La hecatombe del cine Montes. Rescate de la crónica periodística

La hecatombe del cine Montes. Rescate de la crónica periodística*

Alva Lai-Shin Castellón

Pasante de la Licenciatura en Historia por la UdeG

Antecedentes históricos:

La sociedad tapatía de finales del siglo XIX, para ser exacta del 20 de octubre de 1896, asistió a la primera función del cinematógrafo en la ciudad de Guadalajara. Aunque cabe aclarar que anteriormente se habían llevado a cabo diversas proyecciones, utilizando otro de los aparatos de la familia del cinematógrafo: el kinetoscopio, que era “una especie de caja de gran tamaño provista de un visor del cual -previo depósito de una moneda- un observador podía contemplar el desarrollo de una brevísima película, […] que se repetía constantemente”;1 este aparato fue exhibido en 1895, junto con el fonógrafo, en la calle Hidalgo nº 3 por los socios George Argerina y Felipe Iturbide.

Sin embargo, estos desafortunados empresarios tuvieron que suspender sus funciones, no por falta de éxito sino porque fueron asaltados el 12 de junio del mismo año, en el Hotel Progreso. Los ladrones fueron Manuel Dueñas y Emilio de la Rosa, quienes fueron detenidos dos meses después. Para su desgracia, el proyector no fue recuperado. De esta manera, con los ladrones en la cárcel y sin kinetoscopio, el cinematógrafo hizo su entrada triunfal en el Salón de Actas del Liceo de Varones, hoy Museo Regional; de seis a diez de la tarde, con el pago de cinco centavos la entrada, los espectadores se dieron cita a la génesis del séptimo arte en Guadalajara.

El éxito de estas proyecciones dio origen a la proliferación de sitios dedicados a la exhibición de cintas de manufactura nacional y extranjera; así, desde:

1896 y hasta 1905 los exhibidores fueron temporales, esto es, aventurados empresarios tanto locales como foráneos, que en vista del éxito comercial inmediato que parecía tener el cine, alquilaban teatros o levantaban carpas.2

Debo aclarar que esta situación no prevaleció durante mucho tiempo: si bien es cierto que la cantidad de exhibidores3 fue en aumento, también es verdad que en poco tiempo lograron la transición de un simple negocio de venta de imágenes, en movimiento a un espectáculo cinematográfico. Así, las primeras salas permanentes, o de exhibición continua, despejaron sus limitantes y dieron paso a la tradición cinéfila en Guadalajara. Para 1904, Jorge Stahl iniciaba lo que Guillermo Vaidovits denominó como la era de los salones, convirtiéndose en el pionero de la inversión tapatía en salones de cine. Así, para 1906 “en el portal Morelos nº 8, frente a la Catedral: “(aparece) el Salón Verde, primera sala digna, elegante y ‘bien ventilada’ ”.

              En ese momento, los empresarios dirigieron su atención a la actividad cinematográfica, no sólo en el ámbito tapatío o nacional sino que sobrepasaron las fronteras europeas y norteamericanas para repercutir notablemente en la región. En este sentido, el texto de Jalisco desde la Revolución Literatura y Prensa 1910-1940 señala que:

En los primeros años de este siglo van proliferando las salas de cine, entre otras: el Olimpia, Museo de Diversiones, en las calles San Francisco y Morelos; el Halley, frente a la Catedral; el Rojo, en la primera cuadra de la avenida Corona; el París, en Maestranza y Pedro Moreno y el Palacio, en el portal Mina.4

Por su parte, Patricia Torres San Martín aclara que:

A 21 años de haberse conocido el cinematógrafo en Guadalajara, ya había siete salas de cine en la ciudad. Esas primeras salas fueron propiedad de entusiastas empresarios que durante más de veinte años monopolizaron el negocio.5

Esto significa que para 1917 las salas permanentes de cine se habían multiplicado: en su lista es posible leer los nombres de Lux, antes Olimpia, y el Cuauhtémoc, antes salón Apolo. Siguiendo esta línea del tiempo, aparecen en 1923 los cines Royal, Ópera y Rialto: estos tres cines formaron parte de un importante circuito de salas exhibidoras, conocido como Circuito Jalisco, propiedad de James L. Demus. El mencionado empresario conformó el Circuito Jalisco adquiriendo y financiando carpas y salas; un ejemplo de estas transacciones, y que da entrada al objetivo de esta investigación, es la ocurrida con la sala Hidalgo: 

que había funcionado por  muchos años como Carpa París en la Plazuela de San Diego, fue adquirida por Demus y pasó a ser el cine Lyric, para convertirse en 1923 en el Teatro Cine Montes, acondicionado con todas las comodidades de un moderno centro de espectáculos de la época.6

La bibliografía consultada sobre estudios de la historia del cine en Guadalajara no detalla la historia particular del cine Montes; no obstante, este establecimiento es recordado por la tragedia ahí acontecida. El brevísimo recorrido histórico por el cine tapatío fue realizado con la intención de contextualizar la aparición y consolidación de este cine, así como la preferencia de los espectadores por las proyecciones cinematográficas: ya que estos son los dos personajes principales que interactúan en la representación de La hecatombe del cine Montes. Este resonante título se debe a la caracterización que los diarios otorgaron a lo acontecido el 6 de julio de 1941.7 La crónica periodística8 registrada en el diario El Informador, hace gala de sonoridad (quizá como todos los documentos que se jacten de contener pasado): se leen las voces de los testigos (auditivos y visuales) y de aquellos que interpretan los hechos en un escenario post-acontecimiento. Con esto me refiero a dos niveles básicos de estructura en la crónica: el primero, en el que el reportero, mediante una narrativa lineal, describe en continuidad cronológica los hechos; y el segundo, la inserción en el texto periodístico de entrevistas y testimonios.

El sonido significa y condiciona,9 envuelve a las palabras para darles texturas y olores. La crónica periodística (histórica) evoca momentos en los que los testimonios y las dramatizaciones son imágenes latentes de acontecimientos cercanos (para los informantes) y remanentes de memoria histórica para nosotros. Es por eso que esta lectura les invita a recrear esta historia con sonido, a imaginarla y seguirla según los pasos y voces que de ella surjan. Sin más sugerencias, me permitiré dar inicio a esta representación, convirtiéndome en la voz narradora que hace énfasis constante en la producción del sonido y la imagen.

Antigua fotografía de los portales de Guadalajara

La hecatombe del cine Montes:

Escenario: La mañana del 7 de julio de 1941, con evidente duelo, los diarios informaban a la sociedad de la muerte de 86 personas y 11 heridos, tres de ellos de gravedad.

Voceador: El “saldo de una tremenda catástrofe ocurrida ayer en el cine Montes, cuando cayó un rayo y los miles de espectadores, espantados trataron de salir al mismo tiempo por las puertas de salida de la sala de espectáculos.10

Narrador: El lector tuvo como primer acercamiento el conocimiento de que había ocurrido una catástrofe en un cine, en la que hubo muertos y heridos, además de pánico. Pero, ¿qué provocó el pánico?: según la nota, el estruendoso golpe del rayo en la pared del local y la descarga eléctrica que fue recibida por el arco ubicado sobre la pantalla, que terminó desplomándose. Hasta aquí, los sonidos en los titulares no se hicieron esperar: pánico (gritos), el golpe, la descarga, el desplome (estruendoso). Sin embargo, ¿qué sucedía aquella tarde de 6 de julio de 1941?: una intensa lluvia abatía a la ciudad, para las 18:55 de la tarde (hora en la que se originó la hecatombe) se exhibían las películas La vuelta del charro negro y La tierra del mariachi.

Según los informantes, rescatados del mutismo en la crónica, a las 19:20 horas, además de que la lluvia se intensificaba, la noticia del suceso se regaba por la ciudad. Mientras tanto, la Sección Médica Municipal, la Fuerza Pública y el Cuerpo de Bomberos continuaban con las tareas de rescate. Por su parte, enfrente del cine un reportero anotaba en su libreta: “La confusión y el dolor de las víctimas fueron aprovechadas por algunos rateros que tuvieron la avilantez de robar ropa y zapatos de las propias víctimas”.11 Asimismo, se hacía llegar a los diarios el primer informe oficial, en el que se señaló que:

La parte superior del arco sobre la pantalla se derrumbó sobre el hall orquestal, cuarteándose a la mitad. El techo de lámina que caía sobre dicho arco, en una anchura de unos trescientos metros, se desbarató volando las láminas junto con los armazones de palo o bien a las casas vecinas, o bien –las menos- los mismos palos dentro de la sala de espectáculos. Las mantas que pendían a ambos lados del techo para mejorar el sonido se desgarraron en toda la extensión y cayeron desechas sobre las primeras filas del lunatario. Los adobes del arco destruyeron cuando menos la primera fila de la sillería central de la luneta.12

Por otro lado, el Actuario Municipal, en el reporte que presentó a la prensa informaba sobre los pormenores de su investigación.

Actuario Municipal: “En el fondo, o sea en lo que se llama foro, el muro oriente se encuentra cuarteado y su parte superior, o sea el centro en donde descansaba el techo se encuentra destruido aproximadamente unos cuatro metros; una parte del techo sostenía el muro de que se habla se encuentra destruido en una extensión aproximada de tres metros de ancho por veinte de largo, las hojas de zinc de dichas partes se encuentran volteadas hacia arriba y ambos lados”.

Narrador: Según el Actuario Municipal, fuera de los daños descritos en su reporte no hubo ningún desperfecto en el local. Pero, si las personas que estaban dentro del establecimiento no murieron por el derrumbe del cine, ¿entonces por qué murieron?  Es decir, partiendo de que los daños físicos en el cine no fueron totales sino sólo una parte de uno de los muros, ¿qué fue lo que sucedió? La crónica periodística nos arroja dos posturas similares y, a la vez, contradictorias. La primera señala que no hubo tal rayo, que simplemente una parte de la pared y el techo se desplomaron, ocasionando que los espectadores se espantaran; la segunda argumenta que sí cayó el rayo, provocando el derrumbe y la muerte. El esclarecimiento de la existencia, o no, del rayo resultaría, en este momento, un ir y venir entre testimonios: de lo que sí podemos estar seguros es del derrumbe y la muerte. No obstante, la respuesta está en el sonido, que ineludiblemente derivó en pánico.

Testigo: En “cuanto se vio que algunas láminas volaban por efecto del vendaval que soplaba y se caía el techo que daba al arco del escenario, que se produjo el más espantoso pánico y que hubo gritos asegurando que se caía el teatro, por lo que la gente se levantó de sus asientos y atropelladamente empezaron a ganar las puertas de salida, pero que lo más grave fue para los de las localidades altas, que descendían por las escaleras, atropellándose y derribándose entre sí produciendo esto el mayor número de víctimas, los cuales murieron por asfixia”.13

Narrador: De pronto se escuchó una voz que decía que el teatro se caía, los gritos y el pánico no se hicieron esperar. Los pasos que se perseguían unos a otros emitieron sus golpeteos en el piso del lugar. La lluvia en el exterior recrudecía y sonorizaba la estampida de espectadores, los cuales, en busca de una salida, se atropellaron y asfixiaron. Los espectadores escuchaban sus propios pasos y gritos, pero en el exterior se escucharon los mismos pasos; a pesar de todo, la lluvia estaba de su parte. El reportero consiguió el testimonio de Enrique González Tostado, jefe de empleados del cine Montes, quien al preguntarle qué había ocurrido, contestó que después de una interrupción de la energía eléctrica debida a la lluvia:

Jefe de empleados del cine Montes: “una vez reanudada la función a la hora y media se desató nuevamente la energía eléctrica y en esos momentos oí una descarga atmosférica o sea lo que vulgarmente se llama rayo y a continuación el público salía del salón en forma desesperada, amotinándose en las puertas de las escaleras que conducen a la galería”.14

Narrador: El Jefe de empleados del cine Montes, como podemos darnos cuenta, parece estar de acuerdo con la versión del rayo, de la que muchos testigos estarían en contra; sin embargo, confirma la salida estrepitosa de las víctimas. Para el reportero sería importante tener un acercamiento con alguno de los primeros que se acercaron a la catástrofe, por lo que el testimonio del policía Jesús Padilla le resultó de gran interés.

El policía: “un bolón de gente salía atropellándose y gritando que el cine se había caído, les prestamos auxilio pues había muchos muertos y heridos, por la aglomeración de la gente que se hizo, no pudimos entrar al momento, hasta después de muchos trabajos logramos hacerlo, enseguida colocamos una escalera para subir a la galería, pues en la escalera que lleva a este lugar había mucha gente aventándose y golpeándose y otros ahogándose”.15

Narrador: En la crónica periodística rescatada por el reportero, que actúa en esta representación como un guía en los acontecimientos ocurridos el 6 de julio de 1941, prevalecen los datos sonoros dentro y fuera del cine: gritos, pasos, golpes, muros cayendo y llantos. Un supuesto rayo y su estruendo al golpear el techo provocaron el pánico y la estampida. Para el 8 de julio de 1941, El Informador anunció la inhumación de 86 cadáveres y la preparación de las autoridades municipales y los familiares para llevar a cabo los entierros. La multitud que se dio cita en el panteón municipal provocó que se montaran guardias civiles y de policías para mantener el orden. Es importante subrayar el énfasis que puso este diario en evidenciar todas las facilidades y apoyo que recibieron los familiares de las victimas por parte del gobierno, ya que manifiesta, de alguna u otra forma, las posturas del documento histórico y su posible análisis.

Las palabras tienen su historia, por lo que sus sonidos se contextualizan en los usos y formas que han adquirido. Hecatombe suena, retumba la desgracia y la catástrofe. Hecatombe en su origen significó el sacrificio de cien bueyes a los dioses griegos. Hecatombe se leyó, el 7 de julio de 1941, más allá de un ritual, se consagró como una tragedia. Hecatombe suena terrible porque terrible es su historia.16 Esta representación cierra el telón pero deja libres las voces que de ahí salieron. Los sonidos seguirán constantes siempre que se lean. 

Libros:

FELDMAN, Simon [1991] La realización cinematográfica, Barcelona: Gedisa.

GRIJELMO, Álex [2001] La seducción de las palabras, Madrid: Taurus.

TORRES SAN MARTÍN, Patricia [1993] Crónicas tapatías del cine mexicano, Guadalajara: Universidad de Guadalajara.

VAIDOVITS, Guillermo [1989] El cine mudo en Guadalajara, Guadalajara: Universidad de Guadalajara-CIEC.

VOGHT, Wolfgang y Celia del Palacio [1987] Jalisco desde la Revolución. Literatura y Prensa 1910-1940, tomo VIII, Guadalajara: Gobierno del Estado del Jalisco / Universidad de Guadalajara.

Periódicos:

EL INFORMADOR [1941] 7 de julio, 8 de julio, 9 de julio, 10 de julio y 11 de julio.

Notas:

1 FELDMAN [1991], p. 25.

2 VAIDOVITS [1989], p. 27.

3 Entiéndase empresarios dedicados a la proyección y realización de películas.

4 VOGHT [1987], p. 18.

5 TORRES SAN MARTÍN [1993], p. 15.

6 Ibidem.

7 No sólo los periódicos hacen referencia a este hecho. Véase a Martín González Guzmán, en Efemérides históricas de Guadalajara. 1542-2000; y a Enrique Francisco Camarena, en Narraciones tapatías. Los acontecimientos principales en la sociedad, la cultura, la política y la vida provincial de Guadalajara, con sus costumbres, escándalos y personajes distinguidos, 1900-1950.

8 Fueron revisadas las crónicas fechadas del 7 al 11 de julio de 1941: días en los que la noticia fue seguida por El Informador.

9 GRIJELMO [2001], p. 55.

10 EL INFORMADOR [1941], 07 de julio, p. 1.

11 Ibid., p. 3.

12 EL INFORMADOR [1941], 8 de julio, p. 4.

13 Ibidem.

14 Ibid., p. 6.

15 Ibid., p. 8.

16 GRIJELMO [2001].

Una primera versión de La hecatombe del cine Montes. Rescate de la crónica periodística fue presentada como ponencia en el III Coloquio Nacional de Historia del Cine Regional (Guadalajara, México; 2005).

*«La hecatombe del cine montes. Rescate de la crónica periodística», en Babel. Historias y metahistorias (Guadalajara: Limbo), núm. 2, mayo-agosto 2006, pp. 30-41.

3 pensamientos en “La hecatombe del cine Montes. Rescate de la crónica periodística”

  1. Hermoso articulo, me encanta la historia, lastima por las vidas que se perdieron en ese entonces en el cine Montes, hoy es otro aniversario luctuoso de ese terrible día, saludos

    1. Al contrario Alva, gracias a tí por hacer este tipo de investigación. Recuerda que lo más importante es divulgar nuestros descubrimientos. Saludos desde Toluca, estado de México.

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