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Restaura la Filmoteca de la UNAM cintas inéditas de la Revolución Mexicana

Nota firmada por Juan Carlos Talavera y publicada en la sección de cultura del periódico La Crónica el 17 de enero de 2014:

Restaura la Filmoteca de la UNAM cintas inéditas de la Revolución Mexicana

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Fotografía: La Crónica de Hoy.

La Filmoteca de la UNAM concluyó la restauración del negativo original de la película La mujer del puerto, de Arcady Boytler, considerada una de las primeras cintas del cine sonoro mexicano, así como cincuenta minutos con escenas inéditas y otras poco conocidas de la Revolución Mexicana, provenientes de los archivos Salvador Toscano y hermanos Alva, recibidos por esta institución en 2013, detalló a La Crónica Francisco Gaytán, subdirector de Rescate y Restauración.

En las imágenes de la Revolución aparecen personajes como Francisco I. Madero, Álvaro Obregón, Venustiano Carranza, Emiliano Zapata, y distintas escenas captadas durante la Decena Trágica y el terremoto del 7 de junio de 1911, en la ciudad, dijo en entrevista. Cabe señalar que ambos materiales serán dados a conocer en una gala el próximo viernes 31 de enero en el Centro Cultural Roberto Cantoral.

La proyección abrirá con 15 minutos de material silente sobre la Revolución Mexicana –que será musicalizado por el Ensamble Cine Mudo–, donde se apreciarán escenas del Zócalo de la ciudad de México de 1898, 1900 y 1905; un desfile con carros alegóricos de 1910; y el paseo triunfal de Madero con escenas multitudinarias de júbilo popular por el triunfo de la Revolución.

Así como algunas escenas de la llegada de Aquiles Serdán a México para recibir a Madero en 1911; y de la manifestación realizada en la cuidad aquel 1 de mayo de 1913 para conmemorar el primer Día del Trabajo.

Y cerrará con la proyección completa de La mujer del puerto (1933), filmada por el ruso Arcady Boytler, avecindado en México a finales de los años 20, con la actuación de Andrea Palma, considerada la primera gran actuación en un filme sonoro mexicano.

Cabe señalar que la restauración de ambos materiales fue financiada por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), como parte de los trabajos de preservación de cine mexicano que realizan en conjunto, aunque el material permanecerá en lo sucesivo en las bóvedas especiales de la Filmoteca, para su preservación, estudio y difusión.

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Fotografía: La Crónica de Hoy

INÉDITOS

En números, la Filmoteca logró restaurar 48 mil fotogramas del material de la Revolución captado por los hermanos Alva y Salvador Toscano, considerado el primer camarógrafo y cineastas del cine mexicano de principios del siglo XX, apunta Francisco Gaytán.

Este material conservado por la Fundación Toscano, fue donado a la Filmoteca en 2013, sin embargo se encontraba en un soporte de nitrato de celulosa, el cual es de buena calidad fotográfica pero muy delicado y altamente inflamable, por lo que fue trasladado a un  soporte moderno de poliéster para garantizar su perdurabilidad.

—¿Cómo fue el proceso de restauración de los dos materiales?

—Primero realizamos la restauración física y fotoquímica del material, es decir, se limpió y ese viejo material de 35 mm fue trasladado a uno nuevo. También se arreglaron las roturas en las perforaciones de los fotogramas y se trasladó la información fotográfica de la película a una nueva película componiéndola de la mejor manera para que nos diera la mayor cantidad de información.

“Y con la ayuda financiera de AMACC logramos hacer la restauración digital, que permitió transformar la información fotográfica de la película de 35 mm –de imagen y sonido en el caso del largometraje– a datos para su depósito en disco duro, Blue-ray y cintas LTO 5, que pueden ser impresas en un nuevo material cinematográfico. Después se realizó un internegativo para película de 35 mm de alta resolución y a un positivo que permitirá su proyección en pantalla”, detalla.

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fotografía: La Crónica de Hoy

—¿Sólo es material de la Revolución?

—Los materiales formaron parte de las colecciones Toscano y de los hermanos Alva, que también fueron pioneros del cine, y todo el material se sitúa entre 1908 y 1929.

—¿Qué muestra este material respecto de otros que ya han sido restaurados por la Cineteca Nacional?

—Da una lectura sociológica de cómo vivían los ricos, los pobres, cómo era la ciudad, cómo se iba transformando y cómo después viene el levantamiento, el gozo de la gente por la llegada de Madero a la ciudad y los grandes desfiles, se observa cómo se reúne la gente para vitorearlo en la estación de tren.

—¿Sólo se trata de material inédito?

—Parte de este material se conoció en aquella época porque Toscano y los Alva hicieron sus propios documentales, o en la película Memorias de un mexicano (1950), realizada por Carmen Toscano. Pero otra parte sí son nuevos porque se consideraron sobrantes de edición, los que permanecieron guardados y no habían sido restaurados.

La proyección de los fragmentos de la Revolución Mexicana, filmados por Salvador Toscano y los hermanos Alva, así como La mujer del puerto de  Arcady Boytler se proyectarán el viernes 31 de enero en el Centro Cultural Roberto Cantoral, ubicado en Puente de Xoco s/n, puerta A. Entrada libre.

Los rollos del cine revolucionario

Cine Silente Mexicano está en deuda con el Dr. Juan Felipe Leal por su amablidad al haber compartido con este blog el extenso ensayo Los rollos del cine revolucionario, el cual llevó a cabo junto con Aleksandra Jablonska.

Para una mejor y más amigable navegación por este extenso ensayo se enumeran las diversas secciones en que está dividido y que corresponde a cada una de las 18 páginas electrónicas que lo componen (son los cuadros negros que aparecen al final):

1. Desarrollo y expansión. 2. La imagen del poder. 3. El cine como testimonio social. 4. Las tendencias realistas y formativas en el cine. 5. El cine de ficción de la Revolución mexicana. 6. Los noticieros cinematográficos. 7. Las revistas de cine. 8. Del “orden y progreso” a la batalla. 9. Camarógrafos mexicanos: Antonio F. Ocañas. 10. Camarógrafos mexicanos: Salvador Toscano. 11. Camarógrafos mexicanos: Los hermanos Alva. 12. Camarógrafos mexicanos: Enrique Rosas. 13. Camarógrafos mexicanos: La familia Becerril. 14. Camarógrafos mexicanos: Jesús H. Abitia. 15. La batalla y su sombra. 16. ¿Sólo la visión de los vencedores? 17. Identificación de imágenes. 18. Notas

Los rollos del cine revolucionario

Juan Felipe Leal y Aleksandra Jablonska 1

El cine, como todos los medios de expresión, está inserto en un contexto definido. Es, como escribió Antonio Costa, “lo que en una sociedad, en un periodo histórico, en una determinada coyuntura político-cultural o en un cierto grupo social, se decide que sea”. 2 Es, a la vez, un fenómeno complejo que se articula de distintas maneras con los diversos ámbitos de lo social y que, por tanto, puede ser estudiado desde diferentes perspectivas. El cine como industria tiene que ser analizado en sus determinaciones económicas, el cine como técnica debe verse como parte del desarrollo tecno-científico en una sociedad determinada y, finalmente, el cine como un sistema de representaciones puede ser estudiado como un fenómeno sociológico, psicológico y estético. En este último caso la reflexión gira en torno a los significados de su contenido, a las formas en que el cine, como un medio de expresión particular, logra comunicarlos, a las maneras como reelabora y expresa el imaginario colectivo. Esta última forma de aproximación al estudio de las películas en una época determinada es la que permite acercarme a la problemática de mi interés. De una manera crudamente empírica, si se quiere, podríamos plantearla de la siguiente manera: frente a los demás medios de expresión que abordaron el tema de la Revolución mexicana, ¿de qué manera dio cuenta el cine nacional de la gesta armada en el mismo momento en el que ésta estaba ocurriendo?, ¿cómo y a través de qué instrumentos representó e interpretó el conjunto de acontecimientos político-militares que se sucedieron entre 1910 y 1920?

Desarrollo y expansión

Si partimos de una visión histórica y social del cine debemos remontarnos a sus orígenes para destacar algunas características que acompañaron a la producción fílmica desde que dio sus primeros pasos a finales del siglo diecinueve.

Nacida como consecuencia de la revolución industrial —y de la consolidación de la burguesía en el poder— la producción cinematográfica fue sometida desde sus inicios a la lógica de la expansión industrial, a la lucha por los mercados, a la tendencia a la concentración industrial y a la dependencia de la banca.

El desarrollo de este proceso fue muy desigual en México: la exhibición creció rápida e ininterrumpidamente desde 1896, la distribución formalizó su red hacia 1906 y la producción cobró modalidades industriales sólo a partir de 1917. Durante el porfirismo las salas de cine estaban en manos de una miríada de pequeños empresarios nacionales; en la distribución predominaban las agencias Pathé y Edison, pero había también multitud de distribuidores independientes que explotaban películas de segunda mano; y en la producción abundaban las empresas familiares.

Lo cierto es que la mayoría de las empresas cinematográficas eran familiares y operaban primordialmente en la exhibición —el ramo más rentable—, pero también se desempeñaban en la distribución —de cintas viejas y desgastadas— y ocasionalmente incursionaban en la producción. Ejemplos característicos son los de Carlos Mongrand o Enrique Moulinié, quienes viajaban con esposa e hijos a sus innumerables giras; el de los hermanos Alva y sus tíos, jovencitos emprendedores todos ellos; el de la viuda de Alcalde y su hijo, Jorge A. Alcalde, en sus primeros tiempos, o el de Salvador Toscano, su madre, doña Refugio, y su hermano Ricardo. En su evolución, estas empresas familiares tendían a romper la estructura de trabajo que las caracterizaba y a seguir procesos laborales más diferenciados. Contrataban, por ejemplo, ayudantes externos o se asociaban con otros empresarios para extender el campo de sus actividades, aunque no de manera sostenida y estable: ayudantes y socios cambiaban una y otra vez.

Henri Moulinié
Imagen No. 1: Henri Moulinié abandonó a su natal Francia por México y en nuestro país dejó un floreciente negocio de lechería por el cinematógrafo. Con mujer e hijos hizo la legua en el territorio nacional, sobre todo en el norte del país y, una vez establecido en la Ciudad de México, fundó un centro de diversiones llamado El Palacio Encantado. Posteriormente, con el concurso de Ernesto Pugibet y el firme apoyo de su esposa, organizó el cinematógrafo al aire libre de El Buen Tono. También fue promotor de la Unión Cinematográfica, S.A.

Pero en otros países —lugares de nacimiento del cine— la producción cinematográfica transitó aceleradamente de los mercados competitivos a los mercados monopólicos u oligopólicos. En Francia, los pequeños talleres familiares de los hermanos Lumière pronto sucumbieron ante el embate de Pathé Frères de Paris y de Léon Gaumont et Compagnie. Ambas, empresas que se expandieron —horizontal y verticalmente— y que florecieron más allá de las colonias que formaban parte del imperio francés. 3 Un proceso similar tuvo lugar en Estados Unidos, donde el monopolio organizado por Thomas Alva Edison —The Motion Picture Patents Company— subordinó desde 1909 y hasta 1915 a las demás empresas productoras, distribuidoras y exhibidoras de cine, fecha, esta última, en la que un fallo de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos determinó la disolución del trust. 4