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El amor que triunfa (1917) se estrena en Mérida, Yucatán

Durante 1917 Cine-Mundial, a diferencia del año anterior, publicó mucha más información sobre México. En particular destacan dos columnas enviadas por el corresponsal, anónimo por desgracia, que vive en Mérida, Yucatán. La primera de ellas apareció en el número correspondiente a marzo de 1917 (Vol. II, No. 3, p. 137) y es un recuento de los principales salones dedicados al cinematógrafo y sus dueños o administradores. También da una lista de las películas que hay en cartelera, donde destacan las producciones locales de la Cirmar Films, aunque el corresponsal comete un error al adjudicarle el título de la zarzuela en que está basada la cinta, El Amor que huye y no El amor que triunfa, título de la película.

De Yucatán

En este rico estado de la República Mexicana está muy desarrollado el cinematógrafo. Los principales salones son: el teatro salón “Independencia,” de la empresa Erosa; los salones “Frontera” y “Pathé,” propiedad del Sr. Arturo Moguel; los salones “Variedades” y “Fraternidad,” de la empresa Pablo O. Pantoja; el gran “Cine Palacio,” de la empresa Marcín; el salón “Cine Mérida,” de la empresa Pinelo; el elegante coliseo “Peón Contreras,” que después de una temporada de la compañía Cómico-Dramática “Virginia Fábregas,” se inauguró la de cine estrenándose películas de la casa de Álvarez Arrondo y Compañía.

Las principales producciones cinematográficas últimamente estrenadas son: “Bajo el poder del yugo turco,” Universal; “La sirena desnuda,” de la misma casa; “Odette,” por Francisca Bertini; “La Marcha Nupcial,” por Lidia Boreli y el gran actor italiano Armado Novelli, de la casa Cines Roma; “El tigre real” y “El fuego,” por Pina Menichelli; “Marcela,” por la Hesperia; “El jockey de la muerte,” “Maciste,” de la casa Torino de Roma; “La pantomima de la muerte,” “El club de los coleccionistas” y otras muchas.

Se anuncia la película “Amor que huye,” tomando parte la primera tiple cómica María Caballé, el actor cómico Romualdo Tirado y demás artistas que actúan en el teatro “Principal,” y “Yucatán la tierra del oro verde,” ambas películas de la casa Cirmar Films, propiedad de los señores Cirerol y Compañía.

El Corresponsal. Mérida, Febrero de 1917.

En Crónica del cine mudo mexicano del investigador Gabriel Ramírez, éste comenta lo siguiente sobre la película y su producción:

María Caballé
María Caballé

En Mérida, la activa Cirmar Films emprendería a principios de 1917 su segundo largometraje, El amor que triunfa basado en la zarzuela Amor que huye de Pardo y Torregrosa, e inspirada en la pieza La dicha ajena de los hermanos Álvarez Quintero. La dirección sería de Cirerol Sansores y la fotografía de Martínez de Arredondo, siendo los intérpretes principales la primera tiple cómica María Caballé y el actor cómico Romualdo Tirado. A éstos los secundaban los miembros de la compañía de opereta y zarzuela que actuaban en aquellos días en el Teatro Principal. La película, a la que seguramente aportó parte del presupuesto el empresario Artaldo Erosa, fue estrenada en avant première en el Teatro Peón Contreras el 15 de abril de 1917. (1)

En la ciudad de México se estrenó en el cine Venecia el 7 de julio de 1917. (2)

De El amor que triunfa, el periódico yucateco La Voz de la Revolución decía en un artículo publicado el 16 de abril de 1917, artículo que transcribe Gabriel Ramírez en su obra El cine en Yucatán:

… Y los marcos que encuadraban las escenas ofrecieron perspectivas preciosas tomadas aquí, en las áridas tierras yucatecas, y efectos de luz bellísimos. Interiores, como el de ‘El Cabaret Vienés’, marinas como la de la playa, paisajes como el de la terraza del Castillo de San Carlos y la entrada a ésta, la escena del lawn tennis, nos hicieron olvidar por unos instantes que la película era filmada en nuestro terruño, tantas veces acusado de ausencia de bellezas… Yucatán podrá ostentar con orgullo sus nombres como los primeros en la República que, escasos de recursos y tan sólo por obra de su voluntad vigorosa, han podido rendir producciones artísticas que en las pantallas se confundirán con las importadas de Europa… (3)

Ramírez en la misma obra transcribe un artículo de la revista yucateca El Entreacto:

El miércoles en la noche se estrenó […] El amor que triunfa […]. Esta película de la conocida casa yucateca Cirmar Films fue impresionada por los distinguidos aficionados Sr. Cirerol y Martínez de Arredondo, los que han alcanzado un triunfo, pues, en honor de la verdad, la película estrenada no tiene nada que envidiar a las más aplaudidas de las que producen las mejores marcas europeas y americanas.

Los artistas que toman parte en esta película son muy conocidos de nuestro público y entre ellos figuran la idolatrada del público meridiano, María Caballé. Todos ellos se han excedido asimismo para que la obra resulte perfecta. Ante el público desfilan cuadros verdaderamente bellísimos, tomados de distintos lugares de nuestra ciudad, entre ellos en el Parque del Centenario, los jardines hermosísimos de las suntuosas moradas de los señores Alonso Guerra y Pedro de Regil y, por último, las playas de Progreso.

El argumento de la obra no puede por menos que ser interesantísimo y en él se pone de manifiesto el buen gusto de los señores Martínez de Arredondo y Cirerol, que han demostrado que con voluntad todo se consigue. Para aquellas personas que hayan visto las anteriores cintas impresionadas por estos señores y no conozcan la estrenada el miércoles, diremos que no hay punto de comparación entre las anteriores films y El amor que triunfa, pues esta cinta es un éxito completo que debe orgullecer a los que la impresionaron y es honra para Yucatán.

El público numerosísimo que concurrió al estreno, al aparecer en la pantalla María Caballé, le hizo una ovación, teniendo la orquesta que tocar dianas. Los aplausos se repitieron a cada escena y al terminar eran unánimes las manifestaciones de entusiasmo. Al concluirse la exhibición […] y antes que el público abandonara el teatro, se impresionó una cinta de la concurrencia, la que será exhibida en breve al público.

Nuestra más entusiasta enhorabuena a los señores Cirerol y Martínez de Arredondo por su inmenso éxito, que sin duda se repetirá en México a donde por el próximo vapor que pase por Progreso, será enviada la notable película. (4)

Hipólito Seijas, seudónimo de Rafael Pérez Taylor, dedica un par de reseñas a la cinta en su columa “Por la Pantalla” que se publicaba en diario El Universal; la primera el 10 de mayo de 1917:

Romualdo Tirado
Romualdo Tirado

Sin Título (dedicado a la Cirmar Film “EL AMOR QUE TRIUNFA”)

La producción de cinematografía en nuestro país toma cada vez mayor auge. En México es Rosas-Derba, “La Luz”, y en Yucatán es la empresa “Cirmar Film”.

Esta compañía que ha venido trabajando en el silencio desde el año de 1910, ha pasado casi desapercibida en esta ciudad, y tal cosa es injusta, supuesto que todo esfuerzo nacional debe ser cantado.

“Cirmar Film” ha filmado “La voz de su raza”, argumento socialista que se desarrolla en una de las haciendas henequeneras de Yucatán; “Tiempos Mayas” que es una reminiscencia histórica, altamente sentimental, adonde un indígena al calor del bohío, describe, a sus nietos, la historia de las ruinas de Uxmal; en “1810 o los libertadores”, episodio histórico de nuestra Independencia, y por último, la película “El amor que triunfa” y cuyos intérpretes son María Caballé, Amparo C. de Sánchez, Carlota Millanes, María de la Luz González, Matilde Liñán, Ángel de León y Romualdo Tirado.

Los directores de la empesa Manuel Cirerol y Carlos Martínez, han puesto todo su empeño en esta película que causará sensación en México por estar trabajada por conocidos artistas amigos nuestros.

“El amor que triunfa” es una novela corta de amor que tiene sus detalles dramáticos y comienza por una serie de escenas cómicas desempeñadas por Tirado. Este es un marido que no hallando la tan cantada felicidad en el hogar, sale en busca de alegría en el paraíso donde Pierrot y Colombina tienen sus sitiales. Va en busca de una “Bella Lucerito”, tiple amable, que no regatea caricias por una cena o un fistol. El alba los sorprende en plena orgía, y recordándose de que tiene mujer, deja a la amante y huye a su hogar.

Ángel, su hijo, padece de melancolía y sufre visitas y sermones de estirados frailes; pero llegan pidiendo hospedaje, dos lindas mujercitas, como una “chanzon parisién” y no tiene la señora más remedio que darles alojamiento. Con este motivo, María Caballé, una graciosa “divette” en boga y “La Lucerito” se llevan al padre que es buen marido y al joven Ángel que es un dechado de humildad.

En la playa, se bañan la Caballé y la Lucerito, cuando la sobreviene un accidente a la primera y Ángel la salva, enamorándose de ella y se casa, a pesar de los aspavientos de su madre, de la protesta clerical y de la sociedad anatematizadora.

Según informes que tenemos, los artistas están discretos y el triunfo de la película será un hecho, más cuando hay verdaderos deseos de ver a la Caballé en la cinta cinematográfica, admirando la nueva manifestación de sus aptitudes artísticas.

La película se exhibirá a principios de la semana entrante, en uno de los salones aristocráticos de esta capital. (5)

El 18 de junio de 1917, Hipólito Seijas dedica un segundo comentario a la cinta, sin embargo está diluido entre otras notas, tales como NOTICIAS EXTRANJERAS, EXTRAORDINARIOS y NUESTRO MOVIMIENTO CINEMATOGRÁFICO:

La tiple María Caballé
La tiple María Caballé

NUEVA PELÍCULA

La otra noche por atención de los señores Martínez Arredondo, vimos la película “El amor que triunfa”, interpretada por María Caballé, la señora Millanes, Tirado y otros artistas españoles.

Aunque es cierto que los empresarios y el operador son mexicanos, los artistas en cambio no lo son, por tanto la película no puede ser nacional sino extranjera. (6)

El argumento está basado en la conocida zarzuela titulada “El amor que huye” y las leyendas están bien escritas y traen el regocijo por su oportunidad y chiste en que están escritas.

La parte fotográfica es bastante buena y la relativa a los paisajes es maravillosa.

Está dividida en siete partes y si la redujéramos a cuatro, sería mucho más interesante, porque existen escenas cansadas que matan el efecto artístico que produce en el público la parte fotográfica.

Tirado está soberbio en su papel y Ángel León, el aspirante a clérigo, trabaja con bastante descreción.

María Caballé no tiene gran cosa y sólo luce su bello palmito, en cambio la señora Millanes interpretó su personaje de Marquesa ampulosa con banstante veracidad.

Será exhibida próximamente en un cine de la capital. El público, como siempre, dará su fallo definitivo de esta película, que fue impresionada en Mérida. (7)

En agosto de ese mismo año, la Cirmar Films perdió un juicio laboral y el departamento del trabajo de Mérida condenó a la empresa a pagar “cuatrocientos pesos oro nacional” a María de la Luz González por “trabajos hechos en la película” El Amor que triunfa. (8)

Ficha filmográfica de El amor que triunfa:

Producción (1917): Carlos Martínez de Arredondo y Manuel Cirerol Sansores; Cirmar Films (Mérida, Yucatán). Dirección: Manuel Cirerol Sansores. Argumento: Manuel Cirerol Sansores, sobre la pieza La dicha ajena, de Serafín y Joaquín Álvarez Quintero; y la zarzuela El amor que huye, de Julio Pardo (letra) y Torregrosa (música). Fotografía: Carlos Martínez de Arredondo. Decorados: Roberto Galván. Intérpretes: María Caballé, Romualdo Tirado, Ángel de León, Matilde Liñán, María de la Luz González, María Luisa Bonoris, Alfredro Varela, Felipe Bravo “El Guayabo”, Fernando “Nono” Hübe, Ernesto Mangas, pareja Areu, Carlota Millanes, Amparo A. de Sánchez, señoras González, Pérez Crucet, Fernández, Adolfo Marín, Sánchez Dorantes. Metraje: 2,300 metros; 5/7 rollos. Fecha de estreno: 15 de abril de 1917, teatro Principal, Mérida, Yucatán. (9)

NOTAS:

(1) Gabriel Ramírez, Crónica del cine mudo mexicano, Cineteca Nacional, México, 1989, p. 56.

(2) María Luisa Amador y Jorge Ayala Blanco, Cartelera cinematográfica, 1912-1919, UNAM, México, 2009, p. 80.

(3) “La industria de la película en Yucatán,” La Voz de la Revolución. 16 de abril de 1917. Citado por Gabriel Ramírez en El cine en Yucatán, Documentos de Filmoteca No. 3, UNAM, 1980, p. 40 en Manuel González Casanova, Las vistas: una época del cine en México, INEHRM, Museo Casa de Carranza, 1992, p. 60.

(4) El Entreacto, 20 de abril de 1917 en Gabriel Ramírez, Crónica del cine mudo mexicano, Cineteca Nacional, México, 1989, p. 57.

(5) Manuel González Casanova, Por la pantalla. Génesis de la crítica cinematográfica en México, 1917-1919, UNAM, México, 2000, pp. 215-216.

(6) La afirmación de Seijas de que la película El amor que triunfa producida y dirigida por Carlos Martínez de Arredondo en Yucatán, era extranjera por haber sido interpretada por actores extranjeros, provocó la ira de don Carlos quién, años después, en 1944, todavía lo recordaba con enojo a pesar de que en otra parte de esas declaraciones predominaba la confusión en las fechas, y aún en el orden en el que realizó sus propias películas:

[…] más yo aspiraba a estrenar antes, [que el estreno de La Luz], y al mismo tiempo que invité a los cronistas de los principales diarios a una exhibición privada, tomé en arrendamiento el Teatro Principal. Las crónicas fueron todas encomiásticas en alto grado, y sólo tuve el pesar de que el señor Hipólito Seijas expresara que “lástima que la película no fuera mexicana”, a lo que le repuse que mi película sólo podía dejar de ser mexicana en concepto suyo, si dejaba de considerar al Estado de Yucatán como parte integrante de la República de México. No obstante le agradecí y sigo agradeciendo los elogios que hizo de mi película El amor que triunfa, la cual fue estrenada, no recuerdo si dos o tres días antes que La Luz.*

* “Yucatán, precursor del cine nacional.” Carlos Martínez de Arredondo. Enciclopedia yucatense, T. V. 1946. [Artículo reproducido completo en: Las vistas: una época del cine en México, Manuel González Casanova, INEHRM, México, 1992, pp. 101-105].

En Manuel González Casanova, Por la pantalla. Génesis de la crítica cinematográfica en México, 1917-1919, UNAM, México, 2000, p. 435.

(7) Manuel González Casanova, Por la pantalla. Génesis de la crítica cinematográfica en México, 1917-1919, UNAM, México, 2000, pp. 253-254.

(8) Cine-Mundial, agosto 1917, Vol. II, No. 8, p. 409.

(9) Gabriel Ramírez, Crónica del cine mudo mexicano, Cineteca Nacional, México, 1989, p. 256.

Un Chaplin mexicano en Los Ángeles (1918)

Salvo Gabriel Ramírez en su Crónica del cine mudo mexicano no hay otra noticia sobre este personaje y la película que protagonizó, Aventuras de Timoteo. De Héctor (Cerata, Serata o Serrata), cuyo apellido el investigor escribe de estas tres formas y conocido como Timoteo comenta:

Las bondades que el régimen mostraba hacia el cine pronto alcanzarían al esforzado Manuel de la Bandera, ya que “el propio presidente Carranza ordenó que se creasen en el Conservatorio Nacional de Música y Arte Dramático las cátedras de Preparación y Práctica del Cinematógrafo (y del) Ceremonial, Mímica y Maquillaje,” cuyo cargo le fue ofrecido a él por José María Macías, rector de la Universidad. Los cursos se inaugurarían el 24 de abril de 1917 y con De la Bandera colaborarían Luis G. Peredo y María Luisa Ross.

Los resultados quedaron muy por debajo de las expectativas y nada de lo que allí se hizo sobrepasó la fase experimental. Las pequeñas películas, supervisadas por él, estaban levemente interpretadas por la veintena de entusiastas alumnos de sus cursos.

Otro corto de los que cabría hacer mención fue el interpretado por el cómico Héctor Cerata, Aventuras de Timoteo, que le valió público reconocimiento. Cerata, rápidamente bautizado con el previsible mote del “Chaplin mexicano”, probaría fortuna en Hollywood a fines de 1917. (p. 56)

Del alumno de Manuel de la Bandera, quien fuera el primer maestro de los histriones especializados en cine mudo, Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 591) publicó la siguiente breve nota:

Un Chaplin mexicano

Breves rasgos de la historia corta de un artista. El triple bautismo. Su comicidad. Hacia la Patria.

Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 595)
Héctor Cerata, Timoteo en Cine-Mundial de septiembre de 1918 (Vol. III, No. 9, p. 591)

Las  generales de este inteligente y joven actor de cinematógrafo son, para un caso de apuro, las siguientes: Héctor Cerata, nació en la capital de México; tiene 22 años de edad; mide 6 pies de estatura; los ojos, negros; el color, blanco. Su mejor seña particular, entre las que posea y no conocemos, es la expresión risueña de la faz. Ignoramos, para completar su semblanza, si es aficionado a los deportes; tratándose de un mexicano ha de serlo a la jineta, es decir charro consumado. Su otra afición, la decisiva de su vida y por la que le dedicamos estas líneas, es el cinematógrafo. A los ocho años ya había aparecido en un escenario. En las bulliciosas representaciones de los colegios, siendo estudiante, se le confiaban los papeles cómicos. De ahí arranca la orientación para su carrera: ingresó en el Conservatorio Nacional de México (hoy Escuela Nacional de Música y Arte Teatral y Cinematográfico) y se preparó para actor cómico de la pantalla. Su maestro fué el Sr. M. de la Bandera, reputado como notable Director artístico. Bajo su dirección impresionó la primera película, “Aventuras de Timoteo.” El público, que le declaró triunfador, le adaptó, como un segundo bautismo, después del cristiano de Héctor, el sobrenombre de “Timoteo.” En Octubre de 1917 salió de México con rumbo a Los Ángeles, en donde reside a la hora actual.

Trabajó en casi todos los estudios de aquella ciudad, en papeles importantes o flojos, según la ocasión; pero siempre clavado en el género cómico. ¿Ha creado un tipo genérico que acaso perdure en la pantalla? No lo juramos; pero sí afirmamos que los periódicos de habla española que en Los Ángeles se publican, le han tributado serios elogios y que le llaman, tomándolo de la voz pública, “Chaplin mexicano.” Su tercer bautizo. Trabaja con empeño en perfeccionar su arte con la esperanza de llevarlo, con su bagaje de nuevas ideas, a su Patria, México. Que así sea para bien del Arte y del artista Héctor Cerata, a quien saludamos afectuosamente.

El corresponsal Miguel Saucedo en su columna Crónica de México en el número de febrero de 1918 de Cine-Mundial (Vol. III, No. 2, p. 90) comentó, entre varios temas, sobre la creación de la nueva institución educativa:

… el Gobierno Mexicano ha establecido en el antiguo “Conservatorio Nacional de Música y Declamación,” llamado hoy “Escuela de Arte y Declamación,” una clase especial de arte mudo, con profesores y directores competentes. El éxito en las primeras pruebas y la animación de tanto “dilettanti” es algo inequívoco de que no han sido estériles los esfuerzos que se han llevado a cabo para crear una cátedra de tal naturaleza. Principalmente se dedicarán a producir películas de temas mexicanos, con el fin de exportarlas y de que en el extranjero se formen una idea del país, de su riqueza tantas veces cantada, así como de las costumbres que llevan siempre un fondo de nobleza manifiesto.

Venustiano Carranza inaugura escuela de cine

Brevísima nota publicada en The Moving Picture World sobre la inauguración que Venustiano Carranza hizo de la escuela de cine que dirigirá Manuel de la Bandera.

La nota se titula Carranza favorece la pantalla y menciona que “el gobierno de Carranza ha oficialmente inaugurado en la ciudad de México una Escuela Nacional de Cinematografía, la cual estará dedicada a preparar artistas para trabajar detrás de cámaras. Manuel de la Bandera, un conocido actor local y pionero de las películas mexicanas ha sido nombrado director general de la escuela.”

Bastante escueta la nota, además de ser publicada casi un año después de que la escuela oficialmente se inauguró, que fue en abril de 1917.

Nota de The Moving Picture World de febrero 16, 1918

En Crónica del cine mudo mexicano (pp. 52-53), Gabriel Ramírez nos hace un detallado relato de los primeros intentos de fundar escuelas de cine en México, donde con antelación a la inaugurada por el gobierno de Carranza, De la Bandera fundó en 1916 una primera escuela en la que…

…lo primero sería empezar desde abajo, esforzándose por aprender a dominar los misterios del oficio estudiando todas sus reglas, para lo cual el actor y profesor de arte teatral en el Conservatorio y de declamación en la Normal, Manuel de la Bandera (1887-?), logró establecer en los altos del Palacio Blanco, primera calle de Uruguay, una academia de mímica a la que llamó Escuela de Arte Cinematográfico. Con el atavismo teatral a cuestas, el joven maestro y sus entusiastas discípulos se lanzaron entre fascinados, nerviosos y divertidos a prender las rígidas reglas del juego en ensayos diarios “que más bien parecen escenas de sordomudos”, según dijera un testigo presencial. Futuros actores todos ellos, con la capacidad económica para pagarse esas ridículas clases de gestos y movimientos, “casi todos visten con buen gusto y elegancia” y daban la impresión, a muchos, de estar allí por tratarse del pasatiempo del momento. En realidad, todos iban tras el éxito seguro e inmediato y a ninguno de ellos, a De la Bandera menos, se le ocurría pensar que les esperaba la aventura incierta y el negocio ruinoso.

Algunos de los alumnos eran Fernando Navarro, Salvador Alcocer, las hermanas Catalina y Josefina D’Erzell, Honoria Suárez, Agustín Carrillo de Albornoz, las hermanas Padilla, José Morales. muchos de los cuales participaron en las primera película experimental de la escuela, estrenada el 28 de julio de 1916 en el Teatro Lux, que era “un corto en que aparecían los artistas elegidos, ocultos sus verdaderos nombres tras pseudónimos, adoptando poses y haciendo gestos de los entonces llamados “cinematográficos”.

Venustiano Carranza, de barba y gafas, en Querétaro durante la promulgación de la Constitución de 1917

Ya para 1917 la situación política, según Gabriel Ramírez en la misma obra. (p. 56) había mejorado y:

[l]as bondades que el régimen mostraba hacia el cine pronto alcanzarían al esforzado Manuel de la Bandera, ya que “el propio presidente Carranza ordenó que se creasen en el Conservatorio Nacional de Música y Arte Dramático las cátedras de Preparación y Práctica del Cinematógrafo (y de) Ceremonial, Mímica y Maquillaje”, cuyo cargo le fue ofrecido a él por José María Macías, rector de la Universidad. Los cursos se inaugurarían el 24 de abril de 1917 y con De la Bandera colaborarían Luis G. Peredo y María Luisa Ross. De paso, se iba a adquirir todo el equipo técnico necesario para facilitarle a De la Bandera sus clases de actuación, ya que las mismas podrían filmarse “para que los estudiantes del difícil arte reconozcan, observándolos en la pantalla, los defectos que deben corregir para ponerse en aptitud de impresionar cine-dramas íntegros”. Los resultados quedaron muy por debajo de las expectativas y nada de lo que allí se hizo sobrepasó la fase experimental. Las pequeñas películas, supervisadas por él, estaban levemente interpretadas por la veintena de entusiastas alumnos de sus cursos y entre “los que más se distinguen (se encontraban) Carmela Patiño y Susana Aurelia Quiñones”. Otro corto de los que cabría hacer mención fue el interpretado por el cómico Héctor Serata, Aventuras de Timoteo, que le valió público reconocimiento. Serata, rápidamente bautizado con el previsible mote del “Chaplin mexicano”, probaría fortuna en Hollywood a fines de 1917.

Al poco tiempo, una serie de discrepancias entre De la Bandera y el rector Macías le obligarían a renunciar encomendándole la dirección de las cátedras a Julio Jiménez Rueda. Todos los buenos propósitos de la escuela se convertirían en nada al año siguiente.

Fue con sus alumnos de la cátedra de Preparación y Práctica del Cinematógrafo que daba en el Conservatorio Nacional de Música que De la Bandera debuta en el cine nacional como director con la cinta Triste crepúsculo, una banal historia familiar donde el melodrama invade toda la cinta.  El productor y director fue el propio Manuel de la Bandera. El argumento es de él y María Luisa Ross. La fotografía de Carlos Martínez de Arredondo. Los intérpretes fueron Eugenia Ramírez (doña Julia, la madre), Carmen Patiño (Rosaura, la hija mayor), Leonor Dávila (Aurelia), Guadalupe Vela (María), niña Josefina Gaona (Lupita), Ana María Sánchez (Isabel), Clementina Patiño Izquierdo (Conchita), Juan de Dios Arellano (don Rogelio), Fernando Navarro (Melquiades), Juan Cordero (Juan, el hijo del hacendado), Emilio Gómez, Salvador Alcocer (el indio mandadero), Aurelia Quiñones.

Llamas de rebelión (1922)

Los datos para la ficha filmográfica y sinópsis están en el libro de  Aurelio de los Reyes, Filmografía del cine mudo mexicano, volumen II, 1920-1924, Dirección General de Actividades Cinematográficas, UNAM, Colección Filmografía Nacional 6, México, 1994, pp. 171-172:

Producción: Martínez y Quezada; Agustín Elías Martínez y ¿Adolfo Quezada? Dirección: ¿Adolfo Quezada? Argumento: Eduardo García Moreno. Intérpretes: Alfonso Labat, Josefina López, Eleazar Reina, Carmen López, Eduardo García Moreno y otros. Filmada en la Sierra Nevada, a las faldas del Volcán de Toluca y en haciendas cercanas. Concluida en septiembre de 1922.

Palacio Municipal de Toluca. Foto: Fototeca Nacional del INAH

Según Aurelio de los Reyes no se exhibió en la ciudad de México aparentemente por haberlo impedido una huelga de cines. Cine Mundial informa que se exhibía en varias ciudades de provincia. Luego, en 1924, la prohibió el Ayuntamiento, sin explicar los motivos, al parecer por haberse referido a la Revolución.

Según Dávalos y Vázquez, (1) Llamas de rebelión aparentemente no llegó a exhibirse. Se anunció con cierta insistencia durante el mes de septiembre de 1922. A fines de mes, un anuncio informaba de la conclusión del rodaje y de su inminente estreno. Sin embargo, no volvió a saberse de la cinta. El argumento plantea con nitidez la conciliación entre en nuevo y el viejo régimen.

De acuerdo a Gabriel Ramírez se estrenó en la ciudad de México el 8 de octubre de 1922 en los cines San Juan de Letrán, Alcázar, Santa María la Redonda, Palatino y Venecia. (2)

Anuncio de Llamas de rebelión en el Teatro Edén
Anuncio de Llamas de rebelión en el Teatro Edén

Sinopsis de la cinta: “El pueblo de San Nicolás, cerca del Volcán nevado, goza de relativa paz, en la época más azarosa que nuestra República ha pasado. Benito Domínguez vive allí con su madre y hermano, explotando personalmente su rancho; está enamorado de Carmela, prima del jefe de Armas general Valverde, un antiguo empleado. Este no está conforme con estas relaciones y trata de impedirlas. Declara enemigo a Benito y lo persigue, apoyándose en su poder, para perderle, pero Benito logra evadirse hiriendo a sus perseguidores. No le queda más recurso que huir y se reúne con ‘Sietebrincos’, su vecino, quien le ayuda a preparar un pequeño ejército, con el cual se levanta en armas, contra el general Valverde, que no llega a preocuparse por este suceso y sale de paseo, junto con sus primas, a una hacienda cercana. El propietario se ha interesado por Carmela y alejando a los demás huéspedes, trata de forzarla, llegando en ese momento el general Valverde, quien le dispara, dándole muerte en el acto, cuando va a cometer una fechoría. Benito asalta la hacienda y sus moradores escapan en una diligencia, pero son alcanzados por la gente de aquél y hechos prisioneros. El general Valverde iba a ser fusilado, pero Benito le perdona la vida. El gobierno legal ofrece amnistía a nuestro héroe, quien la acepta y regresa al lado de su madre y finalmente con su amada Carmela.”

Para Gabriel Ramírez, Llamas de rebelión:

[vulgarizaba] hechos sucedidos apenas ayer (…) ilustraba lo que ocurría cuando el interés privado se prefería al bien general y cómo las venganzas individuales y el espíritu de intriga, ambición y egoísmo podían sofocar el proceso revolucionario iniciado doce años antes. Sobre todo, si habían de por medio, como en este caso, unas tentadoras faldas. (3)

Avenidas Hidalgo y Villada. Foto: Fototeca Nacional del INAH

Por su descripción de la trama y los siguientes comentarios de Ramón Pérez no es aventurado pensar que el gobierno hubiese censurado el filme, evitado su proyección a toda costa. Si tomamos en cuenta que la cinta expresaba, de forma poco velada, sus intenciones, y Llamas de rebelión exaltaba la amenaza de brotes rebeldes a nivel regional. Por otro lado,  el hecho de haber sido filmada en Toluca, ciudad sumamente conservadora y por antonomasia contrarrevolucionaria confirma que la trama tenía un tufo reaccionario, amén de actuar en ella varias “personalidades” toluqueñas.

Vale la pena retomar el escrito sobre la filmación de Llamas de rebelión en Toluca a principios del siglo XX. Se debe considerar que fue escrito varios lustros después del evento. De eso trata el siguiente breve escrito tomado de Estampas Toluqueñas de Ramón Pérez, Ediciones Gobierno del Estado de México, 1977, pp.161-163:

Han transcurrido ya años, muchos años, el entrante nos dará el increíble número de Cincuenta. ¡Cómo pasa el tiempo! ¡Cómo pasa la vida! Muchos de los personajes que aquí vamos a mencionar han desaparecido ya del mundo de los vivos. Es casi seguro que muchos de los lectores ni lo recuerdan siquiera. Y sin embargo, el suceso tuvo lugar.

Allá por el año de 1919, todavía en plena revolución, un joven toluqueño, lleno de inquietudes y permanentemente abierto a la vida, el desaparecido amigo q.e.p.d. Fernando Medina, perpetuo amante de las cosas del arte: música, pintura, tuvo la luminoso idea de financiar la elaboración de una película filmada totalmente en Toluca, con actores toluqueños y pagada centavo a centavo de sus propios recursos. El título de la cinta cinematográfica llevaba el nombre de Llamas de Rebelión.

El argumento se refería a la Revolución Mexicana y, como era natural, se hacía destacar en ella, la vida de nuestros hombres del campo y la del aristocrático hijo de un hacendado de polendas, dado al vicio y a la perdición. No podría darle detalles de dicho argumento; pero, lo que sí puedo decirles es que Llamas de Rebelión fue sin lugar a dudas la película precursora del cine nacional en aquel año de gracia de 1919.

Fernando Medina aparecía en su papel de galán joven, acompañado de la señorita Isabel Ordoñez, hermosa empleada de gobierno, que lucía con donaire y gentileza y con cierta ingenua sencillez tan apartada de la artificiosa actuación de nuestras primeras estrellas. Junto con Chabela Ordoñez aparecían igualmente las estimadas señoritas Carmen Gutiérrez y Josefina Zepeda que bien podían, por su esmerada actuación, estar al lado de tantas celebridades que llenan en la actualidad los sets de nuestros estudios vernáculos.

Los hombres malos, los villanos de la cinta, montaban caballos muy hermosos, eran entre otros: Macario Álvarez, charro bien puesto en aquel entonces y don Jesús Bravo que quizá ni sea recordado con precisión por los entonces asistentes a su representación. Junto a esos hombres lucía sus habilidades de artista Alfonso Labat que se unió más tarde a la compañía teatral de la tan mentada Josefina Noriega. El sastre Francisco Rodríguez también se improvisó artista junto con Eduardo González Pliego que por muchos años actuó como locutor en la X.E.Q.

El fotógrafo del film fue Luis Santa María de la ciudad de México, autor además del argumento. Tomó parte igualmente Eduardo García Moreno, hermano del licenciado Roberto de los mismos apellidos.

La cinta cinematográfica se desarrollaba en Zinacantepec, en la Hacienda de San Pedro, propiedad de la familia Medina, en la Villa Ferrat por el rumbo del paseo Colón, en la Hacienda de Atenco y en Metepec.

Aquellas personas que asistieron a su exhibición recordarán seguramente la habilidad de Macario Álvarez y la estupenda fotografía en que Jesús Bravo, en una parte de la película daba una vuelta completa con el caballo, en caída aparatosa, en la que nada había de truco ni artificio.

Llamas de Rebelión toda hecha por personas ajenas al arte profesional, recorrió casi todo el país. Se exhibió en Zitácuaro, Morelia, Zacatecas, Tampico, la ciudad de México y le produjo mucho dinero a un señor de apellido Martínez y que, aparte de recibir las ventajas del film, le cobró al bueno de Fernando Medina algo más de cinco mil pesos.

Sobre su calidad artística nada podemos decir nosotros sobre el particular, colocados como estamos a tantos años de distancia y por no haber asistido a las funciones que se daban en aquel vetusto Teatro Edén ubicado en la hoy avenida Morelos en donde los señores Sánchez de la Ford acaban de levantar un suntuoso edificio.

Según informes obtenidos, fue tanto el éxito que, noche a noche, es teatro estaba lleno de bote en bote y por no caber la gente que se presentaba, el empresario, para dar gusto a todos los que querían ver en la pantalla a las personas tan conocidas de los vecinos tuvo que repetirla en el Teatro Principal, hoy cine Rex.

Fernando Medina, toluqueño ciento por ciento y uno de los hombres de corazón sencillo y ánima párvula, recibió en esa ocasión las felicitaciones más calurosas por ese gesto tan desinteresado y por su gran cariño a su ciudad natal.

¡Cuántas mujeres envidiaban la suerte de Chabela Ordoñez y cuántas otras no la censuraban por haberse prestado a figurar como la dama joven al lado del señor Medina quien aparecía de galán joven, personaje de gran mundo, dueño de una hermosísima Villa, rodeado de otros jóvenes que jugaban al tenis y bebían espumoso champagne en compañía de elegantes damas.

Con la ñoñería de algunos espectadores timoratos, hacía gran contraste el alboroto del pueblo que reía a mandíbula batiente en las escenas jocosas y se sobresaltaban cuando los revolucionarios Macario Álvarez, Alfonso Labat y Jesús Labastida asaltaban la diligencia que gentilmente había facilitado el conocido hacendado, don Antonio Barbabosa.

Nada importa para nosotros saber la calidad de la película en cuestión: pero nos conformamos con saber que ya gastada y maltrecha la copia, según el saber de algunas personas, se apartaron muchas escenas de charros y se usaron más tarde en otras películas; lo que expresa que fue muy meritoria la labor de  los artistas campiranos, auténticos charros de provincia.

Fernando Medina q.e.p.d. el amigo de tantos años, el hombre bueno y cabal, con su cabellera blanca y su sonrisa juvenil, fue indudablemente, lo repetimos con orgullo toluqueño, el hombre que, sin escatimar dinero y esfuerzo debe ser considerado como el precursor del cine nacional, como lo fuera más tarde en su calidad de artista incomparable, Elena Valenzuela, por ejemplo, en su principal papel de “Santa” la famosa novela de don Federico Gamboa.

Al escribir estas líneas, me siento verdaderamente emocionado, al estar recordando nombres de los vivos y de los muertos que, con entusiasmo y calidad en el trabajo y venciendo prejuicios, figuraron en ese film toluqueño que ostentaban orgullosamente, el título de Llamas de Rebelión.

(1) Federico Dávalos Orozco y Esperanza Vázquez Bernal, Filmografía general del cine mexicano (1906-1931), Universidad Autónoma de Puebla, Colección Difusión Cultural 4, Serie Cine, México, 1985, p. 95.

(2) Gabriel Ramírez, Crónica del cine mudo mexicano, Cineteca Nacional, México, 1989, p. 270.

(3) Ídem. p. 193.

La boda de Rosario (1929)

Fue gracias a la amabilidad de Miguel Ángel Morales, pintor y autor de varios escritos sobre cómicos nacionales, que me hizo llegar el breve artículo de Revista de revistas del 17 de febrero de 1929, es que tengo la oportunidad de subir la breve nota. Lo que considero de más valor son las fotografías, pues hasta donde sé la cinta, como tantas otras, está perdida y duerme el sueño de los justos en algún archivo olvidado.

Federico Dávalos Orozco y Esperanza Vázquez Bernal en Filmografía general del cine mexicano (1906-1931) dan la siguiente ficha y datos sobre la cinta:

La boda de Rosario, 1929. Producción: Compañía Productora de Películas Nacionales, S.C.L. o Compañía Nacional Productora de Películas. Dirección, argumento y adaptación: Gustavo Sáenz de Sicilia. Fotografía: Jorge Stahl. Intérpretes: Carlos Rincón Gallardo, conde de regla y marqués de Guadalupe (el hacendado), Lupe Loyo (Rosariola joven de sociedad), Antonio Cañero, Juan José Martínez Casado (el sinvergüenza), Luciano Cardona, Rosita Ballesteros, Manuel Arcaraz, Ricardo Ruiz, un cantinero de La Ópera (cura). Película muda concluida en febrero de 1929.

Sinopsis: una joven de sociedad es novia de un hacendado, pero un sinvergüenza la enamora y la lleva a su casa. Ahí es sorprendido por el hacendado quien lo mata cuando trata de deshonrar a la joven. Ésta y el hacendado se casarán y serán felices.

Nota: esta fue la cuarta cinta dirigida por el aristocrático Gustavo Sáenz de Sicilia y la última. Más tarde sería un importante promotor de la primera versión sonora de Santa (Antonio Moreno, 1931). La compañía productora estaba dirigida por los señores Fernando Pimentel y Fagoaga, Agustín Torres Rivas, Miguel Díaz Barriga, Eduardo Tameriz e Ignacio Orvañanos. Gustavo Sáenz de Sicilia fungía como director técnico y Eduardo León de la Barra como gerente. La película era de ambiente campirano con todo y charros, chinas poblanas y coleaderos. En sus memorias, León de la Barra afirma que después de su estreno se decidió sonorizarla para competir con los recién llegados filmes parlantes de Hollywood. Para esto recurrieron al “señor Baptista (¿Eduardo Baptista?) que se dedicaba a fabricar discos Peerless [y que] nos ayudo a sincronizar la película con un disco grabado a propósito para ella”, con resultado poco halagüeño.

Imágenes de la cinta La boda de Rosario. Revista de revistas del 17 de febrero de 1929, p. 18

Varios datos aporta Gabriel Ramírez en Crónica del cine mudo mexicano sobre la cinta, aparte de reproducir la breve nota que acompaña las imágenes:

La boda de Rosario se estrenaría en abril [27] de 1929 en el Teatro Iris acompañada de discos fonográficos, según la publicidad; y era una “fiel pintura de nuestro ambiente campirano de aquellos días, cuando a pesar de la triunfante revolución, aún regían clases y se conservaban latentes muchas tradiciones bellísimas en relación con los elementos rurales”.

Tradiciones que no parecían tan bellas a los ojos de Alfonso Junco, quien consideraba que a la película,

“presentada y ejecutada con acopio de inteligencia, de arte y de cariño […], la afeaba fundamentalmente un argumento endeble y escabros que por dicha no es representativo de nuestras realidades sociales y la nubla levemente la tendencia a presentar un ilusorio México de charros y chinas poblanas, exageración que autorizada por el origen nacional de las películas, acabaría por consolidar definitivamente el ‘México de pandereta’ que ya circulaba en el extranjero […]” (p. 252)

Ángel Miquel en su libro Por las pantallas de la Ciudad de México nos hace partícipes de un choque de opiniones que tuvieron Carlos Noriega Hope y Gustavo Sáenz de Sicilia sobre la cinta en cuestión:

Después de conocer el argumento de esta cinta, Noriega Hope aconsejó a Sáenz de Sicilia que en el futuro buscara hacer obras “más mexicanas”:

“Dejémonos de aristocracias […] y vayamos al corazón de los humildes […] El ejemplo de Rusia es definitivo. Eisenstein fue, brutalmente, hacia el problema humano y nunca pensó en duques, marqueses o príncipes… Esto es lo único que aconsejamos, para el futuro, al director más tozudo de los que restan en México.” (El Universal, 24/II/29)

Sáenz de Sicilia se ofendió y respondió en una carta a Bonnard [seudónimo de Noriega Hope] que le daban ganas “de irse a China, a tomar películas, en vez de permanecer en este país de criticones”. A lo que Noriega Hope respondió que no había “volcado bilis e ironías” sobre La boda de Rosario, sino que se había limitado a sostener “una charla circunstancial”… (p. 203)

Aparte de ser el debut de Juan José Martínez Casado en el cine, la película se considera un antecedente al cine sonoro mexicano, pues aunque fue exhibida como muda, posteriormente se trató de sonorizar con discos, pero sin éxito. Junto con este largometraje de ficción mudo, hay dos últimos intentos, ambos filmados en 1929: Los hijos del destino de Luis Lezama y Terrible pesadilla del imitador de Chaplin, Charles Amador. Ésta última, filmada en Puebla y tratada en vano de hacerla sonora.