Microhistorias cinematográficas

Microhistorias cinematográficas

         Durante una muy fructífera visita a varias librerías de viejo en la céntrica calle de Donceles y otras de la porfiriana colonia Roma encontré una muy singular compilación de historia regional. Dentro de tradición historiografía que instauró don Luis Gonzáles y González con su clásico estudio intitulado Pueblo en vilo, Eduardo de la Vega Alfaro compiló una serie de ensayos de microhistoria cinematográfica regional que abarcan todo el país. Como resultado del I Coloquio de Historia del Cine Regional en México que se llevó a cabo en Guadalajara se publicó Microhistorias del cine en México (Universidad de Guadalajara, UNAM, Instituto Mexicano de Cinematografía, Cineteca Nacional e Instituto Mora, Guadalajara, Jalisco, 2000). Este coloquio se celebró del 13 al 15 de marzo del 2000 dentro del marco de la XV edición de la Muestra de Cine Mexicano de Guadalajara.

 microhistorias 

Portada del libro

 

         Por mucho tiempo se contempló al cine nacional como una industria con sede en la capital de la república, sin embargo a partir de los años noventa los estudios regionales comienzan a tomar auge. Es desde la publicación del estudio pionero de Gabriel Ramírez titulado El cine yucateco seguido por el de Julia Muñón Historia de un sueño. El Hollywood tapatío que la microhistoria cinematográfica toma carta de naturalización dentro de la historiografía nacional.

         El libro abarca estudios de todas las regiones del país y recorre todo el siglo XX. Ciudades, estados y regiones son estudiados desde una perspectiva de influencia del cine hacia su sociedad y cultura. Desde estudios del cine fronterizo o los noticieros cinematográficos en provincia a ensayos muy específicos como los dedicados al cine en Tenango del Valle en el estado de México, Atlixco en Puebla o Zapopan y Unión de Tula en Jalisco. Destacan los estudios de cinematografías estatales de Baja California, Durango, Zacatecas y Puebla-Tlaxcala. También los diversos periodos estudiados van desde 1897 hasta 1999, así como también personajes de importancia local como Gerardo Lara en el Estado de México, Carlos Véjar Cervantes en Colima o Miguel Ruiz en Querétaro. Enriquecen el libro las aportaciones de Ángel Miquel Rendón y Perla Ciuk: Cine mexicano y regiones: panorama bibliográfico (1980-1999) del primero y Hacia un diccionario de directores del cine mexicano de la segunda que sin ser estudios regionales dan un tono más general a la compilación y ponen en perspectiva proyectos mucho más generales que tienen como base estudios de microhistoria.

         De interés local son las dos investigaciones que tienen como tema de estudio nuestro estado. El primero de ellos debido a la pluma de Cuitláhuac Martín Gómez Salinas se titula De la pantalla a la vida cotidiana: exhibición cinematográfica en Tenango del Valle, Estado de México (1927-1989) y basado más en entrevistas personales que en material hemerográfico o bibliográfica logra una bien estructurada lectura de lo que el cine significó para los habitantes de esa ciudad y cómo modeló muchas de sus actividades sin dejar de mencionar la memoria histórica que el cine les construyó. El segundo se titula ¿Para qué estudiar el cine de provincia? El caso de las cintas de Gerardo Lara y fue escrito por Serafín Ramírez Muñoz y consiste en una breve biografía y semblanza cinematográfica del director oriundo de Toluca y egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) perteneciente a la UNAM.

No puedo dejar de comentar los dos ensayos del libro que más me impresionaron por su tema de estudio, que también es mi tema preferido de la historia de México: el cine mudo. El primero que corresponde a Marco Antonio Flores Zavala se titula Cine y estabilidad posrevolucionaria en Zacatecas (1911-1912) y basándose en fuentes hemerográficas logra un documento muy bien estructurado, sobresaliendo la relación entre la  revolución y el cine en el ámbito político de la época. El otro ensayo que llamó fuertemente mi atención se debió al historiador Pedro Raigosa Reyna y tiene por título El cine en Durango (1897-1930). En este estudio se analiza la forma en que el cine llegó a esa ciudad y cómo fue modelando muchas de las actividades y formas de convivencia de la sociedad duranguense en las primeras décadas del siglo XX. Ambos ensayos tienen la virtud de sustentarse en una excelente bibliografía.

Como menciona De la Vega Alfaro en la introducción al libro “…ya no sólo la difusión de la cultura cinematográfica ha dejado de ser materia del tradicional centralismo mexicano, sino que la historia misma comienza a desplazar sus ejes de atención hacia los hechos fílmicos ocurridos en las más diversas zonas de la llamada ‘provincia’, generando con ello nuevas maneras de concebir la investigación histórica…”

derchak54@yahoo.com.mx

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