Blancanieves (2012) de Pablo Berger

A raíz del éxito que obtuvo la cinta francesa The Artist el año pasado, España no se ha quedado atrás y bajo la dirección de Pablo Berger nos muestra una visión cinematográfica con aire español del famoso cuento de los hermanos Grimm: Blancanieves. Igual que la cinta francesa, esta adaptación al mundo de los toros en la España de los años veinte se filmó en blanco y negro y carece de diálogo, el cual se suple con música. Además el actor Daniel Jiménez Cacho tiene un papel protagónico en el filme. A continuación dos escritos sobre el filme: uno español publicado en El País y otro mexicano publicado en Milenio. El primero es un reportaje y el segundo una entrevista el director.

Daniel Jiménez Cacho vestido de torero interpreta al padre. Foto: El País

Reportaje de Gregorio Belinchón publicado en El País el 2 de septiembre de 2012:

Blancanieves oscura

La España de los años veinte, con sus corridas y sus mantillas, ambienta una nueva versión cinematográfica del cuento clásico. El director Pablo Berger tardó cinco años en dar vida a esta obra silente y en blanco y negro con Maribel Verdú como madrastra

La caja es negra, no muy grande, y aparecía como recipiente de sueños, como promesa de tesoros. Pablo Berger (Bilbao, 1963) hizo unas pocas, las suficientes para atraer a la gente a su proyecto. En ellas hay 10 fotos, y junto a cada una de ellas, una frase. Así se presentaba Blancanieves:

  1. Blancanieves es una experiencia sensorial (junto a una foto de una sala de cine).
  2. Blancanieves es un viaje en el tiempo (que acompañaba a un retrato de dos mujeres con sombreros de los años veinte).
  3. Blancanieves es un cuento en imágenes (al lado de una fotografía de enanos toreros realizada por Cristina García Rodero).
  4. Blancanieves es emoción (junto a un retrato de la mítica actriz Gloria Swanson).
  5. Blancanieves es un homenaje al cine (y una fotografía de un rodaje).
  6. Blancanieves es un musical (que acompañaba a una foto de una bailaora flamenca y una guitarra daliniana).
  7. Blancanieves es un melodrama gótico (a su lado, una calavera).
  8. Blancanieves es una historia de amor (con un retrato de otra leyenda del cine, Rodolfo Valentino).
  9. Blancanieves es una coproducción europea (y una fotografía de un hombre de espaldas con un sombrero de copa).
  10. Blancanieves es el personaje de cuento más popular de la historia (con un retrato de Dolores del Río con peineta).
Carruaje de Blancanieves y Los Enanitos Toreros. Foto: El País

Junto a cada frase, una párrafo explicativo, y al final, unos títulos de crédito del futuro proyecto y el currículo del director. Con esa caja, Pablo Berger se reunió hace cinco años con Maribel Verdú: “A mí me encantan los paquetes regalo, no te voy a engañar, y me pareció una presentación increíble”. Berger le pidió ese encuentro antes de que la actriz leyera el guion, para explicarle las sensaciones que quería transmitirle al público en una apuesta más allá de lo arriesgado. Igual que Michel Hazanavicius estuvo casi diez años dándole vueltas en la cabeza a The artist, Berger ha rumiado su Blancanieves ocho años, y los últimos cinco ha luchado por sacar adelante la producción. Así que el día del encuentro entre el director y quien iba a ser su madrastra, hace un lustro, parecía imposible que un filme silente (mudo y con música) y en blanco y negro pudiera llegar a ganar el Oscar y triunfar en taquilla.

Porque Blancanieves es una panoplia de riesgos: silente, en blanco y negro, desarrollada a finales de los años veinte en España, en un mundo de matadores, flamenco y enanos toreros. “Nunca he sido aficionado a los toros”, confiesa su director, “pero poco a poco fui encajando las ideas: Blancanieves debía ser en blanco y negro y muda, y si la hacía así, tenía que transcurrir en los años veinte [la época gloriosa del cine mudo]; y si era en España, el auténtico mundo de la realeza era el de los toros, con sus reyes matadores, su corte cuadrilla, su cortijo castillo de cuento… Además tenía en la cabeza las fotos de España oculta, de Cristina García Rodero, con esa España profunda y visceral, con sus enanos toreros… Y todo eso me llevó al flamenco. El padre de Blancanieves es un torero de ficción inspirado en Belmonte. En la película hay secuencias de toros, pero no es un filme taurino. No soy taurino. Tampoco mi padre me llevó a los toros de niño. Sí es cierto que mi padre veía las corridas por televisión y que yo vi muchas de pequeño con él, en aquel blanco y negro televisivo. Siempre he pensado que los toros son muy cinematográficos. Tienen movimiento y conflicto. Ceremonia narrativa”. Y de flamenco, ¿cómo andamos? “Tampoco soy flamenquito. Aunque hay algo en los sentimientos que transmite el flamenco que no se da en ningún otro tipo de música: su ritmo, su guitarra, sus palmas tribales… lo hacen único e identificable”. Más aún: Berger ha compuesto la letra del tanguillo que se escucha en la película y que con su voz especial desgarra Sílvia Pérez Cruz.

Maribel Verdú es la madrastra. Foto: El País

Blancanieves es un puñetazo. Brutal, contundente. Berger inventa y lee cuentos por las noches a su hija; con esas sensaciones que nacen del asombro infantil, fue madurando el proyecto. “Es mi versión libre del cuento, aunque están sus elementos característicos: la niña huérfana de madre, la madrastra, los enanos, la manzana… y algo parecido al espejo”. Y Cristina García Rodero, e Ignacio Zuloaga, y Julio Romero de Torres, y la guía musical del guitarrista Chicuelo. Para quienes busquen comparaciones con The Artist, más allá de ese blanco y negro y de ser muda, no hay paralelismos. “Con su estreno, pasé algo de miedo. Cuando la vi, me di cuenta de que no se parecían en nada. The Artist es una película deliciosa, aunque alejada de lo que yo he rodado. Eso sí, ha servido como rompehielos en las salas, ha derrotado muchos prejuicios sobre este formato cinematográfico”. Su Blancanieves es racial –con rostros perfectos para ese tono como los de Ángela Molina (la abuela con la que se cría la protagonista), Inma Cuesta (la madre), Daniel Giménez Cacho (el padre torero) o Maribel Verdú (la madrastra) –, es gótica –al estilo de los hermanos Grimm, refundadores de la leyenda germana original– y a su vez es Carmen como la de la ópera de Georges Bizet: tanto que en el filme Blancanieves en realidad se llama Carmen.

Y es un constante goteo de referencias para cinéfilos: “A mediados de los ochenta, en San Sebastián, vi una proyección de Avaricia, el gran clásico del cine mudo de Erich von Stroheim, con una orquesta sinfónica en directo. Me creó unas sensaciones como pocas veces he tenido en una sala. Quiero recrear en el público todas esas emociones, que se sien­tan como cuando le leo el cuento a mi hija de siete años. Y para eso vuelvo a los orígenes, a su aspecto gótico, aunque a una época diferente, a los años en los que surgieron obras maestras como Napoleón, de Abel Gance, o La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer, cuando comenzaba la Universal a filmar sus clásicos del cine de terror”. Berger se emociona hablando de cine, de planos de Juana de Arco, de Dreyer, con su intérprete protagonista, María Falconetti; del cineasta Victor Sjöström; de poder estrenar su película en alguna ciudad con orquesta en directo… “Antes que director soy cuentista, así que elijo crear sensaciones”. Que nacen en este drama de los rostros ajados y marcados de los años veinte, de esos caretos de pueblo sin dientes que lo mismo estallan en risotadas histéricas que se retuercen ante el sufrimiento de la niña protagonista. Era la España de hace 90 años y aún sigue ahí, porque es parte de lo que somos.

Macarena García y Los Enanitos Toreros. Foto: El País

Si en los ochenta una proyección de Avaricia desarmó a Berger, a inicios de los noventa España oculta, la serie de fotografías de Cristina García Rodero, le empujó en la misma dirección: “Hay una mirada muy humana y a la vez muy esteta en García Rodero. Ahí estaban los enanos toreros, y todo empezó a encajar”. El caldo de cultivo bullía, pero se cruzaron por el camino muchas otras cosas: sus años como profesor, el rodaje y el estreno de Torremolinos 73 (2003), su primer largometraje. “Escribí el guion de Blancanieves, y cuando me llamó el productor Ibon Cormenzana para ver qué proyectos tenía, se lo pasé con un ‘a ver qué te parece’. Al día siguiente me dijo: ‘Es el mejor guion que he leído en mi vida’. Pero también intuimos lo complicado que iba a ser el puzle financiero, que teníamos que defender su esencia silente y en blanco y negro. Vamos, que nos iba a costar”.

Retroceso al primer encuentro con Maribel Verdú. “Siempre me ha preocupado e interesado más el recorrido que el resultado: los rodajes, los ensayos”, dice la actriz madrileña. “Y este sonaba apasionante. Porque además dejaba un poco de lado las mujeres sufrientes que me ofrecen habitualmente por una mala malísima, que lo es sin ningún miramiento, porque sí. Me apunté de inmediato, a sabiendas de que costaría”. Berger: “Con ella al lado teníamos una baza de calidad y popularidad, y el rostro perfecto para Encarna, ese demonio”. Si sirve para hacerse una idea, los hermanos Grimm la definieron así: “Una mujer hermosa, aunque arrogante y presumida, que no podía soportar que alguien la superase en belleza”. Y un personajazo para alguien como Verdú que asegura no tener sentimientos maternales: “Cuidado, que no quiere decir que no me gusten. Yo creo que les caigo bien porque les hablo de tú a tú. Con los niños me hago su amiga; pero como con el resto de la gente, porque creo en tender puentes, en colaborar, en que para la vida la inteligencia emocional se nota. Para trabajar desde luego en esta profesión es fundamental”. Hay otro empaque añadido que aporta la actriz: ese rostro angulado, fascinante, cinematográfico, que tan bien encaja con toda la colección de sombreros lujuriosos, trajes desmelenados, galgos estilizados y miradas dramáticas que le adornan en la película. “Era maravilloso. Pocas veces he tenido un surtido así de vestuario. Me lo pasé bomba con tanto maquillaje”. Aunque el rodaje fuera en verano, aunque en la plaza de toros de Aranjuez –trasunto de un majestuoso coso sevillano– hiciera un calor infernal: allí estaba Verdú feliz con su triple capa de maquillaje, vestido negro y velo. Entre risas, recordando el momento, Verdú apostilla: “No quiero hacer cualquier cosa, como sí hice en el pasado… Pero si se tuerce el futuro, por supuesto, hay que vivir. Espero que la gente vea una de mis películas y entienda por qué escogí el proyecto”.

¿No será en el fondo Blancanieves una bilbainada? Tanto Cormenzana como Berger nacieron allí. “Es como de chulos y de crecidos”, bromea el director. “Puede, y con el tiempo me ha ido creciendo la duda”. En cambio, otros no lo creen así. Tras rechazar una oferta del Festival de Cannes, Blancanieves participará a concurso en el de San Sebastián el próximo 22 de septiembre, antes de su estreno comercial el siguiente viernes, 28 de septiembre. Su proyección ha creado inmensas expectativas, porque algunos ya la consideran la película española del año. Verdú guarda una frase final que aplica a su vida y a Berger: “Creo en la honradez y la honestidad”. A su guionista y director se le escapa una mirada de satisfacción antes de confesar “nervios y miedos”. “Aunque, al final, ha salido lo que quería”.

Macarena García como Blancanieves en su ataúd de cristal. Foto: El País

Entrevista publicada en la columna El Ángel Exterminador del diario Milenio el 19 de septiembre de 2012 por Isabel Cárdenas

La Blancanieves ibérica

Daniel Giménez Cacho roba cámara con su actuación en la cinta del director español Pablo Berger (Bilbao, 1963), en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) 2012. Blancanieves es un tributo a la cinematografía silente, la trama sucede en el sur de España en los años veinte y ha corrido el rumor en la ciudad canadiense de que tal vez sea nominada al Oscar como mejor película extranjera

Blancanievesmezcla varios géneros a le vez: es un cuento de hadas, un musical, un melodrama, una historia de amor, una comedia y una farsa; un viaje sensorial que te transporta a la infancia; te lleva a través de la maravillosa música del compositor Alfonso de Villalonga y las hermosas imágenes en blanco y negro a la España de los años veinte y, por supuesto, a uno de los cuentos más populares del mundo: Blanca Nieves. Pablo Berger, su director, nos habla al respecto:

Inma Cuesta, la madre y Ángela Molina, la abuela. Foto: El País

¿Por qué escogiste a Daniel Giménez Cacho, un actor mexicano, para interpretar al torero Antonio Villalta, el padre de Blancanieves, y cómo surge la relación con él?

Yo conocí a Daniel por Profundo Carmesí, de Arturo Ripstein, una película maravillosa que me marcó, en la que Daniel está excepcional. A partir de ahí vi que empezó a salir en algunas películas españolas: trabajó con Agustín Díaz Yanez, con Vicente Aranda y me pareció un actor carismático y de una gran fuerza.

Cuando estábamos preparando el casting para el personaje del padre, Antonio Villalta, una especie de Belmonte ficcionalizado (fue el gran torero de la historia de todos los tiempos), la directora de casting puso el nombre de Giménez Cacho sobre la mesa; y como yo soy muy amigo de Agustín Díaz Yanez, quien es posiblemente la persona que más sabe de cine y toros, y además es amigo de Giménez Cacho, me dijo: “Pablo, ni lo dudes, este papel está hecho para Daniel Giménez Cacho, es el único actor en el mundo que va a poder reflejar lo que es una matador de toros. Cómo anda, esa mirada, esa presencia, ese perfil”. Hay algo físico en Daniel que es perfecto para representar a la mayor figura del toreo.

Yo diría que es el Robert De Niro mexicano; es un actor que prepara los papeles a fondo: para este papel vino a España para tomar clases de toreo durante un mes; todos los días, con el traje de luces, en la plaza, en verano, a cuarenta grados, desde que salía el sol hasta que se acababa; para poder sentirse como un torero. También pasó mucho tiempo viendo corridas de toros y preparándose.

Otro personaje que es fundamental y entrañable es el de Ángela Molina, que no está en el cuento de los hermanos Grimm. ¿Cómo decides introducirlo?

Mi filme es una versión libre inspirada en el cuento; el cuento es de tres páginas y un guión son noventa. Hay que crear un mundo de secuencias y de situaciones que no aparecen en el cuento original. Lo único que mantenemos son los personajes principales: hay una madrastra, hay dos Blancanieves (la niña y la adolescente); hay enanitos y hay manzana. Yo me he creado personajes nuevos como el de la abuela de Blancanieves, que es uno de los más importantes. Para este papel conté con la gran Ángela Molina, una de las mejores actrices no solo de España, sino a nivel mundial. Ha trabajado con grandes directores, Buñuel por ejemplo. Es una actriz que en cada toma es diferente, la emoción la tiene a flor de piel.

Nuestra película trabajaba con un concepto que yo llamo “Hollywood ibérico”; necesitaba grandes estrellas del cine español; y como es una película muda, podían ser grandes estrellas del cine de habla hispana, como es el caso de Daniel. Tenían que ser grandes actores: Imma Cuesta, Daniel Giménez Cacho, Pere Ponce, José María Pou, Maribel Verdú.

Daniel Jiménez Cacho en Blancanieves. Foto: Milenio

Cuéntame del personaje de Blancanieves niña y la adolescente.

Como soy muy ambicioso quería que el personaje de la niña fuera un poco como el caso de Lo que el viento se llevó para buscar a Scarlett O’Hara. Hicimos un llamado a nivel nacional, en el que cualquier niña se pudiese presentar, hicimos castings en Madrid, Barcelona y Sevilla; también a través de Facebook e internet. Las posibles candidatas podían mandar sus videos y sus fotos; grabamos y vimos a miles. Curiosamente, la niña que hace de Blancanieves de niña no había ido un casting en su vida, no es una niña actriz, si que era del grupo de teatro de su colegio, pero era su primer casting. Al verla entrar por la puerta, su cara y sus ojos nos hablaban. Cuando dijimos acción y ella empezó hacer su prueba era como una bombilla que se iluminaba y no podías quitar tu mirada de ella…

La Blancanieves adolescente es una joven actriz, Macarena García, ella ha trabajado mucho en televisión, pero Blancanieves es su primera película. Estoy convencido de que va a ser una de las grandes estrellas de nuestro cine. También tomó clases de toreo durante un mes y lo sorprendente es que nuestro asesor taurino, un matador de toros (José Luis Seseña), me dijo que tanto Daniel como Macarena eran muy buenos estudiantes y que estaba impresionado en que poquito tiempo habían conseguido aprender el arte del toreo.

¿Por qué escogiste el Festival de Cine de Toronto para la première mundial de tu película?

Los festivales son como las mujeres, ellos te eligen a ti (dice riéndose)… Yo creo que sí, que las mujeres lo eligen a uno, por lo menos en mi caso. Un director cuando hace una película quiere la mejor plataforma para presentarla. Mi primera opción obviamente era Toronto, porque es la gran puerta al mercado americano que todos sabemos es la gran industria; pero no solamente el mercado americano, porque hay compradores de todos el mundo: de Japón, de Francia, de Alemania, de Venezuela, de México, de Australia…

Los habitantes de Toronto aman el cine; hay cines en todas las esquinas, unas pantallas gigantescas, una calidad de proyecciones increíble, se forman unas colas inmensas y, sobre todo, el público quiere descubrir nuevos talentos, nuevas películas. Yo me siento muy afortunado de que Blancanieves ha sido muy bien recibida.

Muy altas probabilidades tiene Blancanieves de representar a España en los premios Oscar como mejor película extranjera y en los Ariel mexicanos.

Un pensamiento en “Blancanieves (2012) de Pablo Berger”

  1. Película que promieve la crueldad, que esta bajo investigación por matar toros y grabarlos para el cine, trofeo al sadismo y más titulando la película sádica relacionado a una historia infantil actualmente.

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