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El amor que triunfa (1917) se estrena en Mérida, Yucatán

Durante 1917 Cine-Mundial, a diferencia del año anterior, publicó mucha más información sobre México. En particular destacan dos columnas enviadas por el corresponsal, anónimo por desgracia, que vive en Mérida, Yucatán. La primera de ellas apareció en el número correspondiente a marzo de 1917 (Vol. II, No. 3, p. 137) y es un recuento de los principales salones dedicados al cinematógrafo y sus dueños o administradores. También da una lista de las películas que hay en cartelera, donde destacan las producciones locales de la Cirmar Films, aunque el corresponsal comete un error al adjudicarle el título de la zarzuela en que está basada la cinta, El Amor que huye y no El amor que triunfa, título de la película.

De Yucatán

En este rico estado de la República Mexicana está muy desarrollado el cinematógrafo. Los principales salones son: el teatro salón “Independencia,” de la empresa Erosa; los salones “Frontera” y “Pathé,” propiedad del Sr. Arturo Moguel; los salones “Variedades” y “Fraternidad,” de la empresa Pablo O. Pantoja; el gran “Cine Palacio,” de la empresa Marcín; el salón “Cine Mérida,” de la empresa Pinelo; el elegante coliseo “Peón Contreras,” que después de una temporada de la compañía Cómico-Dramática “Virginia Fábregas,” se inauguró la de cine estrenándose películas de la casa de Álvarez Arrondo y Compañía.

Las principales producciones cinematográficas últimamente estrenadas son: “Bajo el poder del yugo turco,” Universal; “La sirena desnuda,” de la misma casa; “Odette,” por Francisca Bertini; “La Marcha Nupcial,” por Lidia Boreli y el gran actor italiano Armado Novelli, de la casa Cines Roma; “El tigre real” y “El fuego,” por Pina Menichelli; “Marcela,” por la Hesperia; “El jockey de la muerte,” “Maciste,” de la casa Torino de Roma; “La pantomima de la muerte,” “El club de los coleccionistas” y otras muchas.

Se anuncia la película “Amor que huye,” tomando parte la primera tiple cómica María Caballé, el actor cómico Romualdo Tirado y demás artistas que actúan en el teatro “Principal,” y “Yucatán la tierra del oro verde,” ambas películas de la casa Cirmar Films, propiedad de los señores Cirerol y Compañía.

El Corresponsal. Mérida, Febrero de 1917.

En Crónica del cine mudo mexicano del investigador Gabriel Ramírez, éste comenta lo siguiente sobre la película y su producción:

María Caballé
María Caballé

En Mérida, la activa Cirmar Films emprendería a principios de 1917 su segundo largometraje, El amor que triunfa basado en la zarzuela Amor que huye de Pardo y Torregrosa, e inspirada en la pieza La dicha ajena de los hermanos Álvarez Quintero. La dirección sería de Cirerol Sansores y la fotografía de Martínez de Arredondo, siendo los intérpretes principales la primera tiple cómica María Caballé y el actor cómico Romualdo Tirado. A éstos los secundaban los miembros de la compañía de opereta y zarzuela que actuaban en aquellos días en el Teatro Principal. La película, a la que seguramente aportó parte del presupuesto el empresario Artaldo Erosa, fue estrenada en avant première en el Teatro Peón Contreras el 15 de abril de 1917. (1)

En la ciudad de México se estrenó en el cine Venecia el 7 de julio de 1917. (2)

De El amor que triunfa, el periódico yucateco La Voz de la Revolución decía en un artículo publicado el 16 de abril de 1917, artículo que transcribe Gabriel Ramírez en su obra El cine en Yucatán:

… Y los marcos que encuadraban las escenas ofrecieron perspectivas preciosas tomadas aquí, en las áridas tierras yucatecas, y efectos de luz bellísimos. Interiores, como el de ‘El Cabaret Vienés’, marinas como la de la playa, paisajes como el de la terraza del Castillo de San Carlos y la entrada a ésta, la escena del lawn tennis, nos hicieron olvidar por unos instantes que la película era filmada en nuestro terruño, tantas veces acusado de ausencia de bellezas… Yucatán podrá ostentar con orgullo sus nombres como los primeros en la República que, escasos de recursos y tan sólo por obra de su voluntad vigorosa, han podido rendir producciones artísticas que en las pantallas se confundirán con las importadas de Europa… (3)

Ramírez en la misma obra transcribe un artículo de la revista yucateca El Entreacto:

El miércoles en la noche se estrenó […] El amor que triunfa […]. Esta película de la conocida casa yucateca Cirmar Films fue impresionada por los distinguidos aficionados Sr. Cirerol y Martínez de Arredondo, los que han alcanzado un triunfo, pues, en honor de la verdad, la película estrenada no tiene nada que envidiar a las más aplaudidas de las que producen las mejores marcas europeas y americanas.

Los artistas que toman parte en esta película son muy conocidos de nuestro público y entre ellos figuran la idolatrada del público meridiano, María Caballé. Todos ellos se han excedido asimismo para que la obra resulte perfecta. Ante el público desfilan cuadros verdaderamente bellísimos, tomados de distintos lugares de nuestra ciudad, entre ellos en el Parque del Centenario, los jardines hermosísimos de las suntuosas moradas de los señores Alonso Guerra y Pedro de Regil y, por último, las playas de Progreso.

El argumento de la obra no puede por menos que ser interesantísimo y en él se pone de manifiesto el buen gusto de los señores Martínez de Arredondo y Cirerol, que han demostrado que con voluntad todo se consigue. Para aquellas personas que hayan visto las anteriores cintas impresionadas por estos señores y no conozcan la estrenada el miércoles, diremos que no hay punto de comparación entre las anteriores films y El amor que triunfa, pues esta cinta es un éxito completo que debe orgullecer a los que la impresionaron y es honra para Yucatán.

El público numerosísimo que concurrió al estreno, al aparecer en la pantalla María Caballé, le hizo una ovación, teniendo la orquesta que tocar dianas. Los aplausos se repitieron a cada escena y al terminar eran unánimes las manifestaciones de entusiasmo. Al concluirse la exhibición […] y antes que el público abandonara el teatro, se impresionó una cinta de la concurrencia, la que será exhibida en breve al público.

Nuestra más entusiasta enhorabuena a los señores Cirerol y Martínez de Arredondo por su inmenso éxito, que sin duda se repetirá en México a donde por el próximo vapor que pase por Progreso, será enviada la notable película. (4)

Hipólito Seijas, seudónimo de Rafael Pérez Taylor, dedica un par de reseñas a la cinta en su columa “Por la Pantalla” que se publicaba en diario El Universal; la primera el 10 de mayo de 1917:

Romualdo Tirado
Romualdo Tirado

Sin Título (dedicado a la Cirmar Film “EL AMOR QUE TRIUNFA”)

La producción de cinematografía en nuestro país toma cada vez mayor auge. En México es Rosas-Derba, “La Luz”, y en Yucatán es la empresa “Cirmar Film”.

Esta compañía que ha venido trabajando en el silencio desde el año de 1910, ha pasado casi desapercibida en esta ciudad, y tal cosa es injusta, supuesto que todo esfuerzo nacional debe ser cantado.

“Cirmar Film” ha filmado “La voz de su raza”, argumento socialista que se desarrolla en una de las haciendas henequeneras de Yucatán; “Tiempos Mayas” que es una reminiscencia histórica, altamente sentimental, adonde un indígena al calor del bohío, describe, a sus nietos, la historia de las ruinas de Uxmal; en “1810 o los libertadores”, episodio histórico de nuestra Independencia, y por último, la película “El amor que triunfa” y cuyos intérpretes son María Caballé, Amparo C. de Sánchez, Carlota Millanes, María de la Luz González, Matilde Liñán, Ángel de León y Romualdo Tirado.

Los directores de la empesa Manuel Cirerol y Carlos Martínez, han puesto todo su empeño en esta película que causará sensación en México por estar trabajada por conocidos artistas amigos nuestros.

“El amor que triunfa” es una novela corta de amor que tiene sus detalles dramáticos y comienza por una serie de escenas cómicas desempeñadas por Tirado. Este es un marido que no hallando la tan cantada felicidad en el hogar, sale en busca de alegría en el paraíso donde Pierrot y Colombina tienen sus sitiales. Va en busca de una “Bella Lucerito”, tiple amable, que no regatea caricias por una cena o un fistol. El alba los sorprende en plena orgía, y recordándose de que tiene mujer, deja a la amante y huye a su hogar.

Ángel, su hijo, padece de melancolía y sufre visitas y sermones de estirados frailes; pero llegan pidiendo hospedaje, dos lindas mujercitas, como una “chanzon parisién” y no tiene la señora más remedio que darles alojamiento. Con este motivo, María Caballé, una graciosa “divette” en boga y “La Lucerito” se llevan al padre que es buen marido y al joven Ángel que es un dechado de humildad.

En la playa, se bañan la Caballé y la Lucerito, cuando la sobreviene un accidente a la primera y Ángel la salva, enamorándose de ella y se casa, a pesar de los aspavientos de su madre, de la protesta clerical y de la sociedad anatematizadora.

Según informes que tenemos, los artistas están discretos y el triunfo de la película será un hecho, más cuando hay verdaderos deseos de ver a la Caballé en la cinta cinematográfica, admirando la nueva manifestación de sus aptitudes artísticas.

La película se exhibirá a principios de la semana entrante, en uno de los salones aristocráticos de esta capital. (5)

El 18 de junio de 1917, Hipólito Seijas dedica un segundo comentario a la cinta, sin embargo está diluido entre otras notas, tales como NOTICIAS EXTRANJERAS, EXTRAORDINARIOS y NUESTRO MOVIMIENTO CINEMATOGRÁFICO:

La tiple María Caballé
La tiple María Caballé

NUEVA PELÍCULA

La otra noche por atención de los señores Martínez Arredondo, vimos la película “El amor que triunfa”, interpretada por María Caballé, la señora Millanes, Tirado y otros artistas españoles.

Aunque es cierto que los empresarios y el operador son mexicanos, los artistas en cambio no lo son, por tanto la película no puede ser nacional sino extranjera. (6)

El argumento está basado en la conocida zarzuela titulada “El amor que huye” y las leyendas están bien escritas y traen el regocijo por su oportunidad y chiste en que están escritas.

La parte fotográfica es bastante buena y la relativa a los paisajes es maravillosa.

Está dividida en siete partes y si la redujéramos a cuatro, sería mucho más interesante, porque existen escenas cansadas que matan el efecto artístico que produce en el público la parte fotográfica.

Tirado está soberbio en su papel y Ángel León, el aspirante a clérigo, trabaja con bastante descreción.

María Caballé no tiene gran cosa y sólo luce su bello palmito, en cambio la señora Millanes interpretó su personaje de Marquesa ampulosa con banstante veracidad.

Será exhibida próximamente en un cine de la capital. El público, como siempre, dará su fallo definitivo de esta película, que fue impresionada en Mérida. (7)

En agosto de ese mismo año, la Cirmar Films perdió un juicio laboral y el departamento del trabajo de Mérida condenó a la empresa a pagar “cuatrocientos pesos oro nacional” a María de la Luz González por “trabajos hechos en la película” El Amor que triunfa. (8)

Ficha filmográfica de El amor que triunfa:

Producción (1917): Carlos Martínez de Arredondo y Manuel Cirerol Sansores; Cirmar Films (Mérida, Yucatán). Dirección: Manuel Cirerol Sansores. Argumento: Manuel Cirerol Sansores, sobre la pieza La dicha ajena, de Serafín y Joaquín Álvarez Quintero; y la zarzuela El amor que huye, de Julio Pardo (letra) y Torregrosa (música). Fotografía: Carlos Martínez de Arredondo. Decorados: Roberto Galván. Intérpretes: María Caballé, Romualdo Tirado, Ángel de León, Matilde Liñán, María de la Luz González, María Luisa Bonoris, Alfredro Varela, Felipe Bravo “El Guayabo”, Fernando “Nono” Hübe, Ernesto Mangas, pareja Areu, Carlota Millanes, Amparo A. de Sánchez, señoras González, Pérez Crucet, Fernández, Adolfo Marín, Sánchez Dorantes. Metraje: 2,300 metros; 5/7 rollos. Fecha de estreno: 15 de abril de 1917, teatro Principal, Mérida, Yucatán. (9)

NOTAS:

(1) Gabriel Ramírez, Crónica del cine mudo mexicano, Cineteca Nacional, México, 1989, p. 56.

(2) María Luisa Amador y Jorge Ayala Blanco, Cartelera cinematográfica, 1912-1919, UNAM, México, 2009, p. 80.

(3) “La industria de la película en Yucatán,” La Voz de la Revolución. 16 de abril de 1917. Citado por Gabriel Ramírez en El cine en Yucatán, Documentos de Filmoteca No. 3, UNAM, 1980, p. 40 en Manuel González Casanova, Las vistas: una época del cine en México, INEHRM, Museo Casa de Carranza, 1992, p. 60.

(4) El Entreacto, 20 de abril de 1917 en Gabriel Ramírez, Crónica del cine mudo mexicano, Cineteca Nacional, México, 1989, p. 57.

(5) Manuel González Casanova, Por la pantalla. Génesis de la crítica cinematográfica en México, 1917-1919, UNAM, México, 2000, pp. 215-216.

(6) La afirmación de Seijas de que la película El amor que triunfa producida y dirigida por Carlos Martínez de Arredondo en Yucatán, era extranjera por haber sido interpretada por actores extranjeros, provocó la ira de don Carlos quién, años después, en 1944, todavía lo recordaba con enojo a pesar de que en otra parte de esas declaraciones predominaba la confusión en las fechas, y aún en el orden en el que realizó sus propias películas:

[…] más yo aspiraba a estrenar antes, [que el estreno de La Luz], y al mismo tiempo que invité a los cronistas de los principales diarios a una exhibición privada, tomé en arrendamiento el Teatro Principal. Las crónicas fueron todas encomiásticas en alto grado, y sólo tuve el pesar de que el señor Hipólito Seijas expresara que “lástima que la película no fuera mexicana”, a lo que le repuse que mi película sólo podía dejar de ser mexicana en concepto suyo, si dejaba de considerar al Estado de Yucatán como parte integrante de la República de México. No obstante le agradecí y sigo agradeciendo los elogios que hizo de mi película El amor que triunfa, la cual fue estrenada, no recuerdo si dos o tres días antes que La Luz.*

* “Yucatán, precursor del cine nacional.” Carlos Martínez de Arredondo. Enciclopedia yucatense, T. V. 1946. [Artículo reproducido completo en: Las vistas: una época del cine en México, Manuel González Casanova, INEHRM, México, 1992, pp. 101-105].

En Manuel González Casanova, Por la pantalla. Génesis de la crítica cinematográfica en México, 1917-1919, UNAM, México, 2000, p. 435.

(7) Manuel González Casanova, Por la pantalla. Génesis de la crítica cinematográfica en México, 1917-1919, UNAM, México, 2000, pp. 253-254.

(8) Cine-Mundial, agosto 1917, Vol. II, No. 8, p. 409.

(9) Gabriel Ramírez, Crónica del cine mudo mexicano, Cineteca Nacional, México, 1989, p. 256.

La música en el cine mudo

La música en el cine ha sido parte esencial del mismo, pero durante el período mudo era parte intrínseca del filme. Dado que el cine carecía de sonido, los músicos eran parte sustancial del entramado de la historia pues aportaban mayor efecto a la cinta y como bien acota Aurelio de los Reyes en un breve ensayo, La música en el cine mudo* aparecido en los Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM: 

La música fue acercándose paulatinamente a los cines hasta integrarse al espectáculo, convirtiéndose en un elemento casi indispensable y haciendo tradicionales al solista o al conjunto musical al pie de la pantalla que desaparecerían en la época sonora, no la música, que fue integrada al sonido para dar mayor efecto a la película. (1)

Existen dos modalidades para acompañar las cintas silentes, una, consistía en que una orquesta, un solista o un conjunto amenizaban durante el inicio de las funciones y los intermedios; la otra modalidad consistía en el acompañamiento musical de la película.

Según de los Reyes fue la Banda de Caballería bajo la batuta de los maestros Payán y Santa Cruz los primeros que tocaron en una función de cine a la que asistió Carmen Romero Rubio, esposa de Porfirio Díaz. Sin embargo el primer empresario en usar música en su establecimiento fue el que administraba el cinematógrafo Edison ubicado en Escalerilla no. 7 en la ciudad de México, lo que orillo al administrador del cinematógrafo Lumière de Espíritu Santo no. 4 a contratar al cuarteto de la familia Tovar.

De tomarse el tiempo se pueden admirar los carteles de las funciones escenificadas en Toluca y reproducidos en este mismo blog cine silente mexicano, para percatarse que en todas las funciones se inicia con oberturas de la orquesta y continúan sus ejecuciones durante los intermedios. Las funciones consistían en alternar “vistas” con piezas musicales.

Por lo general el espectáculo consistió en bailables españoles, pasodobles, peteneras; o mexicanos, jarabes, sones; números de zarzuelas, españolas y mexicanas del género chico, y piezas musicales cortas, que tanto gustaban al público de aquellos años de 1898, 1899 y 1900. (2)

Es en Orizaba donde se da la mayor importancia a la música para el acompañamiento de filmes y varios músicos locales acompañan las vistas. La empresa Ascencio contrató al maestro Rómulo y su cuarteto, mientras que otro empresario lo hizo con el cuarteto Oropeza. La empresa Aguilar y Román J. Barreiro presentó al quinteto filarmónico del maestro Arnulfo Blanco quienes durante la proyección de Fausto y La Condenación de Fausto interpretaron música de Gounod.

Música en el cine mudo

Por otro lado en 1902, Carlos Mongrand contrató a la Banda de la Escuela Industrial bajo la dirección de Julián Espinosa para amenizar las funciones, y durante la proyección de la vista El general Díaz paseando a caballo en el bosque de Chapultepec interpretaron un marcha de honor que causo algarabía; en Aguascalientes repitió la experiencia con la Banda de Guerra, dirigida por el maestro Payán, tocando durante la proyección de la vista La visita de monsieur Loubet, presidente de Francia, al zar de Rusia, con igual resultado.

Es hasta 1905 que Carlos Mongrand repite el experimento con la agrupación musical Típica de Zacatecas bajo la batuta de Antonio Martínez, y es tal el éxito que definitivamente los integra a su compañía cinematográfica trashumante. Visita con ellos Morelia, Torreón, Monterrey, Guadalajara, Zamora y Chihuahua donde terminó la relación laboral entre músicos y cinematografista.

Era tal el éxito que varios empresarios imitaron el recurso artístico. En Zacatecas J. Saldívar contrato a la Típica de Fernando Ortiz y Jorge Stahl en Tepic contrató a los músicos locales Ireneo Contreras y Pedro S. Andrade, así como un coro de niño que interpretaron el coro de los polichinelas de la zarzuela mexicana Chin-Chun-Chan. (3)

En otro cine, películas basadas en óperas, Fausto, La condenación de Fausto, Aída, La Gioconda, El Barbero de Sevilla, etcétera, fueron acompañadas con varias de las óperas respectivas interpretadas por conjuntos musicales y cantantes conocidos, ocasionalmente situados detrás de la pantalla. (4)

Durante el período revolucionario el cine no dejo de promover sus bondades, y por ende  atraer al público. Durante la ocupación carrancista de la ciudad de México en 1914 se anunciaban elencos musicales como el siguiente del Salón Rojo:

La banda militar del Primer Jefe don Venustiano Carranza dará un selecto concierto de 5 a 9 P.M., tocando danzones cubanos y veracruzanos, y estrenando ‘Lloraba un corazón’ y ‘Julia’. La Orquesta Típica de diez profesores del C. general Álvaro Obregón, ministro de la Guerra, tocará de 4.30 a 9.30 hermosos danzones bajo la dirección del maestro Federico Rolán. Felipe Llera y señora, y los demás artistas del Sexteto del Salón Rojo, deleitarán a nuestro público con selectos trozos de ópera y canciones populares. (5)

Salón Rojo de Jacobo Granat
Salón Rojo de Jacobo Granat

Y fue también la gerencia del Salón Rojo a cuya cabeza estaba Jacobo Granat la responsable de iniciar las películas-concierto. Los film d’art de la casa Pathé y los films históricos italianos dieron entrada a las películas-concierto y con “una magnífica orquesta hábilmente dirigida por el maestro Alberto Amaya e integrada por profesores del Conservatorio” (6) se proyectó Marco Antonio y Cleopatra (1912) de Guazzoni en el Salón Rojo. Le siguieron In hoc signo vincis y El milagro de la virgen.

Para 1915 las películas-concierto eran espectáculo común en la ciudad de México y varios artistas: el tenor Mario Talavera, la soprano María Gallardo, las señoritas Abunza e Islas, las señoras Hernánez y Corral eran acompañadas por la agrupación Saloma; Ana María Martínez y el tenor Ángel Ayala lo eran por la orquesta del Salón Rojo.

Cabiria (1914) de Giovanni Pastrone venía acompañada de una partitura, La sinfonía de fuego, específicamente compuesta para la película, la cual se entregaba a los distribuidores junto con el filme. A México no llegó la partitura, sin embargo el maestro Romualdo de Parma compuso una partitura que fue interpretada por músicos del Conservatorio Nacional de Música.

En el periódico El Universal del 17 de marzo de 1917 en un escrito firmado por Hipólito Seijas, pseudónimo de Rafael Pérez Taylor, apareció bajo el título de Influencia de la música, la siguiente nota:

Yo no sé qué influencia, tiene la música en el cine. Cuando la orquesta, el quinteto o el piano, callan, el público se impacienta y no puede comprender que exista cinta cinematográfica sin acompañamiento de melodía. El caso es muy curioso y se nota que, en donde tocan los mejores artistas, es donde acude más público, y es porque se aduna maravillosamente la sensación emotiva del momento álgido del tema desarrollado, a la melodía suave y cadenciosa de un vals de Berger.

Cultura Musical y cultura de intuición artística (…) forjan en la mente de los visionarios (…) No cabe duda, la música es el complemento obligado de la película. (7)

Pero hay otro lado en toda moneda. Y así como están los excelsos músicos de conservatorio también tenemos a soñadores que por querer componer la sinfonía nunca escuchada o no tener la habilidad o destreza requeridas para incursionar a las salas de concierto y compartir tablas con músicos consagrados, tocan en cines de arrabal o de segunda clase.

Sin embargo una semana después, el mismo Hipólito Seijas en su columna del 24 de marzo titulada Cronistas y cronistas se queja amargamente del músico de sala cinematográfica:

¿Y qué dirá el cronista de cines acerca de los pianistas neurasténicos que lo destantean en su labor? A veces escucha algo parecido a una sonata: se cambia, repentinamente, por un danzón; sigue unos acordes violentos y terminan por un final de abracadabra… (8)

Pianista de cine mudo
Pianista de cine mudo

El 5 de mayo, en otro artículo, Los pianista, Hipólito Seijas describe con maestría las condiciones deplorables en las que trabajan los pianistas a raíz del encuentro con uno de ellos y comprender la monotonía y dejadez del trabajo musical en una sala cinematográfica:

Cuando llegamos al cine, fresquecitos, tocamos con gusto, media hora, a veces una hora; pero surge el cansancio, la monotonía de tocar siempre lo mismo. Como pobre, no puedo comprar las últimas noveades y me concreto a pasar al piano lo único que sé, lo que he aprendio: doce two-steps, ocho valses, unas cuantas mazurcas, unos arreglos de ópera, algo de opereta y se acabó.

Y concluir de forma condescendiente:

Y al contemplar la actitud poco gallarda del “maestro”, que es un compositor desconocido y que deja parte e su vida en el piano para ganarse un pedazo de pan, comprendí entonces, que el arte no hay que buscarlo en las manos de los “maestros” de cines, sino en otras partes, a donde el arte tenga manifestaciones de aristocracia y no de fariseismo. (9)

Como respuesta al artículo, otro músico de salón de cine, Agustín Guzmán envía una misiva, la cual, el 12 de mayo, Hipólito Seijas reproduce en su columna sin darle título al escrito:

Comienza por Chopin: las melancólicas mazurcas del polaco se identifican con el intérprete, cuyo temperamento llega a los lindes de la amargura…y el devoto no ve a la pantalla, que otro film íntimo pasa por su corazón, reverentemente rinde culto al autor de la música que ejecuta…cada momento más deleitado…cada momento más artista…hasta que un ruido infernal, ensordecedor, lo saca de su abstracción… el público da con los pies sobre el pavimento…locamente, furiosamente, bárbaramente, porque…porque el cuadro luminoso de la pantalla está desviado.

Después el artista filosofa: ¿en tan vasto salón habrá quien guste de la buena música? ¡Cómo no! El señor Seijas está escuchando (muchas gracias)…él sólo…contra una inmensa mayoría que en voz alta y al unísono repite las leyendas de la cinta; que estruja papeles; que quebranta con la dentadura, nueces, avellanas, etc.; que hace ¡tantas cosas inconvenientes! a la vez, menos escuchar la música. (10)

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El cine Titán considerado de arrabal

En el ámbito nacional es muy pobre la producción musical especialmente compuesta para filmes mexicanos. Hay contados ejemplos de ello, pero distan mucho de poderlos equiparar a lo hecho en otras cinematografías. Aurelio de los Reyes es bastante pesismista respecto a ello.

Por lo que se refiere a la industria nacional la cinta de Manuel de la Bandera Triste crepúsculo (1917), de tema costumbrista, fue acompañada con música mexicana en algunas funciones, ejecutada por alumnos del Conservatorio Nacional de Música; y que había sido interpretada por alumnos de la clase de mímica cinematográfica del propio Conservatorio (…) Miguel Lerdo de Tejada adaptó la música para Alma de sacrificio (1917) de Joaquín Coss. Se sabe también que durante algunas exhibiciones de El escándalo (1920) de Alfredo B. Cuellar, la Típica Lerdo y que tomaba parte en la cinta, interpretó música apropiada (…) por último, parece que en las exhibiciones de En la hacienda (1921) de Ernesto Vollrath, se tocó la música de la zarzuela del mismo nombre de Federico Carlos Kegel en que se basaba su argumento. (11)

Por lo que respecta a los músicos de cine mudo en Toluca me remito a Ramón Pérez quien nos relata que:

sería injusto no mencionar los nombres de aquellos que tocaban en los cines, ya individualmente en el piano o en los conjuntos orquestales, con el riesgo de omitir algunos, y que son:  Conchita o Carolina Lavat, Téllez ( el Periquín), Ernesto Baeza, Pedro Valdés Rubio, Eduardo González, Luis Villegas Ruiz, Manuel Mendieta, Eduardo Mendoza, Los Bartolos, Efrén Hoyos y Roberto Méndez. (12)

Notas:

(1) Aurelio de los Reyes, La música en el cine mudo en Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, México, Volumen XIII, número 51, 1983, pp. 100-101.

(2)  Ídem., pp. 103.

(3) Ídem., pp. 106.

(4) Ídem., pp. 109-110.

(5) Luis Reyes de la Maza, Salón Rojo (programas y crónicas el cine mudo en México) Tomo I (1895-1920), Dirección General de Difusión Cultural, Cuadernos de cine 16, UNAM, México, 1968, pp. 151.

(6) Aurelio de los Reyes, op. cit. pp. 114.

(7) Manuel González Casanova, Por la pantalla: Génesis de la crítica cinematográfica en México, 1917-1919, Dirección General de Actividades Cinematográficas, UNAM, México, 2000, pp. 168.

(8) Ídem., pp. 181.

(9) Ídem., pp. 209-210.

(10) Ídem., pp. 217-218.

(11) Aurelio de los Reyes, op. cit. pp. 119.

(12) Ramón Pérez, Estampas toluqueñas, Ediciones del Gobierno del Estado de México, Colección Estudios Históricos/3, 1974, pp. 236.

*A este ensayo se puede acceder en las páginas de las plumas invitadas.

La tigresa por Hipólito Seijas (1917) y ficha filmográfica

El crítico de cine Rafael Pérez Taylor utiliza el pseudónimo de Hipólito Seijas. El artículo que reproduzco a continuación fue publicado en el El Universal, en la columna Por la Pantalla el 28 de agosto de 1917; lo tomo de: Helena Almoina Fidalgo, Notas para la historia del cine en México, 2 vols., Filmoteca de la UNAM, México, 1980. Tomo 1, de 1896 a 1918, 271 pp., il.; tomo 2, de 1919 a 1925, 255 pp., il., Col. Documentos de Filmoteca No. 1. Tomo 1, pp. 189-191.

La Tigresa por Hipólito Seijas

http://cinemexicano.mty.itesm.mx/peliculas/tigresa.html
Sara Uthoff en La Tigresa (1917). (foto: cinemexicano.mty.itesm.mx)

Tercera producción de la Azteca Film. Poema de dolor en ocho actos, original de la señora Farías de Isassí e interpretada por los artistas Sara Uthoff, Etelvina Rodríguez, Fernando Navarro, Salvador Arnaldo, Juan Barba y Pedro de la Torre.

La Tigresa es el símbolo de la mujer pérfida y felina que en su cabeza loca, de eterna soñadora, siente las ansias continuas de ser la protagonista de un poema cruel y doloroso, no importándole destrozar corazones, ni agotar sentimientos, sino que su eterna inconformidad la arrastra hasta engañar a un pobre mancebo que no tiene más desdicha que la de ser pobre y humilde.

Eva, la suprema mujer falaz, fomenta la pasión de un obrero. Le hace consentir en ser su amada, lo provoca con sus ansias y lo hipnotiza con sus ojos. La Tigresa – y aquí recuerdo un admirable dibujo de Severo Amador en que representa a la mujer mitad fiera y mitad hembra – goza con dividir sus caricias.

Viene la fascinación, Eva atrae a Bruno, le otorga una cita en el jardín de su casa y a media noche, cuando “la luna se levanta como una hostia de plata”, Bruno estrecha entre sus brazos el cuerpo voluptuoso de La Tigresa. Escondidos tras un cenador, Bruno jura fervientes promesas de cariño. Eva sonríe, le dice que pronto despertará del sueño, porque tendrá que sufrir ya que el sufrimiento es amor; que ella no es buena ni mala, sino que todo este conglomerado de sensaciones es la manifestación amplia de la vida.

Surge el zarpazo, Eva se casa con Ernesto, joven de su alcurnia, de su clase, no es como el humilde artista que dibuja paisajes en una fábrica de muebles, es el “dandy”, el príncipe esperado, el que dará comodidades en el hogar y nombre en la sociedad.

Bruno nota animación en la iglesia del Buen Tono y espera. Desfilan los invitados, y cuando reconoce en la novia a su Eva, se vuelve loco de dolor: ha recibido el zarpazo de La Tigresa.

Termina la película con la garra. Recluido bruno en el manicomio, en su celda siente la obsesión de ser perseguido por una tigresa. Eva es invitada a una kermesse que se efectuará en la institución benéfica. Desfilan los alienados y después visitan los concurrentes las celdas de los locos furiosos. El director del manicomio evita que Eva platique con Bruno; pero en un arranque de curiosidad, abre la ventanilla y contempla al infeliz que antes fuera su amor, Bruno la ve: estira los brazos y grita: es ella, la he reconocido, es La Tigresa. Hunde sus dedos fornidos en el cuello blanco de Eva y la estrangula. De esta manera, La Tigresa ratificó sus soñadoras palabras: quisiera ser la heroína de un poema cruel…de un poema ardiente y doloroso.

Interpretaciones

Sara Uthoff está elegante en su papel. Es cierto que no tiene las contorsiones hiperestésicas de una Menichelli; pero esos arranques geniales los suplen, haciendo gala de notable naturalidad.

Fernando Navarro, es el héroe de La Tigresa. Su gesto es vibrante, siente el papel, lo vive, algo genial flota en sus ademanes, sobre todo cuando éstos llegan a los extremos; o bien por el sentimiento que produce la pasión llevando melancolía al rostro, o bien, sintiendo la ira, el odio y el coraje, que llevan a los músculos faciales las contracciones intensas del dolor.

A Etelvina Rodríguez no la comprende el público haciendo papeles serios y trágicos. Cuando llora la muerte de su adorada hija, el público ríe…ríe, y es porque se acuerda de la Etelvina de La verbena de la paloma.

Arnaldo, Barba y Pedro de la Torre, discretos en sus respectivos papeles.

La fotografía

La parte artística en la fotografía es excelente, nada más que el operador debe, de cuando en cuando, de acercar su aparato a las figuras a efecto de que éstas no pierdan, por la distancia, el gesto de su expresión. Anoté un bello detalle en Chapultepec, cuando Eva y Ernesto en “plena luna de miel” se besan guareciéndose del sol bajo la sombra de opulento arbolillo. La fotografía, en general, es clara, y no desmerece de las películas anteriores.

La parte del manicomio, en donde desfilan los locos, y que causó cierta impresión de amargura en los espectadores, en la segunda exhibición quedó suprimida, así como un desfila en que dos o tres hijos del pueblo lucen sus enormes chambergos de petate.

La película, en general, fue otro triunfo de Rosas-Derba.

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Ficha filmográfica de La Tigresa (1917). Tomado de Federico Dávalos Orozco y Esperanza Vázquez Bernal, Filmografía general del cine mexicano (1906-1931), Universidad Autónoma de Puebla, Colección Difusión Cultural 4, Serie Cine, México, 1985, pp. 37.

Producción: Azteca Film, Enrique Rosas y Mimí Derba. Dirección: Mimí Derba. Argumento: Teresa Farías de Isassí. Fotografía: Enrique Rosas. Intérpretes: Sara Uthoff (Eva), Fernando Navarro (Bruno), Etelvina Rodríguez (madre de Eva), Salvador Arnaldo (Ernesto), Juan Barba, Pedro de la Torre, Manuel Arvide, Josefina Maldonado, Nelly Fernández, Anita Omaña, Russo Conde. Filmada a partir del 2 de agosto de 1917. Longitud: 8 partes. Fecha de estreno: 26 de agosto de 1917 en el teatro Arbeu.

Los cines de arrabal (1917)

Este artículo debido a la pluma de Hipólito Seijas, pseudónimo del poeta y dramaturgo Rafael Pérez Taylor, quien fuera responsable de la sección de cine en el El Universal, nos da una clara imagen de lo que ahora conocemos como cines “de piojito”. Sus crónicas y artículos aparecieron en una columna bautizada Por la pantalla durante los años 1917-1919. De acuerdo Manuel González Casanova:

Rafael Pérez Taylor (Hipólito Seijas) extrema derecha ca. 1912
Rafael Pérez Taylor (Hipólito Seijas) extrema derecha ca. 1912

La descripción que hace Seijas es tan vívida que uno tiene la impresión de estar ahí, de escuchar el barullo imperante y de ver a los espectadores de la clase laboriosa, divertirse ingenuamente, con esa ingenuidad con la que se vivía a principios del siglo [XX] y con la que el propio cine ha ido acabando al cumplirse, aunque no necesariamente para bien, la profecía con la que Seijas concluye su crónica: “y en tiempo no lejano y lentamente, habrá modificado, en parte, el carácter desidioso y abúlico de nuestra alma popular”. (1)

Los cines de arrabal (2)

Un cobertizo con lámina de zinc. Varios puestos con fritangas en las puertas. Algunos voceadores de diarios, recostados en los vanos, juegan al coyote sobre las losas de la banqueta. Unos cartelones chillantes anuncian la película. Unos aparatos americanos que no funcionan y se tragan las monedas, están en disciplinada formación en el atrio del local. Un señor barbón, bastante mugroso, recoge los boletos, y una niña recién polveada, oficia ceremoniosamente de taquillera. Tal es, en síntesis, la impresión que causa un cine de arrabal. Se escucha uno que otro grito que proviene de las afueras:

Pasen, pasen niñas, antes de entrar hay que comerse unas naranjas, o unos buenos “guajolotes” con chile. ¡A cinco centavos, a cinco!

Y la gente del pueblo inunda el cine. Las puertas son pequeñas para dar cabida a ese mar interminable de rebozos de bolita, sombreros de petate, flexibles de catrines y sombreros cursis de emperifolladas damitas.

Recogida la cortina, llena de grasa en los flecos, el espectador se encuentra de pleno en un salón de forma irregular, iluminado por unos cuantos focos tuberculosos. Una marejada de murmullos, como de plaza de toros se deja escuchar. El ambiente está cargado por todos los aromas y los perfumes se hacen la competencia para ver quienes dominan.

Me resbalo con una cáscara de plátano y un obrero me grita: ¡Cuidado jefe! Vuelvo en mí, y cuando esto sucede, es porque ya la multitud me ha arrojado a la mitad del salón. ¡Cacahuates garapiñados, habas tostadas! Gritan voces infantiles. Y otras responden: ¡Limonadas! Parece un mercado y no un lugar de espectáculos.

Se hace, repentinamente la oscuridad, y todos lanzan un ¡¡¡ah!!! interminable y ensordecedor.

La película comienza y el público lee en voz alta el epígrafe y se me figura que es una sola cabeza apocalíptica, rezando en un púlpito.

Luego se hace el silencio y sólo se escucha el rumor continuo y monótono del aparato.

De repente la vista se pone fuera de foco y el público, comienza a patear, y si no le hacen caso, grita y se pone iracundo como un chiquillo, y si el operador no arregla con violencia el momentáneo desperfecto, los asistentes son capaces de destruir el cobertizo. La misma psicología de la multitud, cuando sale un toro manso o un auto no corre en la pista.

Los gritos de los vendedores interrumpen el silencio a cada momento.

Un niño que llora es callado con siseos.

El pianista se refocila tocando batidillo y medio de todas las piezas y todos los compositores. El público se adormece con el sonsonete inaguantable del piano.

La película toma interés, y el público ingenuo la comenta. Si se trata de castigar al perverso, la concurrencia aplaude al salvador y pide a voces, que salga a escena. Si el perverso triunfa, accidentalmente, el público lo abuchea e increpa.

A la salida del cine se vuelven a repetir las mismas sensaciones de la entrada. El piso está imposible: hay cáscaras de naranja, de plátano, de cacahuates y de habas tostadas. Es una alfombra pintoresca de mercado.

El teatro cine Titán de las colonias Hidalgo y Obrera
El teatro cine Titán de las colonias Hidalgo y Obrera

La gente sale contenta y se desparrama por los puestos de fritangas para comprar golosinas.

Y este detalle del cine popular, que a diario se sucede y que aparentemente pasa desapercibido para muchos, en el fondo no es más que el principio de la educación del pueblo, quien con un gran sentido común sabe apreciar las vistas morales.

El pueblo, que con cinco o diez centavos abandona la taberna o el albur para llevar al cine a su familia, demuestra un sentido de regeneración y cultura. La prueba está que el “peladito” el tipo clásico del hampa popular, es un factor asiduo a las películas y discute con acaloramiento las diferentes fases del argumento.

El cine es la diversión favorita de la clase laboriosa, tanto por su baratura como por al amenidad que encierra y en tiempo no lejano y lentamente, habrá modificado, en parte, el carácter desidioso y abúlico de nuestra alma popular.

Notas:

(1) Manuel González Casanova,  Por la pantalla: Génesis de la crítica cinematográfica en México, 1917-1919, Dirección General de Actividades Cinematográficas, UNAM, México, 2000, pp.110.

(2) Ídem., pp. 184-186

Emma Padilla en la prensa de 1917

Entrevista (1) que Hipólito Seijas le hizo a la Srita. Emma Padilla y que se publicó en El Universal el 27 de abril de 1917 en su columna Por la pantalla.

Emma Padilla (foto: cinemexicano.mty.itesm.mx/
Emma Padilla (foto: ITESM)

En un alto piso de la Avenida Madero, en una casa silenciosa y rodeada de misterio, vive nuestra futura artista de cinematógrafo, que es hermosa y posee un rostro plástico digno de ser fijado en la pantalla para gran solaz de los amantes de la belleza.

Alegre conversación se tenía entre los empresarios de películas mexicanas y los artistas en embrión. Se platicaba de arte.

Allí estaban el infatigable Max Chauvet, el director artístico, René J. Jamet, el operador Ezequiel Carrasco, la bellísima Emma Padilla y su señorita hermana Evelia.

Emma, que tiene en su cabello blondo las fulguraciones de las gotas de champaña que burbujean con arabescos en las copas cinceladas por un Benvenuto Cellini, platicaba con entusiasmo, y sus manos primorosas se entrelazaban para ratificar con dejos cadenciosos sus opiniones emotivas.

La luz, [tríptico de la vida moderna], película que ha sido comentada por la crítica y aún el público no conoce, es el primer escalón que ha sentido el suave chapín de la artista rubia.

¿Cuándo cree usted que se estrene su película?

Tal vez en los primeros días de la semana entrante.

¿Qué cine escogería?

El Olimpia.

¿Cómo se llaman sus compañeros?

Son varios. Mire usted, mi hermana, Margarita Cantón, Agüeros, Carlos de Juambelz, Carlos Clindor y Francisco Escobedo.

¿Cuánto tiempo tiene usted de trabajar en el cine?

Como seis meses.

¿Quién es su maestro?

El señor Jamet a quien considero como el más competente.

¿Y por qué prefiere el cine al teatro?

Porque es más elegante, más hermoso y menos vulgar.

Reía jubilosa, y sus labios bermejos mostraban dos hileras impecables de dientes, maravillosamente blancos.

¿Cuál es su actriz preferida en la comedia?

Virginia Fábregas.

¿Y en el cine?

Responde, inmediatamente, sin vacilaciones: ¡¡¡Pina Menichelli!!!

¿Y por qué la prefiere a la Bertini?

Porque se me figura que su arte es más hermoso y más moderno.

¿Y de los mimos?

Nepotti.

Eso es cuanto a lo serio; ¿pero en lo bufo?

Max Linder.

¿Le gustan las films americanas?

No me hable usted de ellas, opto por las italianas.

¿Le agradan los episodios?

Otra vez; le digo que no, son muy insulsos y los argumentos resultan inverosímiles.

¿Qué clase de películas prefiere, las reconstrucciones históricas, adaptaciones de novelas o temas pasionales?

Aquellas que vienen de la adaptación de novelas.

¿Cuál es su película favorita?

Duda un momento, ¡existen tantas y tan bellas!, pero reacciona pronto, hay en su rostro diafanidad de aurora y responde con calor: ¡¡¡El fuego!!!

¿Qué opina de los pianistas de cine?

Que le hacen pasar a uno malos ratos.

¿Cuál es su ambición?

Triunfar, triunfar en el cine; pero en México, que es mi patria.

Sus párpados se cierran y parece que sueña.

¿Qué habrá más, argumentos o artistas de cine?

Mi maestro tiene la palabra.

Jamet sonríe y asegura, enseñándome un manojo de pergaminos garrapateados, que hay más argumentos que artistas.

¿Cuál fue su impresión íntima al contemplarse por primera vez en la pantalla?

La del miedo.

No quise fatigarla más, ni fatigar a mis lectores. Me despedí galantemente, y todavía al escribir las cuartillas mi retina sentía la emoción de los bellos ojos de Emma Padilla, que parecían revolotear en mi cerebro como dos luminosos cocuyos.

Emma Padilla
Emma Padilla en La luz, tríptico de la vida moderna (1917)

El mismo día de la aparición de la entrevista arriba transcrita, en otro diario, éste vespertino, se incluyó el siguiente entrefilet (2) (vocablo francés que se refiere a una gacetilla suelta) sin firma que cuestiona duramente a Emma Padilla y por supuesto al entrevistador.

EL NACIONAL

DIARIO LIBRE DE LA NOCHE

VIERNES 27 DE ABRIL DE 1917

El cine es una fatalidad; en cada vecindad hay una Pina Menichelli y por todos los barrios sobran Lydas Borellis de quinto patio. Hoy en El Universal aparece entrevistada una señorita Padilla quien al ser interrogada dijo varias tonterías. Nosotros pensamos que la interviú debe reservarse para quien lo merece por su notoriedad. En un pasaje de su entrevista dice el ingenuo cronista refiriéndose a la señorita entrevistada: sus párpados se cierran y parece que sueña, claro que sueña, pero es preciso despertarla.

La actriz italiana Pina Menichelli
La actriz italiana Pina Menichelli

Tres días después, el 30 de abril en su columna Por la pantalla, Hipólito Seijas contesta el entrefilet con argumentos bien sustentados y cuestiona el malinchismo de los reporteros de la época, amén de la ausencia de galantería. Asume, caballerosamente, su culpa por cualquier pifia que hubiese cometido la actriz durante la entrevista.

Las injusticias

Un colega vespertino, en bien salpimentado entrefilet, criticó la entrevista que hice a la señorita Emma Padilla, y faltando a la galantería que toda dama se merece, por el sólo hecho de serlo, dijo: “que las Menichellis de quinto patio” y que la interviú, debía “reservarse para quien la mereciera por su notoriedad”. Y yo me digo: ¿en una sección destinada exclusivamente a cines, voy a ocuparme de poetas, filósofos, cantantes, actores o zapateros? Claro que no; debo ocuparme de personalidades nuestras, que trabajen o traten de trabajar en el cine. El colega, que maneja el humorismo con acierto, me diría tal vez, en el colmo de las impertinencias, que entrevistara a la Bertini o a la Menichelli en cualquier pantalla de cinematógrafo.

Si hablé de la señorita Padilla, fue porque esta gentil criatura, y siento que el autor del entrefilet no la conozca, ha sido la primera artista mexicana de cine, que en forma ha filmado una película.

Si dijo tonterías, creo que una señorita de pocas primaveras, y por ende, bella, no está en el derecho de concertar como si fuera un profundo pozo de ciencia. En dado caso y siendo galante, me abrogo la responsabilidad de las tonterías, ya que ella no hizo más que contestar a las preguntas tontas que le formulé.

Uno de los triunfos del cine es la plasticidad. Emma Padilla es hermosa, y con ello tiene la mitad de la partida ganada.

Pero…Emma Padilla debe ser rudamente discutida, porque Emma Padilla ¡oh desdicha!, es mexicana.

Es notorio que los debates dentro del gremio reporteril de la farándula eran cuestión cotidiana. Ello enriquece el quehacer periodístico, más que empobrecerlo. En otra entrega también transcribo los paradójicos escritos sobre la cinta La luz, tríptico de la vida moderna (1917) de J. Jamet que protagonizó Emma Padilla. El de Seijas, a favor; el de Gil tor, pseudónimo de Gilberto Torres Gallardo, en contra. Pero eso es otra historia.

Notas:

(1) Manuel González Casanova, Por la pantalla: Génesis de la crítica cinematográfica en México, 1917-1919, Dirección General de Actividades Cinematográficas, UNAM, México, 2000, pp. 198-200

(2) Ídem. pp. 431.

(3) Ídem. pp. 203.