La vida de un jugador (10 de julio de 1904)

Reverso del cartel del 10 de julio de 1904
Reverso del cartel del 10 de julio de 1904

(Reverso del cartel del 10 de julio de 1904)

 

RESEÑA DEL DRAMA HISTÓRICO

LA VIDA DE UN JUGADOR

¡Dividido en ocho cuadros, a gran espectáculo!

Dura la proyección 15 minutos 10 de julio de 1904

Después del alcoholismo, el juego es sin duda alguna el vicio más horripilante que agobia la sociedad, puesto que tiende á ocasionar las ruinas de las familias y la destrucción del hogar.

                El asunto que se desarrolla en esta sorprendente vista es histórico y se efectuó en Inglaterra en el año antepasado. El protagonista apellidado Debut’s fue un honrado empleado descendiente de una noble familia Parisiense, pero sus malas amistades lo condujeron al vergonzoso vicio del juego, y al desastroso fin que se manifiesta.

CUADRO PRIMERO:

                Era el último día del mes de Noviembre de 1902 cuando acababa de recibir el joven Debut’s el haber de su sueldo de la casa bancaria en que trabajaba. Retirábase tranquilo y feliz á su morada, ilusionado de encontrar en ella á su honrada esposa, que, como de costumbre lo aguardaba con los brazos abiertos. Una tierna niña, fruto de aquel matrimonio modelo, constituía el bienestar y la dicha de sus padres, que la amaban con vehemencia. Pero por desgracia el desventurado joven parisién, tropieza con falaces amigos que lo inducen á penetrar á un café cantante, frecuentado por la héz de la sociedad.

                Allí se bebe y se juega, es aquel un centro de fulleros que olvidándose de los deberes sociales, van á apostar á una carta su misma vida, si es posible, por el sólo ahinco de jugar. Nuestro héroe ya se vé confundido entre aquellos, y pronto la suerte le es propicia; juega, y gana.

CUADRO SEGUNDO:

                Alucinado de este primer éxito, lo vemos á los dos días reunirse nuevamente con sus compañeros de cantina que lo adulan y le hacen creer que el juego lo hará rico, que no tendrá necesidad alguna de dedicarse al trabajo, que en una media hora de dicha será bastante para labrar la felicidad de su familia. El pobre hombre, fascinado, se cree de tan mentidas palabras y cae de nuevo en el garlito.

CUADRO TERCERO: La sala del juego. El usurero

                Héle allí, frente al tapete verde, rodeado de una turba de haraganes que van á poner al azar todos los bienes de fortuna, la honra de sus esposas y el porvenir de sus hijos!……….Pero nuestro héroe ya no se encuentra en aquel café cantante en que lo vimos al principio; ahora se halla en un elegante salón de juego en donde las apuestas son de alguna cuantía. Entre aquella reunión de malvados no debía faltar un usurero, una de esas aves de rapiña, aborto de Satanás, que emponzoñan cuanto tocan, y que sólo sirven de vehículo para ocasionar la ruina de la humanidad entera. Allí estaba; repetimos, pero no para jugar, sus proyectos eran otros, nada menos, que los de dar el tiro de gracia al jugador desafortunado. ¿Y de qué modo? Prestando dinero con un rédito excesivo y con plazo perentorio para el pago, pero esto se supone, siempre que hubiera garantías. Al joven Debut’s podía facilitársele dinero porque era empleado principal de un banco, gozaba de crecido sueldo, y por consiguiente para él, la caja del agiotista estaba abierta. Perdió aquél todo el dinero que dos horas antes hubiera ganado; perdió igualmente todos sus haberes de empleado, y por su desgracia, en aquel mismo garito tuvo que ocurrir al usurero. Este le facilita una fuerte suma mediante su firma, y la cantidad aquella, como las anteriores, fue igualmente á dar á pique. Entonces comprende Debut’s lo terrible de su situación porque el plazo para cubrir su adeudo es corto, puesto que vence al siguiente día.

                Frenético, medio loco, abandona el joven parisién aquella mansión diabólica y apostrofando á los jugadores, se lanzó hacia la calle sin saber el partido que debiera seguir.

                El resto de la noche fué para él de eterno insomnio: avergonzado de su conducta no se atreve á decir á su honrada esposa la causa de su aflicción.

                Su hijita dormía, sonriendo de vez en cuando, como sonríen los ángeles del cielo delante de su creador. ¡Pobre inocente! ¡Cuán lejos estaba de pensar la suerte que más tarde le estaba reservada!

CUADRO CUARTO: El asesinato

                La pasión del juego es la precursora de todos los vicios; adormece, embota de tal manera los sentidos, que precipita al hombre á su desgracia.

                Continuemos el hilo de nuestra historia, para llegar á su desenlace.

                A las primeras horas de la fecha en que vencía el pagaré, se presentó el joven Debut’s en el despacho del viejo usurero. Iba con el exclusivo objeto de pedir á éste un favor; el de que su pagaré fuese prorrogado. Pero la ocasión se interpuso y Debut’s ejecutó en la persona del usurero el más espantoso de los crímenes: ¡EL ASESINATO! Veamos de que manera vino á efectuarlo.

                Como antes hemos dicho, nunca pensó Debut’s arrebatar la existencia al anciano agiotista, mas en el corazón de aquél, comenzaba á germinar la pasión del juego, es decir, principiaba á perder los sentimientos, la educación y la moral. El hombre que pisa por sólo una vez cualquier garito, no retrocede, se alucina y va directo al precipicio. Por esto es que el empleado Debut’s entró aún con honra al despacho del usurero Eyraud, y al ausentarse momentos después, era el monstruo más abominable de la sociedad, puesto que llevaba las manos tintas en sangre humana. Había hollado el quinto precepto del Decálogo de dice, “No matarás.”

                La hora fatal para Eyraud había sonado: se encontraba ya frente á frente de su asesino.

                El agiotista se levanta de su escritorio para sacar de la caja el consabido documento, la abre y de súbito le viene á Debut’s la idea de matarlo…

                Inconscientemente toma de la misma mesa un cortapapel de acero y lo hunde, cuando Eyraud se encontraba de espaldas. Ya herido, vacila y trata de luchar pero un segundo golpe hunde el pequeño puñal en el pecho del viejo agiotista y acaba con su existencia…

                El asesino huye pero la Providencia que nunca deja impune los delitos, da luz á la justicia humana y es aprehendido el criminal.

CUADRO QUINTO: El arresto

                Le encontramos en el interior de su casa. El protagonista de este drama preocupado piensa en el crimen que ha cometido, trata de leer un diario para borrar las ideas sangrientas que ocupan su imaginación. Su vida se encuentra comprometida. ¿Qué va á hacer de su porvenir? Su esposa y su niña tratan en vano de conocer los motivos de su singular actitud.

                Llaman á la puerta, en este momento supremo nuestro protagonista se da una idea exacta de todas las consecuencias de su falta. Se presenta el comisario de Policía seguido de varios agentes para proceder á su arresto.

                Su esposa no puede creer que sea acusado de u crimen, y la niña suplica no se llevan á su papá.

                Finalmente Debut’s es llevado por los agentes, en tanto que su pobre esposa sucumbe á su dolor no teniendo más amparo que su inocente hija.

CUADRO SEXTO:

                El protagonista se encuentra en la sala de Jurados, su esposa y su niña pasan á ver el resultado de la defensa; uno de los abogados trata de alejarlas de este triste espectáculo. El acusado se levanta de su banco tendiendo sus brazos hacia su hija, como queriendo darle su último  adiós.

                La señora aproxima á su niña á pesar de las súplicas de su abogado.

                Los debates han terminado, el Tribunal después de la deliberación del Jurado que ha sido inflexible, pronuncia su terrible sentencia, ¡¡¡LA MUERTE!!!

CUADRO SÉPTIMO: En la celda. El sueño

                Ha llegado el momento supremo. Avergonzado por los remordimientos, no puede encontrar el menor reposo. Es asaltado por convulsiones horribles. Sueña que su esposa ha muerto de pesar y de vergüenza, su chiquita le prodiga sus últimas caricias y la rodea de flores. Todo esto es para él una pesadilla horrorosa. No puede soportar por más tiempo esta visión, y cae de bruces al suelo. El guardián que está al cuidado de él, le levanta, y trata de quitarle aquellas impresiones.

CUADRO OCTAVO: La ejecución capital

                Ante un numeroso público es conducido al patíbulo pagando de esta manera su horrible crimen.

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