Entrevista a Aurelio de los Reyes

Sus ojos azules se posan sobre los documentos. Olfatea las páginas con la mirada, las palpa con la retina, las escudriña con esa especie de visión biónica que la musa Clío le concedió como gracia a los historiadores del arte. Para Aurelio de los Reyes los documentos se revelan como escenas cinematográficas. Pueden ser artículos periodísticos, grabados o imágenes fijas o en movimiento. Extrae de ellos datos precisos, contundentes, para construir la historia cuadro por cuadro. Encuentra en ellos rasgos de la vida cotidiana que nos hacen recordar tiempos remotos de gente común y corriente. Son ojos y mente de cine, porque saber ver es la labor de los historiadores del arte.

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A una cuadra de la Ciudadela, en el número 21 de Plaza Carlos Pacheco, se localiza la Academia Mexicana de la Historia, correspondiente de la Real de Madrid, que actualmente dirige la historiadora Gisela von Wobeser. El 14 de abril se realizó la sesión solemne de recepción como Académico de Número del doctor Aurelio de los Reyes, quien a partir de ese día ocupó el sillón 16 y pronunció el discurso La iconografía imperial de Maximiliano y Carlota. “Fue un ingreso inesperado y sorpresivo. No significa un reconocimiento a una trayectoria que aún no está concluida porque me faltan muchos libros por escribir. Lo importante fue la muestra de apertura que dio la Academia hacia nuevas líneas de investigación como son el cine, la vida cotidiana y la iconografía”, revela el historiador De los Reyes, también Premio Universidad en investigación en artes. “Mi ingreso fue propuesto por un grupo de académicos, maestros míos muy queridos. Pensé mucho la aceptación porque no tenía previsto que esta institución se atravesara en mi vida.”

El investigador de cine destaca la actual flexibilidad de la Academia porque la historiografía se ha abierto a muchos temas en los últimos años, más allá de las líneas tradicionales de la historia política, económica y social. “Era una necesidad que la institución evolucionara de acuerdo con el proceso seguido por la dinámica de la historiografía.” Considera que en el futuro deberán tener inclusión en la Academia científicos sociales, antropólogos o sociólogos que posean una obra historiográfica o realicen investigación con perspectiva histórica.

¿Cómo enseñar la historia?

Aurelio de los Reyes no se siente autorizado a ofrecer propuestas para mejorar la enseñanza de la historia en México a niveles básico y medio. En cambio, comparte su experiencia como maestro de licenciatura y posgrado. “Mis seminarios son fundamentalmente de investigación. Hago que cada muchacho desarrolle un tema y sobre el mismo voy corrigiéndolo. Pongo a mis alumnos a investigar de inmediato. No les impongo ninguna regla; más bien les ofrezco una orientación. La mayoría ya sabe dónde investigar; simplemente hay que encauzarlos.”

Explica que los estudiantes proponen temas novedosos y que se fascinan con ellos. Aurelio de los Reyes “tiene que ser cuidadoso para que escojan bien su objeto de estudio, no se desvíen ni dispersen su atención. Pero son ellos quienes van aprendiendo sobre la marcha. En ese sentido soy muy pragmático. Una vez que tienen una idea mucho más clara de lo que quieren investigar, entonces sí los enfrento con lecturas sobre teoría de la historia. Me importa mucho más el tema y la percepción del estudiante que la memorización. Voy viendo qué le interesa, cuáles son sus percepciones y trato de afirmar sus ideas para que se sienta seguro.”

Advierte que por parte de los estudiantes está de moda realizar el marco teórico y adherirse a las ideas de un autor para desarrollar su tesis. “Todos tenemos ideas propias y me interesa más la percepción del estudiante y sus propias ideas para después confrontarlas con las ideas de las autoridades en el tema que el alumno está tratando. Pero primero hay que afirmar lo que piensa el estudiante y proporcionarle un sentido crítico para que le hable de tú y no de usted a las autoridades. Así se va construyendo la investigación.”

La chispa de la investigación

Supe de Aurelio de los Reyes al leer Los orígenes del cine en México, 1896-1900. Un libro de biblioteca pública con hojas amarillentas, orillas dobladas y páginas apostilladas y subrayadas con marca textos. Lo que llamaba la atención, además de que el libro había sido leído muchas veces – como una especie de trepanación intelectual –,  era la innumerable cantidad de notas a pie que hacían referencia a igual número de artículos en periódicos y libros. Actualmente, el historiador de cine tiene en su haber más de diez títulos publicados. El más reciente, editado por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, donde Aurelio de los Reyes es investigador, se titula El nacimiento de ¡Que viva México!, sobre la gestación de esa emblemática película sobre la cultura mexicana del cineasta ruso Sergei Eisenstein.

¿Cómo surge el interés por realizar una investigación?

Siempre empiezo con preguntas que le hago a la historia. Por ejemplo, sobre el más reciente libro sobre Eisenstein me pregunté qué escribir sobre él que fuera nuevo. Creí que todo estaba dicho sobre ¡Que viva México! Pero tenía que enfrentar a Eisenstein porque ahí termina mi historia del cine mudo. ¿Qué hacer? ¿Repito lo que ya han dicho los historiadores? ¿Me conformo? Empecé a revisar bibliografía y encontré un libro que daba a conocer la correspondencia entre Eisenstein y el escritor estadounidense Upton Sinclair. El documento más antiguo que cita está fechado el 11 de noviembre de 1930. Es un telegrama donde la Secretaría de Gobernación de México autoriza la filmación de la película. Pero esa es la culminación de un proceso. ¿Qué hay detrás? ¿Cómo y por qué surge la idea en Eisenstein de hacer la película sobre México? Con esas preguntas en mente comencé a revisar la bibliografía y me di cuenta de que el asunto no estaba claro, ni siquiera en las memorias del cineasta, Mi encuentro con México. Descubrí que Eisenstein se idealizaba a sí mismo en su relación con México. Pero siempre, invariablemente, parto de preguntas. También con mis estudiantes hago que se pregunten y cuestionen para que empiecen sus investigaciones.

¿Cómo lograr que la Historia responda las preguntas? De los Reyes revela que las preguntas lo van guiando a los documentos y así va tejiendo las respuestas y las explicaciones. “Trato de comprender para explicar. Un documento me lleva a otro.”

De la investigación en torno a ¡Que viva México! y de la revisión de las memorias de Eisenstein “surge la necesidad de consultar la prensa alemana, porque al director ruso, a raíz de un artículo publicado en la revista alemana Arbeiter Illustrierte Zeitung (y que desprendió cuando buscaba críticas a su afamada película El acorazado Potemkin), le sorprendió que un país se burlara de la cultura mexicana. Eso ameritaba investigar en la prensa de aquel país. Fui a Colonia y encontré esa revista y otra más, Kölnische Illustrierte Zeitung; no había ningún reportaje sobre el Día de Muertos pero sí mucha literatura sobre México, con fotografías de Hugo Brehme, lo que me sorprendió; también hallé muchos temas que serían eisenstenianos como la Villa de Guadalupe y las haciendas pulqueras que después desarrollaría en su película.”

De Colonia se trasladó a Moscú donde Aurelio de los Reyes enfrentó obstáculos y trabas burocráticas para consultar el archivo de Eisenstein. Tras releer la biografía que Marie Seton le realizó al cineasta, resultado de tres entrevistas, y que constituye el mejor testimonio que se haya escrito sobre Eisenstein, De los Reyes descubrió que la biógrafa no tuvo acceso al archivo del cine-autor y que creyó todo lo que el cineasta le dijo. “Contrasté lo que decía Marie Seton con el archivo de Eisenstein y descubrí muchos matices que era necesario precisar. Siempre es la pregunta la que me va guiando. No tengo una metodología precisa sino que voy construyéndola conforme va desarrollándose la investigación.”

Tener en las manos un libro significa conocer los resultados de una ardua investigación; sin embargo, realizarla implica innumerables retos y dificultades a las que el historiador debe enfrentarse, complicaciones que no siempre se traslucen en las publicaciones. Para Aurelio de los Reyes las dificultades se superan con perseverancia. “Tuve muchos problemas durante la investigación en Moscú pero la burocracia no tiene que estar encima de mí sino yo arriba de la burocracia. Afortunadamente, conté con la ayuda de la doctora Tatiana Riutkova del Instituto de Latinoamérica de la Academia de Ciencias de Rusia y, a través de ella, conseguí la visa para ir a investigar. Además obtuve su apoyo para hablar con la directora del archivo para que se resolvieran los problemas y obstáculos. Si se tiene un tema por investigar no se puede dar uno por vencido con el primer obstáculo sino insistir hasta lograr el objetivo.”

El cine como documento

Aurelio de los Reyes no se mete en complicaciones. Observa las imágenes sin prejuicios o predisposiciones teóricas. Está acostumbrado a ver un mundo rodeado de imágenes, algunas de las cuales tiene que descubrir, estudiar, analizar y describir para sus investigaciones. “Cuando veo los documentos y encuentro escenas que me parecen cinematográficas, las transcribo, porque para mí es una comunicación visual a pesar de estar escritas.”

Para algunos números de la serie Biografías del poder del Fondo de Cultura Económica De los Reyes realizó la investigación iconográfica. Resultan materiales atractivos precisamente por la profusión con la que se hallan ilustrados. Sobre todo, “revela que el medio académico, más allá de la historia del arte, ha reconocido el valor de la imagen. La historia, la sociología, la antropología visual se han dado cuenta de la importancia del estudio iconográfico como parte de un enfoque multidisciplinario”.

Explica que la imagen siempre ha tenido un valor testimonial, como cualquier documento. Ya sea de cine o cualquier otra, las imágenes son documentos. “Entonces todas las imágenes son emblemáticas. El historiador tiene que desentrañar los signos que hay en ellas. A veces el problema de la historia del arte es que para estudiar las imágenes se necesita tener un plus estético. Pero desde el punto de vista historiográfico no hay ninguna imagen desechable o de segunda. Todas tienen su significación y el investigador tiene que hacerle preguntas a la imagen, a la iconografía para buscar su explicación, por muy mala factura que tenga. Por eso se ha creado el término de cultura visual, para complementar esas limitaciones de la historia del arte.”

Esa es la razón por la cual Aurelio de los Reyes no comulga con conceptos como cultura popular y Kultura (la elevada o de élite). “Para mí todo es cultura. No hago ninguna diferenciación.” Y es que de sus libros siempre emerge un sustrato de vida cotidiana. “[Realizo] una historia social vista a través del cine pero también tiene pasajes con una fuerte carga de la historia de la vida cotidiana. Mientras hago la investigación me pregunto qué hacia la gente, cómo se divertía y de qué manera gastaba su tiempo y utilizaba sus horas de ocio. En mis libros siempre está presente el cine y uno de los discursos visuales del cine es la cotidianeidad. Los personajes, aunque sean de ciencia ficción o héroes fantásticos, tienen una cotidianeidad, una rutina. Me fijo mucho de eso, en actividades de la gente menor, intrascendente que, por lo general, no figura en la historia. Ese es otro aspecto interesante e importante de la historia de la vida cotidiana.”

Ver y leer de todo

Cuando el tiempo se lo permite, entre libros por escribir y la dirección de aproximadamente seis tesis al año, Aurelio de los Reyes acostumbra ir al cine. Aunque reconoce que ha descuidado sus incursiones a la pantalla grande, siempre veía de todo. “Eso lo aprendí desde que empecé a estudiar el cine mexicano. Si partía de la idea de cine de arte y de no arte me iba a pasar lo que a una serie de críticos que sólo encuentran meritorio a Buñuel, a dos o tres directores y lo demás lo tiran a la basura. Eso no puede ser. Entonces decidí ver al cine como documento: se abre la perspectiva y empiezas a ver que todo es interesante desde el punto de vista cinematográfico. No hay nada desechable, todo tiene significación. El cine nos va historiando, nos guste o no; sea bueno o sea malo, quedamos impresos en él.”

También acostumbra leer, pero por falta de tiempo concentra sus lecturas en lo que necesita para sus investigaciones y clases. “Como son investigaciones ambiciosas, entonces leo mucha bibliografía complementaria o adyacente.” Por gusto lee las novelas del siglo XIX: Benito Pérez Galdós, Emile Zola, Honorato de Balzac. Y explica la razón: “en su ensayo El naturalismo, Zola dice que debemos ver casos de la vida cotidiana y abordarlos en las novelas, incluso sustituir el término ‘novela’ por el de estudios. Precisamente, lo que hago son estudios de la sociedad, de las personas. La literatura se adelantó al cine y a la historia en fijar la vida cotidiana. Desde sus orígenes en 1896, el cine también ha captado la vida cotidiana: la “vista” El desayuno del niño es vida cotidiana, Llegada del tren es vida cotidiana. La historiografía llegó muy tarde al estudio de la vida cotidiana pero menos mal que llegó porque abre otra dimensión a la historia.”

Aurelio de los Reyes se inició en el estudio del cine mexicano por sugerencia de su maestra Josefina Zoraida Vázquez. Ambos comentaban la semejanza de ciertas películas con la realidad que estaban estudiando en el aula, sobre la historia contemporánea de Estados Unidos y el filme Jauría humana (Arthur Penn, 1966). “Si le gusta tanto la historia y el cine, por qué no hace historia del cine”, le recomendó Josefina Zoraida Vázquez. Fue así como decidió cambiar de tema sobre el arte tequitqui e inició su investigación sobre el cine mudo mexicano, que es consultada por innumerables especialistas y estudiantes.

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Unos vivaces ojos azules se posan sobre los documentos. Éstos corren como escenas cinematográficas. Página a página, cuadro a cuadro. “Las imágenes publicitarias y políticas también tienen su significación. Cualquier imagen es motivo de estudio. Las hay con calidad y sin calidad pero ninguna es desechable. También son interesantes las imágenes que el público envía al noticiario de Carlos Loret de Mola en Televisa. Aunque la televisión esté controlada, a veces se les sale de control y transmiten imágenes de campo muy impresionantes, como los cuadros de delincuencia. Más allá de una actitud moralista, la pregunta es por qué existe esa delincuencia.”

Ya sea en los recónditos archivos de Moscú o circulando a bordo de su camioneta, “cuando veo este mundo lleno de imágenes dan ganas de estudiarlo, pero no se puede todo. Veo con ojos de cine y adopto una mente cinematográfica. Me gustaría grabar todo y seguir el concepto de vista mexicana de principios del siglo XX que retrata la realidad fenomenológica para llevar un registro cuidadoso de todos los aconteceres como la inflación o la influenza. Todo lo que ocurre es como para registrarlo en película.”

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*Entrevista de Jorge Bravo al Dr. Aurelio de los Reyes publicada en la revista electrónica Imágenes del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

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