Los rollos del cine revolucionario

Jesús H. Abitia

A 247 Fuerzas obregonistas  en Sonora (ca. 1913)
Imagen No. 41: Fuerzas obregonistas en Sonora (ca. 1913). Fotografía de Jesús H. Abitia.

Aunque Jesús H. Abitia nació en el Estado de Chihuahua, fue en Sonora donde se educó en los oficios de fotógrafo, músico, constructor de instrumentos musicales y maestro. Fue compañero de estudios y amigo de Álvaro Obregón en Huatabampo, Sonora, y después fue profesor en la ciudad de Navojoa. Apunta Ángel Miquel: “En 1910 Abitia tuvo que exilarse en Estados Unidos durante algún tiempo por sus simpatías por Francisco I. Madero, pero al triunfo de la revolución encabezada por éste regresó a Sonora, donde participó en las labores del nuevo gobierno. Un par de años después se vio obligado a renunciar a su cargo debido al asesinato de Madero y, sintiéndose perseguido por la policía de Victoriano Huerta, pasó de una ciudad a otra viviendo del comercio fotográfico hasta que se reencontró con Obregón para enrolarse como fotógrafo y cineasta en las filas del ejército constitucionalista. A partir de entonces retrató al caudillo y sus fuerzas en las campañas realizadas en el norte, el occidente y el centro del país. Abitia confesó años después que había decidido ingresar en las filas obregonistas porque le interesaba hacer películas, que, como él mismo escribió, son ‘la mejor manera de hacer propaganda en todos los países civilizados’. Es decir, se asumía explícitamente como popularizador de la revolución a través de propaganda cinematográfica”. 76

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Imagen No. 42: El general Álvaro Obregón pronunciando un discurso, 1914. Fotografía de autor desconocido.

Abitia filmó una serie de acontecimientos político-militares entre septiembre de 1913 y agosto de 1914, entre ellos: La campaña del ejército constitucionalista contra Victoriano Huerta, Llegada de las tropas de Obregón a Guadalajara el 8 de julio de 1914, Festejos en honor de Obregón en Guadalajara, En el campo de batalla, cerca de Zapopan, Jalisco, y Entrada del ejército constitucionalista a la Ciudad de México.

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Imagen No. 43: Entrada de las fuerzas constitucionalistas a la Ciudad de México, 20 de agosto de 1914. Fotografía de Aurelio Escobar.

A dichos episodios Abitia sumó otros: La Convención de Aguascalientes (1914) y La llegada de los constitucionalistas al puerto de Veracruz o El viaje del señor Carranza hasta esta ciudad [Veracruz] (1914). Entre octubre de 1915 y enero de 1916 Abitia —igual     que Eustasio Montoya— filmó escenas del recorrido del Primer Jefe por los estados de Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila y San Luis Potosí hasta llegar a Querétaro. 77

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Imagen No. 44: Jesús H. Abitia filmando la entrada de Venustiano Carranza a la Ciudad de México el 20 de agosto de 1914.

Tras el triunfo del constitucionalismo el gobierno comisionó a Abitia para que viajara a algunos países latinoamericanos y exhibiera documentales que divulgaran los sucesos revolucionarios de México y combatieran la campaña anti-mexicana que llevaban a cabo las embajadas de los Estados Unidos en esas naciones, actividad que intensificaron a partir de marzo de 1916 después de los ataques armados que el general Francisco Villa realizó a diversas poblaciones fronterizas de ese país.

A 251 Persiguiendo a Villa (1916)
Imagen No. 45: Tropas estadounidenses y carrancistas a la búsqueda del general Francisco Villa. Estado de Chihuahua, 1916. Fotografía de The Library of Congress, EUA.

El 12 de abril de 1919 Abitia filmó El sepelio de Zapata y meses después produjo el montaje documental titulado La campaña constitucionalista o Campaña civil en México (1919), cuyas 46 partes hacían una longitud de 36,800 pies. Si calculamos que mil pies se proyectaban en unos quince minutos, la película tenía más de ocho horas de duración. ¿Quién la veía? Seguramente los propios soldados constitucionalistas en exhibiciones que se llevaban a cabo fuera de las salas de cine, al aire libre, en sus mismos campamentos o en los cuarteles. Escribe Miquel acerca de este largometraje: “Es probable que esta fuera la obra que casi medio siglo después sirvió como base, cortada, reeditada y sonorizada, para dar lugar a dos películas distintas de proselitismo constitucionalista tituladas Epopeyas de la Revolución”. 78

A La campaña constitucionalista o Campaña civil en México (1919) siguieron los documentales Campaña presidencial del general Obregón (1919-1920), Genovevo de la O. en la Ciudad de México (1920), Entrada triunfal del general Obregón a la Ciudad de México (1920), Llegada a la Ciudad de México del señor Adolfo de la Huerta (1920), Toma de posesión del general Álvaro Obregón (1920), Gira política de Obregón al sur del país (1920), Gira política de Obregón al sur del país con escenas familiares (1920) y Fiestas del primer centenario de la Independencia (1921).

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Imagen No. 46: Portada del Semanario Revista de Revistas del domingo 30 de enero de 1916 en la que aparece una fotografía retocada del “general de división don Álvaro Obregón”.

Abitia fue uno de los documentalistas mexicanos que ensayó el cine ficcional. Sus primeras películas con actores fueron las comedias cortas Los amores de Novelty y El matamujeres, ambas filmadas en 1913, en plena campaña militar constitucionalista. Posteriormente dirigió Los encapuchados de Mazatlán (1920) 79 y Carnaval trágico (1921). El general Obregón fue generoso con su amigo, cuando llegó a la presidencia le cedió dinero y un predio del Estado en la Ciudad de México, en Paseo de la Reforma número 525 frente al bosque de Chapultepec, para que edificara allí unos talleres cinematográficos que llevaron el nombre de México-Cines, S.A. Nuevamente Miquel: “Éste era apenas el tercer estudio más o menos en forma que se instalaba en México. El primero había sido fundado por Mimí Derba y Enrique Rosas en 1917, pero la sociedad de estos cineastas sólo pudo realizar cinco películas antes de desintegrarse ese mismo año. El segundo, patrocinado por el distribuidor español Germán Camus, se erigió en noviembre de 1920 y desapareció dos años después, luego de que se rodaran en él unas cuantas cintas de argumento. El México-Cines tuvo una vida más larga, pero además de algunas escenas interiores de El último sueño (Alberto Bell, 1922, con fotografía de Abitia) y El buitre (Gabriel García Moreno, 1925), se usó poco para filmar películas de ficción; las instalaciones sirvieron más como oficina y como laboratorio para revelar documentales, e incluso Abitia instaló en el predio una escuela de fotografía y una estación experimental de fruticultura”. 80

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