Acerca del cine-teatro Garibaldi de la época del cine mudo en la ciudad de México

Por José Santos Valdés Martínez

Investigador del Centro de Investigación Teatral “Rodolfo Usigli”

A manera de proemio

El presente texto formaba parte de uno más amplio que versaba sobre la trayectoria del Teatro Garibaldi aquí en la Ciudad de México, y de sus diferentes versiones. Una de esas versiones es esta del Cine Teatro que se ha extractado especialmente para ponerla a disposición de los lectores del blog Cine Silente Mexicano. En realidad hemos procedido así en virtud de que el resto del trabajo original pertenece exclusivamente al área de teatro. Por ello mismo y para que la Coordinación de este Blog se de una idea de la importancia de este Cine Teatro, el ser fuente y origen de la dinastía de teatros que le siguieron a lo largo de todo el siglo XX con el mismo nombre, hemos dejado tal como era el proemio original en el que explicamos en qué iba a consistir el trabajo total. Desde luego que este proemio puede obviarse si es que es publicado lo que le sigue.

Estará estructurado a la manera de una “revista”, en tanto género teatral. Consiste en un prólogo y en un epílogo o fin de fiesta. En general estará dividido en cuadros. Cada cuadro manejará un asunto diferente, pero todos girarán en torno al Teatro Garibaldi. La razón de estructurarlo así es la variedad de subtemas que hay que tocar.  Ya nada más por lo que se refiere al local teatral, hay que mencionar mínimo todos los locales que han llevado el nombre de Garibaldi: un cine-teatro y tres teatros.  Luego, referirse a los teatros con los que se ha relacionado en su ya larga historia, especialmente con los teatros “garibaldianos”, si se me permite la expresión: los diversos Follies, el Molino Verde, el Nuevo Folis, el Nuevo Colonial, etcétera. También con las carpas. Luego, hablar del marco geográfico: el barrio de Garibaldi y la plaza del mismo nombre. Igualmente, por lo menos referirse al mariachi, al Tenampa, a las piqueras y a los lupanares, es decir, hacer justicia, mencionándolos al menos, a los lugares y personajes más representativos de Garibaldi, al anecdotario, pues. ¿Qué más quisiera que darles un tratamiento especial a cada uno de ellos? Pero se puede hacer el intento con lo poco y fragmentario que tengo. Todo lo cual obliga, sí, a manejarlos tal como se presentan, pero con cierta ilación. Es como en la Época de Oro de la Revista Mexicana, cuando el tema de actualidad, de circunstancias, los autores materialmente lo exprimían, le sacaban todo el jugo que podían a base de un determinado número de cuadros de bailes, canciones y diálogo. Incluso con sus correspondientes prólogo y epílogo, como en el presente caso, el cual sin más preámbulo me apresuro a poner a su amable consideración.

Prólogo. “Postales de suburbio”

En unas crónicas nostálgicas de principio del siglo XX, y en las que el poeta yucateco Roque Armando Sosa Ferreyro cantaba a las épocas pretéritas de la vieja Ciudad de México, se invitaba a los lectores por conducto del maestro don Andrés Henestrosa que recreaba esas crónicas a finales del mismo siglo, a recorrer los viejos barrios coloniales de la ciudad. Barrios dorados de leyenda -decían- y consagrados por la tradición, y en los que todavía, aún entonces, se conservaban los últimos destellos del pasado.

Eran imágenes e impresiones de algo lejano y novelesco. Así, de la noche, el idilio de los enamorados, tal y como aparecía en los folletines románticos de la época; en una plazuela, los puestos de comida y los grupos de hombres y mujeres, reunidos en el yantar cotidiano; en un mesón, el arribar de las pobres gentes para quienes el día había sido amargo y triste; y en una callejuela, el drama de la barriada en su máxima expresión: la disputa de los galanes, a cuchilladas y entre risas, por el amor de una mujerzuela. Toda la vida pintoresca, taciturna y sombría de los miserables de siempre, en el marco romancesco de las altas casonas centenarias, y frente a la piedad religiosa de una iglesia, que en vano levantaba sobre sus torres el símbolo blanco de la cruz, abiertos los brazos para todos.

En contraste, allí cerca, las casas de vecindad, cada cual con su gran patio solariego al centro, que en otro tiempo fuera testigo de escenas caballerescas y galantes, y en donde ahora los niños jugaban y corrían, y los más jóvenes compartían sus sueños y sus travesuras. Alrededor, las viviendas limpias, con sus paredes tapizadas de imágenes, y los muebles humildes, entre los que no podía faltar un fonógrafo que con los ecos de sus canciones alegraban las veladas hogareñas al calor de los cariños familiares.

Allá afuera, el cine, que con las luces de su marquesina invitaba a los enamorados, paradójicamente, a la penumbra amable y silenciosa, para ver pasar en la pantalla las emocionantes aventuras de Charlie Chaplin, Baby Peggy y Jackie Coogan, en medio de un coro de risas infantiles Más acá, enfrente, una carpa improvisada que levantó el espíritu errante de la farándula, y en donde una cupletista cantaba los últimos corridos y tonadillas picarescas, y el inevitable recitador entonaba con voces patéticas “En un charco de sangre…” o el “Nocturno” del poeta suicida. 1

Estoy tratando de parafrasear a los maestros, pero lo único que he logrado hacer ha  sido plagiarlos,  todo con la intención de transmitir a mis lectores lo más fielmente posible estas emotivas estampas de la vida citadina del México que fue. “Postales de suburbio” se titularon originalmente. Y desde el primer momento que las disfruté me pregunté de donde habrán tomado sus imágenes estos insignes poetas. En qué barrio o barriada se inspiraron Henestrosa y Sosa Ferreyro, para pergeñar estos añorantes trazos.

Ahora que estoy empezando a redactar este ensayo sobre los teatros de la Plaza Garibaldi, me parece reconocer en esas postales, escenas y frescos de esta plaza y de este barrio  Más bien quisiera que la plazoleta de que se habla allí, fuera la Plaza Garibaldi; la iglesia, la de Santa María la Redonda; el cine, el cine Garibaldi pionero; y la carpa, la Noris, la Ofelia o la Principal, o cualquier otra, qué más da. Pero todavía los reconozco mejor porque en un pasaje de esas postales se menciona, a propósito de la evocación  de algún baile familiar en la barriada, el “Fox de las Pelonas”, 2 que estuvo de moda en los años veinte, y que es la década en la que el Cine-Teatro Garibaldi termina por consolidarse como el legendario Teatro Garibaldi que fue, fundador de una dinastía de teatros que con el mismo nombre de Garibaldi medraron al amparo dela Plaza a todo lo largo del siglo XX, y que fueron el vehículo de una gran tradición en el Teatro de Revista Mexicano, en sus diferentes modalidades, a saber,la Revista Política,La Revista de Costumbres,la Revista de Variedades yla Revista de Burlesque. En síntesis, la llamada Revista Mexicana, por mucho tiempo la única institución transmisora y moldeadora de las costumbres y del carácter y la personalidad de varias  generaciones  de habitantes de nuestro centenario barrio.

Cuadro I: “Cine-teatro Garibaldi”

El cine-teatro Garibaldi data de por lo menos la segunda década del siglo XX.  La fecha más antigua que pude hallar, señal de su existencia, es de 1915. 3 Arquitectónicamente perteneció a la tercera generación de cinematógrafos  que aunque ya construidos expresamente para exhibiciones cinematográficas, todavía conservaban la impronta de la anterior generación de locales, los salones adaptados a las salas de teatro. De allí su denominación, Cine-Teatros.

Desde luego ser lo uno o lo otro tenía sus ventajas, sobre todo cuando llegó el sindicalismo y los trabajadores de ambas disciplinas hubieron de integrarse a su respectiva agrupación. Así según lo  marcara el termómetro sindical en cuanto a los conflictos obreros-patronales propios de la época, los empresarios podían optar por una u otra disciplina o de plano hacerse de los locales de la competencia. No fue el único factor, también podía influir en esas decisiones el comportamiento del mercado en cuanto a la producción de películas y su distribución. Por ejemplo en esa épocala Primera GuerraMundial afectó sobremanera la importación de material fílmico a México, de tal forma   que muchos exhibidores resultaron perjudicados, no así los que pudieron recurrir a su otra opción. En el caso del cine Garibaldi no había necesidad de recurrir drásticamente a esa otra opción. Los empresarios que lo manejaban eran importadores y por ende distribuidores. Me refiero a los hermanos Granat, cuya cadena de cines engrosó significativamente en esa coyuntura.

De allí que la actividad teatral del cine-teatro en los ocho años que se mantuvo como tal fuera más bien discreta. Si acaso de 1918 tenemos registro que actuó en su escenario la compañía de opereta y revistas ‘Mimí Derba’; el mismo año la de Zarzuela ‘Vivanco-Pastor’; y en 1923 la Compañíade revistas mexicanas ‘Leopoldo Beristáin’. 4 En cambio la actividad como cinematógrafo ocupó prácticamente la mayor parte de esos ocho años. Del programa que nos sirvió de base para establecer la fecha más antigua del Cinematógrafo en funciones anotemos las películas El calvario de una reina con  Mlle. G. Robbine, y El club de los coleccionistas ésta sin mayores datos, amén de una Cuando Roma gobernaba de inminente estreno entonces.   Por lo demás está la primera película que los hermanos Granat trajeron directamente de Nueva York para explotarla en su circuito, que fue la célebre “La moneda rota”, de episodios, así como la que motivó a los empresarios a traer de los Estados Unidos al astro del momento Eddy Polo, para que personalmente promoviera en todas las salas de su circuito su más reciente éxito El capitán Kidd.

En realidad los hermanos Granat eran simples arrendatarios de la mayoría de los  locales con los que formaron su cadena, empezando por el Salón Rojo de Coliseo y San Francisco. Este dato es importante para explicarnos el cambio de régimen y de razón social del Garibaldi, es decir, el paso de cine-teatro a únicamente teatro en el año de 1923, que está consignado por los cronistas como el año de inauguración del Teatro Garibaldi. 5 Y es que para ese año Jacobo Granat, cabeza de la familia, ya estaba fuera del país perseguido por prácticas fraudulentas, lo que seguramente dio al traste con las intenciones del resto de la familia, Bernardo, Samuel y Oscar, de crear un auténtico monopolio de las salas de exhibición. En 1917 tenían cuatro salas; en 1918, ocho; en 1919, diez y nueve; y en 1921, veintidós más seis en provincia, y así pudieron haber seguido encumbrándose si no se les para el alto.

En la reestructuración del circuito a que dieron lugar los anteriores hechos, ahora bajo la dirección de otros empresarios, norteamericanos por cierto, seguramente el cine-teatro Garibaldi  logró liberarse de sus compromisos con esa cadena. De aquí que en 1923 los empresarios de teatro Carlos M. Ortega, Pablo Prida y Manuel Castro Padilla estén arrendando el local del Garibaldi para presentar allí su repertorio frívolo y político después de haberlo llevado por diversos estados de la república. 6

Pero los locales de teatro y de cine en ese tiempo podían tener otros usos, por ejemplo como sedes de festivales y de conferencias. Así, la presencia de Vasconcelos enla SEPse vio reflejada en las actividades del cine-teatro Garibaldi en 1922 y en 1923. Como local de gran cupo, 2000 lugares, en ese año del 22 se empezaron a organizar bajo la batuta de una Comisión Cultural y Artística dela Ciudadcreada a iniciativa de  Miguel Lerdo de Tejada, Jefe dela Secciónde Espectáculos, conferencias matutinas para obreros. Conferencias  que alternaban con música, películas, canciones y bailes nacionales. A estas conferencias siguieron los festivales culturales a propósito de lo cual se hablaba de la integración del pueblo, de la cultura física y estética de los obreros, del combate al alcoholismo, de la santa cruzada del alfabeto en los cines, etc. Solamente en la primera mitad del año de 1922 se habían llevado a cabo 97 festivales en diversos cines, 17 de los cuales tuvieron por sede el Garibaldi.

Con esa cruzada se combinó la exhibición de películas educativas en todas las carpas y cines de la ciudad, y en muchas Plazas al Aire Libre, con el objeto de evitar que los obreros despilfarraran su dinero en cantinas y pulquerías, como en los mejores días del maderismo. La de Garibaldi era una de esas plazas y el cine-teatro uno de esos cines.  Solamente de enero a abril de 1923 el cine-teatro Garibaldi dio 15 funciones con 78 películas y con asistencia de 2200 concurrentes. 7

Y, ¿qué rayos había sucedido en los mejores días del maderismo? Corría el año de 1912. Ese año, en el marco de una campaña de moralización y de orden en los espectáculos, el Ayuntamiento había promovido cine gratuito en locales habilitados en cada demarcación, léase instalación de pantallas. En esa ocasión se instalaron pantallas en la Plazade Garibaldi (De los Reyes). Otra en la plaza de Tlaxcaltongo, que así se llamaba entonces la actual plaza de Santa Cecilia, y una más en la calle de la Amargura, que así se llamaba la actual República de Honduras, a la altura de la plaza de Santa Catarina  Pues bien, al finalizar la campaña la prensa lamentó que una pantalla, la de Tlaxcaltongo, fuera un cine-cantina, pues los obreros fueron saliendo de las cantinas con su botella en la mano para presenciar las películas, y la de la Amarguraestuviera rodeada de hoteluchos de cuarto orden, léase, de rompe y rasga, y casas de mala nota, todo a disposición de los cinéfilos. 8

Como bien se puede observar, la fuente de la nota anterior es Aurelio de los Reyes. El es quien al presentarla le adjudica a nuestra plaza el nombre de Garibaldi. Lo que quiere decir que a menos de que De los Reyes haya cometido un anacronismo involuntario, en 1912 ya existía la plaza Garibaldi como tal. Por otra parte, con esta nota nos situamos como dirían Henestrosa y Sosa Ferreyro frente a un auténtico drama de la barriada de entonces, el alcoholismo rampante. Drama no contemplado por nuestros poetas, y cómo la iban a contemplar si su visión era una visión amable e idealizada de la vida de la comunidad, de la vida del barrio. 9

Cuadro II: “El baratillo de la Plazuela Del Jardín”

Sinceramente para mi todavía antes de conocer la posición de México Desconocido sobre la denominación de la plaza, véase nota 8, era un misterio el porqué de la atribución de ese apellido ilustre a un cine-teatro de la segunda década del siglo XX. Lógicamente se traía a colación al nombre de la plaza. Pero es que estaba casi seguro que la plaza se había empezado a denominar así, mucho después de que el cine empezara a funcionar. Los cronistas oficiales sancionaban que lo había sido a partir de 1921. Luego entonces, lo de Aurelio de las Reyes, era simplemente un anacronismo involuntario. Ahora, resulta que siempre sí tenía razón.

La plaza en sí, data de la segunda mitad del siglo XVIII por lo menos. Por lo más, hay quien ha puesto de manifiesto que su antigüedad se extiende hasta el barrio prehispánico de Tezcatzonco o Tezcatzoncatl, perteneciente al campan de Cuepopan. 10 En este tenor lo que hoy es la plaza Garibaldi estaría asentado en lo que fue el centro de ese calpulli azteca. Sin embargo, existen excavaciones arqueológicas recientes que indican que el sitio era zona agrícola, y que por el tipo de deshechos encontrados en algunas tumbas halladas en el perímetro de la plaza, todo parece indicar que en algún momento fue un barrio de alfareros también. 11 Hacia mediados del siglo XIX al sitio se le conocía como El Jardín, o plazuela del Jardín. Durante el resto de la centuria  fue sede de un baratillo, es decir, de un tianguis de cosas usadas, por lo general artículos de dudosa procedencia, el cual tianguis, que era semanal, procedía primero de la plaza de Villamil, y antes, hacia atrás, de la plazuela del Factor, y aún más atrás, del tianguis-baratillo dela Plaza Mayor. De todos esos lugares emigró  en algún momento, incluso de El Jardín, para pasar aLa Lagunilla y a Tepito, esto ya en el siglo XX. Con todo y que se maneja que el baratillo estuvo en ese sitio hasta el año de 1884, el mercado dela Lagunilla se inauguró en 1912, luego entonces…

Esa errancia del tianguis-baratillo se explica porque seguramente de todos esos lugares los comerciantes fueron desalojados por las autoridades. Simplemente, de la plazuela del Factor fueron desalojados porque a alguien se le ocurrió construir un teatro en aquel lugar. Nos referimos al Teatro de Iturbide, inaugurado en 1856, posteriormente Cámara de Diputados, y actualmente Asamblea de Representantes del Distrito Federal.

Bien, en esa época del baratillo de El Jardín la zona era un auténtico suburbio de la ciudad. Barriada con calles y callejones como las dela Piladela Habana, San Camilito, Los locos, del Borrego, y un enclave formado por una diminuta plaza llamada Tlaxcaltongo, hoy Santa Cecilia, patrona de los músicos. Por cierto, arriba se mencionaron unas excavaciones hechas recientemente enla Plaza, me parece cuando se construyó el estacionamiento subterráneo. Pues bien, entre los hallazgos estuvieron los vestigios de una gran fuente. Me imagino que se trata dela Pilaa la que hace referencia el nombre de la antigua calle dela Habana, que hoy seríala Primera de Honduras.

Según los cronistas oficiales el nombre de Garibaldi alude al Teniente Coronel José Garibaldi, nieto del patriota italiano Giuseppe Garibaldi, el conocido como el combatiente de dos mundos. Bueno, pues aquel nieto siguiendo la vocación libertaria del abuelo, se habría enrolado en las fuerzas maderistas al inicio del periodo armado de nuestra Revolución, participando en el ataque a Casas Grandes, Chihuahua, entre otras acciones. Pues bien, parece ser -no están seguros nuestros cronistas- que en reconocimiento a ese desprendimiento y generosidad se le adjudicó su apellido a la plaza al celebrarse el Centenario dela Consumacióndela Independenciade nuestro país en ese año de 1921.

Es posible, pero ahí está el programa del cine-teatro Garibaldi fechado en 1915, lo que indica que el apellido ya se “barajeaba” en el barrio en ese momento. Es más, existe un mapa de 1910, mapa reconstruido por investigadores del INEGI con base en estudios documentales, 12 en el que ya aparece el apellido Garibaldi en un callejón que actualmente lleva por nombre el callejón de Montero, uno de los accesos a la plaza, lo que induce a sospechar que el nieto Garibaldi haya estado en la capital y que al igual que lo que pudo haber sucedido con la Pila de la Habana, que pienso haya tomado el nombre por una pila que allí existió realmente, así haya sucedido con el callejón y que se haya bautizado como de Garibaldi por haber estado allí realmente el susodicho. Si no, por qué un investigador, Gerardo Rodríguez Chávez, autor de una Antología del Mariachi que actualmente circula en Internet, habría llegado hasta afirmar que Garibaldi, además de su profesión de militar, era muy aficionado a la música, y que le gustaba ayudar a los artistas ambulantes. ¿A quiénes? ¿A los de la plaza? Entonces, ¿de dónde sacó esto? 13 Y ahora para enturbiar más el asunto, allí está también le versión de México Desconocido. 14 Todo un dilema.

Sea de ello lo que fuere y volviendo a lo del baratillo ¿Por qué esta insistencia de mi parte en hurgar acerca de los orígenes y trayectoria de este tianguis de la plazuela Del Jardín? Pues bien, porque la presencia de un tianguis como éste allí, contribuye a justificar por decirlo de alguna manera el espíritu festivo, transgresor y excesivo que de por si ya venía permeando todas las actividades sustantivas del barrio. Véase a continuación la forma de vida que puede generar un  baratillo, y piénsese en las necesidades que crea esa forma de vida para todo mundo,  y en la manera de satisfacerlas.

En un principio no fue un tipo de mercado que estuviese prohibido, e incluso se consideraba conveniente su existencia enla Plaza Mayorcomo una forma de ayudar a las clases bajas. Sin embargo, al poco tiempo de su creación el baratillo se fue convirtiendo en un lugar frecuentado por gente “ociosa y vagamunda”, dedicada a robar dentro de las casas o a asaltar en las calles, adquiriendo de esa manera una serie de artículos que posteriormente podían vender con facilidad. En otras palabras, el baratillo se fue convirtiendo en un refugio de ladrones, y por ende en un grave problema para el Ayuntamiento.

La gran concurrencia del público que asistía diariamente al Baratillo en busca de géneros a bajo precio incrementó el auge y desarrollo del mismo, extendiéndose entonces más allá de la Plaza Mayorpor las calles, plazas y mercados de la ciudad. Al paso del tiempo el baratillo fue convirtiéndose en un problema mayor, por lo que las autoridades trataron de extirparlo para siempre. 15

Ya hemos visto, por lo menos en este trabajo, cómo desde las primeras décadas del siglo, la presencia de cantinas y de “pulcatas” sobre todo en las inmediaciones de la Plazadel Jardín era pan de todos lo días. Es más, el Tenampa, el restaurante y cantina de más rancio abolengo en Garibaldi, data de aquella época. Súmese a esto el acceso tortuoso y laberíntico a la plaza que semeja un coto, una reserva, ¿una guarida? Bueno, pues nada más llegó el mariachi, también en esos años, y de aquí pa’l real. Todo quedó en manos de la tradición.

Como sucede con el moblaje de una casa, la costumbre ha hecho indispensable la presencia de una lavadora, de un televisor o de un refrigerador en ella. Así en el barrio, éste ya no se concibe sin su Tenampa, sin su Guadalajara de Noche, sin su Mercado de San Camilito, sin su Salón Tropicana, sin su teatro Garibaldi. Y si por alguna razón dejaran de existir, habría que ver cómo pero habría que crearlos de nuevo.

Como en cada nueva remodelación de la plaza, hoy las autoridades siguen planeando transformar la plaza en un lugar para familias. Sin embargo, es claro que la tradición no se borra por decreto, ni con macetas, postes, ni estatuas. Ni estirando ni acortando horarios. Y si de verdad la plaza Garibaldi se llegara a transformar en ese lugar para familias que dicen, esas familias serían, de verdad, unas familias muy, pero muy sui generis.

Notas

  1. Henestrosa, Andrés, “Postales de suburbio” en Crónicas de la Ciudad de México. México, Año 3, Núm. 10, julio-septiembre 1998, pp. 20-21.
  2. Alusión al cabello corto de las mujeres de moda en los años veinte. A las “pelonas” se les dedicaron fox-trots y obras de revista. Cfr. Dueñas, Pablo, Las Divas en el Teatro de Revista Mexicano. México: Asociación Mexicana de Estudios Fonográficos, A.C., 1994, p.160.
  3. Un programa de mano reproducido en el Vol. I de Cine y Sociedad en México, de Aurelio de los Reyes.
  4. Cfr. “Nómina de teatros y espectáculos 1911-1961” en Olavarría y Ferrari, Enrique de, Reseña Histórica del Teatro en México, 1538-1911 3a. Ed. México: Porrúa, 1961, Vol. V.
  5. Cfr. Moncada, Luis Mario, Así pasan…efemérides teatrales 1900-2000, México: INBA: CNCA: Escenología, 2007, p. 106.
  6. Maria y Campos, Armando de, El Teatro de Género Chico en la Revolución Mexicana. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1996, p. 297.
  7. Cfr. De los Reyes, Aurelio, Cine y Sociedad en México, 1896-1930. Vol. II: Bajo el cielo de México, 1920-1924 México: UNAM. 1993,  p. 143.
  8. Cfr. “Cinematógrafo mal situado” en Nueva Era, 23 de septiembre de 1912, p. 7 Apud De los Reyes Aurelio, Op. Cit. Vol. I: Vivir de sueños 1896-1920, México: UNAM, 1983, p. 116.
  9. Sobre el origen del apellido Garibaldi adjudicado a la Plaza y de la afición a las bebidas espirituosas de sus habitantes, existe actualmente en circulación  una fuente que asegura que la Plaza se inauguró como de Garibaldi exactamente el 12 de mayo de 1909, en homenaje, ojo, al libertador de Italia Giuseppe Garibaldi, y por otra parte, que el establecimiento de pulquerías en el lugar se remonta hasta la tercera década del siglo XIX, dando lugar a una larga tradición pulquera , lo que viene a explicar de paso y junto con la instalación periódica de juegos mecánicos en la zona, y de un salón de variedades con todo y cine , esto ya en el siglo XX, el perfil fiestero que desde siempre ha tenido la Plaza. Sólo una pregunta queda en el aire: ¿De dónde sacaron esto? No lo dicen. Cfr. Guía Especial México Desconocido: Barrios Mágicos Turísticos de la Ciudad de México. México Desconocido, 2011, pp. 58-58.
  10. Romero, Héctor Manuel, Enciclopedia Temática de la Delegación Cuauhtémoc, México: Comercializadora de Impresiones Selectas, S.A. de C.V., c1994, pp. 305-306.
  11. Vásquez Lom, Rocío y Verónica Ortega Cabrera, “Sistema constructivo visto desde una cala arqueológica” en Jornadas de Arqueohistoria e Iconografía Novohispana. México: Centro Mariano de Difusión Cultural, A.C., 1996, pp. 99-100.
  12. Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, Ciudades Capitales. Una Visión Histórica Urbana: Distrito Federal. C.D. Rom Núm. 3. México, INEGI, 1992.
  13. Cfr. Rodríguez Chávez, Gerardo, “Antología del mariachi y del Tenampa” en Google.com.mx/Gerardo Rodríguez Chávez/cronista del mariachi.
  14. Vid. Supra. Nota 8.
  15. Yoma Medina, María Rebeca y Luis Alberto Martos López, Dos mercados en la historia de la ciudad de México: El Volador y La Merced. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1990, pp. 54-55.

Ciudad de México. Junio de 2012.

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