Guillermo Calles, el primer mexicano en Hollywood

Artículo tomado de http://www.mexfilmarchive.com/ y de la pluma de Rogelio Agrasánchez Jr. director del Agrasánchez Film Archive.

Ser un director de cine mexicano en Los Ángeles, California, durante los años veinte del siglo pasado era considerado algo bastante fuera de lo ordinario. Más inusual era, sin embargo, el físico y tez que presentaba Guillermo Calles: provenía de una familia con raíces indígenas. Su madre descendía de indios Tarahumaras de la Sierra de Chihuahua. Guillermo nació en 1893 y su infancia transcurrió en los campos mineros de Arizona. Su madre y hermano vivieron un tiempo en Clifton, Morenci y Silverbell. Para 1913 el joven de veinte años se encuentra trabajando en los Estudios Lubin de Los Ángeles. Ese año Calles actuó en la película A Mexican Tragedy. También tuvo apariciones en varias películas producidas por Jesse Ladky y dirigidas por Cecil B. DeMille, entre las que destacan: Joan of Arc, The Squaw Man y The Virginian.

Posteriormente Calles se integró al equipo de la Vitagraph Company, donde William Duncan le ofreció un contrato por cinco años. En Vitagraph, Calles interpretó personajes indios, la mayoría de las veces sin darle el crédito en la pantalla; en algunas ocasiones, cuando sí le daban el crédito lo nombraban William o Willie Calles. Actuó en seriales como The Fighting Trail, Smashing Barries, A Fight for Millions y Man of Might por mencionar algunos. Los seriales los constituían varias cintas que de manera uniforme contaban una aventura y se estrenaba un capítulo por semana. Normalmente estaban constituías por una docena de películas. Por mencionar un serial mexicano de la época y que por desgracia se mutiló para convertirla en un largometraje: El automóvil gris de Enrique Rosas. Durante su estancia en Vitagraph, aparte de ser un actor consumado, Calles se convirtió en experto en varias fases del quehacer cinematográfico. Su ambición era convertirse en director. Los ejecutivos de la Vitagraph estuvieron de acuerdo en darle la oportunidad de alcanzar su sueño, siempre y cuando adquiriera la ciudadanía americana. Calles desdeñó renunciar a la ciudadanía mexicana, por lo que la oportunidad de dirigir se esfumó. Por primera vez en varios años, se encontró sin contrato con alguna compañía.

El espíritu aventurero de Calles lo llevó a ir a la Ciudad de México donde se unió con otro visionario y pionero del cine nacional, Miguel Contreras Torres. Imbuidos de un nacionalismo a ultranza, los dos hombres filmaron De raza azteca. En el film, Contreras Torres se veía a sí mismo como un intrépido ranchero quien se hace amigo de un descendiente de los aztecas (Calles). Resulta que el indígena y el hacendado usan anillos similares, lo que prueba que ambos poseen sangre azteca. De una rara mezcolanza, De raza azteca también incluía a un grupo de bandidos que más bien parecen vaqueros texanos. Después de cometer varios crímenes y herir por error al indio, los bandidos son finalmente aprehendidos. Cuando se estrenó la película, los críticos cinematográficos señalaron que la cinta reafirmaba los peores estereotipos creados por Hollywood. Los periodistas también comentaron lo absurdo que resultaba el guión pues estaba filmada “en el clásico estilo de los seriales de William Duncan.” La cinta pudo haber tenido varias deficiencias, sin embargo el público mexicano la disfrutó mucho, así como los  hispanohablantes en los Estados Unidos.

Después de esta colaboración, Calles regresó a Hollywood para continuar su trabajo como actor. Su carrera continuó viento en popa hasta mediados de los años 20. Su presencia en pantalla en la película Behind Two Guns le dio una cierta fama. La película, un western filmado en 1924 fue dirigido por Robert N. Bradbury y producido por Anthony J. Xydias. En esta cinta de aventuras y duración de una hora, Calles interpreta un apache llamado “Águila pie lento”, el ayudante de Elijah Cutter, el héroe interpretado por J. B. Warner. El dúo se encarga de descubrir al ladrón de una diligencia, quien utiliza el hipnotismo para que otras personas sean las que roben por él. Behind Two Guns es una de las pocas cintas mudas donde Calles actúa que sobrevive.

Guillermo calles actuó en otras cintas hechas por el equipo conformado por Xydias y Bradbury, donde el protagonista fue Roy Stewart. Al menos, una de ellas ha sobrevivido. Se trata de With Daniel Boone through the Wilderness de 1926. Neal Hart también lo utilizó en varias de sus cintas, entre las que destacan The Fighting Strain, The Purple Brand y The Veredict of the Desert. Pero para Guillermo Calles eso no era suficiente, él quería dirigir sus propias películas. El declive de los seriales lo obligó, después de 1925, a buscar nuevas oportunidades.

Guillermo Calles 2

En 1926, finalmente logró producir, dirigir y protagonizar El indio yaqui. La película filmada en los Estudios Universal de California y en Sonora, México. Varios de los amigos y conocidos de Calles, actores ocasionales, se involucraron en el proyecto: Neal Hart, Roy Stewart, Betty Brown, Joe Ryan y Walter Shumway. El resto del elenco lo conformaron José Duarte, Agustina López, Juan V. Calles y José Domínguez.

La cinta trata de un indio yaqui, Ramón Tollos, quien busca refugio en un pueblo de Arizona a raíz del asesinato de su padre a manos de un desalmado hacendado mexicano. Poco después, nace un amor platónico entre Ramón y la bella Betty Anderson. Sin embargo, ella termina siendo violada por un rico hacendado y acaba suicidándose. Como venganza, Ramón mata al rico hacendado, pero durante la pelea es herido de muerte por los pistoleros de éste. El indio yaqui es enterrado junto a Betty y la cinta finaliza con imágenes de Ramón y su enamorada “subiendo las escalares para llegar al trono más alto.”

A pesar de ser filmada con recursos muy limitados, El indio yaqui tuvo un gran impacto en las audiencias hispanohablantes. Una de sus virtudes fue la restauración del orgullo de muchos mexicanos que vivían en Estados Unidos a quienes se les había vilipendiado en varias imágenes del cine hollywoodense. Por esta razón, muchos asistentes vieron con entusiasmo y orgullo al personaje indígena quien con coraje y autosacrificio se sobreponía a toda vicisitud. Después de su proyección en California, Arizona y Texas se estrenó en la ciudad de México en marzo de 1927 y posteriormente en Veracruz, Mérida y otras ciudades del país.

En El indio yaqui, el primer perro actor del cine nacional hizo su debut: fue Águila, el bulldog de Calles, el cual se supone le regalo Rodolfo Valentino.

Guillermo Calles y el Pascual Ortiz Rubio en el Castillo de Chapultepec
Guillermo Calles y el Pascual Ortiz Rubio en el Castillo de Chapultepec

A continuación, Calles filmó Raza de bronce, una cinta de corte nacionalista y patriótica que buscaba restablecer un visión positiva de la ciudad de Mexicali. Producida por el empresario local Rafael Corella, la película presentaba “los magníficos edificios y los avances más palpables de la ciudad.” La trama describe a un indio renegado (Guillermo Calles) quien, después de ayudar a la defensa de Mexicali de los ataques filibusteros, recupera su orgullo racial y étnico. Las escenas de batallas fueron actuadas por efectivos del ejército nacional.

Al año siguiente, Calles dirigió y protagonizó Sol de gloria, filme que se estrenó en el teatro México de Los Ángeles en 1928, donde La Opinión, periódico de habla hispana, la alabó como “Non Plus Ultra” y la promovió anunciando que la noche del estreno varias luminarias asistirían: Charles Chaplin, Lita Grey, Roy D’Arcy y William Duncan entre otros. El diario hispano publicó varios anuncios para promover Sol de gloria donde se destacaba que era “la mejor película mexicana que posee como sus temas centrales el amor, la intriga, el misterio, animales feroces, ejecuciones por fusilamiento y emocionantes escenas de gran impacto.”

Después de la première, Sol de gloria se proyectó en varios cines de California y otros estados del país norteño. Willie Calles y la actriz protagonista, Carmen La Roux, viajaron a Texas para promover el filme. Después de una première en Houston, la película se proyectó en el Teatro Nacional de San Antonio en enero de 1929. Como de costumbre, Calles subió al escenario para agradecer la presencia del público donde “explicó que su trabajo intentaba ser la base para la creación de una industria cinematográfica mexicana.” Continuamente era acompañado por su perro Águila, al cual Calles hacía recrear algunos trucos para el respetable. También era recurrente, que cuando se exhibían las películas nacionalistas de Calles, éste se presentara vestido con un elaborado disfraz de caballero azteca.

El éxito de Sol de gloria, pavimentó el camino para que Guillermo Calles filmara su cuarta película. A mediados de 1929 Calles se encuentra en plena filmación del drama Dios y ley, cinta que incluía escenas filmadas en las playas de Malibu. Guillermo Calles, Carmen Guerrero y como el villano José Domínguez estelarizan la cinta. La película de nueve rollos muestra varios efectos especiales en la escena climática: un destructivo terremoto y la erupción de un volcán en la tropical Tehuantepec. A pesar de que Dios y ley se filmó de forma muda, el director le adicionó luego una banda sonora sincrónica a varios de los rollos. Cuando esta nueva versión se distribuyó, los críticos en Los Ángeles consideraron que le quitaba “fluidez en los diálogos y en las intenciones dramáticas.” Sin embargo, el público continuó llenando los cines para ver la última obra de Guillermo Calles, quien se había convertido de alguna forma en un cineasta controversial. En Phoenix, Arizona, Dios y ley inflamó los sentimientos mexicanos de algunos espectadores. Se quejaron que la cinta “mostraba una vida de salvajes y llena de crímenes” y la consideraron una “muy mala propaganda para el país y los mexicanos.” Es probable que las muestras de descontento nulificaran el verdadero significado que buscaba mostrar la película. Cincuenta años después ya sin la presencia de Guillermo Calles, la cinta se convirtió en un ejemplo pionero de las primeras películas mexicanas que experimentó con el sonido.

Guillermo Calles

En todos sus proyectos, Calles siempre tuvo el apoyo de su numerosa familia: su madre y hermana, así como varios sobrinos y sobrinas quienes aparecen en varios de sus filmes. Su sobrino José – tan solo tres años más joven que Calles – fue más conocido como José Domínguez y siguió una carrera en cine y televisión como actor de reparto durante varias décadas.

A continuación, Calles produjo y dirigió El charro en 1930; película ésta bastante oscura, pues los únicos documentos que prueban su existencia son algunos anuncios, fotografías y contados “lobby cards”.

Después de esta cinta, Calles tuvo la oportunidad de dirigir Regeneración, una cinta parlante filmada en Hollywood y producida por J. H. Hoffberg. Esta cinta de cinco rollos cuenta los últimos años de un actor de teatro alcohólico. Entre los actores que actuaron en este filme se encuentran la popular cantante Dorita Ceprano y los hermanos Areu. Regeneración se estrenó en Los Ángeles en el Teatro California en diciembre de 1930, justo al mismo tiempo que iniciaba la recesión causada por el crack de 1929. Regeneración tuvo una larga vida ya que formó parte del espectáculo de Ceprano durante cerca de diez años. La llegada del sonido y los años de depresión económica afectaron duramente la carrera de Guillermo Calles.

A pesar de los problemas, Calles planeó filmar un travelogue (especie de documentales que describían viajes y que estuvieron en boga durante la primera parte del Siglo XX) a inicios de 1932. Quería mostrar al mundo el verdadero México. Viajar en coche desde Los Ángeles a la ciudad de México sería el marco perfecto para descubrir personas y lugares nunca antes filmados. El viaje sería hecho durante el trayecto por la nueva carretera que el gobierno mexicano construía entre Nogales, Sonora y la ciudad de México.

Con solamente dos mil dólares y un espíritu indomable, Calles inició su aventura. Convenció a su esposa, Angelita Salcedo y su amigo de la Vitagraph, el fotógrafo Ernie Smith de que lo acompañaran en el viaje. Incluyó en el periplo a su perro Águila y a bordo de su Cadillac inició el viaje. El periódico La Opinión reportó el inició de la filmación en enero de 1932. El alcalde de Los Ángeles, John C. Porter, habló para la cámara y le entregó una carta a Calles para que se la entregara al Presidente de México a su llegada a la capital.

El viaje siguió la ruta del Pacífico a través de los estados de Sonora, Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Michoacán y finalmente México. Guillermo Calles buscó de todas las formas posibles hacer de la filmación un evento lo más posible tranquilo, pues llevaba consigo varias cartas de recomendación emitidas por el cónsul de México en Los Ángeles para que las autoridades locales de los puntos geográficos por donde pasara le brindaran toda la ayuda posible. Durante los traslados por carretera su fotógrafo, Ernie Smith, capturó en cinta monumentales vistas naturales del norte del país, mientras que en los poblados y ciudades filmaba escenas callejeras, monumentos arquitectónicos, iglesias, así como carnavales, casamientos y cualquier evento social que presenciaran. En otras ocasiones, Calles se reunía con líderes indígenas de varias etnias, tales como Coras, Huicholes y Yaquis quienes lo agasajaban con regalos y artesanías. Uno de los momentos más destacados del travelogue es la imponente vista de Plan de Barrancas, donde se aprecia la magnificencia del cañón. En Plan de Barrancas, Calles se reunió con el Coronel Filiberto Gómez, funcionario responsable de la construcción de la carretera donde filmó a cientos de obreros en plena faena.

La filmación continuó durante todo el viaje hasta que llegaron a la capital donde Calles se logró reunir con el Presidente de México, Pascual Ortiz Rubio en el Castillo de Chapultepec. En una escena, filmada en el patio del castillo se ve a Guillermo Calles entregando la carta del alcalde de Los Ángeles al presidente. Le tomó a Calles cerca de tres meses terminar el viaje. Al regresar a Estados Unidos, Calles se encaminó a la Casa Eastman para proceder a revelar y editar el documental que tituló Pro-Patria. Con una longitud de nueve rollos y la narración del periodista Gabriel Navarro, el documental tuvo su première en el Teatro México de Los Ángeles en julio de 1932. Muchos invitados especiales acudieron a la noche del estreno, entre los que destacó la presencia del actor y cantante José Mojica. Para febrero, Calles empacó sus cosas y el documental para encaminarse a la ciudad de México para su exhibición en el país.

Guillermo el Indio Calles

Al igual que las cintas filmadas previamente por Calles, Pro-Patria fue olvidada y nunca más se exhibió públicamente. Las películas mudas de Calles están perdidas o se destruyeron, sin embargo Pro-Patria logró sobrevivir los avatares del tiempo, a pesar que el dueño del documental no lo hace público.

También en 1932, pero a finales, Calles tomó una decisión trascendental en su vida: se mudó de California a la ciudad de México, donde al poco tiempo se encontró dirigiendo películas y actuando en varias de ellas. Debido a su perfil indígena, Calles sufrió discriminación en el medio cinematográfico nacional y a fines de la década dejó de dirigir y tuvo un retiro temporal de la actuación.

Para 1943, reapareció como actor y continuó actuando por el resto de su vida en breves papeles en el cine nacional y algunas cintas hollywoodenses filmadas en México como la gran obra de John Huston El tesoro de la Sierra Madre con Humphrey Bogart.

Los productores Rosas Priego tuvieron la idea de contratar a Calles para dirigir un serie de cintas en 1954, pero se encontraron con la negativa del sindicato de directores, sindicato del cual el mismo Calles había sido fundador. Calles consideró esto una afrenta a su condición de trabajador y comenzó una huelga de hambre durante tres días para hacerse escuchar. El sindicato reculó, pero Calles nunca volvió a dirigir. Murió en 1958.

(traducción LRE)

 

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