, filma la gira del entonces candidato presidencial Plutarco Elías Calles; ese mismo año, con un presupuesto de 300 mil pesos, funda los Laboratorios y Estudios Cinematográficos Chapultepec, los primeros en México, en donde se realiza, en 1931, la segunda versión de Santa, bajo la dirección de Antonio Moreno, película con la que se estrena en nuestra cinematografía el sonido directo. Entre 1910 y 1920, filma el material del que parte Eufemio Rivera para la edición del documental Epopeyas de la Revolución Mexicana, de Gustavo Carrero, 1963, en el que se integran cortometrajes como Llegada de tropas de Obregón, Campaña constitucionalista y El combate de las flores. Fue pionero en las primeras ficciones producidas en México: El robo del perico, Los dos reclutas, Los amores de Novelty, El matamujeres y El incendiario (1914), cortometrajes que dan pie a sus largometrajes de los años 20.

Jesús H. Abitia en su estudio, ca. 1920. Colección particular
Jesús H. Abitia en su estudio, ca. 1920. Colección particular

Hace un par de años, en busca de información sobre este personaje, tuve la suerte de localizar a miembros de la familia Abitia, quienes me entregaron un documento autobiográfico, escrito en 1949, en el que Jesús Hermenegildo Abitia narra con lujo de detalles la historia de su vida, siempre cámara en mano. Enseguida me permito publicar dos extractos de este testimonial, que ilustran – creo yo – la esencia del pionero, inquieto realizador de resistente terquedad, características que acompañan a todo aquel que dedica su vida al cine y que en el caso de Abitia nos ha permitido ser testigos de los años revolucionarios y de los inicios del cinematógrafo en México.

1914: Al romperse las hostilidades con Villa, marchamos a Veracruz. Se puso a mi disposición un cabús (carro de ferrocarril) para que llevara mi equipo, que había aumentado considerablemente. Se agregó mi carro al tren de la impedimenta y salimos. Poco antes de llegar a la Villa de Guadalupe, supe que el general Lucio Blanco estaba sublevado y esperaba el paso del general Obregón para atacarlo. Inmediatamente cerré el cabús y regresé a darle parte al general Obregón. Al día siguiente salí en el tren del Cuartel General y en la tarde que llegamos a Esperanza supe que el tren del general Alvarado había tratado de pasar el tren de la impedimenta a gran velocidad, tren que se encontraba en un cambio. Creyendo seguramente el maquinista, que la vía recta estaba libre, entró en el cambio precipitándose sobre el tren de la impedimenta, haciendo pedazos el cabús y volcando varios carros más. En ese choque perdí más de diez mil pesos en aparatos y materiales destruidos, salvándose por fortuna las películas cinematográficas ya terminadas. En Orizaba nos recibió el Primer Jefe; yo tomé la escena con la única cámara que quedó servible, pero sin tripié. A Veracruz llegamos el 26 de noviembre de 1914. De allí salí a Cuba para adquirir aparatos y materiales cinematográficos; el La Habana recibí dos cámaras de cine y película virgen que de Veracruz pedí por telégrafo a Nueva York. Aproveché mi viaje a Cuba para exhibir en La Habana, Pinar del Río y otras poblaciones, las películas de la Revolución; lo que sirvió de una gran propaganda para la causa. Ya con elementos, volví a incorporarme con el general Obregón y seguí a la vez que desempeñaba varias comisiones tomando películas para la historia de la Revolución.

1920: A fines de 1920, pensé en establecer los estudios cinematográficos que edifiqué cerca del Bosque de Chapultepec; con ese fin, trasladé a ese lugar una casita de madera montada en ejes con ruedas que yo había construido en 1916. Un día, noté que un automóvil se detenía frente a mi casa. Salí y en ese momento descendían del auto el señor Presidente de la República don Adolfo de la Huerta, acompañado por el general Obregón, el general Calles y el Lic. Don Miguel Alesio Robles. Me saludaron y el general Obregón dijo: “Ya ves como es de Abitia esta casa. Es ideal para un soltero”. El señor Presidente me preguntó: “Y ¿de quién es este terreno?”. A lo que respondí: “Tengo informes de que es propiedad de la Nación y a reserva de adquirirlo legalmente lo ocupo”. Les expliqué los proyectos que tenía respecto a los estudios cinematográficos. “Pues mientras yo sea Presidente, nadie te molestará”, me dijo el señor Huerta. “Y si yo salgo electo Presidente, tampoco te molestarán”, dijo el general Obregón. “Soy testigo”, dijo Calles. “Y yo también”, afirmó Alesio Robles. Efectivamente tanto el señor Huerta como el general Obregón cumplieron su palabra y con el dinero producto de mis negocios que representaba el esfuerzo de toda mi vida, establecí los primeros estudios y laboratorios cinematográficos en México, cuyo costo fue de trescientos mil pesos y que sirvieron de base para el auge que hoy tiene la cinematografía en nuestro país.

Escuela de Arte y Fotografía de Jesús H. Abitia, Paseo de la Reforma 525, Jesús H. Abitia, ca. 1921. Colección particular
Escuela de Arte y Fotografía de Jesús H. Abitia, Paseo de la Reforma 525, Jesús H. Abitia, ca. 1921. Colección particular

A raíz del asesinato del general Obregón, la mayor parte de los que se decían sus amigos le voltearon la espalda. Luis Montes de Oca, Ministro de Hacienda, mandó un inspector y policías para que desalojara los Estudios Cinematográficos Chapultepec. El siguiente Ministro, Alberto Pani, vendió los estudios y laboratorios en 143 mil pesos y le dio a Abitia 5 mil. En ese entonces, el archivo de películas del cineasta rebasaba el millón de pies, y su costo se acercaba al millón e pesos. Un comprador se interesa en 300 mil pies de película, a razón de 2 dólares el pie; sin embargo, un misterioso incendio acaba con todo, rescatándose solamente cuatro rollos de positiva que contenían un extracto de todas las películas que tomó durante la Revolución, y una colección de fotografías fijas.

Filmografía:

1914:          Marcha del ejército constitucionalista por diversas poblaciones de la república y sus entradas a Guadalajara, México y el viaje del señor Carranza hasta su llegada a esta ciudad (Veracruz)

1919:          El combate de las flores

1920:          Los encapuchados en Mazatlán; Las industrias de México

1921:          Carnaval trágico

1922:          El último sueño; La Venecia mexicana; Aspectos de México; Rebelión delahuertista o la última revolución; Escuela de verano en la universidad

1928:          Las tareas de la agricultura

1929:          Álvaro Obregón; Baja California

5 pensamientos en “Un revolucionario del cine: cámara y fusil en mano”

  1. Hola tengo 15 años y actualmente hago una cronología de 1900-1940 y deseo consultar el Archivo de Jesús Abitia pero su dirección creo que ya no es la que halle en Medellin 193. Sabe usted la dirección de la familia. Tenían un estudio fotográfico.

  2. Hola:

    Soy oriundo de Teoloyucan, Estado de México, lugar en que se firmaron los tratados del mismo nombre, sé que Jesús H. Abitia estuvo presente y filmó escenas de los hechos previos y del momento mismo de la firma. Actualmente estoy investigando esta parte de la historia de mi pueblo y necesito conseguir una copia de este valioso material; he tenido contacto con la fundación Salvador Toscano en donde existe una de las dos versiones de “Epopeyas de la Revolución”, Por casualidad saben ustedes en donde se puede tener acceso a la otra parte?

    Gracias y felicidades por su sitio.

    Atte.

    Valentín García Márquez

    1. Mil gracias por sus comentarios. Respecto al material que busca, al igual que usted, sólo conozco el guardado en la Fundación Toscano en Ocoyoacac. No dudo que en el Archivo General de la Nación pueda usted encontrar lo que busca. Suerte en su investigación.

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