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El documental nacional de la Revolución mexicana. Filmografía: 1915-1921

El Dr. Juan Felipe Leal recién publica el segundo volumen de El documental nacional de la Revolución mexicana. Filmografía: 1915-1921. La reseña de el primer volumen que corresponde a los años 1910-1914 está en Cine Silente Mexicano. Reproduzco las palabras que Esperanza Vázquez Bernal escribe en la contraportada de la obra:

Portada, contraportada y forros de la obra del Dr. Leal
Portada, contraportada y forros de la obra del Dr. Leal

El lector tiene en sus manos el segundo volumen de esta obra, que cubre los años más destructivos y dolorosos de la Revolución mexicana, época en la que se enfrentan los diversos bandos contendientes enarbolando sus respectivos proyectos políticos y sociales. La derrota del Ejército Libertador del Sur y la aniquilación de la División del Norte a manos del Ejército Constitucionalista conducen a la promulgación de una nueva Constitución y a la celebración de elecciones en toda forma en 1917, pero también al asesinato del presidente Venustiano Carranza y al afianzamiento de los caudillos sonorenses y de un militarismo apenas disimulado.

Estos acontecimientos fueron seguidos de cerca por las cámaras de atrevidos y valientes cineastas que registraron paso a paso las cruentas batallas y los sucesos políticos más relevantes del país. Desafortunadamente, la mayor parte de ese material cinematográfico se ha perdido; de ahí la importancia de esta filmografía que consiste en un eficaz agrupamiento de los fragmentos fílmicos que han llegado hasta nuestros días. En ella, el lector encontrará para cada película la información pertinente en una cuidada cédula técnica, así como apuntes varios en los que el autor refiere con todo detalle el contexto en el que se rodó la cinta cinematográfica. Además, casi todas las cédulas están ilustradas con uno o varios fotogramas.

De este modo, se accede una visión multidimensional que integra los hechos históricos con los registros cinematográficos y que se desplaza del texto a la imagen y de la imagen al texto en un sorprendente vaivén. Hay que decir que la labor de identificación, ordenamiento cronológico y restauración iconográfica realizada por Juan Felipe Leal es digna de admiración. Por último, cabe agregar que las imágenes mismas son verdaderamente asombrosas. Estoy segura que los lectores las disfrutarán.

Llamas de rebelión (1922)

Los datos para la ficha filmográfica y sinópsis están en el libro de  Aurelio de los Reyes, Filmografía del cine mudo mexicano, volumen II, 1920-1924, Dirección General de Actividades Cinematográficas, UNAM, Colección Filmografía Nacional 6, México, 1994, pp. 171-172:

Producción: Martínez y Quezada; Agustín Elías Martínez y ¿Adolfo Quezada? Dirección: ¿Adolfo Quezada? Argumento: Eduardo García Moreno. Intérpretes: Alfonso Labat, Josefina López, Eleazar Reina, Carmen López, Eduardo García Moreno y otros. Filmada en la Sierra Nevada, a las faldas del Volcán de Toluca y en haciendas cercanas. Concluida en septiembre de 1922.

Palacio Municipal de Toluca. Foto: Fototeca Nacional del INAH

Según Aurelio de los Reyes no se exhibió en la ciudad de México aparentemente por haberlo impedido una huelga de cines. Cine Mundial informa que se exhibía en varias ciudades de provincia. Luego, en 1924, la prohibió el Ayuntamiento, sin explicar los motivos, al parecer por haberse referido a la Revolución.

Según Dávalos y Vázquez, (1) Llamas de rebelión aparentemente no llegó a exhibirse. Se anunció con cierta insistencia durante el mes de septiembre de 1922. A fines de mes, un anuncio informaba de la conclusión del rodaje y de su inminente estreno. Sin embargo, no volvió a saberse de la cinta. El argumento plantea con nitidez la conciliación entre en nuevo y el viejo régimen.

De acuerdo a Gabriel Ramírez se estrenó en la ciudad de México el 8 de octubre de 1922 en los cines San Juan de Letrán, Alcázar, Santa María la Redonda, Palatino y Venecia. (2)

Anuncio de Llamas de rebelión en el Teatro Edén
Anuncio de Llamas de rebelión en el Teatro Edén

Sinopsis de la cinta: “El pueblo de San Nicolás, cerca del Volcán nevado, goza de relativa paz, en la época más azarosa que nuestra República ha pasado. Benito Domínguez vive allí con su madre y hermano, explotando personalmente su rancho; está enamorado de Carmela, prima del jefe de Armas general Valverde, un antiguo empleado. Este no está conforme con estas relaciones y trata de impedirlas. Declara enemigo a Benito y lo persigue, apoyándose en su poder, para perderle, pero Benito logra evadirse hiriendo a sus perseguidores. No le queda más recurso que huir y se reúne con ‘Sietebrincos’, su vecino, quien le ayuda a preparar un pequeño ejército, con el cual se levanta en armas, contra el general Valverde, que no llega a preocuparse por este suceso y sale de paseo, junto con sus primas, a una hacienda cercana. El propietario se ha interesado por Carmela y alejando a los demás huéspedes, trata de forzarla, llegando en ese momento el general Valverde, quien le dispara, dándole muerte en el acto, cuando va a cometer una fechoría. Benito asalta la hacienda y sus moradores escapan en una diligencia, pero son alcanzados por la gente de aquél y hechos prisioneros. El general Valverde iba a ser fusilado, pero Benito le perdona la vida. El gobierno legal ofrece amnistía a nuestro héroe, quien la acepta y regresa al lado de su madre y finalmente con su amada Carmela.”

Para Gabriel Ramírez, Llamas de rebelión:

[vulgarizaba] hechos sucedidos apenas ayer (…) ilustraba lo que ocurría cuando el interés privado se prefería al bien general y cómo las venganzas individuales y el espíritu de intriga, ambición y egoísmo podían sofocar el proceso revolucionario iniciado doce años antes. Sobre todo, si habían de por medio, como en este caso, unas tentadoras faldas. (3)

Avenidas Hidalgo y Villada. Foto: Fototeca Nacional del INAH

Por su descripción de la trama y los siguientes comentarios de Ramón Pérez no es aventurado pensar que el gobierno hubiese censurado el filme, evitado su proyección a toda costa. Si tomamos en cuenta que la cinta expresaba, de forma poco velada, sus intenciones, y Llamas de rebelión exaltaba la amenaza de brotes rebeldes a nivel regional. Por otro lado,  el hecho de haber sido filmada en Toluca, ciudad sumamente conservadora y por antonomasia contrarrevolucionaria confirma que la trama tenía un tufo reaccionario, amén de actuar en ella varias “personalidades” toluqueñas.

Vale la pena retomar el escrito sobre la filmación de Llamas de rebelión en Toluca a principios del siglo XX. Se debe considerar que fue escrito varios lustros después del evento. De eso trata el siguiente breve escrito tomado de Estampas Toluqueñas de Ramón Pérez, Ediciones Gobierno del Estado de México, 1977, pp.161-163:

Han transcurrido ya años, muchos años, el entrante nos dará el increíble número de Cincuenta. ¡Cómo pasa el tiempo! ¡Cómo pasa la vida! Muchos de los personajes que aquí vamos a mencionar han desaparecido ya del mundo de los vivos. Es casi seguro que muchos de los lectores ni lo recuerdan siquiera. Y sin embargo, el suceso tuvo lugar.

Allá por el año de 1919, todavía en plena revolución, un joven toluqueño, lleno de inquietudes y permanentemente abierto a la vida, el desaparecido amigo q.e.p.d. Fernando Medina, perpetuo amante de las cosas del arte: música, pintura, tuvo la luminoso idea de financiar la elaboración de una película filmada totalmente en Toluca, con actores toluqueños y pagada centavo a centavo de sus propios recursos. El título de la cinta cinematográfica llevaba el nombre de Llamas de Rebelión.

El argumento se refería a la Revolución Mexicana y, como era natural, se hacía destacar en ella, la vida de nuestros hombres del campo y la del aristocrático hijo de un hacendado de polendas, dado al vicio y a la perdición. No podría darle detalles de dicho argumento; pero, lo que sí puedo decirles es que Llamas de Rebelión fue sin lugar a dudas la película precursora del cine nacional en aquel año de gracia de 1919.

Fernando Medina aparecía en su papel de galán joven, acompañado de la señorita Isabel Ordoñez, hermosa empleada de gobierno, que lucía con donaire y gentileza y con cierta ingenua sencillez tan apartada de la artificiosa actuación de nuestras primeras estrellas. Junto con Chabela Ordoñez aparecían igualmente las estimadas señoritas Carmen Gutiérrez y Josefina Zepeda que bien podían, por su esmerada actuación, estar al lado de tantas celebridades que llenan en la actualidad los sets de nuestros estudios vernáculos.

Los hombres malos, los villanos de la cinta, montaban caballos muy hermosos, eran entre otros: Macario Álvarez, charro bien puesto en aquel entonces y don Jesús Bravo que quizá ni sea recordado con precisión por los entonces asistentes a su representación. Junto a esos hombres lucía sus habilidades de artista Alfonso Labat que se unió más tarde a la compañía teatral de la tan mentada Josefina Noriega. El sastre Francisco Rodríguez también se improvisó artista junto con Eduardo González Pliego que por muchos años actuó como locutor en la X.E.Q.

El fotógrafo del film fue Luis Santa María de la ciudad de México, autor además del argumento. Tomó parte igualmente Eduardo García Moreno, hermano del licenciado Roberto de los mismos apellidos.

La cinta cinematográfica se desarrollaba en Zinacantepec, en la Hacienda de San Pedro, propiedad de la familia Medina, en la Villa Ferrat por el rumbo del paseo Colón, en la Hacienda de Atenco y en Metepec.

Aquellas personas que asistieron a su exhibición recordarán seguramente la habilidad de Macario Álvarez y la estupenda fotografía en que Jesús Bravo, en una parte de la película daba una vuelta completa con el caballo, en caída aparatosa, en la que nada había de truco ni artificio.

Llamas de Rebelión toda hecha por personas ajenas al arte profesional, recorrió casi todo el país. Se exhibió en Zitácuaro, Morelia, Zacatecas, Tampico, la ciudad de México y le produjo mucho dinero a un señor de apellido Martínez y que, aparte de recibir las ventajas del film, le cobró al bueno de Fernando Medina algo más de cinco mil pesos.

Sobre su calidad artística nada podemos decir nosotros sobre el particular, colocados como estamos a tantos años de distancia y por no haber asistido a las funciones que se daban en aquel vetusto Teatro Edén ubicado en la hoy avenida Morelos en donde los señores Sánchez de la Ford acaban de levantar un suntuoso edificio.

Según informes obtenidos, fue tanto el éxito que, noche a noche, es teatro estaba lleno de bote en bote y por no caber la gente que se presentaba, el empresario, para dar gusto a todos los que querían ver en la pantalla a las personas tan conocidas de los vecinos tuvo que repetirla en el Teatro Principal, hoy cine Rex.

Fernando Medina, toluqueño ciento por ciento y uno de los hombres de corazón sencillo y ánima párvula, recibió en esa ocasión las felicitaciones más calurosas por ese gesto tan desinteresado y por su gran cariño a su ciudad natal.

¡Cuántas mujeres envidiaban la suerte de Chabela Ordoñez y cuántas otras no la censuraban por haberse prestado a figurar como la dama joven al lado del señor Medina quien aparecía de galán joven, personaje de gran mundo, dueño de una hermosísima Villa, rodeado de otros jóvenes que jugaban al tenis y bebían espumoso champagne en compañía de elegantes damas.

Con la ñoñería de algunos espectadores timoratos, hacía gran contraste el alboroto del pueblo que reía a mandíbula batiente en las escenas jocosas y se sobresaltaban cuando los revolucionarios Macario Álvarez, Alfonso Labat y Jesús Labastida asaltaban la diligencia que gentilmente había facilitado el conocido hacendado, don Antonio Barbabosa.

Nada importa para nosotros saber la calidad de la película en cuestión: pero nos conformamos con saber que ya gastada y maltrecha la copia, según el saber de algunas personas, se apartaron muchas escenas de charros y se usaron más tarde en otras películas; lo que expresa que fue muy meritoria la labor de  los artistas campiranos, auténticos charros de provincia.

Fernando Medina q.e.p.d. el amigo de tantos años, el hombre bueno y cabal, con su cabellera blanca y su sonrisa juvenil, fue indudablemente, lo repetimos con orgullo toluqueño, el hombre que, sin escatimar dinero y esfuerzo debe ser considerado como el precursor del cine nacional, como lo fuera más tarde en su calidad de artista incomparable, Elena Valenzuela, por ejemplo, en su principal papel de “Santa” la famosa novela de don Federico Gamboa.

Al escribir estas líneas, me siento verdaderamente emocionado, al estar recordando nombres de los vivos y de los muertos que, con entusiasmo y calidad en el trabajo y venciendo prejuicios, figuraron en ese film toluqueño que ostentaban orgullosamente, el título de Llamas de Rebelión.

(1) Federico Dávalos Orozco y Esperanza Vázquez Bernal, Filmografía general del cine mexicano (1906-1931), Universidad Autónoma de Puebla, Colección Difusión Cultural 4, Serie Cine, México, 1985, p. 95.

(2) Gabriel Ramírez, Crónica del cine mudo mexicano, Cineteca Nacional, México, 1989, p. 270.

(3) Ídem. p. 193.

Partida ganada (1920)

Brevísima reseña que Epifanio Soto, hijo escribió sobre la película Partida ganada que se publicó en Cine-Mundial, vol. 5, septiembre, 1920, pp. 809:

Esta otra cinta a cuadros típicos que presentó La Cinema con argumento dramático de Guillermo Ross, adaptación de Ramos y Castilla, dirigida por éste e interpretada por él mismo con Torres Ovando y Rutila Urriola, es muy inferior a “Viaje Redondo”.

La trama fué un cuento al que la pantalla despojó de su original amenidad por ese defecto principal de toda nuestra producción, consistente en hacer largas y lentas las escenas que debieran ser cortas y rápidas; la dirección revela un desconocimiento absoluto de su parte; la fotografía, recargada al principio de colorido, no está tampoco a la altura necesaria; y los intérpretes, faltos de expresión. En resumen: otro fracaso.

Ficha filmográfica tomada de Filmografía general del cine mexicano (1906-1931), (p. 61) de Federico Dávalos Orozco y Esperanza Vázquez Bernal:

Producción: La Cinema. Martínez y Compañía. Agustín E. Martínez. Dirección: Enrique Castilla. Argumento: basado en un cuento de Guillermo Ross. Adaptación: José Manuel Ramos. Fotografía: Julio Lamadrid. Intérpretes: José Torres Ovando (don Juan), Rutila Urriola, Fabio Acevedo (el viejo Mendoza), Enrique Castilla (Antonio). Longitud: 8 partes.

Nota: segunda producción del distribuidor Agustín E. Martínez. Partida ganada fue anunciada como un “intenso drama netamente mexicano” y narra el trágico fin de un idilio rural que se enfrentaba a la oposición de uno de los padres. Su carácter “mexicano” se denotaba por la presencia de coleadores, peleas de gallos y paisajes de Xochimilco.

Cine Mundial, vol. 5, septiembre, 1920

En Filmografía del cine mudo mexicano, volumen II, 1920-1924, Aurelio de los Reyes nos menciona que Partida ganada tuvo su estreno el “sábado 10 de julio de 1920 en los cines Venecia, San Juan de Letrán, Trianón Palace, Casino, San Hipólito y América.”

De los Reyes transcribe, por lo expresado, comentarios del productor Agustín E. Martínez (pp. 59-60) quien considera que la película:

es una historia mexicana atrevidamente mexicana, donde hay pleitos y riñas de las que frecuentemente aparecen en la sección de ‘Tribunales y Comisarías’ de los periódicos. Pero existe también, dichosamente, un amor sencillo de aquellos que sólo ven en los pueblos rurales de este país o en las novelas de Carlota Braemmé. En el primer caso –el de la película—es un amor pastoril, cándido y tranquilo, y en el segundo caso es un amor romántico de un gusto de azúcar candí. Partida ganada tiene el mérito de mostrarnos gráficamente el alma ‘sencilla y complicada’ de nuestros charros, y los paisajes tristes y llenos de melancolía de Xochimilco. Es una película imperfecta para los que gustan de las complicaciones psicológicas y del florecimiento morboso de las pasiones, porque aun los habitantes de Xochimilco no conocen a Monsieur Phocas y porque nuestras rancheras ignoran el encanto de los demi-virges y la influencia de Willy. Imagínense ustedes una historia de amor salpicada por la rabiosa aparición del padre y por la testaruda de los novios y al fin dejan llegar, sencillamente, la imagen de los amantes de Teruel, o de alguna otra pareja que muere a la luz del crepúsculo, enlazada ardientemente. La historia es bien primitiva para aquellos devotos de los estrabismos menichelescos y las mistificaciones espirituales de la Borelli; pero, en cambio es tan humana como una obra de Shakespeare, donde los hombres se matan o se odian o se quieren a la luz del día.

Cuando Lamadrid iba exhibiéndome la película, pensaba yo en estas cosas fútiles y hubo un momento en que puse una seria objeción. Se ofrecía a mi vista una pelea de gallos, lograda con un realismo completo. El giro y el colorado se acometían tozudamente; una pareja bailaba el jarabe y el maestro Torreblanca, vestido de charro, hacía música nacional, a Dios gracias. De pronto un gallo muere; el vencedor, rencorosamente, aletea sobre el cuerpo del caído y lanza el grito triunfal mientras tiembla su roja cresta. Lamadrid entonces retiró la cámara y sólo puede verse, a los lejos, el gallo caído y la silueta lejana del vencedor. […] Y después vinieron otras escenas. Un jaripeo magnífico y enormemente largo (Lamadrid me confesó que ese jaripeo costó dos mil pesos y era necesario ‘explotarlo bien’) donde los toros se estiran al influjo de las reatas, como si fuesen de hule; donde las potrancas dibujan enormes volteretas cuando el ‘pial’ las sujeta; donde hay un ambiente de sangre, de brutalidad y de fuerza.

Perla Ciuk en su Diccionario de directores del cine mexicano en la entrada del director del filme Enrique Castilla transcribe del archivo de Esperanza Vázquez Bernal y Federico Dávalos Orozco una columna de Zig-Zag: Crónicas de Cine. Partida Ganada, Marco Aurelio Galindo, No. 13, 15/07/1920, pp. 4-5:

En Partida ganada hay detalles verdaderamente buenos. Fue muy oportuno el close-up obtenido del instante en que, sobre el mostrador de cantina, volaba hecha pedazos una copa; debido al tiro de revólver que dispara un enemigo de Antonio (Enrique Castilla) sobre éste. Asimismo, la escena de la ‘tapada’ de gallos es excelente y pudo seguirse en todas sus peripecias. Al finalizar la cinta, el close-up de los disparos hechos sobre los dos amantes por Don Juan (Torres Ovando), parecería bueno si no fuese porque abarca todo el cuerpo de la pantalla, mostrando la chaqueta y todo el brazo del cacique, así como el árbol sobre el que se apoya. Mejor hubiera sido sacar solamente la mano oprimiendo el arma y tirando del gatillo. Nada más.

La tigresa por Hipólito Seijas (1917) y ficha filmográfica

El crítico de cine Rafael Pérez Taylor utiliza el pseudónimo de Hipólito Seijas. El artículo que reproduzco a continuación fue publicado en el El Universal, en la columna Por la Pantalla el 28 de agosto de 1917; lo tomo de: Helena Almoina Fidalgo, Notas para la historia del cine en México, 2 vols., Filmoteca de la UNAM, México, 1980. Tomo 1, de 1896 a 1918, 271 pp., il.; tomo 2, de 1919 a 1925, 255 pp., il., Col. Documentos de Filmoteca No. 1. Tomo 1, pp. 189-191.

La Tigresa por Hipólito Seijas

http://cinemexicano.mty.itesm.mx/peliculas/tigresa.html
Sara Uthoff en La Tigresa (1917). (foto: cinemexicano.mty.itesm.mx)

Tercera producción de la Azteca Film. Poema de dolor en ocho actos, original de la señora Farías de Isassí e interpretada por los artistas Sara Uthoff, Etelvina Rodríguez, Fernando Navarro, Salvador Arnaldo, Juan Barba y Pedro de la Torre.

La Tigresa es el símbolo de la mujer pérfida y felina que en su cabeza loca, de eterna soñadora, siente las ansias continuas de ser la protagonista de un poema cruel y doloroso, no importándole destrozar corazones, ni agotar sentimientos, sino que su eterna inconformidad la arrastra hasta engañar a un pobre mancebo que no tiene más desdicha que la de ser pobre y humilde.

Eva, la suprema mujer falaz, fomenta la pasión de un obrero. Le hace consentir en ser su amada, lo provoca con sus ansias y lo hipnotiza con sus ojos. La Tigresa – y aquí recuerdo un admirable dibujo de Severo Amador en que representa a la mujer mitad fiera y mitad hembra – goza con dividir sus caricias.

Viene la fascinación, Eva atrae a Bruno, le otorga una cita en el jardín de su casa y a media noche, cuando “la luna se levanta como una hostia de plata”, Bruno estrecha entre sus brazos el cuerpo voluptuoso de La Tigresa. Escondidos tras un cenador, Bruno jura fervientes promesas de cariño. Eva sonríe, le dice que pronto despertará del sueño, porque tendrá que sufrir ya que el sufrimiento es amor; que ella no es buena ni mala, sino que todo este conglomerado de sensaciones es la manifestación amplia de la vida.

Surge el zarpazo, Eva se casa con Ernesto, joven de su alcurnia, de su clase, no es como el humilde artista que dibuja paisajes en una fábrica de muebles, es el “dandy”, el príncipe esperado, el que dará comodidades en el hogar y nombre en la sociedad.

Bruno nota animación en la iglesia del Buen Tono y espera. Desfilan los invitados, y cuando reconoce en la novia a su Eva, se vuelve loco de dolor: ha recibido el zarpazo de La Tigresa.

Termina la película con la garra. Recluido bruno en el manicomio, en su celda siente la obsesión de ser perseguido por una tigresa. Eva es invitada a una kermesse que se efectuará en la institución benéfica. Desfilan los alienados y después visitan los concurrentes las celdas de los locos furiosos. El director del manicomio evita que Eva platique con Bruno; pero en un arranque de curiosidad, abre la ventanilla y contempla al infeliz que antes fuera su amor, Bruno la ve: estira los brazos y grita: es ella, la he reconocido, es La Tigresa. Hunde sus dedos fornidos en el cuello blanco de Eva y la estrangula. De esta manera, La Tigresa ratificó sus soñadoras palabras: quisiera ser la heroína de un poema cruel…de un poema ardiente y doloroso.

Interpretaciones

Sara Uthoff está elegante en su papel. Es cierto que no tiene las contorsiones hiperestésicas de una Menichelli; pero esos arranques geniales los suplen, haciendo gala de notable naturalidad.

Fernando Navarro, es el héroe de La Tigresa. Su gesto es vibrante, siente el papel, lo vive, algo genial flota en sus ademanes, sobre todo cuando éstos llegan a los extremos; o bien por el sentimiento que produce la pasión llevando melancolía al rostro, o bien, sintiendo la ira, el odio y el coraje, que llevan a los músculos faciales las contracciones intensas del dolor.

A Etelvina Rodríguez no la comprende el público haciendo papeles serios y trágicos. Cuando llora la muerte de su adorada hija, el público ríe…ríe, y es porque se acuerda de la Etelvina de La verbena de la paloma.

Arnaldo, Barba y Pedro de la Torre, discretos en sus respectivos papeles.

La fotografía

La parte artística en la fotografía es excelente, nada más que el operador debe, de cuando en cuando, de acercar su aparato a las figuras a efecto de que éstas no pierdan, por la distancia, el gesto de su expresión. Anoté un bello detalle en Chapultepec, cuando Eva y Ernesto en “plena luna de miel” se besan guareciéndose del sol bajo la sombra de opulento arbolillo. La fotografía, en general, es clara, y no desmerece de las películas anteriores.

La parte del manicomio, en donde desfilan los locos, y que causó cierta impresión de amargura en los espectadores, en la segunda exhibición quedó suprimida, así como un desfila en que dos o tres hijos del pueblo lucen sus enormes chambergos de petate.

La película, en general, fue otro triunfo de Rosas-Derba.

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Ficha filmográfica de La Tigresa (1917). Tomado de Federico Dávalos Orozco y Esperanza Vázquez Bernal, Filmografía general del cine mexicano (1906-1931), Universidad Autónoma de Puebla, Colección Difusión Cultural 4, Serie Cine, México, 1985, pp. 37.

Producción: Azteca Film, Enrique Rosas y Mimí Derba. Dirección: Mimí Derba. Argumento: Teresa Farías de Isassí. Fotografía: Enrique Rosas. Intérpretes: Sara Uthoff (Eva), Fernando Navarro (Bruno), Etelvina Rodríguez (madre de Eva), Salvador Arnaldo (Ernesto), Juan Barba, Pedro de la Torre, Manuel Arvide, Josefina Maldonado, Nelly Fernández, Anita Omaña, Russo Conde. Filmada a partir del 2 de agosto de 1917. Longitud: 8 partes. Fecha de estreno: 26 de agosto de 1917 en el teatro Arbeu.