El cine que nunca fue mudo: intentos de sonorización previos al llamado cine sonoro

Al mismo tiempo, a finales de esta década de 1880, Georges Demeny sentó las bases de la utilización de la música en el cine acompañando sus proyecciones de transparencias fotográficas con un cromofotófono. (17) Unos años más tarde, Demeny entró en contacto con Léon Gaumont, uno de los pioneros de la industria del cine que, por entonces, se dedicaba a la fabricación de equipos de fotografía. Demeny le propuso a Gaumont una idea que daría un paso más en la sincronización:

El aparato que [Demeny] propuso a Gaumont, en 1895, fue el fonoscopio, asociación de fonógrafo y de fonoscopio en proyección, obligados a funcionar de forma sincrónica. […] Fue el encuentro Demeny-Gaumont el que dio a luz en 1900 al cronófono-Gaumont, por medio del cual Alice Guy rodaría entre 1900 y 1907 más de 100 cintas cantadas o habladas. (18)

Alice Guy había comenzado en 1885 a trabajar como secretaria de Léon Gaumont. Sin embargo, sus responsabilidades en la empresa no tardaron demasiado tiempo en cambiar de cariz. Tras conocer el aparato de los Lumière, Guy propuso a Gaumont realizar pequeñas películas con las que entretener a los posibles compradores del aparato. (19) Gaumont dio su visto bueno y la propia Alice Guy fue la elegida para realizar este cometido.

Cuando Demeny propuso la idea del fonoscopio, Alice Guy ya estaba al mando de la productora de Gaumont y faltaba muy poco tiempo para ser nombrada supervisora de los demás directores de la compañía. No es extraño entonces que fuera ella quien, entre 1900 y 1907, iniciara una producción compuesta por más de cien fonoescenas sincronizadas, sobre todo canciones, monólogos cómicos y escenas de ópera, “incluyendo doce cuadros de Carmen, con un total de 700 metros, y 22 cuadros de Faust, con 275 metros, más de una hora de proyección: potencialmente, el primer largometraje ‘sonoro’”. (20)

El papel de Alice Guy en el desarrollo de la cinematografía es enorme, aunque su importancia, en palabras del propio Louis Gaumont en 1954, “ha sido injustamente olvidada”. (21) Fue “la primera mujer directora del mundo y posiblemente el primer director de cualquier sexo en llevar a la pantalla una película de ficción… Su primera película… precedió a las películas de Méliès en unos cuantos meses, según varios historiadores franceses acreditados”. (22)

Volviendo a las películas cantadas y habladas que Alice Guy dirigió para Gaumont en los primeros años del siglo XX, cabría preguntarse por qué no llegó a imponerse su sistema en la industria cinematográfica. Las razones parecen simples. En primer lugar, la sincronización entre la película, un soporte perforado, y el disco, un soporte continuo, suponía una verdadera dificultad. En segundo lugar, se encontraba la baja calidad con la que el fonógrafo reconstruía muchos timbres instrumentales. Además, en este mismo punto, cabría añadir la debilidad de la señal acústica, puesto que no existía todavía la amplificación eléctrica. Finalmente aparecía otra razón, esta vez de carácter económico:

En un mundo sin prestaciones sociales ni vacaciones pagadas, la mano de obra musical era más disponible y fácil de hallar. Serán, pues, en bastantes casos, instrumentos clásicos acústicos tocados por músicos de carne y hueso quienes van a asegurar lo que se ha dado en llamar convencionalmente el “acompañamiento” de una acción proyectada mecánicamente, con personajes filmados y grabados. (23)

Retrato fotográfico de Alice Guy Blaché.
Retrato fotográfico de Alice Guy Blaché.

Al comenzar el siglo XX, los intentos de sonorización del nuevo arte eran ya una realidad tangible. En 1900 se estrenó una película de Alice Guy llamada Little Tich et ses “Big Boots”, representada con una banda sonora grabada en un disco de gramófono. En la Exposición de París, también del año 1900, se proyectó una versión de Cyrano de Bergerac, de Clément Maurice. La película incluía una escena con diálogos que pretendían, no con demasiado éxito, estar sincronizados. Las películas con diálogos y sonido existían, pues, en los primeros años del siglo. En este sentido, en “1902 se proyectaron una serie de producciones con una pista de diálogos grabados, y una de ellas en particular, The Dress, también con efectos sonoros”. (24)

Por otra parte, uno de los pioneros del cine, Charles Pathé, también había combinado los sistemas de sonido e imagen. En su caso, el fonógrafo, que Edison había presentado en 1877 y el cinematógrafo. De este modo empezó a producir a partir de 1899 una serie de películas, la primera de ellas Le muet mélomane (Ferdinand Zecca, 1899). A esta le seguirían otras muchas, llegando a responsabilizarse de la realización de más de 100 películas con sonido sincronizado. (25)

En este contexto aparece también la figura de Oskar Messter, quien había inventado el sistema de sonido biofónico para incorporarlo a su propio proyector. Ya en 1904, podía verse el cine sonoro de Oskar Messter en la Exposición Universal de St. Louis, quien entre los años 1903 y 1913 más de quinientas películas sonoras. (26) “Muchas de ellas eran arias de óperas muy conocidas o incluso números de variedades cantados por artistas populares y, por lo tanto, probablemente hicieran las veces de un atractivo ‘relleno’ que el distribuidor incluía en el paquete a vender a los exhibidores”. (27) Ya en 1913, la compañía Vi-T-Phone “anunciaba un catálogo de más de un centenar de artistas norteamericanos en películas cantadas o habladas”. (28)

Ese mismo año Edison presentaba una actualización de su quinetófono, pensado para sincronizar el sonido con la imagen de una película proyectada en pantalla. A pesar de un éxito inicial, su invento no tardó en fracasar debido a los retardos de hasta doce segundos en el sonido. A este revés habría de unirse el incendio en la fábrica de Edison de West Orange, que puso fin a todo intento de mejorar el invento. (29)

En 1918 los alemanes Jo Engl, Hans Vogt y Joseph Massolle patentaron el sistema Tri-Ergon, aprovechando la investigación del ingeniero norteamericano Lee DeForest en este campo. El sistema Tri-Ergon presentaba como novedad la posibilidad de grabar el sonido directamente en el celuloide. Cuatro años más tarde, en Alemania presentaron el primer film con sonido incorporado, Der Brandstifter. (30) Al año siguiente, el ingeniero norteamericano Lee DeForest presentaba un sistema llamado Phonofilm. Con este sistema, DeForest establecía las bases del sistema que finalmente se impuso en la industria del cine. A diferencia de los anteriores intentos, el Phonofilm de DeForest resolvía los problemas de sincronización y amplificación del sonido. “En 1924 más de treinta salas de Estados Unidos estaban ya preparadas para incorporar el sistema Phonofilm”. (31) A pesar de que el Phonofilm era muy innovador, su éxito no fue inmediato. DeForest tuvo que esperar dos años para que Western Electric apostara por su método. Las razones se encuadran dentro del aspecto económico. Los empresarios cinematográficos trataron de evadirse de la adopción del sistema sonoro, ya que suponía una fuerte inversión económica. Para poder adoptar el sonido, debían primero adaptarse tanto los estudios como las salas de proyección. Finalmente, en 1925, Western Electric daba un paso al frente y apostaba por el Phonofilm. Apenas un año más tarde, junto a Warner Brothers, iniciaron la producción cinematográfica cobijada bajo el sistema de DeForest, rebautizado como Vitaphone.

Programa de la presentación del sistema Vitaphone.
Programa de la presentación del sistema Vitaphone.

El 6 de agosto de 1926 presentaron una función compuesta por cinco películas con sonido sincronizado. El bloque de películas empezaba con un discurso de William H. Hays, presidente de Motion Pictures Producers Association. “Sus palabras, perfectamente sincronizadas con sus labios, anunciaban la nueva era del cine, con agradecimiento a Western Electric y a los laboratorios Bell”. (32) A este, le seguían una pieza musical desarrollada por la New York Philarmonic Orchestra, una actuación de violín a cargo del intérprete de origen ucraniano Mischa Elman, el cortometraje musical La fiesta (1926), con la cantante Anna Case, el bailarín Eduardo Cansino, padre de Rita Hayworth, quien también debutó en esta pieza con ocho años, y los coros de The Metropolitan Opera. La pieza más importante de la noche era la película Don Juan, de Alan Crosland, con John Barrymore como protagonista. “La crítica fue elogiosa con Don Juan, aunque se escribió más sobre la sincronización del sonido que sobre la ambientación de época y la dirección de Alan Crosland”. (33)

El éxito de Don Juan fue notable, manteniéndose ocho meses en cartel en Nueva York y ofreciendo exitosas proyecciones en otras ciudades del país. “Varios exhibidores accedían a modificar sus salas para el nuevo sonido con costos que oscilaban entre los 16.000 y los 25.000 dólares”. (34) Sin embargo, aunque quedaba clara la necesidad de que todo el cine se adaptara al sistema sonoro, había una gran incertidumbre sobre el futuro y muchas empresas se resistieron a pagar las patentes a Warner, prefiriendo trabajar en crear su propio sistema de sonido. Es esta película, Don Juan, la que debiera considerarse el primer largometraje sonoro de la Historia del cine. (35)

Cartel de Don Juan (Alan Crosland, 1926).
Cartel de Don Juan (Alan Crosland, 1926).

Un año más tarde, se estrenaba The Jazz Singer, considerada erróneamente la primera película sonora de la historia del cine. “Sería más exacto afirmar la influencia de la película, ya que su exhibición, con una recaudación que llegaría a los tres millones y medio de dólares, impulsó a las otras empresas a adoptar el sonido, al cual se habían resistido”. (36) Si bien es cierto que la película The Jazz Singer ofrecía la novedad de escuchar unos breves momentos hablados, se podría puntualizar “que pertenecieron a la improvisación por Jolson las pocas líneas de diálogo con su madre (Eugene Besserer) intercaladas en dos de sus canciones”. (37) Por ello, aunque no estaba prevista la inserción de diálogo hablado, se trataría, en todo caso, del primer largometraje hablado, que inauguraría los filmes llamados talkies. Apenas un año antes, Don Juan ya podía considerarse una película sonora y la pieza con el discurso de William H. Hays sincronizaba palabras e imagen. Sin embargo, tal y como se ha tratado de compendiar en esta investigación, la sincronización de imagen y sonido no nació ni con Don Juan, ni muchísimo menos con The Jazz Singer. Charles Pathé desde 1899; Alice Guy desde 1900 u Oskar Messter entre 1903 y 1913, ya habían producido una gran cantidad de películas en las que los espectadores podían ver imágenes y escuchar sonido.

Imagen de la première de The Jazz Singer (Alan Crosland, 1927)
Imagen de la première de The Jazz Singer (Alan Crosland, 1927)

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