La música en el cine mudo

La música en el cine ha sido parte esencial del mismo, pero durante el período mudo era parte intrínseca del filme. Dado que el cine carecía de sonido, los músicos eran parte sustancial del entramado de la historia pues aportaban mayor efecto a la cinta y como bien acota Aurelio de los Reyes en un breve ensayo, La música en el cine mudo* aparecido en los Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM: 

La música fue acercándose paulatinamente a los cines hasta integrarse al espectáculo, convirtiéndose en un elemento casi indispensable y haciendo tradicionales al solista o al conjunto musical al pie de la pantalla que desaparecerían en la época sonora, no la música, que fue integrada al sonido para dar mayor efecto a la película. (1)

Existen dos modalidades para acompañar las cintas silentes, una, consistía en que una orquesta, un solista o un conjunto amenizaban durante el inicio de las funciones y los intermedios; la otra modalidad consistía en el acompañamiento musical de la película.

Según de los Reyes fue la Banda de Caballería bajo la batuta de los maestros Payán y Santa Cruz los primeros que tocaron en una función de cine a la que asistió Carmen Romero Rubio, esposa de Porfirio Díaz. Sin embargo el primer empresario en usar música en su establecimiento fue el que administraba el cinematógrafo Edison ubicado en Escalerilla no. 7 en la ciudad de México, lo que orillo al administrador del cinematógrafo Lumière de Espíritu Santo no. 4 a contratar al cuarteto de la familia Tovar.

De tomarse el tiempo se pueden admirar los carteles de las funciones escenificadas en Toluca y reproducidos en este mismo blog cine silente mexicano, para percatarse que en todas las funciones se inicia con oberturas de la orquesta y continúan sus ejecuciones durante los intermedios. Las funciones consistían en alternar “vistas” con piezas musicales.

Por lo general el espectáculo consistió en bailables españoles, pasodobles, peteneras; o mexicanos, jarabes, sones; números de zarzuelas, españolas y mexicanas del género chico, y piezas musicales cortas, que tanto gustaban al público de aquellos años de 1898, 1899 y 1900. (2)

Es en Orizaba donde se da la mayor importancia a la música para el acompañamiento de filmes y varios músicos locales acompañan las vistas. La empresa Ascencio contrató al maestro Rómulo y su cuarteto, mientras que otro empresario lo hizo con el cuarteto Oropeza. La empresa Aguilar y Román J. Barreiro presentó al quinteto filarmónico del maestro Arnulfo Blanco quienes durante la proyección de Fausto y La Condenación de Fausto interpretaron música de Gounod.

Música en el cine mudo

Por otro lado en 1902, Carlos Mongrand contrató a la Banda de la Escuela Industrial bajo la dirección de Julián Espinosa para amenizar las funciones, y durante la proyección de la vista El general Díaz paseando a caballo en el bosque de Chapultepec interpretaron un marcha de honor que causo algarabía; en Aguascalientes repitió la experiencia con la Banda de Guerra, dirigida por el maestro Payán, tocando durante la proyección de la vista La visita de monsieur Loubet, presidente de Francia, al zar de Rusia, con igual resultado.

Es hasta 1905 que Carlos Mongrand repite el experimento con la agrupación musical Típica de Zacatecas bajo la batuta de Antonio Martínez, y es tal el éxito que definitivamente los integra a su compañía cinematográfica trashumante. Visita con ellos Morelia, Torreón, Monterrey, Guadalajara, Zamora y Chihuahua donde terminó la relación laboral entre músicos y cinematografista.

Era tal el éxito que varios empresarios imitaron el recurso artístico. En Zacatecas J. Saldívar contrato a la Típica de Fernando Ortiz y Jorge Stahl en Tepic contrató a los músicos locales Ireneo Contreras y Pedro S. Andrade, así como un coro de niño que interpretaron el coro de los polichinelas de la zarzuela mexicana Chin-Chun-Chan. (3)

En otro cine, películas basadas en óperas, Fausto, La condenación de Fausto, Aída, La Gioconda, El Barbero de Sevilla, etcétera, fueron acompañadas con varias de las óperas respectivas interpretadas por conjuntos musicales y cantantes conocidos, ocasionalmente situados detrás de la pantalla. (4)

Durante el período revolucionario el cine no dejo de promover sus bondades, y por ende  atraer al público. Durante la ocupación carrancista de la ciudad de México en 1914 se anunciaban elencos musicales como el siguiente del Salón Rojo:

La banda militar del Primer Jefe don Venustiano Carranza dará un selecto concierto de 5 a 9 P.M., tocando danzones cubanos y veracruzanos, y estrenando ‘Lloraba un corazón’ y ‘Julia’. La Orquesta Típica de diez profesores del C. general Álvaro Obregón, ministro de la Guerra, tocará de 4.30 a 9.30 hermosos danzones bajo la dirección del maestro Federico Rolán. Felipe Llera y señora, y los demás artistas del Sexteto del Salón Rojo, deleitarán a nuestro público con selectos trozos de ópera y canciones populares. (5)

Salón Rojo de Jacobo Granat
Salón Rojo de Jacobo Granat

Y fue también la gerencia del Salón Rojo a cuya cabeza estaba Jacobo Granat la responsable de iniciar las películas-concierto. Los film d’art de la casa Pathé y los films históricos italianos dieron entrada a las películas-concierto y con “una magnífica orquesta hábilmente dirigida por el maestro Alberto Amaya e integrada por profesores del Conservatorio” (6) se proyectó Marco Antonio y Cleopatra (1912) de Guazzoni en el Salón Rojo. Le siguieron In hoc signo vincis y El milagro de la virgen.

Para 1915 las películas-concierto eran espectáculo común en la ciudad de México y varios artistas: el tenor Mario Talavera, la soprano María Gallardo, las señoritas Abunza e Islas, las señoras Hernánez y Corral eran acompañadas por la agrupación Saloma; Ana María Martínez y el tenor Ángel Ayala lo eran por la orquesta del Salón Rojo.

Cabiria (1914) de Giovanni Pastrone venía acompañada de una partitura, La sinfonía de fuego, específicamente compuesta para la película, la cual se entregaba a los distribuidores junto con el filme. A México no llegó la partitura, sin embargo el maestro Romualdo de Parma compuso una partitura que fue interpretada por músicos del Conservatorio Nacional de Música.

En el periódico El Universal del 17 de marzo de 1917 en un escrito firmado por Hipólito Seijas, pseudónimo de Rafael Pérez Taylor, apareció bajo el título de Influencia de la música, la siguiente nota:

Yo no sé qué influencia, tiene la música en el cine. Cuando la orquesta, el quinteto o el piano, callan, el público se impacienta y no puede comprender que exista cinta cinematográfica sin acompañamiento de melodía. El caso es muy curioso y se nota que, en donde tocan los mejores artistas, es donde acude más público, y es porque se aduna maravillosamente la sensación emotiva del momento álgido del tema desarrollado, a la melodía suave y cadenciosa de un vals de Berger.

Cultura Musical y cultura de intuición artística (…) forjan en la mente de los visionarios (…) No cabe duda, la música es el complemento obligado de la película. (7)

Pero hay otro lado en toda moneda. Y así como están los excelsos músicos de conservatorio también tenemos a soñadores que por querer componer la sinfonía nunca escuchada o no tener la habilidad o destreza requeridas para incursionar a las salas de concierto y compartir tablas con músicos consagrados, tocan en cines de arrabal o de segunda clase.

Sin embargo una semana después, el mismo Hipólito Seijas en su columna del 24 de marzo titulada Cronistas y cronistas se queja amargamente del músico de sala cinematográfica:

¿Y qué dirá el cronista de cines acerca de los pianistas neurasténicos que lo destantean en su labor? A veces escucha algo parecido a una sonata: se cambia, repentinamente, por un danzón; sigue unos acordes violentos y terminan por un final de abracadabra… (8)

Pianista de cine mudo
Pianista de cine mudo

El 5 de mayo, en otro artículo, Los pianista, Hipólito Seijas describe con maestría las condiciones deplorables en las que trabajan los pianistas a raíz del encuentro con uno de ellos y comprender la monotonía y dejadez del trabajo musical en una sala cinematográfica:

Cuando llegamos al cine, fresquecitos, tocamos con gusto, media hora, a veces una hora; pero surge el cansancio, la monotonía de tocar siempre lo mismo. Como pobre, no puedo comprar las últimas noveades y me concreto a pasar al piano lo único que sé, lo que he aprendio: doce two-steps, ocho valses, unas cuantas mazurcas, unos arreglos de ópera, algo de opereta y se acabó.

Y concluir de forma condescendiente:

Y al contemplar la actitud poco gallarda del “maestro”, que es un compositor desconocido y que deja parte e su vida en el piano para ganarse un pedazo de pan, comprendí entonces, que el arte no hay que buscarlo en las manos de los “maestros” de cines, sino en otras partes, a donde el arte tenga manifestaciones de aristocracia y no de fariseismo. (9)

Como respuesta al artículo, otro músico de salón de cine, Agustín Guzmán envía una misiva, la cual, el 12 de mayo, Hipólito Seijas reproduce en su columna sin darle título al escrito:

Comienza por Chopin: las melancólicas mazurcas del polaco se identifican con el intérprete, cuyo temperamento llega a los lindes de la amargura…y el devoto no ve a la pantalla, que otro film íntimo pasa por su corazón, reverentemente rinde culto al autor de la música que ejecuta…cada momento más deleitado…cada momento más artista…hasta que un ruido infernal, ensordecedor, lo saca de su abstracción… el público da con los pies sobre el pavimento…locamente, furiosamente, bárbaramente, porque…porque el cuadro luminoso de la pantalla está desviado.

Después el artista filosofa: ¿en tan vasto salón habrá quien guste de la buena música? ¡Cómo no! El señor Seijas está escuchando (muchas gracias)…él sólo…contra una inmensa mayoría que en voz alta y al unísono repite las leyendas de la cinta; que estruja papeles; que quebranta con la dentadura, nueces, avellanas, etc.; que hace ¡tantas cosas inconvenientes! a la vez, menos escuchar la música. (10)

cine51
El cine Titán considerado de arrabal

En el ámbito nacional es muy pobre la producción musical especialmente compuesta para filmes mexicanos. Hay contados ejemplos de ello, pero distan mucho de poderlos equiparar a lo hecho en otras cinematografías. Aurelio de los Reyes es bastante pesismista respecto a ello.

Por lo que se refiere a la industria nacional la cinta de Manuel de la Bandera Triste crepúsculo (1917), de tema costumbrista, fue acompañada con música mexicana en algunas funciones, ejecutada por alumnos del Conservatorio Nacional de Música; y que había sido interpretada por alumnos de la clase de mímica cinematográfica del propio Conservatorio (…) Miguel Lerdo de Tejada adaptó la música para Alma de sacrificio (1917) de Joaquín Coss. Se sabe también que durante algunas exhibiciones de El escándalo (1920) de Alfredo B. Cuellar, la Típica Lerdo y que tomaba parte en la cinta, interpretó música apropiada (…) por último, parece que en las exhibiciones de En la hacienda (1921) de Ernesto Vollrath, se tocó la música de la zarzuela del mismo nombre de Federico Carlos Kegel en que se basaba su argumento. (11)

Por lo que respecta a los músicos de cine mudo en Toluca me remito a Ramón Pérez quien nos relata que:

sería injusto no mencionar los nombres de aquellos que tocaban en los cines, ya individualmente en el piano o en los conjuntos orquestales, con el riesgo de omitir algunos, y que son:  Conchita o Carolina Lavat, Téllez ( el Periquín), Ernesto Baeza, Pedro Valdés Rubio, Eduardo González, Luis Villegas Ruiz, Manuel Mendieta, Eduardo Mendoza, Los Bartolos, Efrén Hoyos y Roberto Méndez. (12)

Notas:

(1) Aurelio de los Reyes, La música en el cine mudo en Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, México, Volumen XIII, número 51, 1983, pp. 100-101.

(2)  Ídem., pp. 103.

(3) Ídem., pp. 106.

(4) Ídem., pp. 109-110.

(5) Luis Reyes de la Maza, Salón Rojo (programas y crónicas el cine mudo en México) Tomo I (1895-1920), Dirección General de Difusión Cultural, Cuadernos de cine 16, UNAM, México, 1968, pp. 151.

(6) Aurelio de los Reyes, op. cit. pp. 114.

(7) Manuel González Casanova, Por la pantalla: Génesis de la crítica cinematográfica en México, 1917-1919, Dirección General de Actividades Cinematográficas, UNAM, México, 2000, pp. 168.

(8) Ídem., pp. 181.

(9) Ídem., pp. 209-210.

(10) Ídem., pp. 217-218.

(11) Aurelio de los Reyes, op. cit. pp. 119.

(12) Ramón Pérez, Estampas toluqueñas, Ediciones del Gobierno del Estado de México, Colección Estudios Históricos/3, 1974, pp. 236.

*A este ensayo se puede acceder en las páginas de las plumas invitadas.

3 pensamientos en “La música en el cine mudo”

  1. QUIERO FELICITARLOS POR ESTE ARTICULO, ES MUY INTERESANTE Y EN LO PERSONAL MEINTERESA CONOCER HACERCA DE LO QUE ACONTECIO EN LO QUE HOY SE CONOCE COMO LA CASA BORDA UBICADA EN LA ESQ. DE FCO. I MADERO Y BOLIVAR EN EL CENTRO HISTÓRICO DE LA CIUADAD DE MÉXICO, Y EL SALON ROJO FUE ALGO MARAVILLOSO EN SU EPOCA. LES AGRADECERIA SI CONOCEN OTROS SITIOS DONDE PUEDA SEGUIR CONOCIENDO MAS AL RESPECTO. GRACIAS.

  2. Buenas tardes,
    Quiero felicitarlo por su artículo, y me gustaría saber si existe bibliografía que soporte la información aqui descrita, pues estoy escribiéndo un guión relacionado con este tema. Mil gracias,
    Carlos

  3. Muy bueno en su totalidad,soy investigador,restaurador(ya no,debido a los avances técnicos…)e historiador de cine mudo.
    Felicitaciones,

    Enrique J. Bouchard
    Buenos Aires,Argentina.En “Google”,buscando Enrique Bouchard,pueden ver mi actividad.

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