Archivo de la categoría: Películas silentes mexicanas

Filmes mudos que fueron filmados en México, aún los dirigidos por extranjeros

Imágenes de ¡Que viva México! publicadas en Experimental Cinema (1933-1934)

A continuación presento una serie de fotografías de ¡Que viva México! Todas están tomadas de la revista Experimental Cinema, números 4 y 5 correspondientes a febrero de 1933 y febrero de 1934, respectivamente. He dejado los pies de foto originales. Algunas de las fotografías ya han sido ampliamente difundidas, sin embargo hay varias de ellas poco conocidas. Ambos números, aún siendo publicados con un año de diferencia, incluyen profundos y detallados ensayos sobre la cinta de Eisenstein de la pluma del mismo realizador soviético, del que fuera su intérprete Agustín Aragón Leiva, de Morris Helprin, de Seymour Stern y una sinópsis del film escrita por Eisenstein y Alexandroff. Sinopsis que por su importancia subiré al blog en un futuro próximo.

Para mantener la misma secuencia que tienen en las revistas divido en dos grupos las fotografías y las antecedo por la portada en la que aparecen publicadas.

Portada de Experimental Cinema de febrero de 1933
Portada de Experimental Cinema, no. 4 de febrero de 1933

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¡Que viva México! Una película de S. M. Eisenstein, G. V. Alexandrov y Eduard Tissé, producida en México 1931-32.
¡Que viva México!                                Una película de S. M. Eisenstein, G. V. Alexandrov y Eduard Tissé, producida en México, 1931-32. S. M. Eisenstein Collective Productions.                                                          “La cinta es un poema de carácter sociológico. Más que un ensayo interpretativo sobre la evolución mexicana” — Agustín Aragón Leiva.
Martín Hernández, un campesino indígena mexiacano de 21 años de edad, nativo de Apan, el personaje principal de la segunda historia de ¡Que viva México!, episodio titulado "Maguey". Foto de [Agustín] Jiménez. Cortesía de S. M. Eisenstein Collective Productions.
Martín Hernández, un campesino indígena mexicano de 21 años de edad, nativo de Apan, el personaje principal de la segunda historia de ¡Que viva México!, episodio titulado “Maguey”. Foto de [Agustín] Jiménez. Cortesía de S. M. Eisenstein Collective Productions.
Mujeres mexicanas de duelo junto al féretro de un niño muerto. Del episodio "Maguey".
Mujeres mexicanas de duelo junto al féretro del niño muerto. Del episodio “Maguey”.
Los indígenas mayas -- una ceremonia funeraria.
Los indígenas mayas — una ceremonia funeraria.
S. M. Eisenstein y G. V. Alexandrov en las ruinas de Chichen Itza, en Yucatán, México. (1931)
S. M. Eisenstein y G. V. Alexandrov sobre las ruinas de Chichen Itzá, en Yucatán, México. (1931)
Eisenstein y Tissé preparan una toma en las pirámides de Teotihuacán, México.
Eisenstein y Tissé preparan una toma en las pirámides de Teotihuacán, México.
En la Hacienda Tetlapayac: himno laboral de los trabajadores mexicanos. Ceremonia diaria al amanecer
En la Hacienda Tetlapayac: himno laboral de los trabajadores mexicanos. Ceremonia diaria al amanecer.
Niña del Istmo de Tehuantepec.
Niña del Istmo de Tehuantepec.
En el país de los magueyes.
En el país de los magueyes.
Un ángulo close-up de la secuencia de la corrida de toros en el episodio titulado "Romance". Foto de Alexandrov.
Un ángulo close up de la secuencia de la corrida de toros en el episodio titulado “Romance”. Foto de Alexandrov.
Peones mexicanos, viendo desde la punta del cerro el paso del funeral
Peones mexicanos, viendo desde la punta del cerro el paso del funeral.
Close-up del indígena mexicano Martín Hernpandez
Close up de Martín Hernández, el indígena mexicano.
Portada del no. 5 de Experimental Cinema correspondiente a febrero de 1934
Portada del no. 5 de Experimental Cinema correspondiente a febrero de 1934. Destaca la Sinopsis completa de ¡Que viva México! de Eisenstein y Alexandrov.

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Pancho Villa, líder de la Revolución Mexicana y estrella de cine. La Calle de diciembre 10, 2012

El conflicto de Viet Nam fue considerada la primera guerra televisiva, transmitiendo escenas de las batallas directamente a los hogares de la población americana. Pero la primera guerra cinemática puede ser considerada la Revolución Mexicana de 1910-1921, tragedia épica que dejó un mínimo de un millón de muertos y desplazados. Su gran “estrella” fue Pancho Villa, el brillante estratega de la División del Norte que logró controlar todo el norte de México y la frontera con Estados Unidos.

La curiosa simbiosis de un bandolero y agiotista convertido en comandante militar con la industria fílmica norteamericana es el tema central de un documental de Gregorio Rocha, Los rollos perdidos de Pancho Villa de tan solo 49 minutos de duración que junto con La venganza de Pancho Villa (The Vengeance of Pancho Villa), un semi-documental en blanco y negro filmado durante los años 30 del siglo pasado por los cinematografistas trashumantes Edmundo y Félix Padilla, padre e hijo nos muestran cómo fue la relación entre Hollywood y El centauro del norte.

Los rollos perdidos de Pancho VillaUn fascinante e irónico diario que recrea las vicisitudes quijotescas que vivió Rocha durante la búsqueda de cintas que recrean las hazañas de Villa, Los rollos perdidos de Pancho Villa es un misterio cultural detectivesco. En otro nivel, es una meditación muy personal sobre las relaciones entre política, los medios masivos de comunicación y la fabricación de identidad de figuras públicas.

Es del conocimiento común entre estudiosos del cine que Villa, un personaje consciente de su personalidad e identidad popular, firmó un contrato con un estudio de cine norteamericano, la Mutual Film Co. para filmar segmentos de sus batallas contra las tropas federales para una película muda de larga duración, The Life of General Villa. Para ese momento, Villa ya había cautivado a las audiencias americanas; era descrito en los noticieros cinematográficos norteamericanos como un audaz y agresivo líder militar a la par que un Robin Hood local, quien robaba a los barones del dinero para dar a los pobres.

Las evidencias muestran que la compañía cinematográfica suplió a Villa y a sus hombres con vistosos uniformes militares para reemplazar las paupérrimas vestimentas que utilizaban las tropas villistas, además de requerir que los ataques se efectuaran durante el día, porque durante la noche era sumamente difícil filmar los combates. En Los rollos perdidos de Pancho Villa, hay un historiador que refuta esto último.

Estas escenas iniciales reflejan y hasta cierto grado, conforman y describen la política exterior oficial del gobierno de Estados Unidos hacia Pancho Villa y sus rebeldes durante su levantamiento contra el gobierno del despótico Porfirio Díaz, dictador mexicano que estuvo en el poder más de 30 años.

“Resulta muy interesante cómo Washington y Hollywood iban de la mano,” comentó Gregorio Rocha. “Hollywood interpretaba lo que Washington decidía.”

Durante la investigación, tanto en archivos europeos como norteamericanos, Rocha descubrió un sorpresivo número de filmes olvidados que muestran a Villa durante el conflicto bélico revolucionario. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) que se desarrolló en Europa, el público norteamericano se maravilló con la sangrienta guerra que se llevaba a cabo al sur de su frontera. “Creo que fue la proximidad a Estados Unidos lo que causó que se convirtiera en un circo mediático,” manifestó Rocha en alguna ocasión.

Al combinar pietaje documental con escenas de ficción de la biografía de Villa, The Life of General Villa es un curioso melodrama híbrido que utiliza escenas documentales y de ficción. Se estrenó en Nueva York en el Lyric Theater durante la primavera de 1914. El dinero que ganó Villa como pago por la película lo uso para comprar implementos militares para su tropa.

Para 1916, la administración del presidente Woodrow Wilson apoyó a Venustiano Carranza y Villa lanzó su ataque a Columbus, Nuevo México. El complejo político y de entretenimiento, así como el público en general le dieron la espalda. La Mutual llegó al grado de utilizar segmentos de los filmes de Villa combinados con nuevas escenas protagonizadas por Raoul Walsh, quien interpretó a Villa en la película de 1914, para estrenar una nueva cinta, The Outlaw’s Revenge, donde se muestra a Villa como un forajido.

Anuncio de The Mutual Film Corporation de Nueva York en The Moving Picture World del 16 de mayo de 1914
Anuncio de The Mutual Film Corporation de Nueva York en The Moving Picture World del 16 de mayo de 1914

Por décadas, no se supo qué sucedió con The Life of General Villa y The Outlaw’s Revenge hasta que Gregorio Rocha hizo su investigación y algo de luz sobre los filmes ha salido a relucir.

Para Jesse Lerner, curador del REDCAT (Roy and Edna Disney/Calarts Theater) junto con Steve Anker, “Gregorio logró juntar pedazos y claves cinematográficas para dar un gran paso hacia adelante para comprender el papel de Villa en el cine.”

Como se narra en Los rollos perdidos de Pancho Villa, la investigación de Gregorio Rocha lo llevó al archivo de la Universidad de Texas en El Paso y luego a casa de los descendientes de los cineastas Padilla. Ahí, Rocha encontró una versión de La venganza de Pancho Villa, cinta que los Padilla editaron al juntar escenas de filmes mudos originales. Rocha ayudó a restaurar la copia que posee la Library of Congress de Estados Unidos.

Entre las virtudes que posee el filme de Rocha, destaca la conciencia de la enorme cantidad de filmes mudos que han desaparecido o fueron destruidos a través de los años. Cuando llegó la era sonora del cinematógrafo, miles de películas fueron derretidas para recuperar la plata y otros metales valiosos.

“Esta continua búsqueda de datos históricos previene que las personalidades y los eventos del pasado se conviertan en meros ‘monumentos congelados’. Al final, si no compartes tus descubrimientos, éstos se pierden,” manifestó Gregorio Rocha.

Para ahondar en el tema les recomiendo un par de obras: la biografía en dos volúmenes de Friedrich Katz, Pancho Villa y Con Villa en México: Testimonios de camarógrafos norteamericanos en la revolución de Aurelio de los Reyes.

La Llaga (1920)

Artículo publicado en Cine-Mundial, vol. 5, mayo, 1920, p. 508:

Varela y Cía., que, aparte de World, dieron una nueva cinta mejicana, La llaga, adaptación de una novela de don Federico Gamboa, dirigida por Luis G. Peredo, que en esa materia ya tiene conquistado un nombre.

Puede decirse que esta cinta se reduce a mostrar la fortaleza de San Juan de Ulúa (muy interesante por cierto), ya que el argumento (y conste que no conocemos la obra literaria) resultó un poco simple en el lienzo.

La fotografía es magnífica. En cuanto a los intérpretes, en conjunto, bien. Gustavo Curiel, protagonista, es capaz de expresarse bien y pensamos que estuvo acertado en todo; aunque tiene un pequeño defecto que creemos fácil de corregir: subraya demasiado sus movimientos, sobre todo en las escenas fuertes. A María Mercedes Ferriz, muy bella en su papel, le faltó un poco de la sal que sobra a Elena Sánchez Valenzuela; de ésta, opinaremos que estuvo a su altura.

El director acertado;. quizar algo ligero al principio, al pintar el ambiente de la prisión, que parece un campo de batalla. Pero La llaga es digna de Santa; lo que, a nuestro modo de ver, es el mayor elogio.

La llaga en Guadalajara

Dos artículos publicados en Guadalajara dan cuenta de La llaga. Uno, anónimo y el segundo, una simple gacetilla. Ambos están reproducidos por Patricia Torres San Martín en Crónicas tapatías del cine mexicano, pp. 43:

Luis G. Peredo, 1919. Estrenada en el cine Lux el 24 de mayo 1920. 

Variedades, anónimo (30 de mayo de 1920):

Dada la profusión con que nos fue anunciada esta película, basada en la intensa obra del literario mexicano D. Federico Gamboa, más de uno experimentó como nosotros cierto irónico escepticismo que habla quizá de pobres medianías y hasta fracasos.

Porque la adaptación a la cinematografía de una obra enmarañada en su trama y difícil de su acción, como es La llaga, sólo se salva, en la mayor parte de los casos, con una interpretación atinada, producto de tina vasta experiencia artística. Y como la imaginación es más amplia de vuelo y horizontes que el restringido campo abarcado por el lente, se comprende que en la mayor parte de los casos, cuando hemos leído una novela o un drama, asistimos con cierta desconfianza a presenciar la película.

Y desfiló Ante nosotros la encamación de aquel poema.

Luis G. Peredo y el fotógrafo Sr. Becerril, ambos conocidos con ventaja y admirados siempre, desarrollan en esta cinta verdaderos talentos magistrales.

En fin, los detalles, la caracterización, las perspectivas, las luces, los acercamientos, los lugares y los grupos, no son pequeños lunares que se desvanecen por la belleza del conjunto, están muy bien tratados, y dan a entender un paso más en el esfuerzo del arte cinematográfico mexicano.

Variedades (26 de diciembre de 1920):

La llaga en el cine Lux, muy del agrado del público selecto que concurre a este cine, fue la reprise de la hermosa film de arte presentada por artistas nacionales y tomada de la novela del distinguido literario mexicano Federico Gamboa.

Federico Gamboa asiste a un homenaje en la plaza de Chimalistac por su obra Santa. Foto: ciudadanosenred. com.mx

La ficha filmográfica es de Filmografía general del cine mexicano (1906-1931) de Federico Dávalos Orozco y Esperanza Vázquéz Bernal (pp. 56-57):

La llaga, 1919. Producción: Gonzalo Varela, S. en C., Gonzalo Varela, Federico Gamboa y Luis G. Peredo. Dirección artística: Luis G. Peredo. Argumento: basado en la novela homónima de Federico Gamboa. Adaptación: Luis G. Peredo. Fotografía: Manuel Becerril y Luis Santamaría. Intérpretes: Gustavo Curiel, María Mercedes Ferriz, Elena Sánchez Valenzuela, Virginia Muñoz, Emilia Otazo, Antonio Galé, Francisco Ferriz. Filmada a partir de los primeros días de diciembre de 1919 y concluida en enero de 1920. Longitud: 8 o 9 partes. Sinopsis: Eulalio, un militar preso en el castillo de San Juan de Ulúa por el asesinato de su esposa, cumple su condena y vuelve a un mundo ya desconocido: el México transfigurado por el capital internacional. Un periodista, preso político, ha descrito en los capítulos anteriores los círculos infernales que forman el subsuelo carcelario del espejismo de prosperidad profiriana. Eulalio se vuelve conductor de un vehículo que distribuye cigarros en la capital. El vehículo es embestido y destrozado por un tranvía. Eulalio se casa con la viuda Nieves Librado para tener un hijo en que viva el país futuro, el México curado de “la llaga”; es decir, libre de la herida de la injusticia, de la existencia de la pobreza (sinopsis de la novela). Nota: El exhibidor y productor Germán Camus se negó a respaldar el guión de Luis G. Peredo; en vista de ello, éste se asoció con Federico Gamboa, autor de la novela y Gonzalo Varela para filmar La llaga. Peredo recibió importante ayuda en Veracruz de los cadetes de la Marina y de los cadetes del Heroico Colegio Militar.

Llamas de rebelión (1922)

Los datos para la ficha filmográfica y sinópsis están en el libro de  Aurelio de los Reyes, Filmografía del cine mudo mexicano, volumen II, 1920-1924, Dirección General de Actividades Cinematográficas, UNAM, Colección Filmografía Nacional 6, México, 1994, pp. 171-172:

Producción: Martínez y Quezada; Agustín Elías Martínez y ¿Adolfo Quezada? Dirección: ¿Adolfo Quezada? Argumento: Eduardo García Moreno. Intérpretes: Alfonso Labat, Josefina López, Eleazar Reina, Carmen López, Eduardo García Moreno y otros. Filmada en la Sierra Nevada, a las faldas del Volcán de Toluca y en haciendas cercanas. Concluida en septiembre de 1922.

Palacio Municipal de Toluca. Foto: Fototeca Nacional del INAH

Según Aurelio de los Reyes no se exhibió en la ciudad de México aparentemente por haberlo impedido una huelga de cines. Cine Mundial informa que se exhibía en varias ciudades de provincia. Luego, en 1924, la prohibió el Ayuntamiento, sin explicar los motivos, al parecer por haberse referido a la Revolución.

Según Dávalos y Vázquez, (1) Llamas de rebelión aparentemente no llegó a exhibirse. Se anunció con cierta insistencia durante el mes de septiembre de 1922. A fines de mes, un anuncio informaba de la conclusión del rodaje y de su inminente estreno. Sin embargo, no volvió a saberse de la cinta. El argumento plantea con nitidez la conciliación entre en nuevo y el viejo régimen.

De acuerdo a Gabriel Ramírez se estrenó en la ciudad de México el 8 de octubre de 1922 en los cines San Juan de Letrán, Alcázar, Santa María la Redonda, Palatino y Venecia. (2)

Anuncio de Llamas de rebelión en el Teatro Edén
Anuncio de Llamas de rebelión en el Teatro Edén

Sinopsis de la cinta: “El pueblo de San Nicolás, cerca del Volcán nevado, goza de relativa paz, en la época más azarosa que nuestra República ha pasado. Benito Domínguez vive allí con su madre y hermano, explotando personalmente su rancho; está enamorado de Carmela, prima del jefe de Armas general Valverde, un antiguo empleado. Este no está conforme con estas relaciones y trata de impedirlas. Declara enemigo a Benito y lo persigue, apoyándose en su poder, para perderle, pero Benito logra evadirse hiriendo a sus perseguidores. No le queda más recurso que huir y se reúne con ‘Sietebrincos’, su vecino, quien le ayuda a preparar un pequeño ejército, con el cual se levanta en armas, contra el general Valverde, que no llega a preocuparse por este suceso y sale de paseo, junto con sus primas, a una hacienda cercana. El propietario se ha interesado por Carmela y alejando a los demás huéspedes, trata de forzarla, llegando en ese momento el general Valverde, quien le dispara, dándole muerte en el acto, cuando va a cometer una fechoría. Benito asalta la hacienda y sus moradores escapan en una diligencia, pero son alcanzados por la gente de aquél y hechos prisioneros. El general Valverde iba a ser fusilado, pero Benito le perdona la vida. El gobierno legal ofrece amnistía a nuestro héroe, quien la acepta y regresa al lado de su madre y finalmente con su amada Carmela.”

Para Gabriel Ramírez, Llamas de rebelión:

[vulgarizaba] hechos sucedidos apenas ayer (…) ilustraba lo que ocurría cuando el interés privado se prefería al bien general y cómo las venganzas individuales y el espíritu de intriga, ambición y egoísmo podían sofocar el proceso revolucionario iniciado doce años antes. Sobre todo, si habían de por medio, como en este caso, unas tentadoras faldas. (3)

Avenidas Hidalgo y Villada. Foto: Fototeca Nacional del INAH

Por su descripción de la trama y los siguientes comentarios de Ramón Pérez no es aventurado pensar que el gobierno hubiese censurado el filme, evitado su proyección a toda costa. Si tomamos en cuenta que la cinta expresaba, de forma poco velada, sus intenciones, y Llamas de rebelión exaltaba la amenaza de brotes rebeldes a nivel regional. Por otro lado,  el hecho de haber sido filmada en Toluca, ciudad sumamente conservadora y por antonomasia contrarrevolucionaria confirma que la trama tenía un tufo reaccionario, amén de actuar en ella varias “personalidades” toluqueñas.

Vale la pena retomar el escrito sobre la filmación de Llamas de rebelión en Toluca a principios del siglo XX. Se debe considerar que fue escrito varios lustros después del evento. De eso trata el siguiente breve escrito tomado de Estampas Toluqueñas de Ramón Pérez, Ediciones Gobierno del Estado de México, 1977, pp.161-163:

Han transcurrido ya años, muchos años, el entrante nos dará el increíble número de Cincuenta. ¡Cómo pasa el tiempo! ¡Cómo pasa la vida! Muchos de los personajes que aquí vamos a mencionar han desaparecido ya del mundo de los vivos. Es casi seguro que muchos de los lectores ni lo recuerdan siquiera. Y sin embargo, el suceso tuvo lugar.

Allá por el año de 1919, todavía en plena revolución, un joven toluqueño, lleno de inquietudes y permanentemente abierto a la vida, el desaparecido amigo q.e.p.d. Fernando Medina, perpetuo amante de las cosas del arte: música, pintura, tuvo la luminoso idea de financiar la elaboración de una película filmada totalmente en Toluca, con actores toluqueños y pagada centavo a centavo de sus propios recursos. El título de la cinta cinematográfica llevaba el nombre de Llamas de Rebelión.

El argumento se refería a la Revolución Mexicana y, como era natural, se hacía destacar en ella, la vida de nuestros hombres del campo y la del aristocrático hijo de un hacendado de polendas, dado al vicio y a la perdición. No podría darle detalles de dicho argumento; pero, lo que sí puedo decirles es que Llamas de Rebelión fue sin lugar a dudas la película precursora del cine nacional en aquel año de gracia de 1919.

Fernando Medina aparecía en su papel de galán joven, acompañado de la señorita Isabel Ordoñez, hermosa empleada de gobierno, que lucía con donaire y gentileza y con cierta ingenua sencillez tan apartada de la artificiosa actuación de nuestras primeras estrellas. Junto con Chabela Ordoñez aparecían igualmente las estimadas señoritas Carmen Gutiérrez y Josefina Zepeda que bien podían, por su esmerada actuación, estar al lado de tantas celebridades que llenan en la actualidad los sets de nuestros estudios vernáculos.

Los hombres malos, los villanos de la cinta, montaban caballos muy hermosos, eran entre otros: Macario Álvarez, charro bien puesto en aquel entonces y don Jesús Bravo que quizá ni sea recordado con precisión por los entonces asistentes a su representación. Junto a esos hombres lucía sus habilidades de artista Alfonso Labat que se unió más tarde a la compañía teatral de la tan mentada Josefina Noriega. El sastre Francisco Rodríguez también se improvisó artista junto con Eduardo González Pliego que por muchos años actuó como locutor en la X.E.Q.

El fotógrafo del film fue Luis Santa María de la ciudad de México, autor además del argumento. Tomó parte igualmente Eduardo García Moreno, hermano del licenciado Roberto de los mismos apellidos.

La cinta cinematográfica se desarrollaba en Zinacantepec, en la Hacienda de San Pedro, propiedad de la familia Medina, en la Villa Ferrat por el rumbo del paseo Colón, en la Hacienda de Atenco y en Metepec.

Aquellas personas que asistieron a su exhibición recordarán seguramente la habilidad de Macario Álvarez y la estupenda fotografía en que Jesús Bravo, en una parte de la película daba una vuelta completa con el caballo, en caída aparatosa, en la que nada había de truco ni artificio.

Llamas de Rebelión toda hecha por personas ajenas al arte profesional, recorrió casi todo el país. Se exhibió en Zitácuaro, Morelia, Zacatecas, Tampico, la ciudad de México y le produjo mucho dinero a un señor de apellido Martínez y que, aparte de recibir las ventajas del film, le cobró al bueno de Fernando Medina algo más de cinco mil pesos.

Sobre su calidad artística nada podemos decir nosotros sobre el particular, colocados como estamos a tantos años de distancia y por no haber asistido a las funciones que se daban en aquel vetusto Teatro Edén ubicado en la hoy avenida Morelos en donde los señores Sánchez de la Ford acaban de levantar un suntuoso edificio.

Según informes obtenidos, fue tanto el éxito que, noche a noche, es teatro estaba lleno de bote en bote y por no caber la gente que se presentaba, el empresario, para dar gusto a todos los que querían ver en la pantalla a las personas tan conocidas de los vecinos tuvo que repetirla en el Teatro Principal, hoy cine Rex.

Fernando Medina, toluqueño ciento por ciento y uno de los hombres de corazón sencillo y ánima párvula, recibió en esa ocasión las felicitaciones más calurosas por ese gesto tan desinteresado y por su gran cariño a su ciudad natal.

¡Cuántas mujeres envidiaban la suerte de Chabela Ordoñez y cuántas otras no la censuraban por haberse prestado a figurar como la dama joven al lado del señor Medina quien aparecía de galán joven, personaje de gran mundo, dueño de una hermosísima Villa, rodeado de otros jóvenes que jugaban al tenis y bebían espumoso champagne en compañía de elegantes damas.

Con la ñoñería de algunos espectadores timoratos, hacía gran contraste el alboroto del pueblo que reía a mandíbula batiente en las escenas jocosas y se sobresaltaban cuando los revolucionarios Macario Álvarez, Alfonso Labat y Jesús Labastida asaltaban la diligencia que gentilmente había facilitado el conocido hacendado, don Antonio Barbabosa.

Nada importa para nosotros saber la calidad de la película en cuestión: pero nos conformamos con saber que ya gastada y maltrecha la copia, según el saber de algunas personas, se apartaron muchas escenas de charros y se usaron más tarde en otras películas; lo que expresa que fue muy meritoria la labor de  los artistas campiranos, auténticos charros de provincia.

Fernando Medina q.e.p.d. el amigo de tantos años, el hombre bueno y cabal, con su cabellera blanca y su sonrisa juvenil, fue indudablemente, lo repetimos con orgullo toluqueño, el hombre que, sin escatimar dinero y esfuerzo debe ser considerado como el precursor del cine nacional, como lo fuera más tarde en su calidad de artista incomparable, Elena Valenzuela, por ejemplo, en su principal papel de “Santa” la famosa novela de don Federico Gamboa.

Al escribir estas líneas, me siento verdaderamente emocionado, al estar recordando nombres de los vivos y de los muertos que, con entusiasmo y calidad en el trabajo y venciendo prejuicios, figuraron en ese film toluqueño que ostentaban orgullosamente, el título de Llamas de Rebelión.

(1) Federico Dávalos Orozco y Esperanza Vázquez Bernal, Filmografía general del cine mexicano (1906-1931), Universidad Autónoma de Puebla, Colección Difusión Cultural 4, Serie Cine, México, 1985, p. 95.

(2) Gabriel Ramírez, Crónica del cine mudo mexicano, Cineteca Nacional, México, 1989, p. 270.

(3) Ídem. p. 193.

Charles Amador, el Chaplin mexicano

Artículo de Fedrico Dávalos Orozco que publicó Intolerancia, revista de cine, núm. 07, agosto-septiembre 1990, pp. 82-84:

Charles Amador, el Chaplin mexicano

A finales de 1929 llegó a la ciudad de México, proveniente de los Estados Unidos, Carlos o Charles Amador, conocido por sus imitaciones de Chaplin. Su intención era hacer unas películas en nuestro país. La prensa lo recibió con entusiasmo. Se trataba de otro mexicano que había “triunfado” en Hollywood como Dolores del Río, Ramón Novarro, Lupe Vélez, etc., y que ahora honraba su origen filmando en su patria. Declaró que abriría un concurso para elegir a la actriz que – tal vez – cantaría en su primera producción mexicana. (1)

Charles Amador en Terrible Pesadilla

Por lo que se dice en el párrafo anterior, Amador quería filmar películas sonoras con música y canciones; sin embargo, de su labor no quedó constancia en la prensa. La narración de la experiencia mexicana de Amador hubiera concluido aquí si no se hubieran localizado, en Puebla, hace aproximadamente quince años, cuatro rollos de ocho de una comedia de largometraje filmada y protagonizada por Charles Amador: Terrible pesadilla. Considerando la fecha de su arribo a México y que la compañía productora dedicó la cinta al presidente de la República Ing. Pascual Ortiz Rubio y al gobernador poblano Leónides Andrew Almazán, es probable que la cinta se filmara en Puebla en el año de 1930. Terrible pesadilla parecía llevar en el título su propia autocrítica. Suma de tropiezos, la cinta es un ejemplo significativo del trabajo de Amador como imitador de Chaplin. Entre otras cosas, reunía versiones muy precarias de algunos de los hallazgos cómicos del cine norteamericano: Keystone Cops, las bañistas de Sennett, los pastelazos, las “riesgosas” escenas de los autos que se atraviesan a los tranvías, etc.

Aunque la copia rescatada en Puebla y que preserva la filmoteca de la UNAM es muda, contiene algunos fotomontajes ahí mismo depositados que la anuncian como sonora. En Terrible pesadilla, Amador, el deslucido Charlot azteca encarna a Phill Otto Malo, frustrado aviador. Siendo esperado ansiosamente en la ciudad de Puebla se estrella antes de llegar a su destino. En consecuencia enfrenta varias peripecias: vestido de torero acude a una plaza de toros; en un cabaret coquetea con un travesti creyéndolo mujer, los Keystone Cops acuden al cabaret ante una amenaza de bomba; finalmente, Amador es despertado de su “terrible pesadilla” en un banca del parque por un policía. De los rollos que se conservan (1º, 4º, 5º y 8º) vale la pena destacar la escena de una bailarina danzando el jarabe tapatío de puntitas en zapatillas de ballet (Carmen Desfasiaux) en un cabaret. Sorprendentemente, el sustrato humorístico de la cinta se apoya en los innumerables intertítulos que la plagan. Un humor más bien elemental, lleno de retruécanos y chistes de dudoso gusto.

A continuación, como ilustración del humor verbal de Amador, reproduzco los créditos de Terrible pesadilla transcritos por la filmoteca Luis Buñuel de Puebla:

LA CÍA. CINEMATOGRÁFICA MEXICANA “EL ÁGUILA”, S.A.

PRESENTAN A CHARLES AMADOR EN

TERRIBLE PESADILLA 

REPARTO:

CHARLES AMADOR . . . . . PHILL OTTO MALO

CARMEN ORTIZ . . . . . MARY HUANA

ELÍAS DE HANAN . . . . . JUAN GALLARDO

CARMEN DESFASIAUX . . . . . MERRY CHRISTMAS

ROBERTO GEVARA . . . . . NAPOLEÓN CHURRUCA

AMBROSIO ROJAS . . . . . CATARINO HUARACHE

CARLOS DESFASIAUX . . . . . CORNELIO DEL TORO

HONORATO REYES . . . . . BARTOLINO BELÉN

IGNACIO DÍAZ . . . . . CACAHUATE SALADO

ESCRITA Y DIRIGIDA POR: CHARLES AMADOR

FOTOGRAFÍA DE: RODOLFO ROSAS          TÍTULOS DE: CARLOS LEÓN

ADAPTACIÓN MUSICAL DEL MAESTRO ERNESTO MANGAS V.

DISTRIBUIDOR EXCLUSIVO: ELÍAS DAVID HANAN

4 NORTE 1405                                   PUEBLA, PUE.

&   &   &   &   &

LA CÍA CINEMATOGRÁFICA MEXICANA “EL ÁGUILA”, S. A.

TIENE EL HONOR DE DEDICAR CON TODO RESPETO SU PRIMERA PRODUCCIÓN EN PRO DEL ARTE NACIONAL, AL CIUDADANO PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA INGENIERO DON PASCUAL ORTIZ RUBIO.

IGUALMENTE HACEMOS PRESENTE NUESTRA DEDICATORIA AL C. DR. DON LEÓNIDES ANDREW ALMAZÁN, GOBERNADOR DEL ESTADO DE PUEBLA.

Charles Amador en otra escena de Terrible pasadilla

Pero, ¿quién era Carlos Amador? Los datos sobre su vida y obra son escasos y confusos. En sus presentaciones en nuestro país afirmó que él era Billy West y Charlie Aplin, ambos conocidos imitadores de Chaplin, especialmente el primero. Sin embargo, las fuentes históricas consultadas hasta el momento afirman que son dos personas distintas. A Billy West se le considera hijo de inmigrantes rusos y a Carlos Amador un “actor mexicano” que usó el seudónimo de Charlie Aplin.

Si a lo anterior agregamos que los datos biofilmográficos de ambos son extrañamente coincidentes surge la necesidad de profundizar la investigación para dilucidar el misterio que rodea la vida de Carlos Amador: imitador de Chaplin ¿acaso engañó a sus paisanos haciéndose pasar por Billy West, el “mejor” imitador del cómico inglés?; o bien, ¿acaso engañó a los norteamericanos pues era más prestigioso ser un inmigrado ruso que un emigrado mexicano? Esperamos en poco tiempo poder dilucidar la verdad. Mientras tanto, presentamos algunos datos sobre el Chaplin mexicano, según él mismo los difundió a través de gacetillas periodísticas.

A los tres años fue llevado por sus padres a Los Ángeles, donde más tarde comenzó su carrera cinematográfica como extra. Según sus propias declaraciones en las imitaciones de Chaplin se hizo llamar Billy West, aunque ocasionalmente también se le conoció como Charles Aplin. Según afirmación propia, la primera caracterización de Chaplin la hizo trabajando al lado del actor Douglas Fairbanks en The Nut (Theodore Reed, 1921) (2)

A mediados de 1923 visitó en plan de trabajo la capital mexicana acompañado de Dolly de Wayne representando “escenas cómicas tal como si estuviera frente a la cámara de los estudios cinematográficos” (3) en el teatro Olimpia. Su acto cómico complementaba la proyección de El joven rajah (The Young Rajah, 1922 de Phil Rossen). Una gacetilla decía al respecto lo siguiente:

Una excelente película de leyendas orientales con la mejor interpretación de Rodolfo Valentino, El joven rajah, y la presentación personal del gran imitador de Charles Chaplin, Billy West (su verdadero nombre Carlos Amador)… (4)

Para estas fechas, 1923, Amador declaraba tener en su haber tan sólo dos cintas imitando a Chaplin. (5) En cambio, hacia 1925 ya tenía filmadas “varias docenas de rollos”.

En octubre de 1925 las cortes fallaron en su contra en un litigio promovido por Chaplin, viéndose obligado a cambiar su indumentaria. Los abogados de Amador hicieron una sorprendente defensa de los “derechos” de su defendido para caminar, vestir y maquillarse como Chaplin. Acopiaron una detallada y comprobable cantidad de datos y testimonios señalando que el mostacho, vestuario (sombrero de hongo, bastón de caña, saco, pantalones, zapatos), maquillaje, caminado de pato, etc., no eran exclusivos de Chaplin y habían sido utilizados por diversos comediantes de manera aislada o en diversas combinaciones. El demandante aceptó todas las consideraciones históricas, pero apuntó que incluso si otros habían empleado elementos de su vestuario, el vestuario en su conjunto, unido al nombre de Chaplin eran de su exclusiva propiedad y que conforme a la ley de competencia desleal tenía el derecho de protegerse de los imitadores. Así la corte falló contra Charles Amador y su personaje Charles Aplin, obligándolo a modificar su vestuario. (6)

El falso Chaplin, Carlos Amador

Emilio García Riera menciona una cinta actuada por Amador en 1925, A Day in Tijuana, dirigida por Robert MacKenzie. (7)

Seguramente una investigación más acuciosa nos aportará datos muy interesantes sobre la trayectoria de este mexicano en Hollywood. A diferencia de otros nacionales buscadores de fama en el emporio norteamericano que se forjaron directamente bajo la luz de reflectores como actores o bien asimilaron los diversos oficios relacionados con la producción, Charles Amador ha sido prácticamente olvidado. Aparentemente fracasó su intento de afianzarse en México y no se conocen noticias de sus actividades posteriores.

Notas:

  1. El Universal Ilustrado, núm. 656, diciembre 5 de 1929, pp. 18 y 43.
  2. El Universal Ilustrado, Ibídem; Revista de Revistas, núm. 690, julio 29 de 1923, pp. 12-13.
  3. El Universal Ilustrado, núm. 55, mayo 24 de 1928.
  4. Excélsior, julio 28 de 1929.
  5. Revista de Revistas, núm. 690, julio 29 de 1923; El Universal, abril 18 de 1923.
  6. McCabe, John. Charlie Chaplin. Garden City, N.Y. Doubleday, 1978, pp. 87-88.
  7. García Riera, Emilio. México visto por el cine extranjero, vol. 1. Era-Universidad de Guadalajara. México, 1987, p. 132.

Sobre este filme, Emilio García Riera en el primer volumen de su Historia documental del cine mexicano (p. 17) “no deja pie con bola” al comentar de Terrible pesadilla que:

[e]n efecto, parece una pesadilla – más patética que terrible – lo que se ve en las partes de esta comedia que logró rescatar la Cinemateca Luis Buñuel de Puebla en lo años sesenta y que vienen a ser la mitad, más o menos, de lo muy mal filmado por el jalisciense Amador. Parece ser que Amador, un torpe imitador de Charles Chaplin, trató en vano de hacer sonora su película, y aun logró que Ernesto Mangas le compusiera una “adaptación musical” para acompañar, por ejemplo, una escena de cabaret en la que una bailarina interpreta el jarabe tapatío con modos de ballet (de puntas) y vestida con sombrero charro y falda de china poblana recogida hasta las rodillas. A falta de sonido, Amador acudió a Carlos León (supongo que era el conocido periodista y muy dudoso humorista de ese nombre) para que le redactara unos intertítulos de cuya consternante “gracia” dan idea los nombres de los personajes; sólo se salvó de un nombre sin “chiste” uno de los productores de la cinta, Elías Hanan, que se llamó en la película Juan Gallardo, como el torero de la novela Sangre y arena, del español Vicente Blasco Ibáñez, interpretado en 1922 por Rodolfo Valentino para Hollywood.

Charles Amador en el set de El inocente con Adela Sequeyro Perlita de cabello rubio y Emilio Tuero con sombrero bajo el brazo

Según el  IMDb, Amador murió en Chula Vista en 1974 y le adjudica dos comedias más. Una de ellas, filmada en 1930, también la consigna Moisés Viñas en su Índice general del cine mexicano y se tituló El inocente con Emilio Tuero y Adela Sequeyro Perlita. La otra, solamente es mencionada por el IMDb y se tituló El día del trabajo, filmada en 1935. En ésta, Amador comparte créditos con Ana María Bengoa y Elvira Gosti, quien posteriormente, en 1937, actuó en La mancha de sangre de Adolfo Best Maugard.