Historiografía cinematográfica regional

Famoso entre los estudiosos de la historia del cine en México es la monumental obra Historia documental del cine mexicano – con dos ediciones, la primera de editorial ERA y la segunda de la U de G — del investigador Emilio García Riera. Don Emilio dejó huella con sus ensayos y forma de mirar el cine, aparte de poner los cimientos para una seria y bien sustentada investigación con la creación del “Centro de investigaciones y estudios cinematográficos” de la Universidad de Guadalajara. Con justo mérito lo considero el pionero de la historia del cine en el país. Sin embargo, sus ensayos se centraron en el período hablado del cine, por lo que se necesitaba atacar esa época olvidada. Hagamos un somero análisis de la historia del cine mudo mexicano.

Para estudiar e investigar los inicios del cine en México o sea del cine mudo o silente, el pionero fue y sigue siendo Aurelio de los Reyes y han continuado ese interés Juan Felipe Leal, Eduardo Barraza, Carlos Arturo Flores, el periodista Sánchez García, Federico Dávalos, Ángel Miquel, Miguel Barbachano Ponce y Manuel González Casanova, así como otros varios historiadores locales, que amparados e influenciados por la microhistoria Gonzaliana – me refiero a don Luis González y González autor de Pueblo en vilo —  han desmenuzado madejas documentales en archivos locales; polvosos, desordenados y mal clasificados, pero siempre ricos en información para el ojo acucioso del investigador.

A partir de la publicación de los estudios pioneros de Gabriel Ramírez, El cine yucateco; de Julia Tuñón, Historia de un sueño. El Hollywood tapatío y el perteneciente a Guillermo Vaidovits, El cine mudo en Guadalajara, es que la microhistoria cinematográfica toma carta de naturalización dentro de la historiografía nacional. Por mucho tiempo se contempló al cine nacional como una industria con sede en la capital de la república, sin embargo a partir de los años noventa los estudios locales comienzan a tomar auge: Cine Tropical. Notas para una historia del cine en Mazatlán, 1897-1926 de Marco Antonio Lugo, Esplendor y ocaso de las salas de cine en Sinaloa de Jorge Briones Franco, El cine mudo en Chihuahua de Alma Montemayor y cierra el estudio regional de Norma Iglesias, Entre yerba, plomo y polvo. Lo fronterizo visto por el cine mexicano. Más reciente es La mirada desenterrada. Juárez y El Paso vistas por el cine (1896-1916) de Willivaldo Delgadillo y Maribel Limongi.

Eduardo de la Vega Alfaro compiló una serie de ensayos de microhistoria cinematográfica regional que abarcan toda la geografía del país. Como resultado del I Coloquio de Historia del Cine Regional en México que se llevó a cabo en Guadalajara se publicó Microhistorias del cine en México. De interés local es la investigación incluida en el libro anterior que tiene como tema de estudio nuestro estado y de la autoría de Cuitláhuac Martín Gómez Salinas, De la pantalla a la vida cotidiana: exhibición cinematográfica en Tenango del Valle, Estado de México (1927-1989). Basado más en entrevistas personales que en material hemerográfico o bibliográfica logra una bien estructurada lectura de lo que el cine significó para los habitantes de esa ciudad y cómo modeló muchas de sus actividades, aunado a la memoria histórica que les construyó.

Por lo que respecta a otros estudios previos que privilegien el cine como fuente de estudio histórico en el Estado de México existen dos breves ensayos aparecidos en Castálida, revista del Instituto Mexiquense de Cultura, uno en 2005 titulado Actividades en el Cine Coliseo Revolución, 1939-1949 escrito por José Alfredo Germán Islas y el otro de Alfonso Sánchez Arteche Llega el cine a Toluca en 1994. La investigación histórica enfocada al fenómeno cinematográfico en el Estado de México, en especial al período mudo, es una veta virgen que necesita de historiadores que escarben en los archivos e interpreten los documentos para enriquecer el acervo histórico de Toluca y, por ende, el del Estado de México.

Una década de cine silente en Toluca

Durante la década que inicia con la llegada del cine a México  en 1896 y termina en 1905, cuando el cinematógrafo se instala definitiva en el inconsciente colectivo y se crean establecimientos exclusivamente dedicados a proyectar vistas, Toluca no es ajena a la llegada del invento y los empresarios itinerantes que surcaban las polvosas carreteras de la época iniciaron a nuestros bisabuelos al visitar la ciudad regularmente. Durante el último lustro del siglo XIX, varios cinematografistas promovieron el invento entre nuestros bisabuelos, siendo Lorenzo Trujillo Marín quien renta el Hotel León de Oro para exhibir la Exposición Imperial (Kaiser Ausstellung), una serie de imágenes fijas en pantalla, durante agosto de 1896 para regresar en 1898 complementando el programa de vistas fijas con el cinematógrafo.

El primer empresario que se documenta como introductor del cine en Toluca fue Eduardo Hervet a quien se le concede una licencia para que “exhiba un Cinematógrafo Lumière, en el Teatro Principal de esta Ciudad.” La licencia esta fechada el 2 de julio de 1898.

Para el último año del siglo XIX, 1900, los hermanos Becerril dan funciones en la plazuela del Carmen durante los días de julio en que se desarrollan la feria. Para noviembre regresan y efectúan funciones en el Teatro Principal.

Así es que durante los años 1899 y 1900, tenemos testimonios de dos visitas de empresarios cinematográficos itinerantes a nuestra ciudad. Román J. Barreiro durante julio del 99 y los hermanos Becerril que dan funciones del nuevo invento durante los meses de julio y noviembre de 1900. Similar al año anterior, las fuentes primarias son cuasi inexistentes para este bienio. Sin embargo se puede documentar que durante el último lustro del siglo XIX visitan Toluca, el cubano Lorenzo Trujillo Marín, Eduardo Hervet, Román J. Barreiro y los hermanos Becerril.

Para el primer lustro del siglo XX tenemos una riqueza documental que contrasta con la casi nula información sobre los últimos años de los 1800.

Fue en el Teatro Principal donde se presentó los días jueves 9, domingo 12, jueves 16 y domingo 19 de mayo de 1901 la “Empresa Delamare” del empresario Augusto Delamare.

Pero es Carlos Mongrand el que proyecta la mayor cantidad de funciones en Toluca durante 1901, pues durante los últimos días de septiembre (¿24?, 26 y 29), durante todo octubre (5, 6, 8, 10, 15, 17, 20, 22, 24 y 27) e inicios de noviembre (1, 2 y 3), ofrece funciones en los teatros Edén y Principal.

Este pionero de la cinematografía nacional regresa a Toluca en diciembre para ofrecer funciones los últimos días del año y una especial el primero de enero del siguiente año, 1902.

Son los hermanos Becerril los más asiduos empresarios en visitar Toluca, pues para las fiestas de la virgen del Carmen, durante julio instalan su carpa en la plazuela del mismo nombre. Para septiembre instalan su carpa en la plazuela de la Merced dando cuatro funciones.

Al igual que todos los empresarios que los antecedieron, los Becerril finalmente dan funciones en el Teatro Principal durante octubre y exhiben una cantidad inusual de vistas filmadas en México.

El evento cinematográfico del año 1904 fue sin duda la presencia de Enrique Rosas asociado con Pedro Servín, administrador el inmueble, quienes dieron funciones en el Teatro Principal desde el 10 de julio hasta el 25 de agosto proyectando alrededor de 470 vistas.

derchak54@yahoo.com.mx

Enrique Rosas en Toluca

Enrique Rosas en Toluca

El evento cinematográfico del año 1904 fue sin duda la presencia de Enrique Rosas asociado con Pedro Servín, quienes dieron funciones en el Teatro Principal desde el 10 de julio hasta el 25 de agosto proyectando alrededor de 470 vistas, cantidad muy superior a lo proyectado en los dos años anteriores de los que tenemos filmografía, 1901 y 1902, sin embargo sólo se exhiben seis vistas nacionales:

  1. Aeronauta el célebre Joaquín de la Cantolla y Rico
  2. General Porfirio Díaz acompañado de sus ministros, el
  3. General Porfirio Díaz paseando á caballo, el
  4. Salida de un vapor en el Puerto de Veracruz
  5. Vapor saliendo de la bahía de Tampico
  6. Los elefantes amaestrados del Circo Orrin
Enrique Rosas
Enrique Rosas

Enrique Rosas es un caso excepcional de empresario itinerante, pues terminó siendo productor, junto con Mimí Derba en la Azteca Film durante la segunda década del siglo pasado. En sus inicios tuvo bastantes problemas como lo demuestra la siguiente crónica tomada del Diccionario de directores de Perla Ciuk:

“En 1900 Enrique Rosas y su empleado Palemón Bablot, se queman el rostro y las manos cuando intencionalmente incendian su carpa en Pachuca. Encarcelado y sin atención médica, su madre y un generoso lugareño lo ayudan; adquiere un nuevo equipo y renta un saloncito en México, el Cine Zaragoza. Con las utilidades reinicia en 1903 sus excursiones por la provincia.”

A diferencia de otros empresarios, Rosas cambia el programa de la tarde y de la noche ofreciendo vistas diferentes en cada función. Otros empresarios dan el mismo programa cuando hay doble función. Se anuncia como el “Biógrafo Estereopticón Lumiere- Pathé” promoviéndose como “el único que no produce oxilaciones y que en nada molesta la vista del espectador.”  Es el único, que imprime en el reverso de los programas de mano la historia que se verá en pantalla para mejor entendimiento del espectador. Así sucede con los programas de mano de los días 10, 19, 21, 24 y 28 de julio. Las reseñas impresas en los reversos de los programas de mano explican con lujo de detalle lo que se ve en la pantalla. Las reseñas impresas son “La vida de un jugador”, “Alí—Babá y los 40 ladrones”, “Las aventuras de Robinson Crusoe”, “María Antonieta” y “Don Quijote de la Mancha.”

Los precios de éste empresario, por ofrecer más vistas por función, son más altos que lo que se venía cobrando normalmente:

“Plateas con seis entradas, $4.50; luneta y butacas, $0.75; proscenios de primeros; $3.00; entrada eventual á primeros, $0.50; proscenios de segundos, $1.50; entrada á segundos, $0.25; número de segundos, $0.06; entrada á galería, $0.15”

Pedro Servín, el empresario que administra el Teatro Principal y socio de Rosas pide licencia el 23 de julio para iniciar el 24 una serie de funciones de cinematógrafo, sin embargo desde el 10 de ese mes ya se dan funciones. Probablemente las licencias las pedían conforme el negocio iba siendo redituable. La licencia en cuestión se otorgó el mismo día en que se pidió. Según Enrique Rosas, ciudad a la que llegaban filmaban escenas de la población local a la salida de misa de doce los domingo por lo que “aquello ponía en conmoción á todos los vecinos, quienes, llegado el momento, se apretujaban por aparecer en primer término ante el objetivo, haciendo mil gestos y visajes. Sobra decir que la noche del estreno todos los acotes improvisados acudían al cine en masa, para verse en la película. Y no era poco el entusiasmo que invadía á todos cuando lograban reconocerse ó reconocer á sus amigos y parientes en la pantalla.”  Resulta incongruente lo expresado por el empresario con lo acontecido en Toluca, pues durante los dos meses que duró su estancia no filmó vista local alguna, pues de haberlo hecho las hubiera exhibido durante las funciones del Principal, no obstante su aporte a la filmografía silente mexicana es invaluable por la cantidad de vistas que ofrece al público toluqueño.

                                                                                  derchak54@yahoo.com.mx

1901, primer año del siglo XX

A diferencia del último lustro del siglo XIX, 1896-1900, el primer año del siglo XX reviste importancia mayúscula para la historiografía local, en especial para el cine mudo. La riqueza documental conservada en el Archivo Histórico Municipal de Toluca en el ramo de “diversiones públicas” nos permite acercarnos, aunque sea en una proporción minúscula, a la vida cotidiana que los toluqueños escenificaban hace un poco más de cien años, ya que el cine representa una de las formas de entretenimiento que comenzaba a asentarse en el imaginario colectivo. Su influencia en la sociedad y a la postre parte integral de nuestra cultura, con la llegada de la mal nombrada “época de oro” del cine nacional, tuvo su génesis en los empresarios cinematografistas itinerantes que lo llevaron a todos los rincones del país.

Al despuntar el siglo XX el invento de los hermanos Lumière, el cinematógrafo, y el de Thomas A. Edison, el vitascopio, tuvieron un importante descenso en la aceptación del público capitalino, La razones son varias: desde los peligros de incendio que frecuentemente se sucedían, hasta el hartazgo del respetable por ver continuamente las mismas vistas.

La solución fue harto benéfica para que proliferarán infinidad de jacalones, carpas y hasta teatros en provincia privilegiando la proyección de “vistas”, ya fuera como acto principal o como complemento a otro espectáculo. Toluca no fue excepción, pues fue en el Teatro Principal donde se presentó durante los días 9, 10, 16 y 19 de mayo de 1901 la Empresa Delamare representada por el gestor local Agustín Hinojosa, sin que sepamos quien es el empresario detrás de dicha empresa. Los carteles, que por fortuna existen en el archivo municipal, nos indican que el programa que presenta lo denomina “Modelo Exposición” en referencia a la Exposición de París de 1900 y la vista de más duración es: “EXPOSICIÓN DE PARÍS. 1a. serie: Inauguración por el Presidente Loubet — del gran Palacio — Puente Alejandro III — Los inválidos — Plataforma movible — El viejo París — Calle de las Naciones — Pabellones de Italia, Turquía, Estados Unidos, Austria, Alemania, Suiza, España, etc. etc., y salida por el pabellón de Suecia. DURACIÓN 15 MINUTOS”. El jueves 9 hubo una función solamente, mientras que los domingos 10 “dos regias funciones”; el jueves 16, “2 funciones de gran atractivo”, para terminar el 19 con “2 sublimes funciones”.  Incluso se le eximió del pago de impuestos municipales.

Cartel del Teatro Eden del 26 de septiembre de 1901
Cartel del Teatro Eden del 26 de septiembre de 1901

Cada función se compone por treinta vistas que de acuerdo a la empresa, “la cantidad de 30 vistas del programa, equivale a más de 80 por haber muchas de gran duración”. Entre la vistas de “gran duración” destacan: Exposición de París 1ª y 2ª series, donde en la segunda serie figura el “PABELLON DE MEXICO”, “UN GRAN INCENDIO EN NEW-YORK comprendiendo: Salida del cuartel de las bombas á vapor. Llegada de las autoridades al lugar del siniestro. La muchedumbre en el paso de las bombas. Bomba combatiendo el fuego. El salvamento. Las autoridades presenciando el incendio. Bomberos inundando los escombros, etc., etc.”, “La primorosa y aplaudida ¡¡¡Cenicienta!!!”, “GRAN CORRIDA DE TOROS completa en Sevilla, por el afamado diestro ‘GUERRITA’” y una vista mexicana, “Pelea de gallos en Guadalajara”. Los precios iban desde los tres pesos por seis lugares en platea hasta cinco centavos por un asiento delantero en palcos segundos y “NIÑOS MENORES DE 10 AÑOS Y TROPA FORMADA MEDIA PAGA”.

Cada función iniciaba con la “obertura por la orquesta”, habiendo dos intermedios por la orquesta cada diez vistas. Es muy probable que la orquesta tocara durante la proyección de las vistas para crear atmósferas más ad hoc con lo presentado en pantalla.

Pero es Carlos Mongrand el que proyecta más funciones en Toluca, pues durante los últimos días de septiembre (26 y 29) durante todo octubre (5, 6, 8, 10, 15, 17, 20, 22, 24 y 27) y noviembre (1, 2 y 3) ofrece funciones en el Teatro Principal. Pero será para una próxima entrega que hablaremos del empresario Carlos Mongrand y las funciones del cinematógrafo Lumière.

Como dato curioso sabemos que el 24 de noviembre de 1901, Antonio Pimentel presentó el cineógrafo Edison en el Teatro Principal, sin que tengamos mayor información respecto al programa presentado.

El último día de exhibición de la empresa de Carlos Mongrand en el Teatro Principal de Toluca fue el lunes 3 de noviembre de 1901 y reviste una gran diferencia con todas las anteriores pues agrega una cuarta parte de vistas. Así que en lugar de proyectar alrededor de 30 vistas como era común, se exhibieron más de 40 por cada una de las dos funciones. El programa incluye la mayoría de las vistas de gran duración: “La guerra china”, “El redentor del mundo. Nuestro señor Jesucristo”, “Don Juan Tenorio”, “Historia de un crimen”, “La Cenicienta”,  “La Caperuza colorada” y “Juana de Arco.” Es de notar que los directores de estas vistas son considerados hoy como grandes artistas por las aportaciones al cine. Obras de Ferdinand Zecca y Georges Méliès fueron recurrentes en los programas de la época.

“El diablo predicando en un convento ó sea el triunfo de San Miguel sobre Satanás”, obra de Georges Méliès creada en 1899 y exhibida por Carlos Mongrand y Salvador Toscano en Real de Catorce y San Luis Potosí durante diciembre del mismo año debe ser la misma que se proyecta en Toluca en la función de noviembre de 1901. Por ser día festivo se dieron “¡2 grandiosas funciones! Por la tarde a las 4 y 45. Por la noche a las 8 y 45. El mismo programa tarde y noche.” Completan el programa las vistas de varios cuadros “D. Juan Tenorio” de Salvador Toscano, “Juana de Arco” de Georges Méliès e “Historia de un crimen” de Ferdinand Zecca.

Que el público de Toluca haya tenido la oportunidad de deleitarse con vistas realizadas por directores pioneros responsables de comenzar a darle coherencia al lenguaje cinematográfico, nos indica que el público toluqueño fue educado cinematográficamente de manera inconsciente viendo obras de primera calidad. También es obvio que los creadores y actores de las vistas no revestían interés alguno para el espectador, y eran las vistas mismas, las que motivaban al público, siendo irrelevante  todo lo demás. Tardaría algún tiempo para que el espectador comenzara a comprender el star system y entender la cinematografía como una forma de arte, el séptimo arte.

Si bien el año 1901 fue prolijo en exhibiciones cinematográficas no deja de ser curioso que el más representativo de los pioneros cinematográficos haya visitado Toluca: Carlos Mongrand. No sólo exhibió numerosas vistas mexicanas, sino también capto al toluqueño promedio al realizar filmaciones in situ. Tanto “Los reservistas de Toluca” como “La llegada del Gral. Villada” son muestra de la importancia que para él revestía plasmar eventos locales, que a la postre le beneficiaban comercialmente, pues el público acudía a verse en pantalla. Desafortunadamente no existe rastro alguno de estos dos documentos iconográficos, pues nos aportarían interesantes datos sobre el Toluca porfiriano. La película utilizada en la filmación de las dos vistas fue mandada a la Ciudad de México para su revelado y devuelta al cabo de pocos días, ya que lo filmado el 22 de septiembre se exhibió el 5 de octubre y el material del 25 de ese mismo mes se proyecta el primero de noviembre.

Durante el año se exhibieron en Toluca más de 230 vistas de las cuales 36 son mexicanas, sin embargo fueron muchas más, ya que no poseemos la información referente a la programación que se exhibió en su totalidad. Antonio Pimentel, con el cineógrafo Edison, dio funciones durante noviembre de ese año. Guillermo Becerril dio una función el 8 de diciembre, pues existe la exención de impuestos municipales, sin que se mencione el lugar de la exhibición. Tampoco es creíble que sólo un día tuviera función; lo común era exhibir varias, por lo que debió presentarse algunos días. Carlos Mongrand regresó a Toluca para dar exhibiciones los últimos días de diciembre de 1901 y enero de 1902, usando la intermediación de un gestor Alfonso Labat y Prado. Es muy probable, si sumamos las vistas de las funciones de las cuales no poseemos información, que la cantidad exhibida en la ciudad durante 1901 raye en las cuatrocientas, cantidad nada despreciable.

“Monsi” y el cine

“Monsi” y el cine

            Para no desentonar de las celebraciones onomásticas para conmemorar las siete décadas de vida de Carlos Monsiváis este columnista se congratula por los festejos a nivel nacional que se están llevando a cabo y hablará un poco de la relación que el autor de Días de guardar tiene con el cine.

            La relación de Monsiváis con el cine es longeva, prolífica y polifacética. Autor de insustituibles libros sobre Carlos Monsiváiscrítica y crónica cinematográfica, destacan Rostros del cine mexicano (1993),  El crimen en el cine (1977), Recetario del cine mexicano y Diez segundos del cine nacional, ambos de 1996; una biografía, Celia Montalván, te brindas voluptuosa e impudente (1982); a cuatro manos con Carlos Bonfil escribió A través del espejo: el cine mexicano y su público (1994). Su pluma se ha acercado al fenómeno del séptimo arte en innumerables escritos aparecidos en una amplia gama de publicaciones. Por cierto, amable lector, te recomiendo el ensayo “Gabriel Figueroa: las profecías y los espejismos de la imagen” que aparece en el último número de la revista nexos correspondiente al mes de mayo, donde Monsi, con ojo de esteta disecciona el quehacer artístico del gran fotógrafo. En sus “Notas sobre la cultura mexicana en el siglo XX” que cierran Historia General de México (1976) le dedica varias páginas al cine nacional. El cine es tocado una y otra vez por Monsiváis en varios de sus libros sobre cultura popular y análisis del entorno cultural nacional.

Como extra aparece en algunas de las películas mexicanas consideradas de culto. Inicia su faceta actoral en 1965 apareciendo en tres películas: Un alma pura de Juan Ibáñez, Tajimara de Juan José Gurrola y En este pueblo no hay ladrones de Alberto Isaac. En el filme de Isaac el reparto incluye a una pléyade de intelectuales y artistas de la época (Luis Buñuel, Gabriel García Márquez, Ernesto García Cabral, Emilio García Riera, María Luisa Mendoza, José Luis Cuevas, Juan Rulfo y Abel Quezada entre otros). Su caracterización de Santa Claus en Los Caifanes (1967) también de Juan Ibáñez es imborrable. Otras apariciones del maestro de la ubicuidad en pantalla grande han sido  Las visitaciones del diablo (1968) dirigida por Isaac y Emiliano Zapata (1970) de Felipe Cazals. Su última aparición en cine fue en Un mundo raro (2001) de Armando Casas donde hace un cameo (se interpreta a sí mismo). Sus irónicos y ácidos comentarios los encontramos también en el documental de Manuel Márquez Ni muy, muy…ni tan, tan…simplemente Tin Tan (2005).

Como guionista también incursionó en la industria cinematográfica al hacer mancuerna con Nancy Cárdenas en la escritura del documental México de mis amores (1979) que ella dirigió. En 1985 escribe junto con Juan Guerrero el corto Fonqui que produce el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC). Con la inefable Jesusa Rodríguez hace el guión del documental Víctimas del pecado neoliberal (1995) que a la postre dirigen Ximena Cuevas y Jesusa Rodríguez.

Tampoco podemos olvidar su paso por Radio UNAM donde dirigió por cerca de una década el programa “El cine y la crítica”. Los que llegamos a escuchar algunos de sus programas nos admirábamos de su fina ironía y mordaz sentido del humor.

            Como máximo cronista de la cultura mexicana de la segunda parte del siglo XX sus visiones y versiones del cine nacional son imprescindibles para entender cómo éste ha sido catalizador social y moldeador de conciencias y consumos.

¡No hay mejor homenaje para festejar a Carlos Monsiváis en su septuagésimo aniversario que volver a leerlo!

                                                                                  derchak54@yahoo.com.mx