Dos reseñas de Álvaro Matute sobre Aurelio de los Reyes

Por la importancia que la obra de Aurelio de los Reyes representa para la historiografía cinematográfica mexicana, específicamente del período mudo incluyo un par de reseñas  que Álvaro Matute escribió. La primera reseña el volumen II de Cine y Sociedad en México. La segunda es sobre ¡Qué viva México!

La primera se publicó en los Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, primavera 1995, año/vol. XVII, número 66, UNAM, México, pp. 179-181.

Álvaro Matute es investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. Es autor, entre otras publicaciones, de Aproximaciones a la historiografía de la Revolución Mexicana (UNAM-IIH, 2005), además de innumerables artículos de investigación especializada.

Álvaro Matute

Cine y sociedad en México, 1896-1930. Volumen II: Bajo el cielo de México (1920-1924) de Aurelio de los Reyes, México, Instituto de Investigaciones Estéticas, Universidad Nacional Autónoma de México, 1993, ix y 409 p., ilus.

Después de un intervalo de doce años — tomando en cuenta las fechas de pie de imprenta — aparece el segundo de los tres volúmenes que Aurelio de los Reyes ha consagrado a la interacción entre cine y sociedad en México, durante el tiempo en que el arte cinematográfico era silente. Como el anterior, es un libro de gran formato, profusamente ilustrado con fotografías provenientes de las propias películas estudiadas, de diarios y revistas, y de archivos. Muchas de ellas eran inéditas. El nuevo libro se complementa con uno, de formato menor, dedicado a rescatar la filmografía de la época, cuya originalidad es definitiva (Aurelio de los Reyes, Filmografía del cine mudo mexicano, volumen II, 1920-1924, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Dirección General de Actividades Cinematográficas, 1994). Pese a que es equivalente al fichero del primero, se puede leer de manera independiente, ya que se trata de una obra de carácter informativo sobre un objeto de estudio acerca del cual se ha investigado muy poco. Pese a su modestia, es una aportación por sí misma.

Desde luego, la obra mayor es la que reclama toda la atención. Se trata, como ya quedó dicho, y como fue establecido desde el volumen primero, de la relación sociedad-cine- sociedad. Es decir, la premisa de la que se parte implica que el cine se nutre de la realidad social y que se revierte hacia ella, formando una serie de círculos concéntricos.

Así, por ejemplo, una acción particular, proveniente de un contexto histórico-social determinado, al ser captada por el cine, ya sea como documental o como representación artística, se universaliza y llega a ámbitos distintos de aquel que los originó, convirtiéndose en modelos e incluso en paradigmas, estereotipos, mitos.

Para emprender el trabajo, Aurelio de los Reyes parte en esta ocasión del contexto que le proporciona la historia política, esto es, el arribo de los hombres de Agua Prieta al poder, con los gobiernos de los dos primeros vértices del triángulo sonorense, Adolfo de la Huerta y Álvaro Obregón. Si bien en el primer libro el porfiriato y la revolución son el gran fondo contextual, no deja de llamar la atención la acotación precisa de los periodos de los dos sonorenses, con lo cual se espera que el próximo volumen abarque el gobierno de Calles y el principio del maximato.

La situación se explica pronto, porque no se trata de una historia formal de los gobiernos sino la de los imaginarios que se producen en el género chico, desde luego en el cine y en parte de la prensa. Los títulos de los capítulos provienen de obras cinematográficas o de otros géneros de representación. Así, se inicia la obra con “Los tres alegres compadres” y prosigue con “La huerta de don Adolfo”, para más adelante abordar “El jardín de Obregón” y concluir con “Mi candidato”, que es el preámbulo y desarrollo del rompimiento entre los sonorenses y la rebelión delahuertista. En otro tenor, hay capítureseñas los de política social, como “Río Escondido”; sobre la educación, y “Bolshevikismo”, sobre los trabajadores, donde De los Reyes hace interesantes aportaciones sobre la doctrina social de la iglesia católica. En ellos está la circunscripción política del libro y lo que se desprende de ella en la imagen recuperada. La sociedad, en su mayor amplitud, aparece en “La muerte enamorada”, concierto de autoviudas; “Cuando la patria lo manda”, de asunto nacionalista, directamente relacionado con la política de exhibición cinematográfica; “Bajo el cielo de México”, que recoge temas diversos propuestos por la imagen; “Madre querida”, donde predomina la presencia de la mujer, y “Revista Olimpia”, referido a lo que veía la gente en la pantalla y a cómo se veía la gente de entonces en sus diferentes versiones y actividades. De manera esquemática, tal es el contenido del libro. Además de la acotación temporal, la espacial es prácticamente la ciudad de México, como el propio autor lo reconoce en su introducción. Asimismo, es cierto que los capítulos podrían ser, cada uno de ellos, un libro independiente. Afortunadamente, sin embargo, se encuentran reunidos y relacionados entre sí.

Otra nota digna de mención es que, contrariamente a lo que hacen otros investigadores de temas extraños a la realidad política y social, Aurelio de los Reyes no se va por el camino fácil de estudiar el contexto en fuentes secundarias y sólo abordar su objeto directo con las primarias. Por el contrario, su investigación es igualmente original, es decir, basada en fuentes directas para lo uno y lo otro. Claro que tiene apoyos, pero predomina el trabajo directo. La pertinencia de la prensa como fuente mayoritaria la determinan los temas tratados. Llama la atención lo que aporta de conocimientos sobre los ámbitos político y social, así como en el plano interpretativo.

Lo que podría captarse como estructura profunda del texto es la ya descrita interrelación entre la imagen y la realidad. Eso lleva al autor, y él, a su vez, al lector, a una realidad más cotidiana que la del historiador de la política y más real que la del historiador de la sociedad, que tiende a abstraerla. Sin estar adscrito a una tendencia definida de la historia de las mentalidades, los partidarios de ella tienen en este libro una buena muestra para la primera mitad de los años veinte. Aunque, insisto, no es una historia de las mentalidades ni mucho menos de la vida privada. Es un puente entre ellas y la esfera pública, la esfera de lo que trasciende de la una hacia la otra, en los dos sentidos, de lo público a lo privado y de lo privado a lo público. Me explico: el interesante capítulo de las mujeres que deciden acabar con la vida de novios o esposos es una historia de una relación privada que llega al dominio público principalmente por la prensa. Se convierte en un espectáculo al igual que la acción de los gobernantes, de quienes se querría saber lo más recóndito. El seguimiento de los casos hace que se indague sobre los orígenes o “causas” y se presenten los entramados típicos: exposición-nudo-desenlace, que un público ávido sigue como si se tratara de una representación. En otros capítulos, el entramado narrativo es sustituido por el repaso de tipos y estereotipos, la madre, el obrero, el maestro, el político, etcétera, a veces en acciones, a veces en sí mismos. Con ello se puede asistir a una enorme galería de distintos mexicanos de la época de Obregón y de acciones sucedidas en ella.

En cuanto al estilo del autor, en ocasión anterior lo definí como barroco, partiendo de la idea que comunicaba Francisco de la Maza en sus lecciones, como “horror al vacío”. No es que Aurelio de los Reyes sea barroco en su forma de escribir, es barroco por su horror a dejar sin llenar el hueco mínimo. Su acercamiento a las fuentes es modelo de acuciosidad y de obsesión. No quiere que ningún tema quede desprotegido.

Otro rasgo estilístico de los libros del autor es su concepción fílmica de ellos. En su manera de organizarlos, se puede hablar de montaje. La manera como comunica los resultados de sus investigaciones tiene mucho que ver con el lenguaje cinematográfico.

De ahí que no generalice, sino que siempre llene sus pantallas. La fotografía sobre la cual fue diseñada la portada del libro lo expresa cabalmente: es una sala cinematográfica abarrotada. No cabe en ella un alfiler y todos los presentes están ávidos de mirar la pantalla de que les llenen su tiempo con algo digno de ser contado. Están impacientes de que se oscurezca la sala y comience la función.

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A continuación el texto leído durante la presentación del libro El nacimiento de ¡Qué viva México! de Aurelio de los Reyes el 11 de febrero de 2008 en la Cineteca Nacional. Está tomado de la Revista electrónica IMÁGENES del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

Aurelio de los Reyes, El nacimiento de ¡Qué viva México!, México, Instituto de Investigaciones Estéticas, 2007, pp. 392.

Aurelio de los Reyes es el académico que incursionó en el interesante terreno de la historia del cine. Muestra de ello es una copiosa bibliografía, inclinada de manera preferente al cine silente, es decir, al origen y primer desarrollo del arte-industria emblemático del siglo XX mexicano. En las diversas ocasiones en que he comentado libros suyos, he insistido en la manera como Aurelio de los Reyes ha conjugado la relación cine-sociedad, es decir, cómo el cine se alimenta de lo que la realidad social le proporciona y cómo el cine influye, a su vez, en la vida social. De hecho, podría decirse que De los Reyes es un historiador social del cine, o un historiador cinematográfico de la sociedad mexicana. En ello estriba su originalidad, que es lo que permite identificarlo como el historiador académico del cine, a diferencia del periodista o crítico devenido en historiador, sin restarle ningún mérito a quienes han optado por hacer historia del cine, independientemente de sus orígenes o preparación. La mirada académica se distingue por salirse de los marcos del cine, por magnificar los contextos. Tal vez en eso consiste ser historiador: en ubicar los temas particulares en la amplitud que proporcionan los entornos. En eso, la obra de Aurelio de los Reyes ha sido ejemplar, y no sólo en lo que respecta a la historia del cine, sino en la de sus propios antecedentes familiares.

Otra característica de nuestro autor es la obsesividad. Sólo alguien con esa virtud que puede ser defecto, o con ese defecto que puede ser virtud, podría haber emprendido una investigación tan minuciosa y pormenorizada como la que sirve de base al libro El nacimiento de ¡Qué viva México!, dedicado justamente a desentrañar los contextos que rodearon el origen de la célebre película inconclusa de Sergei M. Eisentein filmada en nuestro país y que tantas consecuencias tendría en el ulterior desarrollo del cine mexicano. Viajes y archivos dan constancia de ello. Sin conocer el idioma ruso, valido de intérprete, De los Reyes acudió a los archivos en Moscú y también lo hizo en Ottawa, Nueva York y Bloomington, donde vería correspondencia en distintos idiomas. Y a propósito de archivos, antes de entrar en materia, el autor hace partícipes a los lectores de las vicisitudes encontradas en los repositorios visitados, las cuales podrían haber hecho que los interesados desistieran de seguir adelante. No así el autor, quien perseveró hasta encontrar lo buscado, o casi todo lo que le iluminara acerca de la trayectoria del célebre cineasta ruso y la circunstancia que lo trajo a estas latitudes mexicanas a filmar, con su equipo de colaboradores, Tissé y Alexandrov.

Con una información vasta y minuciosa, De los Reyes nos ubica en el Hollywood muy anterior al senador McCarthy, pero que ya anuncia a Hays, el del código moralizante. Si bien el famoso red scare ya está ahí, el momento es el del impacto de la crisis del 29, precedida del juicio a Sacco y Vanzetti, quienes propiciaron una interesante efervescencia izquierdista. Personaje central será el novelista Upton Sinclair, muy celebrado por la izquierda pese a ser una figura más bien mediocre en la narrativa. Como todo el mundo sabe, Eisenstein viajó a Estados Unidos a filmar una historia suya, pero los productores recularon y no hubo tal. Aurelio de los Reyes nos permite recorrer y asomarnos muy de cerca a las entretelas de lo que sucedía alrededor y revivir las relaciones del autor de El acorazado Potemkin con figuras como Flaherty y Charles Chaplin.

De la mayor importancia – historiador al fin – es la pesquisa de las fuentes en las que nutrió Sergei Eisenstein su conocimiento de México y que van desde lecturas de Jack London – El mexicano – hasta el contacto personal con Diego Rivera, el infaltable Diego, y que culminan con el famoso libro de Anita Brenner, Ídolos detrás de los altares, que fue el que le proporcionó acaso mayor sustancia. La lista no es tan pequeña. De los Reyes rastrea, otra vez acudo al vocablo, de manera obsesiva, todo cuanto encontró que evidenciara lecturas de Sergei Eisenstein acerca de México en revistas, reportajes, referencias. Menciono las más evidentes, pero De los Reyes es más exhaustivo y siempre trata de ir hasta las últimas consecuencias.

El nacimiento de ¡Qué viva México! también pudo haberse titulado Pequeño tratado acerca de la miseria humana. Digo esto no sólo por las ya referidas vicisitudes del autor en archivos y bibliotecas, sino por las que rodearon a Eisenstein en su paso por Estados Unidos. Por una parte, atraen al cineasta más prestigiado del momento; por otro lado, recelan de su ideología, pero no sólo eso: recelan también acerca de si los proyectos que se ventilaban redituarían o no, y al convencerse de esto, tras especular sobre la salida de Eisenstein de Japón, deciden que no habría ninguna película de él filmada en Hollywood.

Un interesante paréntesis estético es el que dedica Aurelio de los Reyes a los contactos entre el ruso y Robert Flaherty, el gran documentalista. Sin duda, dicho contacto, y el interés de Eisenstein en los trabajos de su colega con esquimales y polinesios, le dio elementos para el desarrollo de lo que filmaría en México.

Un contraste interesante es el bagaje mexicanista del ruso y su primer contacto con el país que tuvo lugar en la Tijuana del tiempo de la prohibición. Si ahí no se le cayó la idea de México que se había ido formando, ya no habría nada que impidiera que meses más adelante realizara una propuesta cinematográfica que lamentablemente no concluyó.

Tras pasar revista al interesante mundo de las fuentes que nutrieron al cineasta acerca de México, el autor ofrece pormenores de su ingreso al país y de los recorridos hechos por él en compañía de quienes se le acercaron por afinidades estéticas, ideológicas o por mandato policiaco. De todo ello quedó testimonio; lo que no quedó es evidencia que no haya observado Aurelio de los Reyes. Con todo ello, la reconstrucción emprendida por él sienta unas bases muy sólidas para saber cómo se gestó la gran película inconclusa que tiene a nuestro país como tema, con sus aspectos típicos y estereotípicos, comunicados a través de imágenes cuya fuerza da muestra de la grandeza cinematográfica de su creador y de sus extraordinarios colaboradores.

Al mejor cazador se la va la liebre. Sin duda, Aurelio de los Reyes es el mejor iconólogo de muchas leguas a la redonda. Y en la primera imagen hace referencia a la Pirámide del Adivino como de Chichén Itzá y no de Uxmal. Y otro detalle. En un pasaje hace referencia a los versos que le compusieron a Maximiliano antes de emprender su aventura – fatal – mexicana: Maximiliano, non te fidare / torna al castello di Miramare / Che il trono fracido de Montezuma / é Napo gallito pieno di spuma. Según recuerdo, no sé si vía Carlos Pereyra, Justo Sierra o Martín Quitarte, sabía que su autor era Giosue Carducci.

Concluyo con una anécdota del autor. Cuando éramos estudiantes, don Juan Ortega y Medina nos dejó como examen hacer una glosa del discurso de Schiller sobre la filosofía de la historia. Tras escribir varias hojas, Aurelio de los Reyes concluyó escribiendo: “Y me agoté”. Ahora yo digo lo mismo: “me agoté”. Bienvenido este nuevo libro sobre el gran maestro de la cinematografía mundial que el 11 de febrero de 2008 cumple sesenta años de haber fallecido.

Un pensamiento en “Dos reseñas de Álvaro Matute sobre Aurelio de los Reyes”

  1. Me gustaria saber si usted tiene el correo electronico de Aurelio de los Reyes Garcia pues estoy editando un libro sobre el documental latinoamericano y queriamos invitarlo. Gracias, JC

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