Broncho Billy and the Greaser (1914)

Ficha filmográfica tomada de México visto por el cine extranjero, tomo 2 de Emilio García Riera, pp. 43:

1406/10. Broncho Billy and the Greaser. Producción: EU (Essanay) 1914. Dirección: Broncho Billy Anderson. Intérpretes: Broncho Billy Anderson, Lee Willard, Marguerite Clayton. 1 rollo. Western. Broncho Billy, encargado de una oficina postal, echa de ahí a un mexicano que molesta a una joven; ésta salva después al héroe avisándole de que el vengativo mexicano planea matarlo cuando esté dormido.

Para ver el filme: http://www.archive.org/details/BronchoBillyAndTheGreaser1914

García Riera en su ya mencionada obra escribe sobre los “greasers” (pág. 52):

Intentada ya una visión histórica del primer cine extranjero con mexicanos, cabe pasar el examen de qué mexicanos se trataba. Revolucionarios falsos o verdaderos, bandidos, peones o vaqueros, eran en su mayor parte ante todo greasers, o sea, tipos insultados y denigrados con esa palabra de uso iniciado en la primera mitad del siglo XIX por los “viejos texanos”, para agredir verbalmente a los “rancheros mexicanos”, y extendido después a todos los Estados Unidos y a su literatura popular, según Cecil Robinson” [en su libro Mexico and the Hispanic Southwest in American Literature].

En los comienzos del cine norteamericano, bastantes películas incluyeron la palabra en sus títulos: The Greaser’s Gauntlet (1908), A Sin and the Greasers (1910), Tony the Greaser (1911), The Greaser and the Weakling (1912), The Girl and the Greaser (1913), Broncho Billy and the Greaser (1914), otra vez Tony the Greaser (1914), The Greaser’s Revenge (1914), The “Greaser” (1915), Broncho Billy’s Greaser Deputy (1915).

A propósito de películas como las mencionadas, escribió Arthur G. Pettit:

Si de cintas de aventuras se trataba, ofrecían como principal atractivo luchas sin barreras entre buenos norteamericanos y malos mexicanos. La causa de su conflicto era muchas veces definida con vaguedad. Algunos greasers encontraban su destino fatal porque eran greasers. Otros estaban en el lado equivocado de la ley. Otros violaban códigos morales sajones. Todos robaban, asaltaban, secuestraban y asesinaban con el mismo abandono  salvaje de sus contrapartes de las dime novels. Los mexicanos del celuloide vestían de traje, con anchos sombreros, llamativas chaquetas cortas, pantalones con bordados complicados y botas de cuero fileteadas. Los héroes sajones usaban ordinarios pantalones vaqueros Levi’s, simples camisas, botas y sólo un blanco sombrero Stetson para indicar su status.

G. M. Anderson en Broncho Billy and the Greaser (Foto: http://www.papaerblog.fr)

Margarita de Orellana hace un penetrante análisis sobre el significado del greaser en el cine mudo en las siguientes líneas de su obra La mirada circular (pp. 162-164):

La característica más subrayada por los estadunidenses al describir a los mexicanos  es la violencia innata. El mexicano, para ellos, es un villano capaz de llevar sus crímenes al exceso. Desde que se inició el cine norteamericano se trazó de una manera definida el personaje del mexicano: en la mayoría de las películas era y sigue siendo un ser irresponsable, traidor, vengativo y con una sexualidad incontenible. También cuenta con toda una configuración externa: el sarape y el sombrero ancho se convirtieron en una especie de uniforme, aunados a los grandes bigotes y la piel oscura. Muchas veces los actores del cine mudo se pintaban la cara cuando tenían que representar a sus vecinos del sur. Esto servía también para distinguir en pantalla a los buenos de los malos. En muchas películas, incluso, a los personajes mexicanos se les designaba directamento con el nombre despectivo de greasers. Algunos títulos de películas eran: La venganza del greaser (1914), Tony el greaser (1911), Broncho Billy y el greaser (1914), El reto del greaser (1910), realizada por D. W. Griffith. En estas películas los grasosos personajes no sólo eran villanos comunes, sino que gozaban llevando su violencia al extremo. Junto a cualquier villano norteamericano, el greaser cobraba una gran dimensión por su crueldad y su malicia. En ellos existía incluso una cierta dosis de vulgaridad. Sin embargo, al describir a los greasers los estadounidenses no intentaban ser muy precisos, es decir no pretendían mostrar que todos los mexicanos eran como los que se mostraban en la pantalla. La intención era mostrarlo como figura representativa de lo extranjero: como “el Otro”. A medida que degradaban al otro, los norteamericanos se iban cubriendo implícitamente de un sinfín de virtudes.

Lee Willard, the greaser. (Foto: http://www.paperblog.fr)

A propósito de lo expuesto por Orellana en el párrafo anterior en referencia a que los actores se pintaban la cara para interpretar a mexicanos, resulta intrigante la siguiente noticia aparecida en Moving Picture World, Vol. XV, Jan-Mar 1913, p. 271:

A SUGGESTION TO PRODUCERS OF MEXICAN PICTURES

One of our subscribers in Texas wants to know why actors and actresses who appear as Mexicans in the films do not “make-up” a little as to face and hands. He says it is ridiculous to spectators in that part of the country where they are familiar with Mexicans to see Mexican heros and heroines, appear with perfectly white hands and faces. This is another example of how careful our producers must be in regard to every little detail in picture production.

Marquerite Clayton as the girl. (Foto: http://www.paperblog.fr)

Finalmente, un visión europea y neutral sobre la película. La escribe Tepepa en www.paperblog.fr :

Greaser est un terme péjoratif anglais pour désigner les mexicains, utilisé couramment au Sud-ouest des Etats-Unis au XIXe siècle. On le trouve fréquemment dans les films muets californiens (deux Broncho Billy l’utilisent en titre). L’intrigue consiste donc en une confrontation entre Broncho Billy et un mexicain (Lee Willard, maladroitement grimé) qui avait importuné une dame. Constatant son infériorité au revolver, le vil latino entreprend donc de faire son affaire à l’universel héros WASP avec l’arme du lâche : le couteau.
A vrai dire, si l’on ne se renseigne pas sur le sens du mot greaser, cet aspect foncièrement raciste (pas spécialement sur le fait d’utiliser un mexicain comme méchant, mais sur l’emploi du terme, Hollywood ne cherchant pas encore, à cette époque, à vendre ses films dans le monde entier, peu de cas était fait des sensibilités nationales) passe parfaitement inaperçu, tant le mexicain en question ne correspond pas au poncif communément admis du mexicain de western. Le greaser en question apparaît alors comme le méchant archétypal, fourbe, lâche et sans pitié. Le western devient un conte, avec son grand méchant loup, peu en prise avec la réalité. Broncho Billy est un chevalier qui aide les faibles, le méchant est capturé, le héros est sauvé grâce à la belle (hé oui). Les distances sont abolies, le vieillard en détresse s’évanouit à deux pas de la cabane de Broncho Billy qui lui même habite près du dancing et du magasin. Les décors sont minimalistes, quasi-symboliques, l’action est efficacement filmée, sans erreur mais sans invention, selon une recette éprouvée et répétée.
L’ouest, ce sens mythique de l’ouest, l’hommage aux pionniers et à la conquête ne se trouvent pas ici, tant Anderson se contente de plaquer une geste chevaleresque dans le décor d’un genre qui reste encore largement à inventer.

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