Un Chaplin mexicano en Los Ángeles (1918)

Salvo Gabriel Ramírez en su Crónica del cine mudo mexicano no hay otra noticia sobre este personaje y la película que protagonizó, Aventuras de Timoteo. De Héctor (Cerata, Serata o Serrata), cuyo apellido el investigor escribe de estas tres formas y conocido como Timoteo comenta:

Las bondades que el régimen mostraba hacia el cine pronto alcanzarían al esforzado Manuel de la Bandera, ya que “el propio presidente Carranza ordenó que se creasen en el Conservatorio Nacional de Música y Arte Dramático las cátedras de Preparación y Práctica del Cinematógrafo (y del) Ceremonial, Mímica y Maquillaje,” cuyo cargo le fue ofrecido a él por José María Macías, rector de la Universidad. Los cursos se inaugurarían el 24 de abril de 1917 y con De la Bandera colaborarían Luis G. Peredo y María Luisa Ross.

Los resultados quedaron muy por debajo de las expectativas y nada de lo que allí se hizo sobrepasó la fase experimental. Las pequeñas películas, supervisadas por él, estaban levemente interpretadas por la veintena de entusiastas alumnos de sus cursos.

Otro corto de los que cabría hacer mención fue el interpretado por el cómico Héctor Cerata, Aventuras de Timoteo, que le valió público reconocimiento. Cerata, rápidamente bautizado con el previsible mote del “Chaplin mexicano”, probaría fortuna en Hollywood a fines de 1917. (p. 56)

Del alumno de Manuel de la Bandera, quien fuera el primer maestro de los histriones especializados en cine mudo, Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 591) publicó la siguiente breve nota:

Un Chaplin mexicano

Breves rasgos de la historia corta de un artista. El triple bautismo. Su comicidad. Hacia la Patria.

Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 595)
Héctor Cerata, Timoteo en Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 591)

Las  generales de este inteligente y joven actor de cinematógrafo son, para un caso de apuro, las siguientes: Héctor Cerata, nació en la capital de México; tiene 22 años de edad; mide 6 pies de estatura; los ojos, negros; el color, blanco. Su mejor seña particular, entre las que posea y no conocemos, es la expresión risueña de la faz. Ignoramos, para completar su semblanza, si es aficionado a los deportes; tratándose de un mexicano ha de serlo a la jineta, es decir charro consumado. Su otra afición, la decisiva de su vida y por la que le dedicamos estas líneas, es el cinematógrafo. A los ocho años ya había aparecido en un escenario. En las bulliciosas representaciones de los colegios, siendo estudiante, se le confiaban los papeles cómicos. De ahí arranca la orientación para su carrera: ingresó en el Conservatorio Nacional de México (hoy Escuela Nacional de Música y Arte Teatral y Cinematográfico) y se preparó para actor cómico de la pantalla. Su maestro fué el Sr. M. de la Bandera, reputado como notable Director artístico. Bajo su dirección impresionó la primera película, “Aventuras de Timoteo.” El público, que le declaró triunfador, le adaptó, como un segundo bautismo, después del cristiano de Héctor, el sobrenombre de “Timoteo.” En Octubre de 1917 salió de México con rumbo a Los Ángeles, en donde reside a la hora actual.

Trabajó en casi todos los estudios de aquella ciudad, en papeles importantes o flojos, según la ocasión; pero siempre clavado en el género cómico. ¿Ha creado un tipo genérico que acaso perdure en la pantalla? No lo juramos; pero sí afirmamos que los periódicos de habla española que en Los Ángeles se publican, le han tributado serios elogios y que le llaman, tomándolo de la voz pública, “Chaplin mexicano.” Su tercer bautizo. Trabaja con empeño en perfeccionar su arte con la esperanza de llevarlo, con su bagaje de nuevas ideas, a su Patria, México. Que así sea para bien del Arte y del artista Héctor Cerata, a quien saludamos afectuosamente.

El corresponsal Miguel Saucedo en su columna Crónica de México en el número de febrero de 1918 de Cine-Mundial (Vol. III, No. 2, p. 90) comentó, entre varios temas, sobre la creación de la nueva institución educativa:

… el Gobierno Mexicano ha establecido en el antiguo “Conservatorio Nacional de Música y Declamación,” llamado hoy “Escuela de Arte y Declamación,” una clase especial de arte mudo, con profesores y directores competentes. El éxito en las primeras pruebas y la animación de tanto “dilettanti” es algo inequívoco de que no han sido estériles los esfuerzos que se han llevado a cabo para crear una cátedra de tal naturaleza. Principalmente se dedicarán a producir películas de temas mexicanos, con el fin de exportarlas y de que en el extranjero se formen una idea del país, de su riqueza tantas veces cantada, así como de las costumbres que llevan siempre un fondo de nobleza manifiesto.

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