Llamas de rebelión (1922)

Los datos para la ficha filmográfica y sinópsis están en el libro de  Aurelio de los Reyes, Filmografía del cine mudo mexicano, volumen II, 1920-1924, Dirección General de Actividades Cinematográficas, UNAM, Colección Filmografía Nacional 6, México, 1994, pp. 171-172:

Producción: Martínez y Quezada; Agustín Elías Martínez y ¿Adolfo Quezada? Dirección: ¿Adolfo Quezada? Argumento: Eduardo García Moreno. Intérpretes: Alfonso Labat, Josefina López, Eleazar Reina, Carmen López, Eduardo García Moreno y otros. Filmada en la Sierra Nevada, a las faldas del Volcán de Toluca y en haciendas cercanas. Concluida en septiembre de 1922.

Palacio Municipal de Toluca. Foto: Fototeca Nacional del INAH

Según Aurelio de los Reyes no se exhibió en la ciudad de México aparentemente por haberlo impedido una huelga de cines. Cine Mundial informa que se exhibía en varias ciudades de provincia. Luego, en 1924, la prohibió el Ayuntamiento, sin explicar los motivos, al parecer por haberse referido a la Revolución.

Según Dávalos y Vázquez, (1) Llamas de rebelión aparentemente no llegó a exhibirse. Se anunció con cierta insistencia durante el mes de septiembre de 1922. A fines de mes, un anuncio informaba de la conclusión del rodaje y de su inminente estreno. Sin embargo, no volvió a saberse de la cinta. El argumento plantea con nitidez la conciliación entre en nuevo y el viejo régimen.

De acuerdo a Gabriel Ramírez se estrenó en la ciudad de México el 8 de octubre de 1922 en los cines San Juan de Letrán, Alcázar, Santa María la Redonda, Palatino y Venecia. (2)

Anuncio de Llamas de rebelión en el Teatro Edén
Anuncio de Llamas de rebelión en el Teatro Edén

Sinopsis de la cinta: “El pueblo de San Nicolás, cerca del Volcán nevado, goza de relativa paz, en la época más azarosa que nuestra República ha pasado. Benito Domínguez vive allí con su madre y hermano, explotando personalmente su rancho; está enamorado de Carmela, prima del jefe de Armas general Valverde, un antiguo empleado. Este no está conforme con estas relaciones y trata de impedirlas. Declara enemigo a Benito y lo persigue, apoyándose en su poder, para perderle, pero Benito logra evadirse hiriendo a sus perseguidores. No le queda más recurso que huir y se reúne con ‘Sietebrincos’, su vecino, quien le ayuda a preparar un pequeño ejército, con el cual se levanta en armas, contra el general Valverde, que no llega a preocuparse por este suceso y sale de paseo, junto con sus primas, a una hacienda cercana. El propietario se ha interesado por Carmela y alejando a los demás huéspedes, trata de forzarla, llegando en ese momento el general Valverde, quien le dispara, dándole muerte en el acto, cuando va a cometer una fechoría. Benito asalta la hacienda y sus moradores escapan en una diligencia, pero son alcanzados por la gente de aquél y hechos prisioneros. El general Valverde iba a ser fusilado, pero Benito le perdona la vida. El gobierno legal ofrece amnistía a nuestro héroe, quien la acepta y regresa al lado de su madre y finalmente con su amada Carmela.”

Para Gabriel Ramírez, Llamas de rebelión:

[vulgarizaba] hechos sucedidos apenas ayer (…) ilustraba lo que ocurría cuando el interés privado se prefería al bien general y cómo las venganzas individuales y el espíritu de intriga, ambición y egoísmo podían sofocar el proceso revolucionario iniciado doce años antes. Sobre todo, si habían de por medio, como en este caso, unas tentadoras faldas. (3)

Avenidas Hidalgo y Villada. Foto: Fototeca Nacional del INAH

Por su descripción de la trama y los siguientes comentarios de Ramón Pérez no es aventurado pensar que el gobierno hubiese censurado el filme, evitado su proyección a toda costa. Si tomamos en cuenta que la cinta expresaba, de forma poco velada, sus intenciones, y Llamas de rebelión exaltaba la amenaza de brotes rebeldes a nivel regional. Por otro lado,  el hecho de haber sido filmada en Toluca, ciudad sumamente conservadora y por antonomasia contrarrevolucionaria confirma que la trama tenía un tufo reaccionario, amén de actuar en ella varias “personalidades” toluqueñas.

Vale la pena retomar el escrito sobre la filmación de Llamas de rebelión en Toluca a principios del siglo XX. Se debe considerar que fue escrito varios lustros después del evento. De eso trata el siguiente breve escrito tomado de Estampas Toluqueñas de Ramón Pérez, Ediciones Gobierno del Estado de México, 1977, pp.161-163:

Han transcurrido ya años, muchos años, el entrante nos dará el increíble número de Cincuenta. ¡Cómo pasa el tiempo! ¡Cómo pasa la vida! Muchos de los personajes que aquí vamos a mencionar han desaparecido ya del mundo de los vivos. Es casi seguro que muchos de los lectores ni lo recuerdan siquiera. Y sin embargo, el suceso tuvo lugar.

Allá por el año de 1919, todavía en plena revolución, un joven toluqueño, lleno de inquietudes y permanentemente abierto a la vida, el desaparecido amigo q.e.p.d. Fernando Medina, perpetuo amante de las cosas del arte: música, pintura, tuvo la luminoso idea de financiar la elaboración de una película filmada totalmente en Toluca, con actores toluqueños y pagada centavo a centavo de sus propios recursos. El título de la cinta cinematográfica llevaba el nombre de Llamas de Rebelión.

El argumento se refería a la Revolución Mexicana y, como era natural, se hacía destacar en ella, la vida de nuestros hombres del campo y la del aristocrático hijo de un hacendado de polendas, dado al vicio y a la perdición. No podría darle detalles de dicho argumento; pero, lo que sí puedo decirles es que Llamas de Rebelión fue sin lugar a dudas la película precursora del cine nacional en aquel año de gracia de 1919.

Fernando Medina aparecía en su papel de galán joven, acompañado de la señorita Isabel Ordoñez, hermosa empleada de gobierno, que lucía con donaire y gentileza y con cierta ingenua sencillez tan apartada de la artificiosa actuación de nuestras primeras estrellas. Junto con Chabela Ordoñez aparecían igualmente las estimadas señoritas Carmen Gutiérrez y Josefina Zepeda que bien podían, por su esmerada actuación, estar al lado de tantas celebridades que llenan en la actualidad los sets de nuestros estudios vernáculos.

Los hombres malos, los villanos de la cinta, montaban caballos muy hermosos, eran entre otros: Macario Álvarez, charro bien puesto en aquel entonces y don Jesús Bravo que quizá ni sea recordado con precisión por los entonces asistentes a su representación. Junto a esos hombres lucía sus habilidades de artista Alfonso Labat que se unió más tarde a la compañía teatral de la tan mentada Josefina Noriega. El sastre Francisco Rodríguez también se improvisó artista junto con Eduardo González Pliego que por muchos años actuó como locutor en la X.E.Q.

El fotógrafo del film fue Luis Santa María de la ciudad de México, autor además del argumento. Tomó parte igualmente Eduardo García Moreno, hermano del licenciado Roberto de los mismos apellidos.

La cinta cinematográfica se desarrollaba en Zinacantepec, en la Hacienda de San Pedro, propiedad de la familia Medina, en la Villa Ferrat por el rumbo del paseo Colón, en la Hacienda de Atenco y en Metepec.

Aquellas personas que asistieron a su exhibición recordarán seguramente la habilidad de Macario Álvarez y la estupenda fotografía en que Jesús Bravo, en una parte de la película daba una vuelta completa con el caballo, en caída aparatosa, en la que nada había de truco ni artificio.

Llamas de Rebelión toda hecha por personas ajenas al arte profesional, recorrió casi todo el país. Se exhibió en Zitácuaro, Morelia, Zacatecas, Tampico, la ciudad de México y le produjo mucho dinero a un señor de apellido Martínez y que, aparte de recibir las ventajas del film, le cobró al bueno de Fernando Medina algo más de cinco mil pesos.

Sobre su calidad artística nada podemos decir nosotros sobre el particular, colocados como estamos a tantos años de distancia y por no haber asistido a las funciones que se daban en aquel vetusto Teatro Edén ubicado en la hoy avenida Morelos en donde los señores Sánchez de la Ford acaban de levantar un suntuoso edificio.

Según informes obtenidos, fue tanto el éxito que, noche a noche, es teatro estaba lleno de bote en bote y por no caber la gente que se presentaba, el empresario, para dar gusto a todos los que querían ver en la pantalla a las personas tan conocidas de los vecinos tuvo que repetirla en el Teatro Principal, hoy cine Rex.

Fernando Medina, toluqueño ciento por ciento y uno de los hombres de corazón sencillo y ánima párvula, recibió en esa ocasión las felicitaciones más calurosas por ese gesto tan desinteresado y por su gran cariño a su ciudad natal.

¡Cuántas mujeres envidiaban la suerte de Chabela Ordoñez y cuántas otras no la censuraban por haberse prestado a figurar como la dama joven al lado del señor Medina quien aparecía de galán joven, personaje de gran mundo, dueño de una hermosísima Villa, rodeado de otros jóvenes que jugaban al tenis y bebían espumoso champagne en compañía de elegantes damas.

Con la ñoñería de algunos espectadores timoratos, hacía gran contraste el alboroto del pueblo que reía a mandíbula batiente en las escenas jocosas y se sobresaltaban cuando los revolucionarios Macario Álvarez, Alfonso Labat y Jesús Labastida asaltaban la diligencia que gentilmente había facilitado el conocido hacendado, don Antonio Barbabosa.

Nada importa para nosotros saber la calidad de la película en cuestión: pero nos conformamos con saber que ya gastada y maltrecha la copia, según el saber de algunas personas, se apartaron muchas escenas de charros y se usaron más tarde en otras películas; lo que expresa que fue muy meritoria la labor de  los artistas campiranos, auténticos charros de provincia.

Fernando Medina q.e.p.d. el amigo de tantos años, el hombre bueno y cabal, con su cabellera blanca y su sonrisa juvenil, fue indudablemente, lo repetimos con orgullo toluqueño, el hombre que, sin escatimar dinero y esfuerzo debe ser considerado como el precursor del cine nacional, como lo fuera más tarde en su calidad de artista incomparable, Elena Valenzuela, por ejemplo, en su principal papel de “Santa” la famosa novela de don Federico Gamboa.

Al escribir estas líneas, me siento verdaderamente emocionado, al estar recordando nombres de los vivos y de los muertos que, con entusiasmo y calidad en el trabajo y venciendo prejuicios, figuraron en ese film toluqueño que ostentaban orgullosamente, el título de Llamas de Rebelión.

(1) Federico Dávalos Orozco y Esperanza Vázquez Bernal, Filmografía general del cine mexicano (1906-1931), Universidad Autónoma de Puebla, Colección Difusión Cultural 4, Serie Cine, México, 1985, p. 95.

(2) Gabriel Ramírez, Crónica del cine mudo mexicano, Cineteca Nacional, México, 1989, p. 270.

(3) Ídem. p. 193.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s