Ali-Babá y los 40 ladrones (19 de julio de 1904)

 
GRAN BIOGRAFO ESTEREOPTICON LUMIÈRE-PATHE

LIGERA RESEÑA de la hermosa vista de gran duración, iluminada por los mejores artistas franceses:

ALI-BABA Y LOS 40 LADRONES

Entresacado de “Las mil y una noche”

En un pueblecillo cerca de Persia residía en compañía de su esposa un pobre hombre llamado Alí—Babá.

Para afrontar las necesidades de la vida, no contaba con otros recursos que los escasos productos de la venta de la leña que cortaba en el bosque vecino y que conducía á la ciudad, con ayuda de un borrico, su única posesión.

Mas un día Alí—Babá se hallaba en el bosque y oyó ruido de pasos que le revelaron la llegada de gente numerosa. Persuadido de que provenía de una partida de ladrones, trató inmediatamente de poner á salvo su persona. Luego de haber escondido á su borriquillo entre las malezas, se subió á un árbol que crecía al pie de una roca completamente aislada y se acomodó entre las ramas de forma á poder observar sin ser visto.

La partida llegó y precisamente hizo alto al pie del árbol que servía de escondite á Alí—Babá. El capitán que estaba á caballo, se apeó y Alí—Babá le oyó pronunciar estas palabras: “Sésamo ábrete.”

Inmediatamente la roca se abrió. Hizo pasar primero á su gente que venía cargada de fardos y objetos pesados. [Alí—Babá contó hasta cuarenta ladrones] después llegó su favorita sobre un magnífico palanquín llevado por esclavos. Luego que la hizo descender, todos penetraron en la roca que volvió a cerrarse.

La sorpresa de Alí—Babá no reconoció límites; al punto descendió de su observatorio, pero el temor de ser visto le hizo volver á subir y esperar á que los ladrones abandonasen su guarida.

Después que estos hubieron descargado su botín, salieron y convencido Alí—Babá de que ya se habían ausentado abandonó su escondite.

Como había retenido las palabras que el capitán pronunció, la curiosidad le indujo á probar si tenía el mismo talismán pronunciadas por él. En efecto, no bien hubo terminado de decir “¡Sésamo, ábrete!” que la roca se abrió.

La enorme cantidad de riquezas acumuladas, le dejó asombrado, atónito; fardos de ricas telas de seda y brocatel, tapices de gran valor, y sobre todo el oro y la plata á montones.

Convencido de que no debía de perder tiempo, pues de lo contrario se exponía á ser descubierto, cargó á su borrico de tantos sacos de oro como pudo llevar y tomó el camino del pueblo.

Llegó á su casa y vació los sacos sobre la mesa haciendo un gran montón ante su mujer, estupefacta; tanto oro había que se vieron precisados á medirlo con un celemín.

Cassim, el hermano de Alí—Babá, que precisamente se encontraba allí, se puso al corriente del suceso y tan pronto supo el modo de penetrar en la roca, partió á ella; penetrado que hubo en el interior no podía creer lo que sus ojos veían; no se había imaginado tantas riquezas á pesar de lo que Alí—Babá le había contado.

Cuando más embelesado se hallaba admirando todo, oyó ruido, la puerta se abrió: eran los ladrones que regresaban: solo tuvo tiempo para esconderse tras unos fardos que próximos á él se hallaban.

Todos los ladrones penetraron con gran algazara acompañados de sus favoritas.

El capitán celebraba una fiesta y cuando las mujeres ejecutaban danzas y los hombres se libraban á las delicias del vino, descubrieron a Cassim y lo condujeron al capitán. Este le obligó á que le indicase quien le había descubierto el secreto de la roca y Cassim denunció á su hermano Alí—Babá creyendo salvarse así de la muerte. El capitán y toda la cuadrilla juraron vengarse; mas, por prudencia y por deshacerse de un testigo enojos, el capitán desenvainó su espada y de un solo tajo degolló á Cassim.

Alí—Babá gozaba tranquilamente de su fortuna, tranquilamente adquirida, sin imaginarse la traición de su hermano.

Los ladrones no perdían tiempo y no pensaban más que en llevar á cabo su venganza deshaciéndose de Alí—Babá como lo habían hecho de su hermano Cassim.

Para ello el capitán hizo meter sus hombres en pellejos que servían para el transporte de aceite. Después de haberlos hecho cargar sobre unos mulos, por la tarde se dirigió á la casa de Alí—Babá con el fin proponerle la venta de su falsa mercancía.

Como llegó á hora algo avanzada, Alí—Babá prefirió no tratar el asunto hasta el día siguiente, consistiendo sin embargo en que el falso mercader colocara los pellejos en el patio y ofreciéndole amplia hospitalidad.

Todo marchaba según el deseo de los ladrones, y Alí—Babá hubiera perecido si la casualidad no hubiese hecho que la criada, llamada Morgiana, tuviese necesidad de aceite para hacer la cena.

Salió al patio y se dirigió hacia el primer pellejo con objeto de sacar de él el aceite necesario, más no fue poca su sorpresa al notar que los pellejos hablaban. Repuesta que fue en un instante se dio cuenta del inminente peligro en que se hallaba Alí—Babá y su familia y de la necesidad de evitarlo á todo trance. Para el lo hizo hervir un gran caldero con aceite y lo vació parcialmente en cada pellejo, consiguiendo por esto medio matar á los ladrones.

Mientras esto sucedía, Alí—Babá hacía servir á su convidado una excelente cena amenizada con baile y otras diversiones.

Morgiana queriendo llevar hasta el fin su obra, con tan buena fortuna empezad, se mezcló en el grupo de bailarinas y tan pronto el baile fue terminado, quitó á una esclava su pandereta y disimulando, en la mano derecha, un puñal, se dirigió á los espectadores fingiendo solicitar su libertad.

Así que se halló frente al falso mercader y mientras éste se disponía á sacar de su bolsillo una bolsa con dinero para regalársela con un valor digno de su firmeza y resolución, le clavo el puñal en el corazón.

Llenos de espanto Alí—Babá y su mujer, se precipitaron sobre Morgiana exclamando: ¡desgraciada! ¿Qué has hecho? Pero esta no tuvo necesidad de grandes esfuerzos para convencerlos del peligro que les amenazaba.

Dichosos al verse salvados y encontrándose los solos dueños del secreto de la gruta, dieron gracias á Morgiana y queriendo recompensarla y probarle hasta qué punto le estaban reconocidos le dieron la libertad.

Esta escena termina con un espléndido APOTEOSIS.

Reseña de Ali-Baba y los 40 ladrones del 19 de julio de 1904
Reseña de Ali-Baba y los 40 ladrones del 19 de julio de 1904

 (Reverso del cartel del 19 de julio de 1904)

2 pensamientos en “Ali-Babá y los 40 ladrones (19 de julio de 1904)”

    1. Efectivamente Daniel, no lo es. Es la transcripción paleográfica de la información vertida en el reverso del cartel correspondiente al 19 de julio de 1904. En otras palabras es la descripción de lo que el espectador va a presenciar en pantalla. Un saludo desde Toluca. Luis Recillas

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