Cien programas para México (1918)

La industria del cine en México tuvo problemas de derechos de autor, en otras palabras, padeció lo que hoy conocemos como “piratería”. Por ello, las casas productoras norteamericanas y sus representantes en México idearon un proyecto que se llamó “Cien Programas para México”. Dicho plan se publicó en un extenso artículo de F. G. Ortega en Cine-Mundial en su número de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, pp. 546-547):

Cien Programas para México

Una selección de las mejores marcas norteamericanas. Campaña contra el tráfico ilícito. El asunto de las exclusivas. Medida trascendental para el comercio cinematográfico entre ambas repúblicas. El Sr. Abraham Carlos nombrado representante general. Llegará a México a mediados de Septiembre. Se iniciarán las operaciones a primeros de Octubre. Ventajas y beneficios mutuos.

Por F. G. Ortega

El Sr. Abraham Carlos, de la Empresa Fox, llevará a México, en representación de importantes casas productoras, cien programas completos, compuestos de una cinta dramática de cinco rollos, otra cómica de dos rollos y un rollo de caricaturas animadas o película instructiva. Más claro aún : 100 programas de 8 rollos cada uno.

En estos cien programas se destacan marcas de tanto renombre como Fox, Paramount, Pathé, World, Select, Universal, Triangle, Goldwyn, Vitagraph, Selig, Lubin, Essanay, Metro, Mutual, Robertson-Cole, William M. Brady y Primer Circuito Nacional de Exhibidores.

Entre las producciones especiales que presentará en la vecina república, merecen citarse la gran obra de Griffith “Corazones del Mundo,” que ha batido todos los “records” de taquilla en Nueva York, y la del ex-embajador Gerard “Mis Cuatro Años en Alemania.”

Todo este material, que dentro de dos semanas estará listo y empacado en Nueva York y se desembarcará en México a primeros de Septiembre se divide en la siguiente forma:

600,000 pies de asuntos dramáticos;

200,000 pies de asuntos cómicos, en dos rollos cada uno;

60,000 pies de asuntos cómicos en un rollo cada uno;

100,000 pies de caricaturas y temas instructivos.

Del seno de la Asociación Nacional de la Industria Cinematográfica de los Estados Unidos, entidad directamente interesada en la realización del proyecto, se ha formado un comité que correrá con la dirección de los negocios desde Nueva York, embarques y demás requisitos.

Este comité está formado de las siguientes personalidades de la industria:

Sr. William Fox, presidente, y los Sres. William M. Brady de Brady Productions: Arthur S. Friend, del sindicato Paramount: Gabriel Hess, de la empresa Goldwyn: Paul Cromelin, de la Inter-Ocean: David P. Howells, del Primer Circuito Nacional de Exhibidores: y Ricardo Gradwell, de la empresa World,—vocales.

Cómo se Iniciarán las Operaciones

El Sr. Carlos embarcó en Nueva York para la Habana a últimos de Agosto y desde allí se dirigirá a México tan pronto arregle varios negocios cinematográficos y llene las formalidades consulares de rúbrica.

Establecerá su centro de operaciones en la capital de México y seguramente varias sucursales en las plazas más importantes de la república.

Como algunas de las casas que le han encomendado sus marcas cuentan ya con agencias sobre el terreno, interrogamos al Sr. Carlos sobre este punto y obtuvimos la siguiente declaración:

—Nada he resuelto todavía sobre el particular y me propongo no tomar medida alguna hasta encontrarme en México. Sin embargo, CINE-MUNDIAL puede asegurar que tengo empeño en implantar la menor cantidad de cambios posibles y en sostener relaciones íntimas, sobre la base de mutuo beneficio, con alquiladores y exhibidores en general.

Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 546)
Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 546)

El Sr. Abraham Carlos

Antes de pasar adelante, no estará demás dar algunos datos sobre este cinematografista que en los Estados Unidos ha sabido colocarse a envidiable altura por sus cualidades personales y profundos conocimientos del ramo.

El Sr. Carlos es desde hace varios años la mano derecha de William Fox, presidente de la empresa cinematográfica que lleva su nombre, conoce seis o siete idiomas, entre ellos el castellano a la perfección, ha viajado por toda la América Latina y ha hecho un estudio profundo de los mercados internacionales.

De abolengo hispano como su nombre indica, es hombre culto, asequible, de tacto poco común, fiel cumplidor de sus promesas, leal y caballeroso en toda la extensión de la palabra. Se captará, de seguro, simpatías generales.

Enemigo acérrimo de cuanto signifique explotación, en los Estados Unidos ha sido siempre un paladín decidido del exhibidor. Su máxima comercial, que no se cansa de poner en práctica y divulgar entre los productores y alquiladores, es sencilla y contundente: Si el exhibidor no obtiene las utilidades que en justicia le pertenecen, el productor y alquilador, a la larga, perderán dinero.

Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 547)
Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 547)

Películas Norteamericanas en México

Para el viajero poco ducho en cuestiones de esta índole, el comercio cinematográfico de México, en lo concerniente a material norteamericano, ha sido siempre un enigma indescifrable.

Películas de los tiempos de “El Rey que Rabió,” rayadas, incompletas; películas nuevas, pero con una fotografía impropia de las marcas que ostentaban (falsificadas) ; películas divididas arbitrariamente en innúmeras partes sin otro objeto que el de exprimir el alquiler hasta la última gota, etc.

El negocio en general en un lastimoso atraso. Comparado con el avance alcanzado en países como la Argentina, Chile, Cuba, Perú, Brasil y hasta el diminuto Puerto Rico, México va a retaguardia con cinco años por lo menos de desventaja. Entre las repúblicas de América, sus actividades en este ramo sólo pueden compararse a las de Colombia, Venezuela y Santo Domingo, países que por diversas causas harto conocidas y que no hay necesidad de citar han progresado poco comercialmente durante los últimos cincuenta años.

Cómo se Obtenían Algunas Exclusividades

Salvo honrosas excepciones, los tratantes que despachaban a México el grueso de las cintas norteamericanas allí exhibidas han sido un verdadero baldón para los Estados Unidos como mercado abastecedor y para México como mercado consumidor.

Sus actividades llegaron a asumir proporciones tan perniciosas, que la presencia de uno de estos “compradores” o “exportadores” cerca de las oficinas de una empresa cinematográfica se consideraba hace un par de años, y aún se considera, motivo suficiente para avisar a las autoridades policíacas.

“La Doncella de Orleans” que se exhibió en México fue enviada por dos individuos que están cumpliendo condena en el presidio de Sing-Sing: era un ejemplar falsificado; “Intolerancia,” “La Subasta de la Virtud,” la serie “Quién es el Número Uno” e infinidad de otras cintas—entre ellas doce copias de “La Moneda Rota” y diez interpretaciones de Mary Pickford que desaparecieron de Nueva York como por arte de encantamiento—se obtuvieron en análoga forma. Para abreviar, que el tema es bastante nauseabundo y sólo lo tocamos por deberes de información, por lo menos un 60% de los fotodramas que en la actualidad se explotan en México son producto del comercio ilícito, y en muchos casos de robos descarados que no admiten el más ligero paliativo.

Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 547)
Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 547)

Los que Lucraban con Este Comercio

Ni el público ni los exhibidores mexicanos sacaban partido alguno de este tráfico ilícito.

Si bien es cierto que a su sombra medraron algunos alquiladores locales, en honor a la verdad hay que declarar, del modo más enfático posible, que los verdaderos responsables operaban desde Nueva York y otros centros de los Estados Unidos y eran, en su inmensa mayoría, norteamericanos.

Sus operaciones, a principios de este año, se convirtieron en grave amenaza para el comercio cinematográfico de importación en México y de exportación entre los Estados Unidos y el exterior.

Las casas productoras se abstenían de despachar material a México, aunque se tratara de vender a empresas de seriedad reconocida, por temor a que las cintas fueran reenviadas a otras plazas de la América Latina, motivando conflictos de exclusivas. Y el público y los exhibidores de México, o perdían por completo la ocasión de obtener buenas películas, o estaban obligados a esperar a que se estrenaran en los demás mercados mundiales.

Una Situación Insostenible

Huelga decir que semejante situación no podía sostenerse mucho tiempo.

Duró por dos o tres años debido a la magnitud del comercio cinematográfico que se realiza en este país, donde ocupa el quinto lugar entre las industrias nacionales.

Es tal el volumen de negocios que transan las empresas productoras y exportadoras radicadas en Nueva York, son tantas las agencias, sucursales y compradores de que disponen en todo el mundo civilizado, es tan compleja su organización, que las ilícitas actividades aludidas surtían efecto parecido a picadas de mosquito en cuerpo de elefante.

Así las cosas, el Gobierno de los Estados Unidos resuelve intervenir en el conflicto mundial.

Declarada la guerra, no tardan en ponerse en vigor las usuales y lógicas medidas restrictivas de exportación.

Y todo exportador que no pudo dar la cara en las aduanas, se vio compelido a salir de Nueva York más de prisa que las legendarias cigüeñas de Roma.

En la actualidad no quedan ni los rastros.

Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 547)
Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 547)

Las Ventajas del Exhibidor Mexicano

Esta situación anormal, ¿tenía algún fundamento sólido? ¿Es que el mexicano no es amante del cinematógrafo, o le es imposible comprender y apreciar la diferencia entre una película buena y otra mala?

¿O es que no puede pagar los mismos precios que rigen en Cuba, Chile, o la Argentina, sin los cuales resulta imposible exhibir los costosos fotodramas modernos?

Todo lo contrario.

El público de México es tan amante del arte como el de cualquier otro país del mundo, y, a nuestro juicio, sabe y puede gastar cuando se trata de espectáculos de primer orden.

Pero el asunto económico, lo relacionado exclusivamente con la taquilla, quedará resuelto en definitiva tan pronto el Sr. Carlos inicie su campaña.

El representante de las fábricas norteamericanas opina que el cinematógrafo en México puede colocarse en poco tiempo a la misma altura que ha alcanzado en la Argentina, Brasil, Estados Unidos y gran parte de Europa. Cree que la gran metrópoli mexicana puede sostener templos del Arte Mudo por el estilo del “Palacio Gaumont,” “Rivoli,” “Rialto.”

Y para demostrarlo está dispuesto a invertir lo que sea necesario. Pondrá sus opiniones en el crisol de la práctica ofreciendo los programas más selectos que hoy se confeccionan al alcance de todos los exhibidores, grandes y pequeños.

Sin temor a exagerar puede afirmarse que el empresario de la república vecina, debido a la medida radical adoptada por los productores norteamericanos, podrá obtener material superior a precios mucho más bajos que los vigentes en los Estados Unidos o cualquier otro mercado.

Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 547)
Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 547)

Consideraciones Generales

El plan organizado por la Asociación Nacional de la Industria Cinematográfica de los Estados Unidos, cuya cabeza directora y brazo ejecutivo será el Sr. Abraham Carlos, es de tan evidente trascendencia que no hay necesidad de recalcarla.

Su éxito redundará indudablemente en beneficio de los productores norteamericanos, pero de él han de sacar aún mayor partido el público, los exhibidores y empresas alquiladoras de la república hermana.

Por primera vez desde que el cinematógrafo se convirtió en la diversión popular del mundo civilizado, el público de México tendrá ocasión de ver y apreciar, y los exhibidores de obtener sin rodeos y a precios razonables, el trabajo artístico más perfecto de los talleres que van a la cabeza en la escena muda.

Las marcas cuyas obras más selectas figuran en los cien programas con que iniciará la campaña el Sr. Carlos, son todas de fama internacional. Han triunfado en Italia, la cuna del Arte, en Francia, España, Gran Bretaña, Escandinavia, Rusia, la América Latina y dondequiera que se han presentado en debida forma.

En México, donde el pueblo tiene el depurado gusto artístico que legara la civilización latina a sus diversas ramas, tiene ineludiblemente que registrarse análogo triunfo.

Mary Garden, Theda Bara, Mary Pickford, Annette Kellermann, William Farnum, Clara Kimball Young, Douglas Fairbanks, Norma Talmage, Chaiiie Chaplin, Olga Petrowa y demás figuras de la escena muda, que la falta de espacio nos impide mencionar, tienen que agradar por fuerza en México y colocarse a la misma altura en que se encuentran en Europa y las repúblicas de América, cuya historia, gustos y tradiciones guardan similitud con los del país vecino.

Siglos antes que la civilización hispana, floreció en México la azteca que se considera como un florón glorioso de la historia de la humanidad; y ese espíritu amante del Arte que fué pasando de generación a generación se ha mantenido vivo y fuerte hasta la actual. Y la actual influida por múltiples factores, adaptada a la vida moderna, tiene a su frente una pléyade de intelectuales que son honra de la república mexicana y que extienden por el mundo entero la noción de su valía y de su fuerza.

De ahí que el nuevo estado de cosas que ha de crearse bajo el plan de la Asociación Nacional de la Industria Cinematográfica de los Estados Unidos será bien acogido en México por razón de sus beneficios en el campo del Arte Mudo.

Tres meses después, para diciembre, Cine-Mundial (Vol. III, No. 12, p. 782) publica una escueta y casi perdida nota, a diferencia de lo hecho cuando con bombo y platillo dedicó extenso artículo al proyecto de “Cien Programas para México”, para cuestionar dónde quedó el plan y el mutismo de los involucrados:

El comercio de exportación de películas a México sigue siendo un enigma. De los cien famosos programas que estaban preparados en Nueva York hace más de tres meses, no ha vuelto a decirse una palabra. Los interesados directamente en el asunto andan por las nubes y se encierran en un mutismo completo si se les hace preguntas. Y mientras tanto, de los Estados Unidos sale poco o ningún material cinematográfico para la vecina república. ¿Cuándo se reanudarán las operaciones? Ahí está el secreto. Lo único cierto es que “negocios” por el estilo de los de antaño no volverán a efectuarse en este mercado”.


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