Los cines de la familia Iracheta en Toluca

Los siguientes datos relacionados al cine en Toluca están tomados de la obra Toluca: 200 historias de familia (pp. 275-288) de Guillermo Garduño Ramírez publicado por el Ayuntamiento toluqueño. El capítulo se titula Alfonso Iracheta, su cinema Paradiso y Auris. Mantengo sintaxis y ortografía del original de la entrevista a Alfonso Xavier Iracheta.

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En esa época a mi abuelo se le ocurre, por razones que desconozco, construir cines, entonces él empieza con el Iracheta en la ciudad de Pachuca que fue un hito, fue el centro social por 30 años o más porque era mucha más que un cine.

Con esa experiencia le pide a mi papá que se mueva de Pachuca, lo manda a la ciudad de Toluca, después estuvo en Cuernavaca, regresa a Toluca y con socios, como Ernesto Monroy, el licenciado Carracedo crearon el cine Florida y rentaron al gobierno del estado el teatro de la escuela Justo Sierra para hacer el cine Justo Sierra.

El que nació de Cuernavaca, fue el cine Ocampo. Anteriormente, en este proceso, mi tío Francisco Iracheta fue productor de películas, entonces él tuvo oportunidad de asociarse con Gonzalo Elvira y produjeron muchas películas interesantes, con Arturo de Córdova y actores de esta naturaleza en la época de oro del cine mexicano.

De ahí mi papá mantuvo esta relación con los cines, tuvo la oportunidad de invitar, en su tiempo, actores y actrices de gran relevancia, me acuerdo todavía haber conocido a Pedro Infante, por ejemplo, en el despacho de mi papá, vino a dar un espectáculo el doctor IQ, Jorge Marrón, que mucha gente lo recordará.

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Me mandaba a mis 14, 15 años a suplir al gerente del cine Justo Sierra los jueves y él descansaba los martes. Entonces yo iba el martes, me tocaba desde sacar el boletaje, dárselo a la boletera, abrir la dulcería, poner el dinero básico para los cambios, al final cerrar con el interventor de la casa de películas, cualquiera que tú te imagines, las grandes películas.

Mi papá iba los lunes, seleccionaba las películas, las rentaba para la siguiente semana, para el siguiente mes, al final hacía el corte, los cálculos que era una fórmula complicada, recogía el dinero, recuerdo algo de mi ciudad que es maravilloso y que desapareció.

Desde mi inocencia a los 14, 16 hasta los 18 años la inocencia de plena seguridad de las calles, es algo que recuerdo y te lo digo con una experiencia fuerte, salía del cine Justo Sierra por la calle que ahora se llama Morelos que era la calle de Mina que medía no más de seis metros de ancho, no tenía luz, me venía caminando con una bolsa de lona con todo el dinero de la dulcería y de la venta de boletos y el rollo de boletos del día.

Iba caminando feliz a las diez de la noche que se hacía el corte, un escuincle de 15, 18 años y mi papá estaba en el cine Florida sin ninguna preocupación. Ten cuidado, no exageres, ¡no!, ten cuidado, cómo se te ocurre hacer eso que es lo que ocurre en estos días.

Me acuerdo que me acompañaba casi siempre la mitad del camino Roberto Pereda, quien era el operador de los aparatos de cine, él fue el que me enseñó a utilizar, aprender a usar los aparatos del cine, el cambio, a poner los carbones que daban la luz, el choque eléctrico que encendía los carbones y cómo enrollar y desenrollar las películas, que venían casi todas en seis, ocho rollos, cómo embobinar y toda esta cuestión.

Muchas veces hacía el trabajo de operador en las películas, sobre todo lo hice mucho en el Justo Sierra. Íbamos los cuates, era el hermano de Vicente Pereda, el futbolista, nos íbamos caminando, nos quedábamos en los tacos de la Villadita, comíamos unos tacos juntos, platicábamos y luego adiós y yo me iba caminando a ver a mi papá a entregarle cuentas, tenía que llegar ahí antes de las 10 y media porque él ya había hecho los cortes en el cine Florida.

Nos íbamos caminando a la casa. Si algo recuerdo es eso.

Dr. Alfonso Iracheta.
Dr. Alfonso Iracheta.

Recuerdo algunas cosas “negativas”, cuando los estudiantes de la Universidad se metían al cine, me tocaba estar ahí en lugar de mi papá y de repente llegaban, me acuerdo con mi compadre Pedro Guerra que estaba enfrente en la Gran Mercería me cruzaba, compadre ayúdame porque ahí vienen los de la prepa y yo estaba en primero de facultad o en tercero de prepa, eran mis amigos, eran mis compañeros.

Recuerdo aquel pasillo del cien Florida, antes de la escalera que les decía tranquilos van a entrar, coopérense, si quieren compren algunos boletos para que no sea tan grosero el asunto, no, van a pasar, nada más les pido tranquilidad.

Me acuerdo una vez, que estaba con mi compadre al momento de abrir la puerta, la señora que recibía los boletos era una viejita que se llamaba Luchita, era una mujer de 75 años, chaparrita ya encorvada, estaba recibiendo boletos, estaba parada viendo a los muchachos y mi compadre y yo con dos trabajadores del cine tratando de detenerlos y que empiezan a empujar, suben corriendo, llegan, avientan la puerta que eran unos portones de cristal gigantes, le pega la puerta a Luchita, la tira y el cristal se desprende y se rompe.

Me dio mucho coraje y al primero que entró me lo desconté y Pedro igual y armó una gresca en torno a nosotros junto a la dulcería y se metieron ahí los trabajadores, y se metieron así, pues paré la película, le hablé al secretario de la preparatoria que era Juan Maccise, mi cuate y el director era Jorge Bernáldez, llegaron ellos y fuimos fila por fila, a ver tu credencial.

Habían destruido como cien butacas a navajazos, a patadas, los baños dos, tres migitorios tirados, fue un momento complicado, y eso ocurría de vez en vez, menos silvestres, llegaban con mi papá y queremos entrar y no tenemos dinero, un martes, un miércoles que el cine estaba a la mitad, mil 200 lugares que pasen no hay ningún problema.

Mi papá, de hecho, una de sus características, era que llegaban amigos míos o amigas y le decían, qué tú no eres amiga de Alfonso, Joaquín o alguno, sí señor, pues esta película no es para ti así que no entras y no los dejaba entrar por esas visiones que se tenían en aquella época, era un mundo mucho más pequeño, más cerrado.

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Un último detalle, te tocó la caída del cine Justo Sierra.

Creo que nosotros ya no estábamos, nos ocurrió un accidente en el cine Florida, que en una tormenta, una tromba se empezó a colar por el techo que era de lámina, se empezó a colar el agua, cayó en un plafón que era de yesó y se desprendió un pedazo, yo creo que como el tamaño de esta habitación, de dos por cuatro metros, ocho metros cuadrados y cayó en galería, en la parte alta, reventó y le salpicó a tres o cuatro personas, porque fue un día muy noche, como a las 9, era una película muy buena y en miércoles que teníamos poca gente.

Me acuerdo que mi papá estaba preocupadísimo por eso y se apoyó y se indemnizó con el médico, con el cambio de la ropa, fue muy poco y fue el único accidente que yo recuerdo, los otros fueron las entradas violentas de los chavos.

Te acuerdas de la inauguración del cine Florida.

No me acuerdo, de lo que me acuerdo es que presentó el Manto Sagrado y Demetrio el Gladiador, Cinemascope y color que fue prácticamente la inauguración del cine, pero fue un poco como un año después.

La primera fue el Príncipe Valiente.

Qué buena memoria tienes, no me acuerdo, para mí, tú te vas vacunando, me acuerdo tardes que quería jugar, tenía que estudiar y mi papá estaba enfermo o se enfermaba, decía oye vete al Justo Sierra, ni modo, como que me vacuné del cine, voy muy poco al cine.

A mí mujer le gusta ir al cine, a mi hijo Pepe es un fanático grueso, tiene una colección de videos, sobre todo película de arte, ha hecho algo de cine muy infantil en su preparatoria, tomó un curso importante sobre cine aunque se ha dedicado a otras cosas, como él aprendió la parte bonita del cine por lo que escuchó de mi papá y lo escuchó de mí, pero, viví la parte de muchos días.

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Viví un Cine Paradiso en ese sentido, lo viví porque finalmente acompañé a mi papá en la parte trágica de esto, que los monopolios del cine en México empezaron atacar a los independientes de una manera agresiva.

Me acuerdo cuando querían el cine Iracheta, había una compañía muy grande que se llamaba la Cadena de Oro, que dirigía Gabriel Alarcón y este señor casi personalmente empezó uno por uno a los independientes del país a presionarlos para que vendieran y para crear un monopolio, al tiempo que el gobierno mexicano creó la operadora de teatro, entonces fueron trabajando en paralelo, como que fueron compitiendo entre ellas.

Pero los cientos de independientes o decenas que había, el único que sobrevivió fue Ramírez, que se convirtió en el rey del cine ahora, en Cinépolis.

Me acuerdo que el cine Iracheta fue una presión muy fuerte hasta que la cadena, primero fue la Cadena de Oro que nos presionó para ya no seguirla operando directamente, después se le rentó a la operadora de teatro.

Mi papá me mandaba a México a cobrar el cheque de la renta, me acuerdo que me iba en un Turismo, esos autobuses grises, iba al portal, me compraba mis tortas con el Ojeis, me compraba mi refresco, me subía al autobús, me sentaba hasta atrás, me comía mis tortas, el viaje entonces, era padrísimo.

Me bajaba en Reforma y Constituyentes y me iba caminando o en un pesero hasta donde ahora está el Monumento a Benito Juárez, pero es donde ahora está la Secretaría de Relaciones Exteriores.

 

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