Cine e Historia

En Los nibelungos (1924), de Fritz Lang, que recrea un conjunto de antiguas leyendas germánicas, que el realizador ubica en el medievo, se dio un hecho curioso: en el conjunto de extras se ignoró la época y muchos de ellos traían relojes de pulso. El director, al observar las escenas, se dio cuenta de lo que esto significaba, pues de lo dramático se pasaba a lo cómico. Entonces tuvieron que volver a filmar aquellos segmentos donde esta incongruencia histórica era incompatible con la trama de la cinta. En México se han dado casos semejantes, la única diferencia es que en ocasiones se han dejado los errores ante la estupefacción del público. De nada valdría comentar las muchas ocasiones en que los errores han quedado plasmados en el celuloide. Estos yerros dan al traste con una experiencia de ambientación, pues de pronto aparecen, como pasó en una cinta sobre el tribunal de la inquisición, en donde los cables de la luz eléctrica llegan a observarse en medio de una ciudad novohispana del siglo XVII, con lo cual se distorsiona el periodo al que se quiere recrear.

Toda película es una proposición circunstancial y temporal; sus signos, los visibles y los que apenas están enunciados, o sus cualidades simbólicas, su sentido —las calidades expresivas que conjuga una obra— están consolidados dentro de modos particulares de lenguaje que permiten establecer un torrente de enseñanzas fílmicas. Esto es debido a que los hechos jamás ocurren como situaciones azarosas o aisladas, sino como parte de una historia, pues los distintos grupos sociales han sido y son sujetos conformados dentro de un tiempo específico. Por esta razón, cada filme entra en sociedad y nos habla del presente, alude, si así lo requiere la trama, al pasado, y nos cuenta hechos. Los maestros deben aclarar los acontecimientos históricos, explicar el porqué de tal o cual filme para ilustrar algunos acontecimientos. Es decir, el profesor establece el contexto.

Los momentos posteriores a la Revolución Mexicana. Un general retirado a quien la historia de un libro, escrita por otro general, no le favorece. Las memorias de mi general de Mauricio de la Serna, México, 1960.
Los momentos posteriores a la Revolución Mexicana. Un general retirado a quien la historia de un libro, escrita por otro general, no le favorece. Las memorias de mi general de Mauricio de la Serna, México, 1960.

Estas precauciones deben atenderse, de otra manera el resultado ante los educandos será contrario al indicado. Cintas como El Compadre Mendoza (1933) o ¡Vámonos con Pancho Villa! (1935), ambas de Fernando de Fuentes, son visiones interesantísimas que pueden ubicar los hechos de la Revolución Mexicana. En las dos películas hay un concepto de la lucha armada y de los comportamientos de sus participantes. Del heroísmo a la irracionalidad, de la justicia y de la injusticia.

En El compadre Mendoza se parte de la novela homónima de Mauricio Magdaleno, cuya trama recae en el personaje de un hacendado que trata de conservar sus tierras al precio que sea: no importa que traicione a su amigo y que todo transcurra entre la llegada de huertistas, carrancistas y zapatistas. Rosalío Mendoza, el compadre del título, cambia los retratos de los jefes según sean las tropas que llegan. Desde el principio se le sitúa como un simulador. La lección histórica de Fernando de Fuentes es ejemplar: el hombre debe decidirse por un bando, lo cual significa la traición en el caso de Mendoza. El hacendado entrega a su amigo, un zapatista que le ha sido fiel. La conciencia acusadora queda en la mirada atónita de la sirvienta, ella mira, observa y lee los labios de su patrón y del militar carrancista: ambos planean la captura y muerte del simpatizante de las fuerzas sureñas. Al final, el hacendado debe huir con su familia en medio de una tormenta, que en términos dramáticos tiene algo de rechazo y culpa, cuando la misma naturaleza se revela ante la injusticia. De Fuentes condena el oportunismo, tan cercano a muchos caciques, que sobrevivieron al movimiento armado y que supieron obtener ganancias del río revuelto de la contienda revolucionaria. Pocas veces se llega a observar una conducta con tan abrumadora claridad. Los estudiantes encontrarán aspectos determinantes en un filme como éste, en donde el pasado es una raíz profunda que comunica algunos aspectos de la gesta de 1910. El mensaje de la cinta es claro, tan diáfano que los niños y los adolescentes de secundaria entenderán el contenido de la película que ha quedado como un clásico.

La Reforma Agraria se analiza y explica desde la óptica cinematográfica, en la época de Cárdenas. Y Dios la llamó tierra de Carlos Toussaint, México, 1960.
La Reforma Agraria se analiza y explica desde la óptica cinematográfica, en la época de Cárdenas. Y Dios la llamó tierra de Carlos Toussaint, México, 1960.

Por otro lado, ¡Vámonos con Pancho Villa! es la obra mayor del cine nacional. La épica de la revolución está en el filme. Esto hace que veamos la parte emotiva y espectacular de los combates, incluso con hazañas de las tropas villistas, como esa escena inolvidable donde un jinete laza una ametralladora que causaba bajas entre las fuerzas del Centauro del Norte. El realizador da profundidad a su cinta con anotaciones que hablan de ese momento histórico sin deformarlo. La violencia es una continuidad. En ocasiones los hechos parecen y son injustos. Villa manda fusilar una banda de músicos pues ya cuenta con una y el espacio en los vagones del tren es reducido. La enfermedad es también algo que alarmará al caudillo, porque si se desata una epidemia sus fuerzas serán diezmadas y el resultado será fatal. De Fuentes encuentra en la tragedia la mejor definición para lo que narra a través de un argumento que adapta algunos capítulos del libro homónimo de Rafael F. Muñoz. La ilustración es soberbia en sus contradicciones, pues ese otro aspecto que en ocasiones se pasa por alto al hablar de la historia, fenómeno humano sin más, lejos de ser lineal, contiene una buena dosis de elementos que dependen de decisiones que obedecen a razones subjetivas. En este sentido, ¡Vámonos con Pancho Villa! es un filme magnífico que deja al espectador con una sensación de que esas imágenes tienen una enorme carga de verdad.

Con los ejemplos anteriores puede decirse que el cine ha llegado a convertirse en un excelente medio de comunicación histórica, porque además de todas sus funciones específicas de espectáculo popular, también llega a ser un receptáculo de hechos y acontecimientos que permiten una comprensión clara y detallada de otros momentos del pasado. Claro está que periodos como la era prehispánica o la guerra por la independencia nacional apenas si están bocetados en unos cuantos filmes de discreto valor o francamente reprobables. Hasta hace poco se ha remediado la carencia con películas como Retorno a Aztlán (1990), de Juana Mora, que cuenta con el peregrinaje que culminaría con la llegada de los mexicas al Valle de México. El realizador y guionista quizo que se hablara en náhuatl en su película. Este hecho le daba a Retorno a Aztlán un carácter diferente y otros matices en la recreación de un momento histórico; los subtítulos en español eran parte del proyecto original de Mora, pues incluso la lengua en que cuenta algo influirá en el resultado final.

La reforma agraria y el reparto de tierras a organizaciones ejidales. Juan Guerrero de Miguel Morayta, México, 1963.
La reforma agraria y el reparto de tierras a organizaciones ejidales. Juan Guerrero de Miguel Morayta, México, 1963.

Fue hasta la década actual cuando apareció una cinta de interés sobre el tema de la insurgencia independentista: Gertrudis Bocanegra (1992), de Ernesto Medina. Semblanza biográfica de esa mujer guerrillera que murió fusilada en pleno movimiento. El rescate de esta heroína era necesario y la calidad de la cinta le da un sello peculiar.

Para concluir, podría decirse que en la actualidad es posible conseguir una buena cantidad de materiales a través de copias en video que se venden o que se encuentran disponibles en videoclubes. Esto hace que un número amplio de cintas de tema histórico se puedan conocer. En el caso de las copias para la venta, ha sido el Consejo para la Cultura y las Artes un recodo en el cual pueden encontrarse algunas de estas propuestas, cuyas copias por lo regular están en el acervo de las escuelas o se pueden adquirir con relativa facilidad.

Todo esto sin olvidar que en la Cineteca Nacional o en la Filmoteca de la UNAM están bajo resguardo una inmensa cantidad de materiales que pueden tener un carácter didáctico en la enseñanza de la historia. El reto es observar el pasado con mirada objetiva y crítica.

Fragmentos de la historia de Cuba, del poeta José Martí y la independencia de la isla a finales del siglo XIX. La rosa blanca de Emilio Fernández, México, 1953.
Fragmentos de la historia de Cuba, del poeta José Martí y la independencia de la isla a finales del siglo XIX. La rosa blanca de Emilio Fernández, México, 1953.

Bibliografía:

Ayala Blanco, Jorge, La aventura del cine mexicano, México, Era, 1966.

Dreyer T., Carl, Juana de Arco, Madrid, Alianza, 1986.

Ferro, Marc, Historia y cine, Barcelona, Gustavo Gili, 1987.

Leal, Juan Felipe, Eduardo Barraza y Carlos Flores, El arcón de las vistas: cartelera del cine mexicano, 1896-1910, México, UNAM, 1996.

Luna, Andrés de, La batalla y su sombra: la Revolución en el cine mexicano, México, UAM, 1985.

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