Cine mexicano en línea

El cine mexicano como cualquier quehacer intelectual y artístico se ha adentrado en internet. Existen varias páginas web dedicadas a la historia del cine nacional y hablaré de varias de ellas, describiendo sus bondades y puntualizando sus deficiencias. La cantidad de páginas web dedicadas al cine son millones, sin embargo son las de la Cineteca Nacional, Filmoteca de la UNAM, Más de cien años de cine mexicano y por último, aunque en inglés, The Mexican Film Resource Page las que considero las mejores herramientas para adentrarse en el cine mexicano de forma seria y analítica.

Iniciaré con la página de la Cineteca Nacional http://www.cinetecanacional.net/index.php donde encontramos la cartelera que incluye los datos sobre estrenos, ciclos, programas dobles, matinés y todo lo que el cinéfilo conocedor debe saber para poder elegir la película adecuada a su perfil. La parte importante y donde realmente se encuentra lo trascendental es en el apartado Servicios que se integra con el Centro de Documentación e Información, mediante el cual se accede al acervo bibliográfico, consistente en más de 10,000 volúmenes y 500 publicaciones periódicas sobre cine, al igual que al Catálogo de Guiones no Publicados. En Consulta se ingresa a Películas Exhibidas en la Cineteca, Muestras Internacionales de Cine y a los Foros de la Cineteca. También contiene ligas a organismos, instituciones y escuelas de cine.

En segundo lugar tenemos la página de la Filmoteca de la UNAM http://www.filmoteca.unam.mx/ en cuyo portal tenemos lo siguiente: cartelera anunciando los filmes a exhibirse en los cines dependientes de la universidad – Sala Julio Bracho, Casa del Lago, Sala José Revueltas y el Cinematógrafo del Chopo – y la tienda virtual oferente de los títulos editados por la Filmoteca de la UNAM y DVDs de buen cine (hay varios títulos del director Fernando de Fuentes), así como CD Roms, entre los cuales recomiendo mucho el titulado La Revolución Mexicana a través de sus imágenes. En su base de datos hallamos filmografía mexicana, hemerografía, índices y libros. Hay una entrada llamada “las películas perdidas más buscadas” de la cual hablaré en una futura entrega.

A continuación mencionaré la página creada por Maximiliano Maza y promovida por el Tecnológico de Monterrey http://cinemexicano.mty.itesm.mx/front.html llamada Más de cien años de cine mexicano. Es la más orientada a historia del cine y la más amable con el cibernauta. Los datos se ofrecen de forma cronológica dividiendo el cine nacional en varios períodos: 1896-1935, 1936-1969, 1970-1993 y 1994-1996; y cada época es a su vez marcada por eventos importantes del cine; es evidente el atraso y requiere ser puesta al día. Un viaje por esta página web nos llevará a conocer películas, directores, estrellas y libros sobre el cine mexicano. Es muy rico en filmografías y aspectos históricos del cine, sobresaliendo la información del período mudo. Por desgracia no tiene una actualización desde el 20 de septiembre de 2006.

Por último, una página en inglés, aunque dedicada el cine mexicano http://www.wam.umd.edu/~dwilt/mfb.html llamada The Mexican Film Resource Page donde encontrarás excelentes ligas a periódicos y revistas en línea dedicadas al cine mexicano. Incluye decenas de páginas oficiales de organismos, escuelas y estrellas de cine y televisión. Lo más interesante de este sitio es “The Mexican Film Bulletin” que se edita ocho veces al año.

Lo más recomendable es que tú, amable lector, te adentres en cada una de las páginas web mencionada y navegues para conocer las bondades de cada una. La simple lectura de antiguos guiones o rescatar alguna ficha filmográfica de alguna cinta muda o de los años treinta es toda una aventura cinéfila e histórica.

Museo del cine

En la original Cineteca Nacional ubicada en el cruce de Tlalpan y Churubusco, donde hoy se localiza el Centro Nacional de las Artes, al entrar a la sala Fernando de Fuentes se podía disfrutar y admirar una serie de dibujos que Eisenstein dibujó durante su estancia en México para filmar ¡Qué viva México! a principios de los años treinta. En la misma instalación al entrar al Salón Rojo que estaba en el primer piso se apreciaban algunos espejos cóncavos y convexos, que al igual que en el original Salón Rojo de la segunda década del siglo pasado, nos permitía vernos deformados.

En el nuevo y moderno Museo del Estanquillo, ubicado en la esquina de Madero e Isabel la Católica en el Centro Histórico de la capital del país, se puede admirar la colección de arte popular, sobre todo urbano, de Carlos Monsiváis. Incluye la colección un muy buen número de carteles y fotos fijas de innumerables películas que han sido parte de la educación sentimental del mexicano.

Museo de cine de Viena
Film museum en Viena, Austria

Durante los festejos de los ochenta años de la llegada del cine a México en 1977 se montó la exposición 80 años de cine en México en el Museo del Chopo y se editó un libro del mismo título con varios ensayos sobre el tema debidos a las plumas de Aurelio de los Reyes, David Ramón, María Luisa Amador y Rodolfo Rivera.

Quitando estos ejemplos bastante distantes en el tiempo y descontextualizados entre sí, no hemos podido crear un museo dedicado exclusivamente al cine como parte integral de la historia de México. Existe un proyecto en ciernes que parece va por buen camino, según se desprende de una entrevista a Pablo Ortiz Monasterio, cabeza visible del proyecto de creación del museo.

El afamado fotógrafo – no entiendo por qué no encabeza el proyecto un historiador del cine – nos comenta en entrevista con Milenio Diario (21 de agosto de 2008) que la realización del susodicho museo “es inminente”. Es necesario preservar y reconstruir mucho de nuestra cinematografía nacional, en especial el período mudo. La mayoría de la producción que se filmo entre 1896 y 1930 esta perdida. Desgraciadamente no hubo memoria histórica entre los pioneros del cine por lo que se requiere salvaguardar lo poco que queda del patrimonio cinematográfico de esa época para mejor comprender nuestro presente. Un museo del cine también ayudará a difundir el arte cinematográfico.

En la entrevista mencionada Ortiz Monasterio comenta que “la historia de la Cineteca Nacional es un hoyo negro en nuestra cultura, y la Filmoteca de la UNAM es una opción importantísima…” refiriéndose al incendio que acabó con parte importante de nuestro acervo fílmico cuando Margarita López Portillo dirigió los destinos del cine nacional.

Se necesita digitalizar al cine para difundirlo a través de foros virtuales que unan a la totalidad de nuestras entidades, y no, como hasta la fecha, que están bastante desvinculadas.

Según Ortiz Monasterio ya se han creado canales de comunicación con las autoridades locales de aquellas entidades donde se llevan a cabo festivales de cine y con las instancias oficiales que los promueven. Después de 113 años de que llegó el cine a nuestro país, no hemos logrado crear un museo que aglutine la historia cinematográfica mexicana. De lograrse llevar a buen puerto la creación del susodicho museo, éste llenará un grandísimo hueco que tiene nuestra oferta museística, pues no entiendo cómo tenemos museos de culturas populares y, el cine, que es una de las actividades populares más socorridas, carece de uno.

Tres propuestas quiero externar: la primera que sea un reconocido historiador del cine que encabece el proyecto; segunda, que el museo no se ubique en la ciudad de México, pues ya estamos cansados de centralismos culturales; y finalmente que trabajen juntos, productores, distribuidores, directores, músicos, editores, actores y actrices, sonidistas, tramoyistas, guionistas, fotógrafos y cuánta persona tenga algo que ver con la industria del cine para obtener una visión plural del fenómeno.

El Teatro Principal de Toluca

El Teatro Principal

Teatro Principal 30s
Teatro Principal de Toluca en los años 30

            En algún artículo anterior me referí a los cines viejos de Toluca, en especial al cine Coliseo y de manera tangencial  a los cines Rex y Florida. Hoy me remontaré a los primeros cines que hubo en Toluca, y estos fueron los teatros Principal y Edén. Consultando Sumaria Tolucense editado por el Ayuntamiento para conmemorar el sesquicentenario de la Ciudad de Toluca encontré información sumamente interesante.

            El Teatro Principal se ubicaba sobre la calle de La Libertad, hoy Avenida Hidalgo, y fue demolido para construir el Cine Rex. Su historia se remonta hasta mediados del siglo XIX cuando José María González Arratia, siendo Presidente Municipal decide su construcción siguiendo aquellos lineamientos del Teatro Principal de la Ciudad de México. Se inaugura en 1851 teniendo “600 butacas, palcos, plateas y galería, en armoniosa vista con el decorado interior.” Desde esa fecha el Principal, como se le conocía popularmente, albergó un sin de eventos: óperas, zarzuelas, obras dramáticas y cómicas, variedades y novedades europeas, conciertos y hasta espectáculos de prestidigitación, hipnotismo y adivinación. En su escenario nuestros bisabuelos se admiraron con las actuaciones de Virginia Fábregas; y es en este entorno artístico es que se expide el siguiente oficio:

1 98 Eduardo Hervet 2 jul
Autorización para la función de Cinematógrafo Lumière el 2 de julio de 1898

Esta Presidencia Municipal ha concedido licencia el Sr. Eduardo Hervet para que en las noches de hoy y de mañana, exhiba un Cinematógrafo Lumiere, en el Teatro Principal de esta Ciudad.

Tengo el honor de comunicarlo á esa Jefatura Política para su superior conocimiento, manifestándole que hoy le corresponde presidir la función de que se trata, al C. Regidor Miguel Solalinde y mañana al de igual clase Adolfo Pando Ballina.

Libertad y Constitución. Toluca, Julio 2 de 1898

  1. Ferrat (rúbrica)

            Según Alfonso Sánchez Arteche, los dos Regidores que presidieron las dos funciones mencionadas “el primero era un ingeniero de mérito encargado de trazar uno de los primeros planos de la Toluca moderna; en el año que nos ocupa era cuarto regidor, responsable de las comisiones de policía, de aseo y ornato, de mejoras materiales, aguas, atarjeas y salubridad; por su parte, el señor Pando Ballina, quinto regidor, tenía a su cargo las de alumbrado, relojes, coches y carros.”

            El firmante A. Ferrat es, también según Sánchez Arteche, un “próspero comerciante y segundo regidor, con las comisiones de mejoras materiales, paseos, festividades nacionales y banda de policía.”

En abril de 1899, con el Gral. Villada en el ejecutivo estatal, el teatro es reinaugurado “una vez que fueron terminadas las reformas de que fue objeto en el escenario, en la sala principal, pasillos y pórticos, con lo que desapareció su aspecto triste y sombrío de su antiguo decorado y en su construcción que lució más esbelta con la remodelación realizada.”

            Ya remozado y reinaugurado el Teatro Principal se convertirá en referente cultural del Toluca de la primera mitad del siglo XX. Ya sea como teatro y luego como cine el Principal fue sala de cine para muchos de esos pioneros cinematografistas transhumantes que en sus viajes por la provincia dejaron los cimientos para futuras salas cinematográficas.

                                                                                  derchak54@yahoo.com.mx

El cine antes del cine

El cine como lo conocemos fue inventado por los hermanos Lumière en 1895 y llegó a  nuestro país a través de sus representantes al año siguiente, para quedarse para siempre. Pero hubo antecedentes que de alguna manera  dejaron huella en nuestros bisabuelos en la forma en que miraban el cine. No olvidemos que en su infancia el cinematógrafo no se lo conocía como tal; el común denominador era “vistas”. Para las películas de no más de dos minutos de duración y que rara vez tenían un guión el apelativo era bastante acertado, pues la mayor parte de las vistas estaban compuestas por tomas panorámicas de distantes tierras o escenarios exóticos, según se podía leer en los carteles donde se anunciaban los visionarios empresarios que vieron en el invento un gran negocio.

El más antiguo antecedente de lo que hoy conocemos como cine son las sombras chinescas, o sea agrandar mediante una vela la sombra que produce nuestro cuerpo sobre un lienzo, tal y como lo hacemos al jugar con nuestras manos imitando animales. De allí saltamos a la linterna mágica, aparato que proyecta imágenes estáticas, sigue el kinetoscopio y terminemos con el vitascopio, aparato que proyecta fotografías en movimiento. De allí lo que todavía en inglés es sinónimo de movie, motion pictures.

Edison's kinetoscope
Kinetoscopio de Edison

Según Juan Felipe Leal en sus Anales del cine en México (tomo I) considera el inicio del cine en México, 1895 con la llegada del kinetoscopio, invento del norteamericano Thomas Alva, al igual que el vitascopio. Este aparato similar en muchas formas al cinematógrafo antecedió la forma de comercializar y difundir esta clase de espectáculo. Fue pionera en el negocio del entretenimiento cinematográfico. Se alquilaban locales específicamente para llenarlos de  kinetoscopios, en Estados Unidos este tipo de negocios se les llamada nickel odeón, pues costaba 5 centavos observar por una mirilla las escenas, siempre no mayores a 2 minutos. El aparato era bastante voluminoso y el observador se mantenía de pie y se inclinaba hacia la mirilla para quedar en un ángulo de 45 grados. Algunas de las máquinas eran tragamonedas. Las limitaciones que tenía este aparato en relación al cinematógrafo es que no se podía proyectar las imágenes sobre un lienzo y no era posible que un grupo numeroso de personas pudieran verlas simultáneamente.

Un precursor de la idea que hoy tenemos del cine fue el ya célebre fotógrafo inglés Eadweard Muybridge, quien inició a Edison en las cuestiones sobre óptica al presentarle el zoopraxiscopio, aparato que no era otra cosa que una sucesión de cámaras en serie que tomaban una fotografía cada segundo. Es como cuando vemos en el margen de un libro los dibujos que conforme hojeamos rápidamente las páginas percibimos que se mueven. Utilizando este método es que Muybridge ayudo al millonario Leland Stanford a ganar una apuesta consistente en saber si un caballo de carreras mantiene en el aire las cuatro patas o no. Hoy sabemos que así es, pero en 1878 eran otros tiempos. Según cuenta la leyenda, la apuesta era de 25 mil dólares, aunque Muybridge le cobró 40 mil. Bueno, es anécdota o leyenda.

Pero ya desde un año anterior al arribo a México de los enviados de los Lumière, Gabriel Veyre y Ferdinand Bon Bernard, el kinetoscopio de Edison era parte de la gama de productos que ofertaba el negocio del entretenimiento, como el teatro de carpa y el circo. Al perecer el siglo XIX  que son los inicios de las tandas cinematográficas, éstas estaban acompañadas con cantantes, bailarinas, payasos o magos, pues el incipiente y recién parido espectáculo del cinematógrafo todavía requería varios años más para afincarse definitivamente en el inconsciente colectivo.

Fernando de Fuentes y Vámonos con Pancho Villa

Fernando de Fuentes y Vámonos con Pancho Villa

Vámonos con Pancho Villa
Chaflán, Manuel Tamés y Antonio R. Frausto (civiles) en Vámonos con Pancho Villa (1935) de Fernando de Fuentes

Aquí hablaré de historia del cine, cine e historia, historia y cine, así como cine y sociedad, etc. El cine como medio de comunicación masiva es el que, después de la televisión, más penetración tiene en el inconsciente colectivo. La influencia del cine en la sociedad es innegable, así pues, es que esta columna rendirá homenaje al cine como fuente para una interpretación diferente de nuestra historia. Propugnar por que el cine se considere canal imprescindible para una visión más plural y crítica del México actual será otra finalidad de esta columna. Pero antes que nada popularizar aspectos históricos del cine mexicano como primer objetivo.

Analizar películas filmadas hace décadas o un siglo revierte en una lectura muy gratificante para un espectador del siglo XXI por la perspectiva cronológica y temporal que implica. Recién esta semana el canal 40 de televisión abierta transmitió la película Vámonos con Pancho Villa (1935) que junto con el Compadre Mendoza (1933) son las más emblemáticas obras de Fernando de Fuentes y probablemente del tema revolucionario en el cine mexicano. Ahora que estamos en las celebraciones del aniversario del inicio de la Revolución Mexicana, ya que del final nadie se pone de acuerdo, es plausible que este tipo de cine no deje de programarse. Por desgracia la copia exhibida era pésima y el audio ininteligible por algunos momentos.

Junto con Fernando de Fuentes como director aparecen en los créditos Miguel M. Delgado como asistente de la dirección; Xavier Villaurrutia junto con de Fuentes adaptó la novela homónima del novelista Rafael F. Muñoz quien es uno de los protagonistas de la cinta; Gabriel Figueroa es el operador de cámara del fotógrafo Jack Draper; la música es de Silvestre Revueltas quien aparece en la cinta como pianista de una cantina; Celestino Gorostiza funge como supervisor; el político y y ex Secretario de Industria y Comercio y de Hacienda Alberto J. Pani, productor. A 72 años de su filmación es impresionante constatar la pléyade de personajes que este proyecto reunió.

La historia sigue las peripecias de seis rancheros amigos, Los Leones de San Pablo, que se unen a Francisco Villa después de que uno de ellos Miguel Ángel del Toro (Ramón Vallarino) es maltratado por un oficial federal. Los otros cinco son Tiburcio Maya (Antonio R. Frausto), Melitón Botello (Manuel Tamés), los hermanos Rodrigo y Máximo Perea (Carlos López Chaflán y Raúl de Anda respectivamente) y Martín Espinosa (Rafael F. Muñoz). Al integrarse a las fuerzas villistas el general Villa apoda a Miguel Ángel del Toro como El Becerrillo, por ser el más joven y por su apellido. La suerte de La División del Norte se ve reflejada en las andanzas y proezas de cada uno de Los Leones de San Pablo. El primero en caer ante el fuego enemigo es Máximo Perea quien al lazar a caballo una ametralladora es herido y muere sobre la ametralladora justo frente a Villa (Domingo Soler en una de las más logradas personificaciones de este polémico personaje). El segundo en caer es Martín Espinosa al lanzar granadas a un enclave federal. El siguiente es Rodrigo Perea, quien al ser rescatado por las fuerzas villistas, junto con Melitón, cuyo peso rompe la cuerda de donde lo ahorcaban y Tiburcio, el líder y consciencia social y de identidad grupal y por ende del movimiento revolucionario visto desde la perspectiva de campesino, es herido de muerte al momento en que iban a ser ejecutados después de haber sido hechos prisioneros al ir a parlamentar con el enemigo. Los tres restantes, Tiburcio, Melitón y El Becerrillo son integrados a Los Dorados y ascendidos. En un juego de ruleta rusa a la mexicana Melitón es herido por un disparo al azahar y para no sentirse cobarde frente a los otros doce, la superstición considera que en un grupo de trece siempre hay un cobarde, se suicida. En medio de una epidemia de viruela El Becerrillo se contagia y a orden expresa de Villa Tiburcio tiene que matarlo y quemar el cuerpo y todas sus pertenencias. Villa muestra miedo y cierta cobardía ante la epidemia y Tiburcio se aleja del tren villista. Existe un final diferente que el canal 13 exhibió en 1982 donde Villa no queda muy bien parado y se muestra muy cruel. En el final alterno Villa va en busca de Tiburcio y amenaza con matar a su familia si no se le une y muere a manos de los subalternos de aquél al tratar de defenderla, sin embargo, Pedro, hijo de Tiburcio se va con El Centauro del Norte. Hay una escena en que Villa, sin remordimiento alguno, manda fusilar a los músicos de una orquesta bajo el pueril argumento de que todos los destacamentos tienen banda de música. Ya sea por censura oficial o que el director no la considerara adecuada no se incluyó y el final con Tiburcio, abatido y desilusionado de la revolución, que emprende el regreso a su pueblo, lo considero al igual que Emilio García Riera, un mejor final por ser anti climático.

El contraste del individuo solitario caminando por las vías del tren cargando sus cananas al hombro, junto con el sarape y el fusil, son imágenes que allá en el lejano 1935, en pleno período cardenista, muestran que si bien no existía un cuestionamiento a la revolución en sí, si se manifestaban visiones diversas y en algunos casos contrarias del período plasmado en el filme. La diversidad de puntos de vista manejados enriquece de manera plural la visión que en aquella década, los treinta del siglo anterior, significaron para la vida nacional una primera lectura del movimiento armado. Es al contrarrestar la visión particular de Los Leones con la general de la revolución encarnada en Villa que percibimos las antípodas que toda revolución crea. Analizar y leer una película a casi ochenta años de su creación, período en que la interpretación de ella era concordante con el momento histórico, con una visión de México en el siglo XXI es un ejercicio intelectual que debería ser implementado en las escuelas públicas del país: concatenar cine e historia. Cada muerte de Los Leones es muy independiente de las otras sin embargo la ilación de las muertes es unida bajo el gran manto que fue la revolución.

Un gran logro cinematográfico de Fernando de Fuentes es la utilización de múltiples escenas de batalla y del ferrocarril que junto con el uso de cientos de extras le dan a la película una verisimilitud muy cercana con las escenas filmadas dos décadas antes por los hermanos Alva y Jesús H. Abitia durante la lucha armada revolucionaria. En un próximo artículo hablaré sobre estos pioneros de la cinematografía nacional. Disfrutar de esta película me permitió volver a admirar una de las grandes joyas de la cinematografía mexicana. Sin negar sus virtudes cinematográficas la obra de De Fuentes debe de tener lecturas históricas para una mejor interpretación del movimiento armado de 1910. Algunas preguntas que la cinta nos permite contestar si hacemos un acercamiento más histórico que cinematográfico son: ¿Por qué contrastar la visión particular con la general respecto a la Revolución Mexicana? ¿Existía realmente un proyecto nacional homogéneo o los intereses de las facciones revolucionarias se imponían? ¿Cuáles cambios afectan directamente al individuo que luchó en la Revolución? ¿El perfil de un Pancho Villa que lo muestra más humano, con filias y fobias nos permite tener una visión del Centauro del Norte más real? ¿Cómo difieren el microcosmos de los Leones de San Pablo del macrocosmos de la Revolución Mexicana? ¿Qué valoran los revolucionarios y por qué? Y tal vez la pregunta más difícil: ¿valió la pena la Revolución Mexicana? Ver esta película puede ayudar a contestar estas preguntas, pero sobre todo, contestarlas mediante una lectura diferente. México hoy, en pleno siglo XXI, no es igual al México cardenista de 1935.

derchak54@yahoo.com.mx