En otro espejo: cine y video mexicanos hecho por mujeres*

Millán, Márgara, En otro espejo: cine y video mexicano hecho por mujeres en Miradas feministas sobre las mexicanas del siglo XX. Martha Lamas, coord., México, FCE/Conaculta, 2007, pp. 387-392.

Son tres las mujeres que acompañan notoriamente esta etapa del cine en México. Las hermanas Adriana y Dolores Ehlers y la cantante y actriz de zarzuela Mimí Derba. El cine, que había llegado a México en pleno Porfiriato, imbuido de sentido científico y modernizador, transita con la Revolución hacia el derrotero documental, por una parte, y desde el inicio del Estado constitucionalista, hacia el cine de ficción. De 1916 hasta las primeras producciones del cine sonoro en México, en 1930, se da un amplio aunque caótico movimiento tendiente a la construcción de una cinematografía nacional1 muy marcada por el modelo hollywoodense de la época, dominado a su vez por el cine europeo.

Las hermanas Ehlers provenían de una familia liberal maderista de Veracruz. Desde muy jóvenes las dos trabajan, Dolores haciendo dulces y Adriana en un estudio fotográfico revelando y retocando negativos. Durante la Revolución montan un estudio propio donde, según Dolores,2 tenían gran concurrencia femenina porque ahí se podían retratar “escotadas y entre gasas”, cosa imposible de realizar en un estudio atendido por varones. Carranza las conoce en una de sus giras por Veracruz y termina otorgándoles una beca para estudiar fotografía en los Estudios Champlain de Boston. De ahí consiguen asistir al Museo Médico Militar de Washington, donde el gobierno estadunidense había concentrado a “quinientos elementos masculinos”3 de todas las actividades cinematográficas, que debían filmar lo relativo a la salud de las tropas. Transcurría la primera Guerra Mundial. Pasan también por los Estudios Universal en Nueva York. Cuando estas dos damas regresan al país, un año después, son un compendio de procedimientos cinematográficos: técnicas del manejo de cámaras, revelado de negativo y positivo, titulación de películas, dirección, iluminación, continuidad en escena. Para completar, aprenden el armado y la instalación de proyectores en la Compañía Nicholas Power, haciéndose representantes exclusivas de estos aparatos en México.

Mimí Derba

Al regresar al país en 1919 son nombradas, Adriana, jefa del Departamento de Censura Cinematográfica, y Dolores, jefa del Departamento Cinematográfico. El aparato cinematográfico estatal está pues bajo la responsabilidad de estas dos mujeres. Entre 1922 y 1929 se dedican a filmar y a vender los primeros noticieros cinematográficos nacionales, llamados Revistas Ehlers, que eran proyectados al inicio de las tandas de cine, informando de los “sucesos de actualidad”. Realizan también algunos documentales. Las hermanas Ehlers fueron activas participantes de los sucesos cinematográficos de su época, aparecen entre las fundadoras del Sindicato Cinematográfico, pertenecen a la CROM, fundan la Casa Ehlers, distribuidora de proyectores y refacciones. En 1954 se van a Guadalajara, donde fundan otra Casa Ehlers.4 El fenómeno del cine se había popularizado y tenía un público creciente. Ocurría lo que Aurelio de los Reyes denomina el primer sarampión cinematográfico.5 El cinematógrafo se había ganado ya un lugar dentro de la vida cultural y del espectáculo urbano. El fenómeno conocido como industria cultural encuentra en el cine a su mejor exponente. El melodrama amoroso era el sello de la época. Las divas mexicanas predominantes en la producción nacional eran la copia fiel de las divas italianas. Pina de Michel o Lyda Borelli, imitadas por Mimí Derba y Emma Padilla. Hacia 1916 se fundan las primeras empresas productoras nacionales, y entre ellas figura una mujer, Mimí Derba, quien junto con Enrique Rosas y el general Pablo González, brazo derecho de Carranza, fundan Azteca Films.6 Se producen versiones nacionales de las películas de éxito estadunidenses, pero al poco tiempo se inicia la filmación de novelas mexicanas o latinoamericanas. Temas prehispánicos como Tabaré (Luis Lezama, 1918), la primera versión de Santa (Peredo, 1918) y Tepeyac, sobre la virgen de Guadalupe (Ramos y González, 1917), marcan temas recurrentes en la cinematografía nacional. En esta idea del nacionalismo en el cine hay por lo menos dos corrientes: la que entiende lo nacional como la geografía: las locaciones, los paisajes típicos, lo pintoresco, como el escenario para ilustrar las historias de duques y condes europeos, y la que proponía lo nacional como la representación de las grandes figuras o los episodios históricos.

Adriana y Dolores Ehlers

Mimí Derba, cuyo verdadero nombre era Herminia Pérez de León, es probablemente la primera realizadora de cine argumental en México, además de ser “la primera actriz mexicana verdaderamente popular que pudo aspirar al estatus de diva”.7 Para esos años lleva vuelo en la farándula, y sería la pionera absoluta (Reyes de la Maza, 1973) de las realizadoras cinematográficas si fuese cierto que dirigió La Tigresa, en 1917. Derba participó de la aventura cinemática como productora, argumentista y actriz. Lo ilustrador de su caso es su protagonismo en el mundo del espectáculo durante la época revolucionaria y su casi natural desplazamiento al ámbito del cine. Podemos ver en ello cómo el negocio del cinematógrafo va sustituyendo anteriores espectáculos populares. Delos Reyes sugiere que la incorporación de Derba al cine es un tanto obligada por el desempleo que afectó a los actores de teatro provocado por los empresarios como respuesta a la formación del Sindicato de Actores y Autores de Teatro, de cuyo comité ejecutivo era integrante. Pero además de la necesidad, estaba la identificación. El gran sueño glamoroso del cine estaba ya en plena acción. Mimí se fascinaba por el cine, según una semblanza periodística:

Sentía la sugestión magnética de vivir una vida de actitudes rítmicas y gestos delicados […] vivir la vida llena de sprit y de encanto que admiramos en las escenas de La mujer desnuda donde Lyda Borelli recorre la gama torturante del amor y el dolor. Éste es el sueño de Mimí.8

El modelo de la imagen gráfica y cinemática para la figura tanto masculina como femenina es el glamour hollywoodense, definida irónicamente por la crítica de la época como “esas figuras exquisitamente perversas, de gestos felinos para odiar, y para querer […] invasión de tigresas en este país de costumbres patriarcales y puchero español […] aquí donde la mayoría de nuestras mujeres rezan el rosario […] y viven amuralladas en sus habitaciones…”9

Tras la fundación de Azteca Films10 en 1917, Mimí Derba, el camarógrafo Enrique Rosas y el general Pablo González producen cinco películas, todas ellas realizadas en ese mismo año: En defensa propia, Alma de sacrificio, La soñadora, En la sombra y La Tigresa.11 Mimí fue de las pocas actrices de cine mudo que traspasó la barrera hacia el cine sonoro. Desde su aparición en la versión de 1930 de Santa hasta los años cincuenta podemos seguirle la pista en diversos papeles del cine nacional.

Si algo caracteriza a las mujeres que participan de la empresa originaria del cine nacional,12 tanto en el caso de las hermanas Ehlers como en el de Mimí, es que son mujeres involucradas en los grandes cambios de la época. Politizadas, antiporfiristas, trabajan y son independientes. El clima social de esos años debió ser de gran optimismo y participación social. Los ideales liberales se reafirmaban con fuerza, rayando en los límites con la ideología revolucionaria de la justicia social. Las mujeres forman parte activa de este proceso: fundan clubes políticos, organizan manifestaciones callejeras en apoyo a los obreros y por el sufragio femenino, que no logran, por cierto, sino tres décadas después, se lanzan de voluntarias al frente de batalla bajo la bandera de la Cruz Blanca Neutral y organizan las huelgas de cigarreras y cerilleras. Esta beligerante participación social encuentra otra imagen, quizá más conocida, en las soldadera zapatista.

Notas:

1 Aurelio de los Reyes en Cine y sociedad en México, 1896-1930, ha estudiado con absoluto detenimiento el surgimiento del cinematógrafo en México. Para él, en su origen hay dos cines mexicanos: el de la Revolución, lleno de imágenes reales y plenas, formalmente más interesante y sobre todo apegado a la verdad, aunque se tratase de documental histórico con cierta posición política, y el cine argumental, cuyo arquetipo era el cine extranjero, sufriendo por ello un deterioro de la imagen, la cual resultaba ridícula, cómica, fuera de lugar, totalmente inverosímil, perteneciente a una doble ficción, la propia del cine y la del país inexistente al que hace referencia. El documental del cine mexicano ha sido destruido, quedando las colecciones de Edmundo Gabilondo, la de Toscano y la de H. Abitia.

2 Se trata de su autobiografía, documento citado por Patricia Martínez de Velazco Vélez en su libro Directoras de cine: proyección de un mundo obscuro, IMCINE, Coneicc, México, 1991, y proporcionado a ella por Margarita de Orellana.

3 Idem.

4 Su filmografía conocida es: Revistas Ehlers, 1922-1929; La industria del petróleo, 1921 aproximadamente; un documental sobre las pirámides de Teotihuacán y las piezas arqueológicas del museo de la calle de Moneda, 1921 aproximadamente; Real España contra Real Madrid, encargo de Ramón Pereda y producción de Cervecería Modelo.

5 “El cine inició su popularización porque la competencia hizo bajar los precios […] y porque los locales se distribuyeron más allá de Plateros, sitio reservado a las familias acaudaladas; los hubo en barrios como Tepito, La Lagunilla, La Merced, etc.” (De los Reyes, 1983, p. 31).

6 Entre 1917 y 1920 se fundan 13 empresas productoras de cine, entre ellas Anáhuac Films, Films Colonial y Dielili Films.

7 Paulo Antonio Paranagua, Cineastas pioneras de América Latina, primera parte, Dicine, 36, septiembre, 1990.

8 Cita De los Reyes la entrevista de Instantáneas en el periódico El Nacional del 7 de octubre de 1916.

9 Dice un crítico en la sección Películas Nacionales de Revista de Revistas, 2 de septiembre de 1917, citado por De los Reyes.

10 En 1919, cuando Mimí Derba ya no forma parte de esa productora, Enrique Rosas y José Coss producen, con la dirección del primero, La banda del automóvil gris, película que marca época del cine mudo porque contiene los elementos que figurarán en los inicios del cine sonoro mexicano.

11 A pesar de sus intenciones las películas de Azteca Films no logran distinguirse de las emulaciones del cine extranjero de la época. En defensa propia es la primera producción de la compañía Rosas-Derba; el argumento trata de una huérfana empleada como sirvienta en la casa de un viudo joven, rico y padre de un niño. Se casan, pero hay otra mujer que asedia al viudo. El eterno triángulo no se consuma porque el marido, gracias a la astucia de su mujer, se da cuenta de la falsedad de la otra. El argumento resucitaría 50 años después en María Isabel. En La soñadora, Mimí interpretó el papel de una mujer enamorada que cometía un crimen y enloquecía.

12 Mencionaré aquí, para completar este breve recuento de las directoras del cine mudo, cuyo auge puede ubicarse entre los años 1917 a 1920, a Cándida Beltrán Rendón (Mérida, Yucatán, 1899), quien en 1928, todavía en el cine mudo, escribe, dirige, produce, hace la escenografía y actúa el papel principal del melodrama Los secretos de la abuela.

 

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