Venustiano Carranza inaugura escuela de cine

Brevísima nota publicada en The Moving Picture World sobre la inauguración que Venustiano Carranza hizo de la escuela de cine que dirigirá Manuel de la Bandera.

La nota se titula Carranza favorece la pantalla y menciona que “el gobierno de Carranza ha oficialmente inaugurado en la ciudad de México una Escuela Nacional de Cinematografía, la cual estará dedicada a preparar artistas para trabajar detrás de cámaras. Manuel de la Bandera, un conocido actor local y pionero de las películas mexicanas ha sido nombrado director general de la escuela.”

Bastante escueta la nota, además de ser publicada casi un año después de que la escuela oficialmente se inauguró, que fue en abril de 1917.

Nota de The Moving Picture World de febrero 16, 1918

En Crónica del cine mudo mexicano (pp. 52-53), Gabriel Ramírez nos hace un detallado relato de los primeros intentos de fundar escuelas de cine en México, donde con antelación a la inaugurada por el gobierno de Carranza, De la Bandera fundó en 1916 una primera escuela en la que…

…lo primero sería empezar desde abajo, esforzándose por aprender a dominar los misterios del oficio estudiando todas sus reglas, para lo cual el actor y profesor de arte teatral en el Conservatorio y de declamación en la Normal, Manuel de la Bandera (1887-?), logró establecer en los altos del Palacio Blanco, primera calle de Uruguay, una academia de mímica a la que llamó Escuela de Arte Cinematográfico. Con el atavismo teatral a cuestas, el joven maestro y sus entusiastas discípulos se lanzaron entre fascinados, nerviosos y divertidos a prender las rígidas reglas del juego en ensayos diarios “que más bien parecen escenas de sordomudos”, según dijera un testigo presencial. Futuros actores todos ellos, con la capacidad económica para pagarse esas ridículas clases de gestos y movimientos, “casi todos visten con buen gusto y elegancia” y daban la impresión, a muchos, de estar allí por tratarse del pasatiempo del momento. En realidad, todos iban tras el éxito seguro e inmediato y a ninguno de ellos, a De la Bandera menos, se le ocurría pensar que les esperaba la aventura incierta y el negocio ruinoso.

Algunos de los alumnos eran Fernando Navarro, Salvador Alcocer, las hermanas Catalina y Josefina D’Erzell, Honoria Suárez, Agustín Carrillo de Albornoz, las hermanas Padilla, José Morales. muchos de los cuales participaron en las primera película experimental de la escuela, estrenada el 28 de julio de 1916 en el Teatro Lux, que era “un corto en que aparecían los artistas elegidos, ocultos sus verdaderos nombres tras pseudónimos, adoptando poses y haciendo gestos de los entonces llamados “cinematográficos”.

Venustiano Carranza, de barba y gafas, en Querétaro durante la promulgación de la Constitución de 1917

Ya para 1917 la situación política, según Gabriel Ramírez en la misma obra. (p. 56) había mejorado y:

[l]as bondades que el régimen mostraba hacia el cine pronto alcanzarían al esforzado Manuel de la Bandera, ya que “el propio presidente Carranza ordenó que se creasen en el Conservatorio Nacional de Música y Arte Dramático las cátedras de Preparación y Práctica del Cinematógrafo (y de) Ceremonial, Mímica y Maquillaje”, cuyo cargo le fue ofrecido a él por José María Macías, rector de la Universidad. Los cursos se inaugurarían el 24 de abril de 1917 y con De la Bandera colaborarían Luis G. Peredo y María Luisa Ross. De paso, se iba a adquirir todo el equipo técnico necesario para facilitarle a De la Bandera sus clases de actuación, ya que las mismas podrían filmarse “para que los estudiantes del difícil arte reconozcan, observándolos en la pantalla, los defectos que deben corregir para ponerse en aptitud de impresionar cine-dramas íntegros”. Los resultados quedaron muy por debajo de las expectativas y nada de lo que allí se hizo sobrepasó la fase experimental. Las pequeñas películas, supervisadas por él, estaban levemente interpretadas por la veintena de entusiastas alumnos de sus cursos y entre “los que más se distinguen (se encontraban) Carmela Patiño y Susana Aurelia Quiñones”. Otro corto de los que cabría hacer mención fue el interpretado por el cómico Héctor Serata, Aventuras de Timoteo, que le valió público reconocimiento. Serata, rápidamente bautizado con el previsible mote del “Chaplin mexicano”, probaría fortuna en Hollywood a fines de 1917.

Al poco tiempo, una serie de discrepancias entre De la Bandera y el rector Macías le obligarían a renunciar encomendándole la dirección de las cátedras a Julio Jiménez Rueda. Todos los buenos propósitos de la escuela se convertirían en nada al año siguiente.

Fue con sus alumnos de la cátedra de Preparación y Práctica del Cinematógrafo que daba en el Conservatorio Nacional de Música que De la Bandera debuta en el cine nacional como director con la cinta Triste crepúsculo, una banal historia familiar donde el melodrama invade toda la cinta.  El productor y director fue el propio Manuel de la Bandera. El argumento es de él y María Luisa Ross. La fotografía de Carlos Martínez de Arredondo. Los intérpretes fueron Eugenia Ramírez (doña Julia, la madre), Carmen Patiño (Rosaura, la hija mayor), Leonor Dávila (Aurelia), Guadalupe Vela (María), niña Josefina Gaona (Lupita), Ana María Sánchez (Isabel), Clementina Patiño Izquierdo (Conchita), Juan de Dios Arellano (don Rogelio), Fernando Navarro (Melquiades), Juan Cordero (Juan, el hijo del hacendado), Emilio Gómez, Salvador Alcocer (el indio mandadero), Aurelia Quiñones.

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