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El automóvil gris (1919) en Cine-Mundial, Excélsior y El Universal

De El automóvil gris se han escrito infinidad de ensayos, libros, artículos y ediciones especiales. Claudio Valdéz Kuri hizo una adaptación al teatro Benshi con su Teatro de Ciertos Habitantes ; ha sido musicalizada en dos ocasiones por la banda de jazz-rock  Troker. Sin embargo pocos tenemos la posibilidad de leer las reseñas y crónicas escritas y publicadas en el momento de su estreno. A continuación reproduzco cuatro artículos sobre el filme; tres fueron publicados sucesivamente los días 11, 12 y 13 de diciembre de 1919 mientras la películas estaba en cartelera. Dos de ellos en El Universal y el otro en Excélsior. El cuarto, una breve reseña de Cine-Mundial, revista editada en español, pero publicada en New York. La visión contemporánea al estreno del serial tiene mucha validez estética e histórica, pues recordemos que la versión que hoy podemos ver es una mutilación para convertir el serial de 12 episodios en un largometraje, cortando de tajo el lenguaje cinematográfico de la versión original. Posteriormente se le adaptó una banda sonora y se cortaron los intertítulos. Si lo vemos con ojos modernos, mutilaron sin reparación posible, la obra original.

Epifanio Soto, hijo, corresponsal para México de Cine-Mundial publicó en el número de febrero de 1920 una breve reseña, no muy positiva sobre la obra:

Es la última película mejicana, dividida en tres jornadas, que editó la empresa Enrique Rosas y Cía., basándose en el escandaloso proceso de unos bandidos que disfrazados de militares, habían, por 1915, hecho limpieza demasiado general en las colonias Roma y Juárez, faltas entonces de vigilancia.

Aunque no se hizo a un lado lo novelesco, porque todavía esta en el misterio mucho que era necesario explicar, puede decirse que la serie es histórica: aumentando su valer el que la interprete Juan Manuel Cabrera, aprehensor auténtico de la banda revivida y que ha sido muy discreto ante el objetivo.

El papel más importante lo tuvo a su cargo, desempeñándolo con acierto, Juan Canals de Homs. Anotamos también: a María Mercedes Ferríz, que hace muy bien las escenas tranquilas, sin bastante vehemencia en las dramáticas; Dora Vila; Ángel Esquivel, en su “Oviedo” y Enrique Catalauva (sic).

Cosa rara: no se han rebuscado las calles para que Méjico parezca prodigiosamente bello, manía de los productores de acá; casi todo se tomó en callejuelas desiertas y feas, que dan realismo a las persecuciones en otros lugares increíbles, y a los combates formidables, propios de la época de anarquía que fueron. En las escenas típicas, la dirección también estuvo atinadísima, y es lástima que tan bello trabajo se enlodara en los últimos rollos de la tercer jornada; atroz desbarajuste en que algunos personajes mueren dos veces, otros que estaban libres aparecen escapando de la cárcel y se ven escenas inexplicables, que hacen pensar en unas tijeras, manejadas quizá por el juez que hizo pasar ente él esta cinta, en vista de que los reos Quintero y Lara, pertenecientes al verdadero “Automóvil gris” no consentían que se les desacreditara en el lienzo.

La fotografía buena; los rótulos, muy ampulosos…

Como negocio, descomunal. Se estrenó en 18 cines llegando a proyectarse en 23 en una misma tarde.

Excélsior publica el 11 de diciembre de 1919 una sinopsis de la obra firmada por Enrique Rosas y Cía. La transcribo de Luz y sombra. Los inicios del cine en la prensa de la ciudad de México, obra de Felipe Garrido:

Primera jornada: Esta película no es una ficción calcada sobre hechos reales; es transcripción exacta de la verdad, entresacada de los incongruentes detalles de un misterio. Argumentada sobre los crímenes de la Banda del Automóvil Gris tiene detalles dramáticos y emotivos, escenas terribles y pinceladas poéticas que son rayos y piadosos relámpagos de virtud que de vez en vez rasgan la sombra del antro pavoroso donde la maldad, la impiedad y el crimen se refugian.

Segunda jornada: La vida de los malvados es intranquila, miserable, llena de sobresaltos y peligrosos.

Como el ojo implacable de la policía está siempre fijo en ellos, cada diamante que roban es brasa ardiente que les quema las manos; su injustificada prosperidad los delata, el detalla más nimio los vende y la palabra más simple los lleva al patíbulo.

Por eso los ladrones del automóvil gris recorrían sobresaltados las más extraviadas callejas, vivían en escondidos tugurios y dormían sobre colchones que por guardar en su vientre joyas y dinero robado eran a modo de quemante túnica de Neso en que no encontraban tranquilidad ni reposo.

Tercera jornada: ¡Oh! El crimen es el peor de los negocios; es la expresión máxima de la culpa; es el colapso de todas las fuerzas humanas. El culpable que huye sin castigo en busca de un refugio, va perseguido por su propia conciencia. Viendo por todas partes la amenaza del presidio o del patíbulo; por eso, cuando de pronto se encuentra con el ejemplo de los que tranquilos laboran en la santa honradez del trabajo, y se da cuenta de que el crimen es una negación, una ruina y la antesala del patíbulo, su alma se llena de arrepentimiento.

Quien delinque es siempre débil y digno de compasión. Quien trabaja y cumple con el deber, tiene siempre el derecho a la alegría de vivir.

El 12 de diciembre de 1919 se publica una inserción pagada que según artículo reproducido por Manuel González Casanova en su tesis doctoral, Por la pantalla. Génesis de la crítica cinematográfica en Mexico 1917-1919, concluye en nota alusiva que “el artículo anterior fue, evidentemente, una inserción pagada que utilizó la cabeza de Por la pantalla”. Con este título publicaba su columna sobre cine Carlos Noriega Hope, bajo el seudónimo de Silvestre Bonnard en El Universal.

Al fin en la mayoría de los cines de esta Capital, se estrenó la tan discutida película “El Automóvil Gris” pasando por la pantalla la primera jornada compuesta de cinco episodios divididos en 12 partes.

La película es interesante de grand emotividad y en efecto, como lo han anunciado los empresarios de esta cinta está calcada en el conocido proceso que aún se sigue contra los culpables de la banda del “Automóvil Gris”. Realmente puede asegurarse un éxito para la empresa productora y para el arte nacional que nos presenta una película de irreprochable corte, buena fotografía y detalles dramáticos de gran interés. En efecto por la pantalla se ven dentro de la forma teatral, la mayoría de los asaltos que cometió la fatídica banda del “Automóvil Gris” que primero en tiempos de zapatismo y después al volver el orden a esta Capital fue terror y pánico de la mayoría de sus habitantes.

Se nos asegura que en las posteriores jornadas que pasarán el día de hoy y de mañana, el interés que el público ha manifestado con un lleno completo en todos los salones acrecentará, pues hay escenas de un valor insuperable, tales como el fusilamiento tomado auténticamente por el señor Rosas, editor de esta película intercalado después en ella en el lugar oportuno.

Bajo el punto de vista moral, no es de las películas que lleven al criminal una nueva enseñanza, tales como las que diariamente se estrenan, en que el criminal siempre tiene un nuevo recurso, algunas veces científico como las cloroformizaciones, empleo de la electricidad, etc. y en las que invariablemente el malhechor burla a sus perseguidores y la policía hace un papel ridículo. En eta vista, repetimos puede verse desde el momento en que la peligrosa banda se forma hasta el epílogo en el patíbulo doloroso por cierto, pero de gran ejemplaridad.

Felicitamos cordialmente a los editores de esta película augurándoles un éxito en esta vista que ha superado a todas las anteriores producciones del arte nacional y a las artistas señoritas Dora Vila y María Mercedes Ferriz y señores Juan Canals de Homs y Enrique Cantalauba, principales intérpretes de esta sensacional película.

En la misma obra mencionada arriba de Manuel González Casanova, éste transcribe un artículo de Silvestre Bonnard quien tiene bastante bien definido qué es el análisis cinematográfico y considera que El automóvil gris merece un buen aplauso. El artículo se publicó en El Universal en diciembre 13 de 1919 bajo la columna Por la pantalla que escribe Carlos Noriega Hope con su seudónimo Silvestre Bonnard:

El caso del “Automóvil Gris” deberá llamar la atención de los alquiladores y empresarios, porque hasta ayer se ha podido medir, matemáticamente, el resultado de una gran campaña de publicidad. Ciertamente que, desde hace seis meses, la diaria comidilla de los aficionados al cine era el asunto del “Automóvil”. Las rosas oriflamas del escándalo le dieron lustre y esplendor y todas las cuestiones de curia y de papel timbrado sirvieron también para estar pinchando todos los días la curiosidad de nuestro ingenuo público. Todavía ayer los presuntos responsables del auténtico proceso se trocaron, con una infantil inconsciencia, en aliados y agentes de publicidad del señor Rosas al oponerse, desde las mazmorras de la Penitenciaría, a la exhibición sentido comercial, supo aprovecharse de todas estas circunstancias.

Me lo imagino frotándose las manos y lanzando amables miraditas a través de los espejuelos al revisar diariamente la Sección de Tribunales de los diarios de México: “No se permitirá la exhibición del “Automóvil Gris”…”Granda y socios amenazan desde la Penitenciaría a los editores de la película..” et ainsi de suite.

Naturalmente ayer fue una gran tarde de toros, Había romerías en los barrios y caravanas en las calles céntricas que se dirigían anhelantes, a contemplar el sangriento “Automóvil”; en los pórticos de los salones se hacían cola esperando la apertura, pues que muchos bien informados (¿no serían, acaso, agentes de publicidad?) deslizaron el rumor de que la mano enérgica de la policía habría de poner un interminable paréntesis en plena exhibición…

Con todo esto el resultado no se hizo esperar: diecinueve cines metropolitanos ofrecieron en sus pantallas el truculento automóvil, batiéndose un récord, naturalmente.

Siguiendo las frases de cajón necesito decir que la película tiene una espléndida fotografía. En realidad esta afirmación no debe tomarse como un elogio pues sería tanto como suponer, bochornosamente, que en México aún se producen, en las postrimerías del año, películas de buena y mala fotografía. El eficiente manejo de la cámara es ahora una necesidad natural y sencilla en el cinematógrafo. La mala fotografía es algo que pasa ya a la historia del cine, como pasaron las primeras películas de quince metros en las cuales se mostraba al mundo un caballo en movimiento. Así pues el señor Rosas, decano de los cinematografistas nacionales cumplió, simple y sencillamente, con su deber.

Fotogramas de El automóvil gris

Los intérpretes merecen, en cambio, más detenida atención. La principal figura de la trama estuvo a cargo del señor don Juan Canals de Homs, director artístico de la admirada película “Tabaré” y apreciable actor de larga práctica. Solamente que, en este caso, el señor Canals de Homs dio a su papel un tinte de distinción, de elegancia, de galantería y de finos modales que me temo no sean apegados a la verdad histórica. Yo siempre creí en la recia catadura del jefe de la tenebrosa banda; me imaginé que este engendro del mal sería un bandido tinto en sangre, cuyas pupilas relampagueasen mientras las espesas e hirsutas cejas subrayaban todo el horror de la mirada. Suponía, en fin, que ese horrible criminal no tenía idea de la existencia de Carreño y , menos aún, del amable libro sobre los buenos modales que tal señor escribiera, y confieso paladinamente que me hallaba absoluta y fundamentalmente equivocado. Porque en la película el jefe de la banda del “Automóvil Gris” nos asombra con sus ademanes amplios y bulevarderos, con su airoso contingente de sportman vestido, por diletantismo, de apache parisino. Y así, cuando la feroz bando roba y comete violencias sin nombre, en vez de tropezar mis anteojos con una figura, que, en medio de esas escenas mostrase toda la impudicia del mal, vi un amable caballero vestido irreprochablemente, que jugaba con una pistola, cuya negra cacha destacábase entre las manos, pulidas y finas. Cuando la policía pone cerco a los criminales, no puede vislumbrar un endemoniado asesino; por desgracia la imagen que vino a mi memoria fue la del señor Conde peleando heroicamente a las puertas de París. Y luego, cuando la banda retorna ahíta de sangre a su guarida, no surgieron en la pantalla las rudas barraganas de los criminales, sino que apenas pasó la silueta de la señorita de Montpensier, sosteniendo en sus brazos, torneados y blancos, la brava testa del vencedor de Rocroi.

Doy, pues, las más sinceras gracias a don Juan Canals de Homs por haber logrado, con su fino arte escénico, trocar una ruda escena de sangre, lodo y podredumbre, en un perfumado episodio, acaecido en pleno siglo XVI.

Merece citarse, además, el señor Catalauba en el papel de Rubio Navarrete. Indudablemente la mejor escena de la obra, aquella que palpita y refleja la realidad de la vida, es el momento en que Rubio Navarrete es alcanzado por una bala, cayendo al suelo moribundo. Aquí el señor Catalauba se reveló un gran actor cinematográfico. ¡Lástima que la escena del Hospital estropee la gran labor de ese joven artista! Todo lo que fue natural en la escena anterior vuélvese extraordinariamente ficticio y se nos antoja una defunción granguignolesca. ¡Lástima!

La película, en fin, merece un buen aplauso. Es un esfuerzo indudable en la cinematografía nacional y con todos sus defectos y todas sus bellezas atraerá público y gustará mucho por la misma fuerza de la trama. El señor editor debe estar orgullosos de su tenacidad, casi incomprensible en nuestro raquítico medio cinematográfico. Esperamos algo definitivo de este señor Rosas, que es un profesor de energía…

El automóvil gris (1919)

Compuesta por 24 rollos, este serial mudo de 12  episodios narra las fechorías de una banda de ladrones, que vestidos con atuendo militar, asolaron la ciudad de México durante el año de 1915 cuando la revolución estaba en pleno apogeo y las fuerzas beligerantes — villistas, carrancistas, convencionistas, obregonistas, constitucionalistas o zapatistas — ocupaban alternativamente la capital por breves períodos. La banda aterroriza a la burguesía capitalina mientras un detective les sigue la pista. Esta producción dirigida entre marzo y noviembre de 1919 por Enrique Rosas con la asistencia de Joaquín Coss y Juan Canals de Homs (estos dos últimos protagonistas de la película) y del jefe policiaco Juan Manuel Cabrera quien aportó documentación sobre la aprehensión de los malhechores y que se interpreta a si mismo en el filme, es considerada la mejor cinta muda del cine mexicano y nada le pide a los seriales de la época como la francesa Fantomás (1911) de Louis Feuillade o la norteamericana The million dollar mystery (1914) de  Howell Hansel. Sus virtudes son evidentes desde la calidad del argumento, su aire documental, las actuaciones, pero sobre todo al adecuado uso del lenguaje cinematográfico a través de los primeros planos, el acercamiento o los planos generales.

La serie fue un verdadero éxito desde que se estrenó en veinte cines de la capital en tres jornadas: jueves 11, viernes 12 y sábado 13 de diciembre de 1919. Entre las salas de cine que exhibieron la obra destacan el legendario Salón Rojo ubicado en la calle de Plateros (hoy Madero), famoso por sus espejos cóncavos y convexos, y el Olimpia, también ubicado en el centro histórico.

Que sea un hecho verídico que sucedió pocos años antes y del cual Enrique Rosas había filmado, con afán documentalista, el fusilamiento de algunos miembros de la llamada “banda del automóvil gris” el 24 de diciembre de 1915; que el detective inspector Cabrera, personaje de la película, haya sido interpretado por el propio policía Juan Manuel Cabrera, quien había logrado desmembrar a la banda algunos años antes; que el general carrancista Pablo González, poderoso e importante actor de la revolución, fuera acusado de ser el autor intelectual de las fechorías de la banda convirtió al serial en una especie de “cinéma vérité” que apasionó a los espectadores de la época. Así que entre mito y realidad el director optó por filmar la película en los lugares donde se escenificaron los atracos de la banda. El resultado nos permite admirar una ciudad de México que todavía respira un aire de provincia, pero donde se ve que esta vacía y sobreviviendo los lastres de la revolución. Enrique Rosas trata en la cinta de exculpar, por razones políticas al General González, ya que era de los líderes revolucionarios presidenciables.

A casi cien años de los acontecimientos, algunos de los aspectos más encantadores de la cinta se localizan en sus imágenes de una Ciudad de México empolvada y fantasmal, aún no recuperada por completo del ajetreo revolucionario. Las calles solitarias a pleno mediodía, las casas lastimadas por los enfrentamientos recientes, los rostros de aquellos mexicanos que aún usaban sombrero y bastón, integran un testimonial involuntario de una capital mexicana muy diferente a la que hoy conocemos.

La película por poco y no llega a nuestros días. Sin conocimiento sobre la importancia de preservar la historia fílmica del país la cinta fue mutilada para convertirla en un largometraje. En 1933, al hacerse una sonorización de la cinta, se redujo la serie a un largometraje convencional de 111 minutos. Con tal reducción, El automóvil gris sufrió mutilaciones irreparables, perdió su sentido original y varias escenas quedaron inconclusas o incomprensibles. La mutilación dejo una película donde hay momentos de franca confusión y los engranajes entre cada episodio desaparecieron. El resultado es francamente desalentador, sin embargo algo quedó para las generaciones venideras. Desafortunadamente Enrique Rosas falleció en 1920 y sus herederos no tuvieron el tino o tal vez el poder de impedir este atropello intelectual. Todavía en los años sesenta no era raro encontrarla en exhibición, y su frecuente paso por la televisión también contribuyó a mantenerla viva en la imaginación de los mexicanos.

No hay que confundir El automóvil gris con otra película dirigida por Ernesto Vollrath y  producida por Germán Camus que se tituló La banda del automóvil o La dama enlutada que se estrenó tres meses antes. Esta película constaba, al igual que la obra de Rosas, de doce episodios que fueron finalmente reducidos a ocho. Salta a la vista que la competencia entre productores y exhibidores de ese período provocaba muchas veces que se filmaran los mismos eventos o historias.

Ficha filmográfica: P. Azteca Films y Rosas y Cía. 24 rollos, serial de 12 episodios; 117 min. en versión editada y sonorizada en 1933. D. Enrique Rosas, Joaquín Coss y Juan Canals de Homs. Guión: José Manuel Ramos sobre una historia de Enrique Rosas y Miguel Necoechea, con la colaboración documental del Juan Manuel Cabrera. Fotografía: Enrique Rosas. Edición: Miguel Vigueras y Enrique Rosas. Música: Miguel Vigueras (agregada en 1933). Intérpretes: Juan Canals de Homs (Higinio Granda), Joaquín Coss (don Vicente González), Juan Manuel Cabrera (detective inspector Cabrera), Ángel Esquivel (Francisco Oviedo), Manuel de los Ríos (Ángel García Chao), Miguel Ángel Ferriz, Sr. (Rafael Mercadante), Valentín Asperó (Luis Hernández), Enrique Cantalaúba (Rubio Navarrete), Gerardo López del Castillo (Luis León), Ernesto Finance (Bernardo Quintero), María Mercedes Ferriz (Carmen), Dora Vila (Ernestina), María Tereza Montoya (mujer de Risco), Russo Conde (el Plegado), Francisco Pesado (José Fernández), Carlos E. González (Santiago Risco), Jesús Ojeda (Ángel Fernández), Alfonso Vallejo (el Español), Antonio Galé (el millonario Mancera), José Torres Ovando (Quiñonez), Carlos Obregón (padre de Ernestina).

Según la página cine mexicano del ITESM la cinta fue estrenada el 11 de diciembre de 1919 en veinte salas de la capital del país, El automóvil gris se convirtió en la película más importante del cine silente mexicano. Su magnitud, popularidad y calidad provocaron que esta cinta se mantuviese vigente a lo largo de varias décadas. Todavía en los años sesenta no era raro encontrarla en exhibición, y su frecuente paso por la televisión también contribuyó a mantenerla viva en la imaginación de los mexicanos.

Filmada originalmente como una serie de doce episodios, la cinta de Enrique Rosas fue una verdadera superproducción que superó las expectativas del público y la crítica de su tiempo. Basada en una serie de crímenes que sacudieron a la sociedad capitalina de 1915, El automóvil gris trajo por primera vez al cine mexicano la experiencia histórica inmediata. En este sentido, la cinta es una de la más contemporáneas de su tiempo, un enorme trabajo de “cinéma vérité” que incluye dos elementos totalmente reales: el inspector Juan Manuel Cabrera interpretándose a sí mismo y la famosa escena final del fusilamiento real de los ladrones, filmada en 1915 por el propio Rosas.

A nuestros ojos, algunos de los aspectos más encantadores de El automóvil gris se localizan en sus imágenes de una Ciudad de México empolvada y fantasmal, aún no recuperada por completo del ajetreo revolucionario. Las calles solitarias a pleno mediodía, las casas lastimadas por los enfrentamientos recientes, los rostros de aquellos mexicanos que aún usaban sombrero y bastón, integran un testimonial involuntario de una capital mexicana muy diferente a la que hoy conocemos.

A pesar de su fama, El automóvil gris estuvo a punto de no llegar hasta nuestros días. En un tonto pero comprensible afán por modernizarla, la serie fue reeditada y sonorizada en 1933. La prematura muerte de Rosas (ocurrida en 1920) y la poca conciencia que existía en aquella época sobre la importancia de preservar el patrimonio fílmico hicieron que la serie sufriera pérdidas irreparables. Ausentes están hoy las conexiones entre los diferentes segmentos que la integraban, quedando solamente un esbozo de la complicada trama que ideó su director. Sin embargo, lo que existe de El automóvil gris es suficiente para emocionarnos ante sus imágenes. En la cinta aún vibra el espíritu del intrépido Rosas buscando entretener a los espectadores de aquel lejano 1919.

Algunos miembros de la verdadera banda frente al paredón.

Federico Dávalos en su obra Albores del cine mexicano, editorial Clío subraya que:

El automóvil gris dirigida por Enrique Rosas entre marzo y noviembre de 1919, es la película más ambiciosa y tal vez la más importante del cine mudo mexicano. Era una serie de doce episodios en tres jornadas con pretenciones documentales. Narraba los atracos cometidos desde 1915 en residencias de familias adineradas por unos asaltantes con uniformes militares. La serie se divide claramente en dos partes: La primera muestra los diversos robos cometidos por la banda y, la segunda, las pesquisas ejecutadas por la policía y las sucesivas detenciones de los bandidos.

La idea de la película partió de las escenas documentales del fusilamiento ‑el 24 de diciembre de 1915‑ de algunos miembros de la llamada banda del automóvil gris rodadas por Enrique Rosas (incluidas en Documentación histórica nacional 1915-1916, 1916). El proyecto tardó largo tiempo en cristalizar.

La impunidad de la banda tenía varias causas: por un lado, la confusi n reinante en la capital que permitió a los dirigentes de la banda incrustarse en los destacamentos de las diversas fuerzas de seguridad (militares, policíacas, “reservada”), de las diferentes facciones revolucionarias que se sucedieron en el dominio de la capital (convencionistas, villistas, zapatistas, carrancistas) y, por otro, la connivencia con algunos jefes de tales destacamentos. No cometió todos los delitos que le imputaron, pero el rumor y la voz popular deformaron los hechos y se los atribuyó a la “banda del autom vil gris”, señalando de paso al general carrancista Pablo González de ser el autor intelectual de los delitos.

La cinta, a pesar de la intención documental y verista, confunde historia y leyenda. Rosas intenta reivindicar, dignificar y limpiar la imagen de los militares carrancistas y exaltar, además, al presidenciable general Pablo González, como responsable de la aprehensión y ejemplar castigo de los malhechores; exculparlo de su vinculación en la banda.

Enrique Rosas fue asesorado en la dirección por Joaquín Coss y Juan Canals de Homs. El señor Juan Manuel Cabrera, jefe policíaco responsable de la aprehensión de los criminales, proporcionó documentación y actuó también en la película representándose a sí mismo.

Ya desde su estreno, la cinta no pudo apreciarse cabalmente, pues la censura impidió la exhibición de algunos episodios. En 1933, al hacerse una sonorización de la cinta, se redujo la serie a un largometraje convencional de 111 minutos. Con tal reducción, El automóvil gris sufrió mutilaciones irreparables, perdió su sentido original y varias escenas quedaron inconclusas o incomprensibles.

El prurito realista y documental de Rosas se explicaba por la necesidad de armonizar las partes filmadas con base en el guión con el material documental del fusilamiento. Esto lo llevó a filmar la cinta en los lugares reales de los acontecimientos.

El éxito de El automóvil gris se debió no sólo a la resonancia de los acontecimientos referidos, sino también a sus virtudes cinematográficas. Destacan en la película el eficaz empleo de la mascarilla, el acercamiento, el plano general y otros recursos del lenguaje cinematográfico.

Simultáneamente a El automóvil gris, Germán Camus produjo otra película de 12 episodios de tema similar: La banda del automóvil o La dama enlutada (Ernesto Vollrath, 1919) que se estrenó tres meses antes. Los doce episodios originales fueron reducidos a ocho. Era el resultado de la competencia entre los exhibidores por explotar el asunto del auto gris, aunque con más libertad.

Parece que El automóvil gris ha tenido dos sonorizaciones: la ya mencionada, en 1933, y la que se conoce hoy, que data de 1937 y que se realizó en los estudios García Moreno.

Los 12 episodios de El automóvil gris, en tres “jornadas”: Primera Jornada: 1. “El rapto”; 2. “Cara a cara”; 3. “El exfoliador”; 4. “La esquela de defunción”. Segunda Jornada (“La garra de la policía”): 5. 1r. episodio: “La estratagema”; 6. 2o. episodio: “!Sálvese el que pueda!”; 7. 3r. episodio: “Un papel insignificante”; 8. 4o. episodio: “El hombre de la cicatriz”; 9. 5o. episodio: “En la chapa del alma”. Tercera Jornada (“Un patíbulo y un misterio”): 10. 1r. episodio: “Josés, Franciscos y Bernardos”; 11. 2o. episodio: “Un patíbulo”; 12. 3r. episodio: “Un misterio”.

Las tres jornadas que formaban El automóvil gris se estrenaron, sucesivamente, el jueves 11, viernes 12 y sábado 13 de diciembre de 1919, en las salas Casino, Teatro Colón, Parisiana, San Juan de Letrán, San Hipólito, Venecia, Trianón Palace, Royal, Salón Rojo, Granat, Olimpia, Alarcón, Santa María la Ribera, Las Flores, Garibaldi, Progreso, Vicente Guerrero y Alcázar.

Los doce episodios de La banda del automóvil, la competidora de Rosas son los siguientes: 1. La dama enlutada. 2. El robo a la casa del banquero. 3. El detective Maclovio. 4. El misterio de doña Victoria. 5. La aprehensión. 6. La historia de Ricardo. 7. El buen juez. 8. Una evasión sensacional. 9. El gran descubrimiento de Maclovio. 10. Hijo por hijo. 11. El corralón trágico. 12. El triunfo del amor.

Ya hacia 1908, el francés Jasset había creado al personaje Nick Carter en las primeras cintas de episodios. En Francia, René Navarre, fue protagonista de la serie Fantomás (1911) y de Judex ( 1916-1917) dirigidas por Louis Feuillade. La última se estrenó en México en febrero de 1918. Entre las primeras series norteamericanas se encuentran The adventures of Kathlyn (1913) con Kathlyn Williams y; antes What happened to Mary? con Mary Fuller. Entre las series más populares estuvieron The perils of Pauline (1914) con Pearl White y The million dollar mystery (1914) de 23 episodios.