Archivo de la etiqueta: Fernando Bañuelos Medina

Cine Regis

Luis Mario Moncada en su Diccionario histórico del teatro en México, 1900-1950 menciona que el cine Regis estaba:

ubicado en Av. Juárez, en una de las construcciones anexas al hotel de mismo nombre, fue inaugurado el 14 de junio de 1924 con la presentación de la cupletista Teresa Zazá, algunos números de variedad y exhibiciones cinematográficas.
Con capacidad para alrededor de mil espectadores, funcionó casi al mismo tiempo para temporadas teatrales y exhibiciones cinematográficas. En 1929 sirvió de sede para la primera temporada oficial de la Comedia Mexicana. Más adelante cambió su nombre por el de teatro Imperial y posteriormente por el de cine Regis, nombre que conservó hasta 1985, cuando fue destruido por el terremoto del 19 de septiembre.

Fotografía de la Fototeca INAH, tomada del libro La Ciudad de México que el cine nos dejó de Carlos Martínez Assad

En Antiguos monumentos del séptimo arte de Fernando Bañuelos, director de la revista digital Cine3, nos detalla que este memorable cine fue…

construido en una parte del elegante Hotel Regis, en cuyos vapores, rezaba la leyenda urbana, se decidía la vida política de México, en la avenida Juárez número 77. Fue inaugurado en 1924 y fue uno de los más selectos de la época, ya que las personas que a él asistían eran de clase alta y sus estrenos eran verdaderos acontecimientos sociales.
El acceso era de pequeñas dimensiones; resaltaba su marquesina la cual era un referente urbano, el cual se transformaba constantemente por los anuncios, diseñados de acuerdo con las tenencias estilísticas en boga.
El anecdotario popular reseña que en la cafetería del hotel Regis, aledaña a la sala de cine, “despachaba” Emilio Fernández. En las mesas de este restaurante “El Indio” escribió los guiones de sus películas más importantes y se reunía con el fotógrafo Gabriel Figueroa y con el guionista Mauricio Magdaleno para darle vida al único genero auténticamente mexicano, “el nacionalista”.
Al sucumbir ante los embates del terremoto de 1985 al igual que el inmenso hotel que lo albergaba no sólo se destruyó un legendario inmueble, sino que el terremoto también desapareció los lugares donde se tejieron cientos de historias ligadas al cine mexicano. Actualmente el terreno donde se encontraban el hotel y el cine Regis están ocupados por la Plaza de la Solidaridad.

Sobre la marquesina un luminoso anuncio del filme Creo en Dios.
El cine Regis en marzo de 1930. Fotografía de la Fototeca INAH

Según Emilio García Riera en su Historia Documental del Cine Mexicano Creo en Dios (Fernando de Fuentes, 1940) se estrenó el 9 de abril de 1941 en el cine Olimpia, pero la foto nocturna del cine Regis nos muestra claramente el anuncio de esta película, al igual el cartel a la derecha de la entrada. También parece ser una foto bastante anterior; más bien del fin de los veinte o inicio de los treinta, si la comparamos con la superior: mismo toldo, marquesina y vela. Es obvio que no es la misma película a la que se refiere García Riera. La película que se anuncia en la marquesina es, según María Luisa Amador y Jorge Ayala Blanco en su Cartelera Cinematográfica (1930-1939), la producción norteamericana The Godless Girl que se tradujo como Creo en Dios. La dirigió Cecil B. de Mille con Lina Basquette, George Duryea, Noah Berry. Esta cinta producida por la Pathé en 1928 se estrenó en el cine Regis en marzo 20 de 1930 y duró una semana en cartelera por lo que la foto la podemos fechar entre marzo 20 y 27 de 1930.

Tres cines de los años 20: Granat, Isabel y Odeón

Jacobo Granat fue uno de los empresarios más importantes en los inicios del siglo XX. Fue propietario el circuito Olimpia llegando a contar con más de 25 salas y fue dueño del salón Granat, ubicado en la plaza de San Miguel, entre Pino Suarez y San Miguel (hoy Izazaga). Fue de las primeras salas construidas en 1918 para la proyección cinematográfica.
Este salón se mantuvo en este lugar hasta la década de los sesenta, pero cambió su nombre en 1921 por el de Rialto. Aunque el nombre de Granat, permaneció en otro cine construido en Peralvillo en 1923. En la revista Lux se definen las características de este emporio fílmico:

La apertura del Cinema Olimpia en 1921, en el centro de la ciudad, perteneciente al mismo Circuito Granat, Cinema que tenía cupo para 4000 espectadores. Pude haber citado el Cine Rívoli o el Cine Majestic en Santa María; el Briseño, el Capitolio o el Odeón en la Guerrero; el Lux en San Rafael. El hecho era que el cine se había convertido en un auténtico espectáculo de masas.

_______________________________________________________

Este cine sustituyó al antiguo salón La Redonda en 1925. El cine Isabel se encontraba en Santa María la Redonda número 80, enfrente de la hoy popular plaza Garibaldi.
Su arquitectura era sobria: pilastras estiradas, arcos rebajados, cornisas y remates. La marquesina, aunque ya presente, es la estructura volada que protegía la entrada, y en la que se inscribía el nombre del cine. Las películas exhibidas, se anunciaban por medio de láminas colgadas en la marquesina.

________________________________________________________

Inaugurado en 1922 en la calle de Mosqueta número 29, donde originalmente se encontraba el Teatro Apolo, refleja una clara influencia del Palacio de las Bellas Artes, como del academicismo imperante todavía en esos años. El cine Odeón fue construido por el arquitecto Carlos Crombé a quien también se debe el diseño y la construcción de otros palacios cinematográficos de la ciudad de México como el Olimpia, Cosmos, Colonial y Alameda. En los extremos de la fachada del cine Odeón se apreciaban las salidas de emergencia, fruto de las reglamentaciones de época. Las dimensiones del volumen arquitectónico de los cines se acrecentaban y, por lo mismo, comenzaban a resaltar y contrastar con el paisaje de la ciudad.

Sin duda el origen del nombre Odeón está relacionado a los nickelodeons. El nombre de nickelodeon fue acuñado por Harry Davis y John P. Harris, quienes abrieron un pequeño local con ese nombre en la calle Smithfield en Pittsburgh, Pennsylvania el 19 de junio de 1905. Aunque el suyo no fue el primer negocio en el mundo, especializado en la presentación de películas, Davis y Harris encontraron un gran éxito al darle un eficaz nombre mercadológico donde se exhibían 105 películas simultáneamente. Este modelo pronto fue imitado por cientos de empresarios ambiciosos, como era el nombre del lugar en sí. Cabe explicar que las más de 100 películas exhibiéndose en un solo local, se refiere a los 105 kinetoscopios inventados por el “mago de Menlo Park”, Thomas Alva Edison y que exhibían una película para una sola persona por vez. Edison también descubrió el cine y el principio de la persistencia retiniana, pero no lo inventó para ser mostrado de una manera “social y colectiva”, como si lo hicieron los hermanos Lumière. El kinetoscopio era una caja, con un visor, que albergaba una cinta de celuloide, montada en una banda sinfín. El espectador debía depositar un nickel, 5 centavos de dólar, para poder ver las “películas”.

Louis B. Mayer en sus inicios como empresario, incluso antes de convertirse en el dueño de la MGM, entra en el negocio de los nickelodeons cuando la fiebre por este tipo de diversión empezaba a crecer en el gusto del público. Mayer transformó el “Teatro Gema” en Haverhill, Massachusetts, convirtiéndolo en un nickelodeon que abrió sus puertas en 1907 como el “Orpheum Theater”, y anunció que sería “el hogar de refinado entretenimiento dedicado a los Hermanos Miles con imágenes en movimiento que animaban e ilustraban sus canciones”. La moda de los nickelodeons disminuyó cuando las ciudades crecieron y surgieron grandes y cómodos cines, lo que, con los altos ingresos de taquilla, consolidó la industria del entretenimiento.

Antes por supuesto en la arquitectura clásica, se denomina Odeón al edificio teatral que se utilizaba en la antigua Grecia y posteriormente en la Roma clásica para los acontecimientos musicales, que podían consistir tanto en las propias representaciones musicales como para canto y poesía.

*Fragmento de Antiguos monumentos del séptimo arte publicado por Fernando Bañuelos Medina en homocinéfilus.com

Cine Olimpia

Uno de los proyectos pioneros hacia lo que llegaría a ser el programa arquitectónico de los teatros-cinemas de los años veinte fue el cine Olimpia cuya construcción original data de 1916 pero que se transforma a partir de 1919, inaugurándose el nuevo recinto el 10 de diciembre de 1921. Esta sala cinematográfica era parte del “Circuito Olimpia S.A.”, empresa que administraba una cadena de teatros y cines que para principios de los años veinte eran alrededor de 18. Pese a lo que este recinto representa para la historia de México fue desaparecido. Con el permiso del diario La Jornada, reproducimos en homocinéfilus.com una reseña del 24 de julio del 2002 que da cuenta de lo que justamente se describe como “un crimen cultural”. Incluimos además el fragmento de un artículo del afamado crítico de cine Gustavo García en torno a éste asunto publicado en Letras Libres.

Fotografía tomada de Letras Letras

Desaparece el legendario cine Olimpia (La Jornada, 24/VII/2002)

Ericka Montaño Garfias

Adiós al cine Olimpia. En unos meses el inmueble que albergaba al cine-teatro en la calle 16 de septiembre, en pleno Centro Histórico, se convertirá en un pabellón con más de 300 locales comerciales dedicados exclusivamente a la venta de equipos de computación. Continúa así, la desaparición de las grandes salas cinematográficas en la ciudad de México y la proliferación de los malls. El Olimpia formó parte del paquete de 14 salas que pertenecieron a la desaparecida Compañía Operadora de Teatros, que pasaron a la Federación por adeudos fiscales y fueron subastadas por el Fondo Liquidador de Instituciones y Organizaciones Auxiliares de Crédito (Fideliq). Los otros cines son: Latino, Cosmos, Villa Coapa, Lindavista, Mitla, Ariel y Hermanos Alva (éstos dos en un solo inmueble) Jalisco, Nacional, Pecime, Tepeyac y Tlatelolco, además del México y Variedades, en Puebla y Acapulco, respectivamente. Las 14 salas representan una superficie construida de más de 53 mil metros cuadrados.

El futuro de una tradición

En un comunicado del 25 de junio de 2001, Fideliq anunció la apertura de la licitación pública para los 14 inmuebles y subrayaba que “no necesariamente deberán mantener el uso que tuvieron”.
El 19 de julio de ese año informó que sólo dos salas fueron compradas: Olimpia, en el Distrito Federal, y Variedades, en Acapulco, por 21 millones 938 mil pesos. En el comunicado de ese día se precisa que en la licitación ”se registró una amplia participación de grupos empresariales e inversionistas (…) Sin embargo, desalentados ante la incertidumbre asociada a los problemas generados en torno de la reciente enajenación del terreno donde se situaba el hotel Casino de la Selva, muchos de estos inversionistas (…) optaron por retirar temporalmente su propuesta”.
Las licencias otorgadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Delegación Cuauhtémoc, indican que se autorizan las obras en el inmueble (con 2 mil 66 metros cuadrados de terreno) para la construcción de comercios, videobar, auditorio y salas de cine. Sin embargo, fuentes de la inmobiliaria Century 21, responsable de rentar los locales, indicaron que no se construirán el videobar, el auditorio ni mucho menos las salas de cine. Lo único que se ha respetado es la fachada.
En las dos primeras plantas habrá locales comerciales de seis, ocho y 10 metros cuadrados, mientras que en el tercer piso se ubicará un café Internet, una zona de fast food y un centro de exhibición permanente en el que grandes empresas mostrarán los adelantos en materia de computación. La renta de un local de 10 metros va de 8 mil a 10 mil pesos mensuales.

Un poco de historia

El cine-teatro Olimpia fue construido en el terreno que ocupaba la huerta del primer convento franciscano fundado en la ciudad de México en 1524. Con el paso de los siglos la huerta fue dividida en lotes en los que se edificaron casas y luego el hotel Jardín, que se convirtió en el cine Olimpia. El cine-teatro Olimpia fue construido en el terreno que ocupaba la huerta del primer convento franciscano fundado en la ciudad de México en 1524. Con el paso de los siglos la huerta fue dividida en lotes en los que se edificaron casas y luego el hotel Jardín, que se convirtió en el cine Olimpia. La obra estuvo a cargo del arquitecto Carlos Crombè, quien proyectó la Arena Coliseo y construyó, además, los cines Odeón, Alameda, Colonial y Cosmos, así como otras salas en provincia, de acuerdo con datos recopilados por Francisco H. Alfaro y Alejandro Ochoa, en su libro La república de los cines (Clío). El libro señala:

A partir de una sala ubicada en la calle 16 de septiembre, la edificación del ‘gran teatro-cinema’, como lo anunciaron los medios en su momento, se inició el primero de noviembre de 1919. Enrico Caruso, el célebre tenor italiano, colocó la primera piedra.

La inauguración fue el 10 de diciembre de 1921 y su aforo era de 4 mil butacas. Tenía dos salones de baile, un fumador, dos vestíbulos y un órgano Wurlitzer. Se convirtió en importante centro cultural. En ese escenario se presentaron Ana Pavlova, quien ejecutó su coreografía El jarabe tapatío; Carlos Chávez, Agustín Lara y Manuel Esperón musicalizaron filmes de la época muda; Fernando de Fuentes fue gerente y ahí aprendió a hacer cine, recuerda el crítico Gustavo García. Algunas de las cintas estrenadas allí fueron El sheik, con Rodolfo Valentino, y El peregrino, con Charles Chaplin. Fue una de las primeras salas con sonido: se proyectó la primera película sonora: El cantante de jazz. Desde los altos del Olimpia la XEW inició transmisiones en 1930. En 1941 fue remodelado por Crombè, se mantuvo así hasta 1995, cuando fue fraccionado en varias salas y dejó de funcionar en 1999. Para Gustavo García, el Olimpia debió conservarse ”como un monumento nacional e instalarse allí el museo del cine mexicano. Su desaparición es un crimen cultural del que deben responder las autoridades de la ciudad”. Mientras, demos gracias a los filmes porno que mantienen con vida al cine Teresa.

Adiós al Olimpia (Letras Libres, octubre 2002)

Gustavo García

Y la puntilla: el Olimpia, el cine más antiguo de todo el país, que se mantenía digno en su abandono, ahora será una tienda más en un Centro Histórico que rebosa de tiendas y languidece de espacios culturales (de hecho, todo ese espacio sólo tiene dos cines: el también venerable Teresa, que se salvó gracias a la pornografía, y la minúscula Sala Fósforo de la Filmoteca de la UNAM).
Esto no lo detiene nadie: a la basura la historia, los espacios de encuentro social, la obra monumental de arquitectos como Francisco J. Serrano (los ya desaparecidos cines Isabel, Encanto, Palacio, Venus y el Teresa), Juan Sordo Madaleno (París y Ermita), Carlos Obregón Santacilia (el Prado, perdido en el terremoto de 85), Carlos Crombé (Olimpia, Odeón, Cosmos, Colonial y Alameda), entre muchos otros. Al montón de escombros la peligrosa memoria de cuando ser ciudadano era merecer esos palacios populares. ¿El futuro? La atomización del cineplex y la masa amontonada en tiendas de baratijas, para beneficio de un sistema que sabe especular con la miseria y, desde luego, salir ganando.

*Publicado por Fernando Bañuelos Medina en homocinéfilus.com