“Beau Geste” en el Cine “Olimpia” de México (1927)

Las siguientes críticas al filme Beau Geste son de Marco Aurelio Galindo de El Universal Ilustrado y de L de L crítico de Excélsior; ambas se publicaron juntas en el Mensajero Paramount de abril de 1927, pp. 18-19.

Fotografía publicada en Mensajero Paramount de junio de 1927
Fotografía publicada en Mensajero Paramount de junio de 1927

“Beau Geste” en el Cine “Olimpia” de México

Marco Aurelio Galindo, el conocido crítico cinematográfico de El Universal Ilustrado, popular revista semanal que se publica en la ciudad de México, después de calificar a Beau Geste de “la mejor película de la semana; la mejor dirección de la semana y la mejor interpretación de la semana,” escribe el siguiente interesante artículo que gustosos reproducimos:

“El Cinema Olimpia, el único cinema de la América Latina, según nos ha dado el gustazo de insistir una y otra vez, como insistimos sobre ser nuestro el mérito y que pueda concederse al descubrimiento de John Gilbert, nos abre nuevamente las puertas, esta vez bajo los auspicios, económicamente pródigos, de la Famous-Players Lasky, la que inicia su patrocinio con Beau Geste, de Herbert Brenon.

De las flamantes producciones que la Paramount corre ahora por los teatros neoyorquinos, ninguna de tan manifiestas y recias cualidades como la que ha querido poner en la pantalla del Olimpia el día de la reapertura. Nos hemos precipitado a verla con el entusiasmo, tan relativo como desconfiado, que hiciera nacer en nosotros la lectura de tres o cuatro críticos broadwayanos más o menos respetables y más o menos atendibles. Pero el entusiasmo con que nos llegáramos a nuestro cinema favorito, reflejo inexacto del entusiasmo de aquellos críticos de la Gran Vía Blanca, vióse, dichosamente, justificado en absoluto. Nos hemos embebido en Beau Geste como en muy contadas ocasiones nos embebiéramos en película alguna. Y es que Beau Geste constituye, primordialmente, una novela intensa, un fotodrama móvil y vivido. Lo hemos visto, del título al sello Paramount del final, con un interés que se acomoda sin esfuerzo y muellemente al adjetivo de creciente, por mucho que un temor a parecer reclamistas de una u otra naturaleza nos empujara, por un momento, a abstenernos de ponerlo allí.

 Beau Geste es un melodrama de aventuras, aunque alguien, Mr. Shean, quizás, fuera a tenerlo por otra cosa que él mismo ignorase cómo calificar; un melodrama de aventuras del mismo carácter, precisamente, que mostrara el Miguel Strogoff, de M. Tourjansky y Jules Verne. Solo que en Beau Geste tropezamos, para regocijo nuestro, con un asunto sensacionalmente original y, en ocasiones, abundante en la emotividad necesaria para elevarlo sobre el nivel común del melodrama. Tropezamos con algo más: con un grupo de personajes humanamente novelescos, que tienen mucho de héroes, pero no poco de hombres, vibrantes de simpatía y de valor, que tienen un bello gesto humanamente posible y no, como quisiera tenerlo el Miguel Strogoff de las admiraciones de Mr. Shean, irritantemente sobrehumano.

Fotograma que acompañó el artículo que publicó Mensajero Paramount en su número de abril de 1927
Fotograma que acompañó el artículo que publicó Mensajero Paramount en su número de abril de 1927.

A la verdad, ignoramos de qué punta coger esta producción de Herbert Breno, quien se hiciera acreedor a nuestra gratitud más alborozada por su Peter Pan, si hemos de dejar caer alguna acre palabra sobre uno u otro de los factores que contribuyeran realizarla. La encontramos demasiado bien para eso, demasiado acabada para que nuestro invariable despecho hallara aquí motivos de desahogo. Más no es por otra cosa que nos felicitamos, sinceros aficionados al cinema que somos en el fondo, Beau Geste es una preciosa película, una espléndida novela en imágenes móviles que ha de agregarse que la serie de buenas películas que la Paramount persiste, de unos dos años o poco más a esta parte, en traernos a las pantalla, con sus naturales y muy excusables excepciones.

Herbert Brenon halló, en el escenario de Paul Schofield de la novela de Mr. Wrent una oportunidad más de probar, a quien hubiera de detenerse a prestarle atención, que sabe ver y hablar con los ojos y la palabra del cinematografista: con el objetivo de la Bell & Howell. Nos ha enviado así una obrita en doce tambores excepcionalmente bien desarrollada, milagrosamente construída, no menos como película cinematográfico que como relato novelesco. Ha hecho, al propio tiempo, un trabajo más difícil : capturar, para llevarlo al lienzo blanco e inquietísimo, el sabor de su “lócale” así como el romántico empuje de los tres hermano Geste, por no decir más de la sabrosa movilidad del cuento. Nos ha conducido por los desiertos africanos, ardorosos y mudos, áridos y traidores, hasta el confort elegante de una vieja mansión inglesa; nos introdujo poniendo en nuestro ánimo buena parte de supersticioso terror que alentaran los cuatro o cinco “legionnaires” que hubieran de acompañar al Comandante de Beaujoláis, al fuerte Zinderneuf, cuidado de centinelas muertos y al mando de un jefe asesinados por uno de los propios . . . Muchas cosas supo hacer Mr. Brenon con su Beau Geste, muchas cosas que sabremos estimarle como le estimamos aún y aún le estimaremos por largo tiempo su Peter Pan. Le agrademos, sobre todo, muy íntimamente, el efecto general de su obra, tan sobresaltante, tan emotivo, como grato y amable resulta al espíritu el espectáculo de ese firme afecto fraternal que uniera uno al otro a Michael, a Beau, a Digby y a John Geste, tres sanos y nobilísimos muchachos ingleses.

Inútil resulta, en realidad, venir ahora, de lo anterior, a decir nada de los intérpretes, que quisieron colocarse a la altura de la nobleza o la ruindad de sus individuos, teniendo simplicidad de gesto, firmeza de la acción o intensidad de color, según el papeI que a cada uno se le diera a cuidar, en la tesis preciosa y exacta. Apenas si queremos citar, particularmente, a Noah Beery, que, no por la primera vez, cierto es, nos dé una caracterización tan sabrosa. Su sargento Lejaune, en su suntuosa crueldad y su inquieta actividad en la defensa del fuerte, se nos ha quedado más allá de los ojos tan reciamente como guardamos memoria de su propio cazador de infiles en La Horda Maldita.”

Mensajero Paramount, abril 1927OTRA OPINIÓN MEXICANA

‘L de L,” cronista cinematográfico de Excélsior, el gran rotativo de México, escribe:

“’La reapertura del cine Olimpia ha sido el gran suceso, no solamente por encontrar el público reformas y comodidades que antes no tenía sino también, porque hemos visto en él una de las películas más bellas, que se pueden filmar; me refiero a Beau Geste (Bello Gesto) quieran que no, los que traducen de otro modo el título, cuya traducción se vé confirmada por la fábula  desarrollada con admirable ingenio.

Difícil es encontrar novedad en los argumentos de películas, en ésta se ha encontrado. Me dicen que se trata de una conocida novela inglesa; no lo niego; de todas suertes, hay tanta pasión en todas las escenas, tanto verismo en los momentos más culminantes, tanto ambiente trágico en la obra, que el espectador se extasía diciendo: ¡qué nuevo!… ¡qué bello!… ¡qué interesante, es todo esto!…

El talento de Herbert Brenon se ha puesto de manifiesto dándonos una película tan superior. Aquellos panoramas en las inmensidades del desierto de Sahara ; aquel prólogo lleno de emotividad, rodeado de misterio, excitando la fantasía del que lo contempla ; aquel fuerte perdido en aquellas soledades, y que ha de servir de tumba al protagonista, al valiente y heroico Geste, aquellas serias escenas en la mansión señorial de Lady Brandon, a donde se verifica el robo del zafiro, que todos creemos bueno, y que es el fondo de la fábula, el que da lugar a que los tres hermanos se acusen como ladrones, y huyan de la casa a la Legión Extranjera a pelear por Francia, con ánimos de no volver jamás, castigo que se imponen los temerosos de caer en las garras del Código Penal. Y, luego aquellos combates, aquellas miserias, aquellos castigos del feroz sargento Lejaune magnífico tipo del talentoso Noah Beery, aquel cuadro, en que se coloca en cada tronera del fuerte, un cadáver para que crean los árabes que hay numeroso ejército encerrado y dispuesto a combatir; todo ello parece página arrancada a un poema clásico de inmortales héroes.

Beau Geste tiene a su favor la excelente interpretación de Ronald Colman, cuya sobriedad, cuyo talento escénico, ha llegado a gran altura en esta obra. Aquella cara, aquel aspecto, aquel modo de vivir el tipo, son de un actorazo. Neil Hamilton y Ralph Forbes en los otros dos hermanos, trabajan como pocas veces los hemos visto, ya que la película es un cántico hermoso al cariño de la fraternidad de tres jóvenes, que en la vida y en la muerte se aman, y son inseparables.

Uno solo regresa a Londres; el mayor, el héroe muere en el combate en el fondo del fuerte. El que le sigue le hace los funerales de un héroe, y cubierto con la bandera inglesa prende fuego a la fortaleza, y allí quedan carbonizados los restos del valiente. El que esto hace, cumpliendo sagrado juramento, fallece en las inmensidades del desierto, víctima de la sed, y junto a su camello muerto, y el tercero llega al hogar, para referir tragedia tan homérica.

La adaptación musical, muy bella y muy gráfica, retratando las escenas culminantes con verdadera inspiración, y por si algo faltara, Alice Joyce nos da el tinte romántico de la gran dama inglesa, educando a sus tres sobrinos con intensos sacrificios, por el abandono de su esposo, que la niega todo recurso.”

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