Breves apuntes sobre cine-historia. La Calle de mayo 14, 2012

“El cine es un bien cultural, un medio de expresión artística, un hecho de comunicación social, una industria, un objeto de comercio, enseñanza, estudio e investigación”

I Congreso Democrático del Cine Español (1978)

Desde aquel lejano 1895 en que los hermanos Lumière, Auguste y Louis, filmaron la salida de los empleados de su fábrica en Lyon, la representación de la realidad, así como variados ejemplos de la imaginación han sido plasmados por el cine. El invento se popularizó mundialmente a fines del siglo XIX y principios del XX para anclarse permanentemente en el imaginario colectivo. “Las vistas”, nombre bajo el cual bautizaron las primeras escenas filmadas que se proyectaban, permitieron a la gente común y corriente familiarizarse con culturas y regiones del orbe que, previo al cinematógrafo, eran del conocimiento exclusivo de la gente lectora. Durante la primera infancia del cine, la filmación de personajes famosos y poderosos fue práctica común entre los operadores. Al buscar por el orbe entero imágenes que ofrecer a unos ávidos espectadores, nuestros bisabuelos, que eran a la par fotógrafos y proyeccionistas, plasmaron hechos históricos que hoy en día se consideran documentos invaluables de nuestro pasado. Ejemplos de ello sobran: Los funerales de la Reina Victoria en Inglaterra en 1901, la coronación del Zar Nicolás II, las escenas de guerra en Sud África o Cuba, con los Boers o los Rough Riders. En nuestro país, el primer actor, si así se le puede llamar, fue el General Porfirio Díaz, quien fuera filmado por Gabriel Veyre, montando a caballo en Chapultepec en 1896.

Desde los inicios del fenómeno cinematográfico, el nuevo invento llamó la atención de algunos pioneros que a la postre serían los inventores del lenguaje cinematográfico (Georges Méliès, Edwin S. Porter, D.W. Griffith), pero simultáneamente para un gran número de intelectuales se incubó una gran desconfianza hacia el nuevo invento. Sin embargo, para algunos, la importancia de la fotografía y del cine como documentos históricos fue innegable. El ya legendario Boleslaw Matuszewski, antiguo fotógrafo del Zar, reivindica la importancia del invento en un artículo de 18=8, donde propone crear un museo de cinematografía histórica:

…es necesario dar a la fotografía animada (el cine), fuente privilegiada de la historia, la misma existencia oficial, el mismo acceso que a otros archivos ya conocidos (1)

A principios del siglo XX varios pedagogos y maestros presagiaban la desaparición del libro, pues serían el cine y la fotogranía, los principales instrumentos para educar. Thomas Alva Edison, inventor del kinetoscopio, aparato precursor del cinematógrafo, aseguraba en 1912:

…estoy gastando más de lo que tengo para conseguir un conjunto de 6000 películas, a fin de enseñar a 19 millones de alumnos de las escuelas de Estados Unidos a prescindir totalmente de los libros(2)

Pero más allá de crear una polémica respecto a la rivalidad entre el libro y el cinematógrafo, el hecho es que tanto libros como películas conviven pacíficaente, pero en mundos paralelos. La relación entre cine e historia que se da desde el inicio del siglo XX, cien años después, es endeble y bastante distante.

El estudio de la historia a través del cine es ya una realidad en Europa y los Estados Unidos, donde han creado y desarrollado todo un marco teórico para sustentar una nueva corriente histórica bautizada como Contextual Cinematic History, para la cual, cualquier película, ya sea de ficción o no-ficción, es un reflejo de la mentalidad de la sociedad en el momento que la vio nacer.

Siegfried Kracauer

Los pioneros en el uso histórico del cine son, Sigfried Kracauer, cuyo clásico De Caligari a Hitler. Una historia psicológica del cine alemán, publicado en Princeton en 1947, fue escrito bajo la influencia de la Escuela de Frankfurt; continúa Marc Ferro, quien en 1968 publica en la revista Annales, dirigida por Fernand Braudel, su artículo precursor “Sociedad del siglo XX e historia cinematográfica” donde exterioriza que:

…el cine abre perspectivas nuevas sobre lo que una sociedad ve de si misma y sobre lo que niega, pero lo que deja entrever esparcial, incompleto y sólo resulta útil al historiadoz si lo confronta con otras fuentes. (3)

Robert A. Rosenstone

Un tercer teórico es Robert A. Rosenstone quien sacude la consciencia del historiador en su libro, El pasado en imágenes: en desafío del cine a nuestra idea de la Historia, al afirmar:

 A muchos historiadores no les gustan los filmes históricos porque consideran que distorsionan o inventan el pasado. Al esperar que la historia en la pantalla sea idéntica a la historia del libro, estos historiadores ignoran las cualidades intrínsecas y las contribuciones de los filmes históricos (4)

Por último, José María Caparrós Lera de quien hablaré con más detalle más adelante.

En Gran Bretaña, en la Universidad de Oxford, se han unido una buena cantidad de historiadoves  en torno a la International Assosiation for Media and History, mientras sue en los Estados Unidos lo han hecho alrededor del Historian Films Committee y más recientemente aglutinados en la prestigiosa American Historical Review. En Francia se impulsó la creación del Institut Jean Vigo en Perpignan y en España es el catedrático José María Caparrós Lera quien institucionalizó esta corriente con la creación del Centre d’Investigacions Film-Història en la Universidad de Barcelona y creó la Sección de Cine del Departamento de Historia Contemporánea en la misma universidad. José María Caparrós cataloga al cine histórico de ficción en tres grupos:

  1. Películas de valor histórico o sociológico
  2. Películas de género histórico
  3. Películas de intencionalidad histórica (5)
José María Caparrós Lera

La primera clasificación incluye, las obras que para  J.M. Caparrós serían “aquellos filmes que, sin una voluntad directa de hacer Historia, poseen un contenido social y, con el tiempo, pueden convertirse en testimonios importantes de la Historia, o para conocer las mentalidades de cierta sociedad en una determinada época”. Ejemplos de este cine son  Doctor Zhivago (1965) de David Lean, Gladiador (2000) de Ridley Scott, Troya (2004) de Wolfgang Petersen y en el contexto mexicano Fernando de Fuentes con Vámonos con Pancho Villa (1935) y El compadre Mendoza (1933). En la segunda caracterización “cabe enclavar aquellos títulos que evocan un pasaje de la historia, o se basan en unos personajes históricos, con el fin de narrar acontecimientos del pasado aunque su enfoque no sea muy riguroso” según J.M. Caparrós, y aquí agrupamos La gran ilusión de Jean Renoir (1937), Faraón (1966) de Jerzy Kawalerowicz, Napoleón (1927) de Abel Gance y en el ámbito nacional, Luis Estrada con La ley de Herodes (1999) y Zapata, el sueño del héroe (2004) de Alfonso Arau. El tercer grupo de filmes serían “aquellos que, con una voluntad directa de “hacer historia”, evocan un periodo o hecho histórico, reconstituyéndolo con más o menos rigor, dentro de la visión subjetiva de cada realizador, de sus autores” concluye Caparrós. Aquí encontramos a los realizadores revolucionarios soviéticos (Dziga Vertov, Vsevolod Pudovkin y Serguéi Eisenstein) y a los del neorrealismo italiano (Vittorio de Sica, Luchino Visconti, Roberto Rossellini). Este tipo de cine más que reflejar un hecho histórico, nos permite adentrarnos en la mentalidad de la época, la forma de vivir, vestir, sentir y hablar de la gente. Probablemente el cineasta mexicano que mejor representa esta corriente cinematográfica sea Alejandro Galindo, cuya filmografía incluye Esquina bajan (1948), Una familia de tantas (1948) y Campeón sin corona (1945).

En una propuesta didáctica que Tomás Valero ofrece en Cine-Historia (imprescindible página web para el historiador que quiera adentrarse en las aplicaciones didácticas  http://www.cinehistoria.com/) propone la siguiente clasificación de acuerdo a los géneros y las temáticas:

Tomás Valero Martínez
  1. Reconstrucción histórica
  2. Biografía histórica
  3. Películas de época
  4. Ficción histórica
  5. Películas sobre mitos
  6. Películas etnográficas
  7. Adaptaciones literarias y teatrales (6)

Los cursos de cine-historia en los colegios de educación media superior incluyen películas de los más variados directores, actores, países, culturas, lenguas y visiones sociales y culturales de la sociedad que las creó. Vayan como pautas cinematográficas para estudiar diversos momentos o personajes históricos las siguientes obras: La Edad Media con El Cid (1961) de Anthony Mann, la Primera Guerra Mundial y la guerra fría a través de los ojos de Stanley Kubrik  admirando Patrulla infernal (1957) y Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba (1964) el cisma de la Iglesia Católica con Un hombre para la eternidad (1966) dirigida por Fred Zinneman o el Franquismo con la genial película de Luis García Berlanga Bienvenido Mr. Marshall (1952).

Dentro de la cinematografía mexicana  o extranjera, que tiene como temática la Historia nacional, existen cientos de películas que pueden ser utilizadas en el aula siempre y cuando podamos estructurar un método de apreciación y perfectamente establecer los objetivos de estudio y análisis para crear un proyecto didáctico de cine-historia para México. Para ello se necesita un estudio filmográfico de cine-historia mexicana, previamente es aconsejable configurar una bibliografía del cine nacional pues toda investigación se sustenta mejor cuando existen adecuadas fuentes, ya sean primarias, secundarias o complementarias. Los aspectos antes mencionados y que se esbozan someramente merecen un estudio mucho más profundo y detallado.

Como colofón propongo algunas películas y el contexto histórico que se pretende analizar al verlas: el México prehispánico: Apocalypto (2007) de Mel Gibson; la conquista: Cabeza de Vaca (1993) de Nicolás Echevarría; la colonia: El Santo Oficio (1973) de Arturo Ripstein; la reforma: Juárez y Maximiliano (1933) de Miguel Contreras Torres; el porfiriato: México de mis recuerdos (1943) de Juan Bustillo Oro; la revolución: Reed, México insurgente (1970) de Paul Leduc; el maximato: Maten al león (1975) de José Estrada ; el 68: Rojo amanecer (1989) de Jorge Fons.

NOTAS:

  1. Boleslav Matuszewski, “Une nouvelle source de l’histoire: création d’un depot de cinématographie historique” en Le Figaro, 25 de marzo de 1898
  2. José María Caparrós Lera en http://www.ub.es/geocrit/b3w-231.htm
  3. Marc Ferro, “Societé du 20e  siècle et histoire cinématographique” en Annales, núm. 23, 1968
  4. Robert A. Rosenstone, El pasado en imágenes: el desafío del cine a nuestra idea de la Historia, Barcelona, Ariel, 1997
  5. Caparrós Lera, José María, “El film de ficción como testimonio de la Historia” en Historia y vida, núm. 58, extra: el cine histórico, p. 177-178, Barcelona, 1990
  6. http://www.cinehistoria.com/index.php?option=com_content&task=view&id=17&Itemid=31

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