Extraños en el tren musicalizará Las manos de Orlac (1924) de Robert Wiene

El dueto mexicano se presentará en The Movie Company, sede alterna de la Cineteca Nacional, como parte del ciclo BandaSonoras: Cine mudo a ritmo de rock.

Tras la exitosa participación de agrupaciones como Torreblanca, Coyoli, Dr. Fanatik, Decibel y Mal’Akh en la primera mitad de la temporada 2012 de BandaSonoras: Cine mudo a ritmo de rock, organizado por la Cineteca Nacional y el Instituto Mexicano de la Radio, el programa presenta ahora al dueto mexicano Extraños en el tren, quienes ofrecerán una versión sonora inspirada en el clásico silente de horror, Las manos de Orlac (Robert Wiene, Alemania-Austria, 1924). Las funciones se llevarán a cabo el sábado 28 de julio a las 17:30 y 20:00 horas en la Sala 5 de The Movie Company en Escenaria, Pedregal, sede alterna de la Cineteca Nacional.

 

Con una clara influencia del arte sonoro, Extraños en el tren, es un dúo que surge en 2011, conformado por los músicos Guillermo Olivera y Ezequiel Guido, quienes comparten una trayectoria musical de más de cinco años. Tomando como fuente sonora las guitarras, Ezequiel y Guillermo experimentan con sonidos acústicos y electrónicos a partir de instrumentos tradicionales como el piano, percusiones y sintetizadores, así como instrumentos hechos por ellos mismos como el xilófono de botellas de vidrio y otro construido con tubos de metal.

La música de Extraños en el tren ha estado ligada al cine y a los medios visuales desde su creación. En su corta pero prolífica trayectoria, han participado en la musicalización en vivo de clásicos como La quimera de oro (Charles Chaplin, EUA, 1925); El inquilino (Alfred Hitchcok, Reino Unido, 1927) y El tenorio tímido (Harold Lloyd, EUA, 1924) entre otros, además del mediometraje El globo rojo (Albert Lamorisse, 1956) y una obra de teatro.

Para su presentación del próximo sábado 28 de julio en The Movie Company, el dúo ya prepara un repertorio integrado por piezas minimalistas, incluyendo emulaciones de sonidos incidentales generados por el uso de escalas que servirán para potenciar las aterradoras imágenes de Las manos de Orlac.

El filme dirigido por Robert Wiene y considerado un referente ineludible del expresionismo alemán, aborda la historia de un famoso pianista que pierde las manos en un accidente y al cual un médico le trasplanta una nuevas, provenientes de un asesino condenado a muerte. Wiene utiliza la anécdota para reflexionar desde la trinchera del horror fílmico, sobre la lucha entre los poderes de lo desconocido y la voluntad que rige la conciencia.

Cabe recordarque desde el 16 de enero la Cineteca trasladó su programación a una serie de sedes alternas desde las que programa lo mejor de la cinematografía nacional e internacional. De este modo la Cineteca Nacional tiene funciones en los siguientes espacios: tres salas de The Movie Company en Escenaria, Auditorio del Museo de Arte Carrillo Gil, Sala Luis Buñuel del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), una sala de Cinépolis Universidad, Cine Lido, una sala de Lumiere Reforma, Sala Molière del IFAL, Auditorio de la Biblioteca José Vasconcelos, Auditorio Alfonso García Robles en el Centro Cultural Tlatelolco, Sala María Félix de la Alianza Francesa Polanco, Centro Cultural de España y Sala CCB del Centro Cultural del Bosque.

Ficha filmográfica: Título original: Orlacs Hände. Alemania-Austria, 1924. Productor: Berolina Film GmbH/Pan Films. Director: Robert Wiene. Guión: Louis Nerz sobre la novela de Maurice Renard. Fotografía: Hans Androschin y Günther Krampf. Intérpretes: Conrad Veidt, Alexandra Sorino, Fritz Kortner, Carmen Cartellieri, Fritz Strassny, Paul Askonas.

Sinopsis: El pianista de conciertos Orlac pierde ambas manos en un accidente ferroviario. Le son trasplantadas las del asesino Vasseur, un condenado a muerte. La operación médica es un experimento que resulta exitosa, sin embargo su aspecto psicológico empeora. Orlac comienza a tener impulsos criminales y a soñar pesadillas donde ve el rostro de Vasseur. Extraña señas y cartas amenazantes refuerzan sus miedos. Cuando su padre, con quien no mantiene una relación, es asesinado Orlac es sospechoso del hecho.

Boletos disponible en taquillas de Sala Molière del IFAL, Cine Lido y The Movie Company a partir del viernes 20 de julio. Precio por boleto: $60.00.

A continuación los dos primeros párrafos del artículo que Roger Bartra escribió para Letras Libres en febrero de 2011 sobre este filme:

Cuando se estrenó en la primavera de 1924 una de las joyas del cine expresionista, Las manos de Orlac, el público austriaco quedó tan impresionado por la película que al final se escucharon gritos de enojo. El principal actor, Conrad Veidt, tuvo que subir al escenario para explicar cómo se había hecho la filmación. El gran actor, con el poder de su presencia y su voz, logró calmar a la gente que se había exaltado al ver la película muda. Las manos de Orlac cuenta la historia de un gran pianista que en un accidente de tren ha perdido sus manos. Un médico le implanta las manos de un asesino que acaba de ser decapitado. El pianista, Orlac, siente que las manos que le han sido implantadas lo dominan y lo impulsan a cometer crímenes. Su médico le explica que, gracias al poder de su voluntad, podrá controlar los impulsos criminales que emanan de sus nuevas manos. La película presenta con gran dramatismo la lucha entre el poder determinante que emana de una parte del cuerpo, las manos, y la fuerza de voluntad que debe regir la conciencia del pianista. Orlac siente que las manos han tomado el control de su conciencia. Cuando su padre, al que odia, es asesinado, el pianista está convencido de que él le ha clavado la puñalada letal, aunque no lo recuerda. Pareciera que el poder brutal de la carne implantada es capaz de dirigir la mente del pianista. Algunos neurocientíficos verían aquí una metáfora de la cadena determinista que, supuestamente, impide que los humanos sean realmente libres, pues afirman que la conciencia no tiene poder para determinar los actos de las personas. Estas vivirían su libertad solamente como una ilusión creada por el cerebro.

Pero al final de la película se descubre que es su propia mente la que provoca inconscientemente el extraño comportamiento de sus manos, ya que el pianista está convencido de que son las de un asesino. Cuando se entera de que la persona decapitada, y cuyas manos ahora le pertenecen, en realidad era inocente, sus miembros vuelven a obedecerle y la ilusión se esfuma.

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