Dos reseñas bibliográficas sobre libros de historia del cine

Reseñas publicadas por Jesús Anaya Rosique en su columna Criba de Milenio diario los días 7 de abril y 11 de agosto de 2011.

La ficción de la historia. El siglo XIX en el cine mexicano

En ocasión del Bicentenario, la Cineteca Nacional publicó este volumen que hace un fascinante recorrido fílmico por las variadas interpretaciones que el cine mexicano y extranjero han hecho de figuras y gestas históricas de nuestro turbulento siglo XIX. Dice Susana López Aranda, en la presentación, que “hace poco más de cien años recién llegaba el cinematógrafo a México… Muy pronto empezó a contar historias”. A partir de las Fiestas del Centenario en 1910, nuestros héroes se volvieron estampas apenas delineadas que permearon la imaginación nacional y se integraron a la cultura popular. Además de la Independencia, esta obra abarca otros momentos significativos del XIX mexicano: la guerra entre México y EU, la intervención francesa, los personajes centrales de la época. En tres capítulos se integraron 23 textos de 15 especialistas, que componen un coro de voces diversas, múltiples puntos de vista y diferentes maneras de contar, registrando “todos los géneros, desde la épica hasta el esperpento, con protagonistas heroicos o villanos”.

En el primer capítulo (“La Independencia y sus héroes”), 9 textos analizan las películas sobre Hidalgo (donde destacan El grito de Dolores, 1907; y 1810 o los libertadores de México, 1916); el estandarte guadalupano (La virgen que forjó una patria, 1942); Morelos y las licencias históricas del director Miguel Contreras Torres (sobre todo en El padre Morelos, 1942, y El rayo del sur, 1943); las historias de la Güera Rodríguez (1977) y de Gertrudis Bocanegra (1991); la gesta libertadora de Mina (1976); tres “fantasías cinematográficas sobre la Independencia” (Conspiración, 1927; El insurgente, 1940; y El criollo, 1944); el Marqués de Bradomín en Sonatas (1959); y las vistas tomadas en los centenarios de 1910 y 1921.

En el segundo capítulo (“Santa Anna y la intervención estadunidense”), 6 textos estudian la guerra de Texas (las diferentes películas norteamericanas sobre la batalla de El Álamo); Su Alteza Serenísima (1970); los Niños Héroes (El cementerio de las águilas, 1938); las imágenes de la guerra con EU y dos episodios originales: una historia de canibalismo ambientada en la invasión estadunidense (Ravenous/Voraz, 1999) y las diferentes versiones de Hollywood en torno al “Zorro”, el enmascarado justiciero de California.

En el tercer capítulo (“Juárez y la intervención francesa”), 8 textos comentan las películas sobre Juárez y Maximiliano (“dos modelos de nación”: de La caída de un imperio, 1933, y Juárez, 1939, a El joven Juárez, 1954 y Aquellos años, 1972); la música cinematográfica sobre la intervención francesa y el Segundo imperio (La paloma, 1937; Caballería del imperio, 1942; Mexicanos al grito de guerra y Una carta de amor, ambas de 1943); La Guerra de los Pasteles (1943 y 1978); el tema juarista durante la Época de Oro del cine mexicano (El camino de los gatos, 1943; Doña Perfecta, 1950, basada en la novela homónima de Galdós; y dos películas de EU: La fuga y Alma de bronce, 1944); Porfirio Díaz (1944); dos westerns de Hollywood sobre la lucha juarista (Vera Cruz, 1954; y Dos mulas para la hermana Sara, 1970); así como las diferentes adaptaciones cinematográficas de tres novelas del siglo XIX (Astucia. El jefe de los Hermanos de la Hoja, de Luis G. Inclán; Los bandidos de Río Frío, de Manuel Payno; y El Zarco, de Ignacio Manuel Altamirano).

Junto a todas las referencias fílmicas mencionadas a lo largo de este volumen, se incluye al final una detallada filmografía.

Cine y Revolución. La Revolución Mexicana vista a través del cine

Para celebrar el Bicentenario, la Cineteca Nacional y el Imcine coeditaron este volumen dedicado a “la Revolución Mexicana vista a través del cine”. En diez ensayos de destacados especialistas se analizan unos 300 largometrajes nacionales y extranjeros que sustentan el heterogéneo imaginario construido alrededor de este capítulo de nuestra historia. El cine permitió el registro directo de la lucha armada y sus caudillos, y, más tarde, cuando se desarrolló la industria cinematográfica nacional, la Revolución aportó a los cineastas temas, personajes y ambientes. Los textos de este libro, ilustrado con fotogramas, se refieren a películas de todos los géneros, de cineastas de distintas generaciones y con puntos de vistas contrastantes.

Álvaro Vázquez Mantecón hace un análisis historiográfico del “cine de la Revolución”, donde destaca el trabajo de los primeros documentalistas (Salvador Toscano, los hermanos Alva y Jesús H. Abitia), reunido posteriormente en Memorias de un mexicano (1950) y en Epopeyas de la Revolución (1963); la primera ficción cinematográfica (El automóvil gris, filmada por Enrique Rosas en 1919); la visita a México en 1930 de Sergei Eisenstein y ¡Que viva México!; la trilogía revolucionaria de Fernando de Fuentes: El compadre Mendoza (1933), basado en un cuento de Mauricio Magdaleno; El prisionero trece (1933); y ¡Vámonos con Pancho Villa! (1935), a partir de la novela de Rafael F. Muñoz; la primera versión de Los de abajo, novela de Mariano Azuela filmada por Chano Urueta; las grandes producciones de Emilio Fernández y de Juan Bustillo Oro en los años 40 (“la Edad Dorada del cine mexicano”), de Ismael Rodríguez en los 50, y La sombra del caudillo (1960), basada en la novela de Martín Luis Guzmán y dirigida por Julio Bracho, “enlatada” durante décadas por la censura gubernamental; Reed, México insurgente (1970), de Paul Leduc, El principio, de Gonzalo Martínez (1972), y Cuartelazo (1976), de Alberto Isaac.

Ángel Miquel estudia el cine silente de la Revolución y resalta la creación del “género documental de compilación histórica”. David Wood se refiere a la integración del archivo fílmico de Salvador Toscano. Eduardo de la Vega analiza cómo fueron tratados en el cine los “caudillos de la Revolución”, en particular Villa. Carlos Flores Villela menciona las tres fuentes fundamentales de las que nutre el retrato de la crueldad, la violencia y la muerte en las ficciones cinematográficas sobre la revolución: documentales y fotografías de los
combates, narrativa de la Revolución y la plástica desarrollada en torno al conflicto. Hugo Lara Chávez se concentra en “los símbolos de la movilidad en el cine de la Revolución: entre el caballo y el ferrocarril” y afirma que el cine “inventó una revolución diferente a la historia oficial”. Elisa Lozano escribe sobre el trabajo cinematográfico de los directores de fotografía, los stillman (fotógrafos de fijas) y los artistas plásticos. La construcción de “los roles de género” en el cine de la Revolución es el tema de Alicia Vargas; Claudia Arroyo se ocupa del “amor romántico y la lucha armada” y analiza cómo en los años 30 el cine “reflejó una visión pesimista sobre la Revolución”, mientras que en las dos décadas posteriores predominó “un discurso celebratorio y en los años 60 y 70 emergió una mirada desencantada”. Raúl Miranda López escribe sobre las principales películas extranjeras (de Hollywood, del eurowestern, de los soviéticos y el Tercer Mundo) que han sucumbido a la fascinación de nuestra Revolución. El libro concluye con una amplia filmografía (1907-2011) y la bibliografía consultada.

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Ángel Miquel (coord.), La ficción de la historia. El siglo XIX en el cine mexicano, Cineteca Nacional, México 2010, $149, 148 pp. ISBN 978-607-7535-03-4

Cine y Revolución. La Revolución Mexicana vista a través del cine, Cineteca Nacional-Imcine, México 2010, $200, 240 pp. ISBN 978-607-7535-04-1

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