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Viaje Redondo (1919)

Tomado de Cine-Mundial, vol. 5, agosto, 1920, p. 721:

Viaje redondo, la primera comedia de la tan anunciada serie de interpretaciones de
Leopoldo Beristáin, con argumento de Carlos Noriega Hope, dirección de J. Manuel
Ramos y fotografía de Lamadrid, editada por La Cinema.

Leopoldo Beristain en Viaje redondo (1919)

Leopoldo Beristáin no debió tener muchas dificultades para crear al protagonista, puesto que está cortado con los mismos moldes que nuestras zarzuelas típicas, en las que es maestro. Con la palabra ha perdido mucho mérito su labor; pero como la mímica de nuestro pueblo bajo es bastante expresiva para los que la conocemos, todo el público ha reído, que es lo que se trataba de conseguir. Algún cronista pudo hacer con más oportunidad que yo una recomendación sobre las pelucas exageradas del actor, y también voto porque desaparezcan.

Lucina Joya ha desempeñado su parte con el acierto de siempre y los demás tampoco desmerecen. Podemos conformarnos con que la próxima sea igual.

Según un anuncio aparecido en El Universal en la sección Teatros y cines el 12 de junio de 1920, esta cinta se estrenó ese sábado 12 en los cines Venecia, San Juan de Letrán, San Hipólito, Trianón, Casino y América. (Las vistas. Una época del cine en México, Manuel González Casanova)

Federico Dávalos Orozco en Albores del cine mexicano menciona que:

[Viaje redondo], sobre un argumento de Carlos Noriega Hope, cuenta los apuros de un fuereño en la capital: el provinciano don Chon, caracterizado por el comediante Leopoldo Cuatezón Beristáin, procedente del imaginario poblado de Santa Cruz Tepetitlán, se aventura por la “aristocrática” calle de Plateros y el Zócalo a lomo de burro. Las gacetillas afirmaron que el Cuatezón Beristáin había creado “un nuevo tipo cinematográfico hasta ahora desconocido: el charro mexicano”.

Fotogramas varios de Viaje Redondo

La ficha filmográfica aparece en Filmografía general del cine mexicano (1906-1931) de Federico Dávalos Orozco y Esperanza Vázquez Bernal:

Producción: Martínez y Cía., La Cinema, Agustín Elías Martínez. Dirección artística: José Manuel Ramos. Argumento: Silvestre Bonnard (seudónimo de Carlos Noriega Hope). Adaptación: José Manuel Ramos. Fotografía: Julio Lamadrid. Intérpretes: Leopoldo Cuatezón Beristáin (don Ascensión Salpullido), Lucina Joya, Alicia Pérez, Armando López, Manuel y Pompín Iglesias, Joaquín Pardavé. Longitud: 5 partes.

Nota: El argumento versaba sobre los apuros de un fuereño en el maremagnum de la capital. […] En esta película, considerada por su asunto como “netamente mexicana”, se dio oportunidad para que algunos creadores del llamado “género mexicano” del teatro de revista probaran fortuna en el cine. Viaje redondo fue la primera cinta de Joaquín Pardavé.

Gabriel Ramírez en Crónica del cine mudo mexicano escribió lo siguiente sobre el filme Viaje redondo:

José Manuel Ramos y Julio Lamadrid, de la recién desmantelada Films Colonial, se unieron al distribuidor Agustín Elías Martínez y su productora La Cinema Martínez y Cía. para rodar una película que sacaría del Lírico algunos elementos de la compañía de zarzuela mexicana de Leopoldo Cuatezón Beristáin “artista de la cuerda vernácula nacional”. Pensaba como la primera de una serie que Martínez quería hacer con el popular cómico, Viaje redondo no fue más que una sucesión de sus hilarantes y grotescas rutinas tandófilas que el argumentista Silvestre Bonnard explotó sin mayores esfuerzos.

Uno puede aventurar que por más elementales y obvias que fueran las situaciones y enredos que se originaran con la visita a la capital del torpe provinciano Beristáin (que seguramente lo fueron), Viaje redondo tuvo que significar por fuerza una fresca variante dentro del asfixiado y entumecido panorama del cine mexicano. No era difícil lo que conseguía la indudable vis cómica del Cuatezón, (“será para México lo que Chaplin en Norteamérica”) en que las risas y carcajadas que noche a noche producía en el teatro su discriminadora caricatura de ese mitológico campesino mexicano, suma de todas las sandeces, se repitiera en el cine. Al menos, así lo dejaban entrever los siguientes comentarios.

Fotografía: Cine-Mundial de septiembre, 1920

Para Bermúdez Zataráin, por ejemplo, Viaje redondo hacía “reir constantemente”, o casi, y le pronosticaba un “seguro e indudable” triunfo basado completamente en Beristáin, “tan característico como cualquier otro tipo de comediante, con la ventaja de ser muy original (…), con sus ingenuidades muy a menudo maliciosas (y) su carácter muy nacional y muy simpático”. Refiriéndose a la esquemática factura de la película, reducida a una breve incursión a la “terrible vida de esta ciudad de basura”, (según rezaba uno de los títulos), que ya desde entonces era el Distrito Federal, el cronista se lamentaba de la pobreza del guión,

“que restó brillantez al asunto de por sí muy gracioso que se hubiera prestado en manos hábiles a ser doblemente rápido en muchas de ellas, destruyeron algo del efecto cómico, un ejemplo: el detalle trunco de la conversación en momentos culminantes, tales como las referentes al movimiento de las calles en el correo: una vista en perspectiva desde lo alto del Teatro Nacional con el tráfico de vehículos y transeúntes, hubiera pintado más marcadamente las angustias de buen Chon (Beristáin). Los interiores (…) fueron demasiado restringidos y esto viene a demostrar que la galería de la Avenida Salvador puede ser excelente para hacer fotografías, pero no para escenarios cinematográficos. Un detalle técnico malísimo es el de la conversación de Chon con los ladrones de ferrocarril: los close-ups de ellos fueron tomados con el convoy en movimiento y los de Chon cuando el tren estaba parado.” (Rafael Bermúdez Zataráin, en El Universal Ilustrado, 20 de mayo de 1926)

En otro testimonio, ahora de Silvestre Bonnard, se rendía desmedido homenaje a las dotes y virtudes de Beristáin y se le veía como la expresión más genuina surgida en el cine mexicano, llegando al extremo de deplorar la ausencia de auténticos directores en México: “Si Griffith viera a Beristáin, habría de correr tras de él como un poseído; Genina le ofreció carretadas de oro, porque es una gran estrella”. Y un poco más adelante: “Beristáin se revela como un espléndido actor de cine y el día que un buen director lo moldee entre sus dedos, competirá con cualquier hacedor de la risa mundial”. Por desgracia, “la película, como hay personas aficionadas al teatro que realizan funciones de beneficencia”. (Silvestre Bonnard, en El Universal Ilustrado, 27 de mayo de 1920).

Beristáin, fundamentalmente un cómico carpero, vivía tranquilo y confiado en la explotación fácil de su personaje famoso y jamás consideró seriamente que su medio de sustento estuviera en esa cosa precaria que era el cine, hacia el cual, por otra parte, era bastante refractario (“¡Hombre!…me revienta Chaplin y la oscuridad”, diría alguna vez).

Viaje redondo en Guadalajara 

Dos artículos publicados en Guadalajara dan cuenta de Viaje redondo. Uno de Silvestre Bonnard (seudónimo de Carlos Noriega Hope) y el segundo de Rafael Bermúdez Zataraín. Ambos están reproducidos por Patricia Torres San Martín en Crónicas tapatías del cine mexicano, pp. 44-45:

José Manuel Ramos, 1919. Estrenada en Guadalajara en los cines Ópera, Royal, América y Tabaré el 11 de julio de 1920.

Respetable Público, Silvestre Bonnard (13 de junio de 1920):

Leopoldo Beristáin. El incomparable actor cómico filma una película que pronto conocerá el público metropolitano.

Beristáin llegó a La Habana. En un teatro metropolitano surgió nuevamente con sus interpretaciones folclóricas. Y otravez se congregó a su público, ese heterogéneo conjunto de tandófilos, mujeres equívocas, padres de familia y honestasseñoritas de vecindad. Los jueves, en las funciones familiares Beristáin pulía demasiado sus personajes: trocaba el mecapalera en un .individuo con algo de Carreño en sus ademanes, casi pulcros y decentes […]

Confieso que yo nunca asistía a las funciones familiares, porque no tenían el acre atractivo de sus tandas nocturnas. Eran un remedio social e insignificante del arte folclórico de este gran actor.

[…] Hoy el señor Beristáin es disputado por los escasos productores de México. Le ofrecen sueldos que nadie ha soñado pagar por una actuación cinematográfica, y es ya una cosa común y corriente que la película de Beristáin predicen con entusiasmo [sic]. Beristáin hizo una comedia cinematográfica que tituló Viaje redondo y muy pronto pasará en los cines de México.

Asistí a una exhibición privada y ahora comprendo por qué he escrito tanto acerca de los Frentes de la guerra. Con una claridad maravillosa recordé todo el pasado, así como la historia de Grisel.

La película no es una maravilla, ya que nosotros no podemos aún crear obras perfectas; tiene muchos errores técnicos y muchos deslices artísticos, pero en ella triunfa del principio al fin el gesto de Leopoldo Beristáin. Ignoro si gustaría a México, porque en estas cosas lo mejor es confiarse en la suerte, como sucedió con los Frentes, pero siempre recordaré con melodía, cómo nimoe [sic] inopinadamente a don Leopoldo Beristáin con el cine…

Leopoldo Beristáin. Foto: http://www.bicentenario.gob.mx/

Respetable Público, Rafael Bermúdez Zataraín (4 de julio de 1920):

Comedia cinematográfica nacional interpretada por Beristáin

Las comedias han venido a llenar un vacío en los programas cinematográficos; hace poco todavía los espectadores torcían el gesto a todos los films de risa, de fina comedia y más aún de los grotescos; iban a los cines decididos a indigestarse en el melodrama o simplemente en los aspavientos dramáticos de” alguna trágica de pega. Ahora nos parecerá increíble, pero bien presente lo tenemos, hubo temporadas que en los cines de más pisto, se proyectaban hasta cuatro dramones en cada función, a cual más terroríficos, espeluznantes y descabellados.

Quizá alguien pensará que aquello era demasiado drama; pero no faltaría alguna réplica de este estilo.

– ¡Oh! Sería imperdonable que después de una obra de arte tan maravillosa como cualquiera de las que vimos, fueran a salir con una fantochada insoportable.

Pero la evolución ha venido y ahora la comedia está en lo más alto de su gran imperio. Entre un tanto por ciento de los asiduos concurrentes a las salas de proyección, son más populares Mabel Normand, Madge Kennedy, Susana Grandais, Luisa Fazenda, Marie Prevost, Gaby Dellys, Mary Pickford, Arbuckle, Max Linder, Al St. John, Charles Chaplin y Harold Lloyd, que los más renombrados trágicos de la pantalla y de la escena hablada.

Y por tanto Viaje redondo ha llegado a excelente tiempo llenando el enorme hueco que había en la cinematografía nacional.

Viaje redondo hace reír constantemente o por lo menos, muy seguido y su triunfo es seguro e indudable: este Chon de Beristáin es tan característico como cualquier otro tipo de comedia, con la ventaja de ser muy original en el ambiente cinematográfico; con sus ingenuidades muy a menudo muy maliciosas, Chon hace divertir siempre y si su carácter muy nacional y simpático es bien explotado en otras películas similares, hará fortuna. En la presente ocasión, las aventuras Chon han sido reducidas, se han concretado a iniciarlo apenas en la terrible vida de esta ciudad de la basura, como dicen en la película en cuestión.

En lo que respecta a Beristáin es indudable que es un artista cinematográfico, le sobra naturalidad, y sólo es de lamentar que acuda demasiado al make up de las pelucas, pues está en grave riesgo de que en un close up de acción intensa se 1e descubra el artificio. En ese particular “la primera autoridad del pueblo le ganó visiblemente, pues su auténtica barba, apenas crecida, que le blanquea al intenso sol, le da gran naturalidad a su personaje

Lo más flojo de Viaje redondo es la adaptación cinematográfica, que restó brillantez al asunto de por sí muy gracioso y que se hubiera prestado en manos hábiles a ser doblemente cómico, pero la falta de hilación en muchas escenas y el corte rápido en muchas de ellas, destruyeron algo del efecto cómico, un ejemplo: el detalle trunco de la conversación telefónica. La dirección técnica casi siempre feliz, falló en momentos culminantes, tales como los referentes al movimiento de las calles en el correo: una vista en perspectiva desde lo alto del Teatro Nacional con el tráfico de vehículos y transeúntes, hubiera pintado más marcadamente las angustias del buen Chon.

Los interiores cinematográficos fueron demasiado restringidos y esto viene a demostrar que la galería de la Avenida del Salvador puede ser excelente para hacer fotografías pero no para escenarios cinematográficos.

Un detalle técnico malísimo es el de la conversación de Chon con los ladrones en el ferrocarril. Los close ups de ellos fueron tomados con el convoy en movimiento y los de Chon cuando el tren estaba parado.

Pero en total, poniendo en la balanza de la justicia lo bueno y lo malo de la film, Viaje redondo ha triunfado y por tanto marca la primera base en la etapa de las películas cómicas de la cinematografía mexicana.

El automóvil gris (1919) en Cine-Mundial, Excélsior y El Universal

De El automóvil gris se han escrito infinidad de ensayos, libros, artículos y ediciones especiales. Claudio Valdéz Kuri hizo una adaptación al teatro Benshi con su Teatro de Ciertos Habitantes ; ha sido musicalizada en dos ocasiones por la banda de jazz-rock  Troker. Sin embargo pocos tenemos la posibilidad de leer las reseñas y crónicas escritas y publicadas en el momento de su estreno. A continuación reproduzco cuatro artículos sobre el filme; tres fueron publicados sucesivamente los días 11, 12 y 13 de diciembre de 1919 mientras la películas estaba en cartelera. Dos de ellos en El Universal y el otro en Excélsior. El cuarto, una breve reseña de Cine-Mundial, revista editada en español, pero publicada en New York. La visión contemporánea al estreno del serial tiene mucha validez estética e histórica, pues recordemos que la versión que hoy podemos ver es una mutilación para convertir el serial de 12 episodios en un largometraje, cortando de tajo el lenguaje cinematográfico de la versión original. Posteriormente se le adaptó una banda sonora y se cortaron los intertítulos. Si lo vemos con ojos modernos, mutilaron sin reparación posible, la obra original.

Epifanio Soto, hijo, corresponsal para México de Cine-Mundial publicó en el número de febrero de 1920 una breve reseña, no muy positiva sobre la obra:

Es la última película mejicana, dividida en tres jornadas, que editó la empresa Enrique Rosas y Cía., basándose en el escandaloso proceso de unos bandidos que disfrazados de militares, habían, por 1915, hecho limpieza demasiado general en las colonias Roma y Juárez, faltas entonces de vigilancia.

Aunque no se hizo a un lado lo novelesco, porque todavía esta en el misterio mucho que era necesario explicar, puede decirse que la serie es histórica: aumentando su valer el que la interprete Juan Manuel Cabrera, aprehensor auténtico de la banda revivida y que ha sido muy discreto ante el objetivo.

El papel más importante lo tuvo a su cargo, desempeñándolo con acierto, Juan Canals de Homs. Anotamos también: a María Mercedes Ferríz, que hace muy bien las escenas tranquilas, sin bastante vehemencia en las dramáticas; Dora Vila; Ángel Esquivel, en su “Oviedo” y Enrique Catalauva (sic).

Cosa rara: no se han rebuscado las calles para que Méjico parezca prodigiosamente bello, manía de los productores de acá; casi todo se tomó en callejuelas desiertas y feas, que dan realismo a las persecuciones en otros lugares increíbles, y a los combates formidables, propios de la época de anarquía que fueron. En las escenas típicas, la dirección también estuvo atinadísima, y es lástima que tan bello trabajo se enlodara en los últimos rollos de la tercer jornada; atroz desbarajuste en que algunos personajes mueren dos veces, otros que estaban libres aparecen escapando de la cárcel y se ven escenas inexplicables, que hacen pensar en unas tijeras, manejadas quizá por el juez que hizo pasar ente él esta cinta, en vista de que los reos Quintero y Lara, pertenecientes al verdadero “Automóvil gris” no consentían que se les desacreditara en el lienzo.

La fotografía buena; los rótulos, muy ampulosos…

Como negocio, descomunal. Se estrenó en 18 cines llegando a proyectarse en 23 en una misma tarde.

Excélsior publica el 11 de diciembre de 1919 una sinopsis de la obra firmada por Enrique Rosas y Cía. La transcribo de Luz y sombra. Los inicios del cine en la prensa de la ciudad de México, obra de Felipe Garrido:

Primera jornada: Esta película no es una ficción calcada sobre hechos reales; es transcripción exacta de la verdad, entresacada de los incongruentes detalles de un misterio. Argumentada sobre los crímenes de la Banda del Automóvil Gris tiene detalles dramáticos y emotivos, escenas terribles y pinceladas poéticas que son rayos y piadosos relámpagos de virtud que de vez en vez rasgan la sombra del antro pavoroso donde la maldad, la impiedad y el crimen se refugian.

Segunda jornada: La vida de los malvados es intranquila, miserable, llena de sobresaltos y peligrosos.

Como el ojo implacable de la policía está siempre fijo en ellos, cada diamante que roban es brasa ardiente que les quema las manos; su injustificada prosperidad los delata, el detalla más nimio los vende y la palabra más simple los lleva al patíbulo.

Por eso los ladrones del automóvil gris recorrían sobresaltados las más extraviadas callejas, vivían en escondidos tugurios y dormían sobre colchones que por guardar en su vientre joyas y dinero robado eran a modo de quemante túnica de Neso en que no encontraban tranquilidad ni reposo.

Tercera jornada: ¡Oh! El crimen es el peor de los negocios; es la expresión máxima de la culpa; es el colapso de todas las fuerzas humanas. El culpable que huye sin castigo en busca de un refugio, va perseguido por su propia conciencia. Viendo por todas partes la amenaza del presidio o del patíbulo; por eso, cuando de pronto se encuentra con el ejemplo de los que tranquilos laboran en la santa honradez del trabajo, y se da cuenta de que el crimen es una negación, una ruina y la antesala del patíbulo, su alma se llena de arrepentimiento.

Quien delinque es siempre débil y digno de compasión. Quien trabaja y cumple con el deber, tiene siempre el derecho a la alegría de vivir.

El 12 de diciembre de 1919 se publica una inserción pagada que según artículo reproducido por Manuel González Casanova en su tesis doctoral, Por la pantalla. Génesis de la crítica cinematográfica en Mexico 1917-1919, concluye en nota alusiva que “el artículo anterior fue, evidentemente, una inserción pagada que utilizó la cabeza de Por la pantalla”. Con este título publicaba su columna sobre cine Carlos Noriega Hope, bajo el seudónimo de Silvestre Bonnard en El Universal.

Al fin en la mayoría de los cines de esta Capital, se estrenó la tan discutida película “El Automóvil Gris” pasando por la pantalla la primera jornada compuesta de cinco episodios divididos en 12 partes.

La película es interesante de grand emotividad y en efecto, como lo han anunciado los empresarios de esta cinta está calcada en el conocido proceso que aún se sigue contra los culpables de la banda del “Automóvil Gris”. Realmente puede asegurarse un éxito para la empresa productora y para el arte nacional que nos presenta una película de irreprochable corte, buena fotografía y detalles dramáticos de gran interés. En efecto por la pantalla se ven dentro de la forma teatral, la mayoría de los asaltos que cometió la fatídica banda del “Automóvil Gris” que primero en tiempos de zapatismo y después al volver el orden a esta Capital fue terror y pánico de la mayoría de sus habitantes.

Se nos asegura que en las posteriores jornadas que pasarán el día de hoy y de mañana, el interés que el público ha manifestado con un lleno completo en todos los salones acrecentará, pues hay escenas de un valor insuperable, tales como el fusilamiento tomado auténticamente por el señor Rosas, editor de esta película intercalado después en ella en el lugar oportuno.

Bajo el punto de vista moral, no es de las películas que lleven al criminal una nueva enseñanza, tales como las que diariamente se estrenan, en que el criminal siempre tiene un nuevo recurso, algunas veces científico como las cloroformizaciones, empleo de la electricidad, etc. y en las que invariablemente el malhechor burla a sus perseguidores y la policía hace un papel ridículo. En eta vista, repetimos puede verse desde el momento en que la peligrosa banda se forma hasta el epílogo en el patíbulo doloroso por cierto, pero de gran ejemplaridad.

Felicitamos cordialmente a los editores de esta película augurándoles un éxito en esta vista que ha superado a todas las anteriores producciones del arte nacional y a las artistas señoritas Dora Vila y María Mercedes Ferriz y señores Juan Canals de Homs y Enrique Cantalauba, principales intérpretes de esta sensacional película.

En la misma obra mencionada arriba de Manuel González Casanova, éste transcribe un artículo de Silvestre Bonnard quien tiene bastante bien definido qué es el análisis cinematográfico y considera que El automóvil gris merece un buen aplauso. El artículo se publicó en El Universal en diciembre 13 de 1919 bajo la columna Por la pantalla que escribe Carlos Noriega Hope con su seudónimo Silvestre Bonnard:

El caso del “Automóvil Gris” deberá llamar la atención de los alquiladores y empresarios, porque hasta ayer se ha podido medir, matemáticamente, el resultado de una gran campaña de publicidad. Ciertamente que, desde hace seis meses, la diaria comidilla de los aficionados al cine era el asunto del “Automóvil”. Las rosas oriflamas del escándalo le dieron lustre y esplendor y todas las cuestiones de curia y de papel timbrado sirvieron también para estar pinchando todos los días la curiosidad de nuestro ingenuo público. Todavía ayer los presuntos responsables del auténtico proceso se trocaron, con una infantil inconsciencia, en aliados y agentes de publicidad del señor Rosas al oponerse, desde las mazmorras de la Penitenciaría, a la exhibición sentido comercial, supo aprovecharse de todas estas circunstancias.

Me lo imagino frotándose las manos y lanzando amables miraditas a través de los espejuelos al revisar diariamente la Sección de Tribunales de los diarios de México: “No se permitirá la exhibición del “Automóvil Gris”…”Granda y socios amenazan desde la Penitenciaría a los editores de la película..” et ainsi de suite.

Naturalmente ayer fue una gran tarde de toros, Había romerías en los barrios y caravanas en las calles céntricas que se dirigían anhelantes, a contemplar el sangriento “Automóvil”; en los pórticos de los salones se hacían cola esperando la apertura, pues que muchos bien informados (¿no serían, acaso, agentes de publicidad?) deslizaron el rumor de que la mano enérgica de la policía habría de poner un interminable paréntesis en plena exhibición…

Con todo esto el resultado no se hizo esperar: diecinueve cines metropolitanos ofrecieron en sus pantallas el truculento automóvil, batiéndose un récord, naturalmente.

Siguiendo las frases de cajón necesito decir que la película tiene una espléndida fotografía. En realidad esta afirmación no debe tomarse como un elogio pues sería tanto como suponer, bochornosamente, que en México aún se producen, en las postrimerías del año, películas de buena y mala fotografía. El eficiente manejo de la cámara es ahora una necesidad natural y sencilla en el cinematógrafo. La mala fotografía es algo que pasa ya a la historia del cine, como pasaron las primeras películas de quince metros en las cuales se mostraba al mundo un caballo en movimiento. Así pues el señor Rosas, decano de los cinematografistas nacionales cumplió, simple y sencillamente, con su deber.

Fotogramas de El automóvil gris

Los intérpretes merecen, en cambio, más detenida atención. La principal figura de la trama estuvo a cargo del señor don Juan Canals de Homs, director artístico de la admirada película “Tabaré” y apreciable actor de larga práctica. Solamente que, en este caso, el señor Canals de Homs dio a su papel un tinte de distinción, de elegancia, de galantería y de finos modales que me temo no sean apegados a la verdad histórica. Yo siempre creí en la recia catadura del jefe de la tenebrosa banda; me imaginé que este engendro del mal sería un bandido tinto en sangre, cuyas pupilas relampagueasen mientras las espesas e hirsutas cejas subrayaban todo el horror de la mirada. Suponía, en fin, que ese horrible criminal no tenía idea de la existencia de Carreño y , menos aún, del amable libro sobre los buenos modales que tal señor escribiera, y confieso paladinamente que me hallaba absoluta y fundamentalmente equivocado. Porque en la película el jefe de la banda del “Automóvil Gris” nos asombra con sus ademanes amplios y bulevarderos, con su airoso contingente de sportman vestido, por diletantismo, de apache parisino. Y así, cuando la feroz bando roba y comete violencias sin nombre, en vez de tropezar mis anteojos con una figura, que, en medio de esas escenas mostrase toda la impudicia del mal, vi un amable caballero vestido irreprochablemente, que jugaba con una pistola, cuya negra cacha destacábase entre las manos, pulidas y finas. Cuando la policía pone cerco a los criminales, no puede vislumbrar un endemoniado asesino; por desgracia la imagen que vino a mi memoria fue la del señor Conde peleando heroicamente a las puertas de París. Y luego, cuando la banda retorna ahíta de sangre a su guarida, no surgieron en la pantalla las rudas barraganas de los criminales, sino que apenas pasó la silueta de la señorita de Montpensier, sosteniendo en sus brazos, torneados y blancos, la brava testa del vencedor de Rocroi.

Doy, pues, las más sinceras gracias a don Juan Canals de Homs por haber logrado, con su fino arte escénico, trocar una ruda escena de sangre, lodo y podredumbre, en un perfumado episodio, acaecido en pleno siglo XVI.

Merece citarse, además, el señor Catalauba en el papel de Rubio Navarrete. Indudablemente la mejor escena de la obra, aquella que palpita y refleja la realidad de la vida, es el momento en que Rubio Navarrete es alcanzado por una bala, cayendo al suelo moribundo. Aquí el señor Catalauba se reveló un gran actor cinematográfico. ¡Lástima que la escena del Hospital estropee la gran labor de ese joven artista! Todo lo que fue natural en la escena anterior vuélvese extraordinariamente ficticio y se nos antoja una defunción granguignolesca. ¡Lástima!

La película, en fin, merece un buen aplauso. Es un esfuerzo indudable en la cinematografía nacional y con todos sus defectos y todas sus bellezas atraerá público y gustará mucho por la misma fuerza de la trama. El señor editor debe estar orgullosos de su tenacidad, casi incomprensible en nuestro raquítico medio cinematográfico. Esperamos algo definitivo de este señor Rosas, que es un profesor de energía…

Confesión trágica o Trágica confesión (1919)

La siguiente breve reseña de la película fue escrita por Epifanio Soto, hijo y apareció en el número correspondiente a enero de 1920 de Cine Mundial, vol. 5, pp. 125-126:

Por conducto de Germán Camus y Cía., la Colonial Film ha presentado con el título de este párrafo su primera cinta, basada en el poema Fray Juan, de José Velarde.

Seguramente que extrañará a todo el que conozca esa obra que con ella pueda llenarse una cinta en seis rollos, sin recurrir a las interminables series de paisajes que en algunas ocasiones, y escudándose con la palabra arte, que tantos significados tiene, nos regalan ciertos productores…especialmente mejicanos.

Confesión trágica, con todo y ser esencialmente descriptivo su argumento, tiene un desarrollo que ni admira ni aburre. Cierto: sus escenas son lentas; pero tan propias, tan comprendidas que, si la pobreza fuese menor, no podrían censurarse. Nuestro aplauso al director.

Sin querer hemos tocado el defecto central: la pobreza. En ella hubiera naufragado esta película a no socorrerla con sus bellezas arquitectónicas el convento de Tepozotlán, donde fué filmada en su mayor parte.

La interpretación es lo más discutible: muy tímida, muy reposada; tanto, que no es cinematográfica; sobre todo en la parte del personaje principal, José Manuel Ramos, que quizá viva su personaje para sí y no para el público; o lo que es igual: sea un artista y no un actor. Su trabajo ha sido un poco pobre, sin la gallardía necesaria. Donde el poeta dice:

Desencajado y convulso,
con la borrasca pelea,
grita y la puerta golpea
hasta perder voz y pulso,

le vimos, sí, rendido; mas sin el arranque necesario y desesperado.

Alberto Fuentes, en cambio, bordó su parte; bien pueden perdonarse algunas puntadas de su inexperta aguja.

Acabamos de leer a Schopenhauer, señores; y aunque sin que el filósofo teutón nos haya convencido, siempre respiramos algo de él; además, la elegancia ordena, diría Vargas Vila, romper fórmulas; he aquí por qiié, aunque resulte algo cursi, hablamos al fin de María Luisa (sic)Ferriz,

esbelta, de altiva frente
y de pálido color;

en fin, una Clara ideal, si bien con los mismos defectos que el señor Ramos: demasiado muerta en la escena final…sobre todo.

La siguiente ficha de la película la transcribo de Filmografía General del cine mexicano (1906-1931) de Federico Dávalos Orozco y Esperanza Vázquez Bernal editado por la Universidad Autónoma de Puebla en 1985:

Producción: Film o Films Colonial México, Javier Frías Beltrán. Dirección artística: José Manuel Ramos y Carlos E. González. Dirección técnica: Fernando Sáyago. Argumento basado en el poema Fray Juan de José Velarde. Adaptación: José Manuel Ramos. Títulos e intertítulos: textos tomados del poema. Fotografía: Julio Lamadrid. Vestuario: Carlos E. González. Intérpretes: María Mercedes Ferriz, José Manuel Ramos, Alberto Fuentes, Carlos E. González, Guillermo Luzuriaga Solón de Mel, Eduardo Villaseñor. Filmada a partir de agosto de 1919. Longitud: 1500 metros.

Nota: Alberto Fuentes, un anciano de larga barba que puede verse en los stills de la cinta, no era actor profesional: lo encontraron los realizadores en la calle y aceptó cordialmente colaborar en Confesión trágica; jamás volvió a filmar. La película se proponía expresar cinematográficamente las ideas del poema y eso explica que los versos y las estrofas del mismo constituyeran las leyendas de la película. Aparentemente, el poema trata de las penas de un hombre que, desilusionado del mundo, ingresa al monasterio; el destino le depara escuchar la confesión de una mujer a la que creyó infiel a su amor.

Felipe Garrido en su obra Luz y Sombra. Los inicios del cine en la prensa de la ciudad de México  y Manuel González Casanova en Por la pantalla. Génesis de la crítica cinematográfica en México 1917-1919 nos ofrecen una reseña de la pluma de Carlos Noriega Hope quien firma con su seudónimo Silvestre Bonnard, publicada en El Universal el 18 de noviembre de 1919 como parte de un artículo más amplio que titula Vanidad de vanidades. Noriega Hope cambió el título del filme a:

 Trágica Confesión

Don José Velarde, aquel recio hispano que siguiendo los preceptos del señor Campillo escribió poemas a pasto, sonetos a carretadas y madrigales al por mayor, perfectos académicamente y también con todas las cualidades adustas de las cosas académicas, sirvió de argumentista en la película Trágica confesión, hecha a punta de entusiasmos y a costa de muchos quebraderos de cabeza por mis amigos el abate fotógrafo Lamadrid, Carlos E. González y José Manuel Ramos.

Ya en otra ocasión vertía todo mi entusiasmo lírico en este grupo de bohemios que en vez de embriagarse en cualquier bodegón rimando entre sorbo y sorbo y hablando del padre Verlaine, se levantan temprano, se lavan y trabajan tenazmente todo el día filmando películas…La bohemia, así comprendida, es una encantadora bohemia y merece todos los elogios de los que, sin ser precisamente bohemios ni tenderos, vivimos en el justo medio la vida del siglo. La Confesión fue lograda en Tepozotlán, y sólo en este detalle tenía que ser una buena producción, ya que no siempre nos encontramos con escenarios patinados por la leyenda. Desgraciadamente, los poemas a la manera del de Velarde abundan en todos los baratillos y en todos los huecos cacúmenes de los recitadores de vecindad.

La fotografía es espléndida en este film, y ha revelado en México al señor Lamadrid como un experto cinefotógrafo; hay escenas de Tepozotlán que parecen arrancadas de un cuadro de Greco; domina el claroscuro, y todos los primeros churriguerescos de los altares brillan intensamente como joyas extraídas de empolvado arcón.

La señorita Ferriz, que es una muchacha enamorada del cine, aunque sin los sueños dorados de mis amigas por correspondencia, trabaja eficientemente y se revela como una futura actriz cinematográfica que habrá de ganar lauros en México…no en Los Ángeles. Por otra parte, Mercedes Ferriz es, sencillamente, una muchacha encantadora y con sólo esto y los fríos retablos de Tepozotlán que le sirven de fondo, logra conmovernos. Mi amigo José Manuel Ramos, no obstante su buena voluntad, no logra estar a la altura de su papel: el personaje que interpretó es el eje del poema y se requiere, para sentirlo, un enorme temperamento dramático y una gran experiencia teatral, cosas que él no posee en absoluto. Y por último, después de felicitar a todos los intérpretes de esta película, que de todas maneras es una buena película…

Carlos Noriega Hope

Tomado de: www.bicentenario.gob.mx/…/ForjadoresDeLaRevolucionMexicana. No se menciona al autor, pero puede ser Juan de Dios Bojórquez, quien fuera Secretario de Gobernación al inicio del sexenio Cardenista. Aunque no tengo la certeza de ello.

Carlos Noriega Hope en el extremo izquierdo

Al cumplir sus bodas de plata con la muerte, alguien se ha  acordado de Carlitos Noriega Hope. Realmente Noriega Hope merece lo recordemos. Fue un hombre muy valioso, con talento y grandes dosis de entusiasmo. Se nos fue joven, cuando estaba lleno de proyectos y parecía muy apegado a la vida. Noriega Hope era un buen escritor y sabia mucho de periodismo. Dirigió El Universal Ilustrado  antes de que Manuel Horta, llegara al Jueves de Excélsior. Si no hubiera muerto Noriega Hope, todavía estaría en competencia amistosa con este Manuel Horta, que sabe tanto de toros y es amigo de José G. Zuno. El Ilustrado fue una revista interesante y muy movida. Sus concursos hicieron época; pero quizás  ninguno tuvo tanta resonancia como el realizado por Noriega Hope en favor del cine nacional. Verdadero precursor de nuestro cine fue Silvestre Bonnard .

He citado la firma filmadora de Carlos Noriega Hope, porque su recuerdo esta unido a los primeros balbuceos de nuestro cine. Nadie tuvo tanta fe ni mayor confianza de lo que sería el cine mexicano como Noriega Hope, el hombre que alentó a nuestras incipientes estrellas, estimulando a los argumentistas y haciendo campañas para encarrilar a quienes, como él, confiaban en el futuro brillante de la industria que nacía. Carlos fue un hombre  de visión. Entrevió hasta donde llegaría nuestro cine y se dedico a pregonarlo. ¡Qué bien quedaría su busto en la ANDA si los  triunfadores de esta época le reconocieran su indiscutible merito!

Noriega Hope fue un miembro distinguido del Bloque de Obreros Intelectuales. Se le recuerda por su charla amena, la nerviosidad con que se acomodaba los espejuelos y los magníficos discursos que improvisaba en las comidas del bloque. Si presumir de orador, sorprendía en sus peroraciones con ideas originales, era caustico o gracioso y sabia acomodar el adjetivo cuando hablaba sobre temas disímbolos. Recordando al vate Frías, podríamos decir que a Noriega Hope “le abrumaba” el talento.

Lo más notable de Noriega Hope es que en su revista, fundada con fines comerciales, realizo una labor intensa de difusión cultural, dando a conocer a nuevos valores de la intelectualidad mexicana. Con el colaboraron asiduamente Francisco Zamora, llamado entonces Jerónimo Coignard; el Abate de Mendoza , Francisco Monterde, los poetas José D. Frías y Samuel Ruiz Cabañas , Rafael Vera de Córdoba y todos los bohemios de la época. En El Universal Ilustrado se dieron a conocer los estridentistas que capitaneó
Manuel Maples Arce. En él se leyeron las crónicas del Café de Nadie, que fundara Árqueles Vela y Liszt Arzubide.  El Ilustrado era la revista de las inquietudes y de los nuevos valores.

Noriega Hope alentó también a los artistas de cine y teatro, a pintores y escultores, a los músicos y todas las expresiones del folklore nacional. En su tiempo, Carlos fue el mejor animador de la vida artística y cultural de México. Fue un hombre lleno de proyectos y de iniciativas para enaltecer y dignificar la vida del mexicano. Prueba de su devoción a lo nuestro fue la magnífica colaboración que prestó al Dr. Manuel Gamio, cuando este notable investigador y etnólogo realizó la monumental obra sobre la zona arqueológica de Teotihuacán.

Hombres de tantas virtudes y merecimientos, tenía que morir joven. Noriega Hope se fue antes de llegar a los cuarenta años. Con él se perdieron grandes ideas, nobles ideales, infinidad de sueños e ilusiones. Era una mente viva, en constante ebullición. Se acabo súbitamente, cuando nadie lo esperaba. Pero dejo una huella, un  mensaje que sus amigos haremos pervivir: ¡No hay nada más grato que luchar por el engrandecimiento de la Patria!

*  *  *  *  *

Pocos hombres he conocido con tanta facilidad de palabra como la que tuvo Carlos Noriega Hope. Su profesión era el periodismo; pero cuando se ponía a improvisar un discurso lo hacía muy bien. Nada de citas sobadas y de lugares comunes. Eran charlas  naturales, que caían como el agua de un surtidor, fácil y espontáneamente. Carlitos se dedicaba a la crónica y sus mayores entusiasmos los paso al servicio del cine nacional, que estaba en pañales.

Pocas veces una revista de México ha alcanzado la importancia y el cartel de “El Ilustrado”, donde Noriega Hope llego a reunir a los mejores escritores e intelectuales de la época. Fue una revista de personalidad bien definida, que desarrolló labores útiles y campañas de trascendencia para la patria.

Carlos Noriega Hope fue un buen mexicano.

El mundo de las sombras: El cine por dentro y por fuera de Carlos Noriega Hope

Agradezco a Hugo Lara, director de Corre Cámare Cine la autorización para reproducir la siguiente reseña bibliográfica publicado por Raúl Miranda López en: http://www.correcamara.com.mx/index.php?mod=locaciones_detalle&id=2310

El mismo año en que Douglas Fairbanks, David W. Griffith, Mary Pickford y Charlie Chaplin creaban la United Artists Corporation, 1919, el periodista mexicano Carlos Noriega Hope era enviado por el diario El Universal a la “capital del cine”, Los Ángeles. Su objetivo: realizar una serie de reportajes sobre la meca de la producción cinematográfica; su estancia de diciembre de 1919 a marzo de 1920 le permitirá escribir una serie de veloces artículos periodísticos. A finales de 1920, la suma de sus escritos angelinos se convertirá en el primer libro mexicano de cine; su título: El mundo de las sombras: El cine por dentro y por fuera.

Año clave, 1919: Enrique Rosas produce El automóvil gris, dirigida por Joaquín Coss y Juan Canals de Holms, la película mexicana más famosa e importante de la época. Sin embargo, el libro del escritor y dramaturgo Noriega Hope no dedicará un solo párrafo al cine mexicano (y no porque Noriega Hope no escribiera sobre cine mexicano, de hecho lo hacía frecuentemente, y había escrito en su momento sobre El automóvil gris). Pero en cambio, El mundo de las sombras: El cine por dentro y por fuera se convertirá en un singular documento acerca de las entrañas del naciente Hollywood  y de la famosa ciudad californiana:

… la contemplación de los enormes edificios, de las grandes casa de comercio, de los parques, jardines y teatros. Las mujeres con gran escote, las faldas cortas, sus bocas mastican chicle perfumado, así sus cerebros,  por las calles y avenidas, van también idealmente masticando chicle… Pero no importa: Los Ángeles tiene las mujeres más hermosas de la Unión,  y ellas lo saben perfectamente…

A vuela pluma, o mejor dicho a teclazo de máquina de escribir, Noriega Hope describe inspiradamente su encuentro con Mabel Normand, la bella actriz cómica, la más famosa “bañista” del director Mack Sennett. Conducido por Manuel R. Ojeda (futuro director del cine mexicano), que en ese entonces se encontraba bien asentado en el mundo de los studios, Noriega Hope narra cómo la ciudad se encuentra poblada por diez mil señoritas “extras” que por cinco dólares diarios hacen “atmósfera”, aunque tengan que esperar para ello horas, días y semanas. Estas mismas chicas bonitas, las it y las flapper, obtendrían otros cinco dólares al asistir a las fiestas-orgías de los creadores del “Irreal Universo de la Ilusión”, pero esto último no lo cuenta Noriega Hope sino Kenneth Anger años después en el libro Hollywood Babilonia.

 En su libro-reportaje Noriega Hope discute acerca de “la superioridad del cinematógrafo sobre el teatro”, si Chaplin es en verdad un artista, o acerca de su encuentro con el actor  Antonio Moreno y su nacionalidad. Pero también, antes del invento del sonido fílmico y una vez derrotadas las cinematografías francesas e italianas, si el modelo del estilo cosmopolita del cine estadounidense se impondría en todo el mundo. La vida, de día y de noche, de los realistas sets de cartón y papier maché de los estudios Thomas Ince y Goldwyn son también descritos, ¿con ligereza?, por Noriega Hope para ser contadas a los lectores de El Universal. Pero esa aparente trivialidad de escritura periodística, convierte a El mundo de las sombras en un auténtico testimonio de época:

… los actores cinematográficos están expuestos, más que ningún mortal en los tiempos presentes, a perder la vista. En las calles de Los Angeles se ven a menudo transeúntes con densos anteojos negros y solamente esta circunstancia basta para no equivocarse acerca de la profesión. A veces, para el extraño, causa lástima ver una hermosa carita sonrosada con dos enormes anteojos  que diluyen toda la gracia del rostro. Pero es que las luces de mercurio son de una potencia terrible.

 Gracias a sus reportajes sobre la “fábrica de sueños”, entre otros factores, Noriega Hope, futuro adaptador y coproductor de Santa, (Antonio Moreno, 1931), sería nombrado director de El Universal Ilustrado, en el que publicarían Manuel Maples Arce, Cube Bonifant y Porfirio Hernández. ¡Ah!, pero se nos olvidaba, era Silvestre Bonnard quien firmaba los célebres artículos de la columna La Capital del Cine.

 El mundo de las sombras fue editado por Andrés Botas e hijo, una editorial cuyas portadas de sus libros eran ilustradas por las vanguardias plásticas de la época: cubistas, futuristas, art decó, expresionistas, todas ellas adaptadas al diseño tipográfico nacional; y en la que publicaron personalidades de la talla de Mariano Azuela, Federico Gamboa, Julio Jiménez Rueda y José Vasconcelos.

 El libro mexicano de cine más antiguo: El mundo de las sombras: El cine por dentro y por fuera de Carlos Noriega Hope se encuentra a disposición de los interesados en el Centro de Documentación de la Cineteca Nacional.