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La Universidad Autónoma del Estado de México abre licenciatura en cinematografía

Artículo de Claudia Hidalgo publicado en Milenio Diario (2/I/2014):

En agosto inicia licenciatura en Cinematografía

Estará en la Facultad de Artes de la UAEMex. Tendrá el equipo básico y poco a poco se irá dotando de la infraestructura necesaria, indicó Alfredo Barrera Baca
Rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de México
Rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de México

En agosto arrancará la licenciatura de Cinematografía en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex), con el equipo básico y poco a poco se irá dotando de la infraestructura necesaria para que los estudiantes cuenten con todo lo suficiente para su formación.

El secretario de Docencia,  Dr. Alfredo Barrera Baca, señaló que por el tipo de carrera requieren de una fuerte inversión en equipo que no tienen en este momento, pero que adquirirán poco a poco, conforme se amplíe la matrícula y avance la primera generación.

“Es una inversión importante, afortunadamente vamos a comenzar en la Facultad de Artes donde tenemos la licenciatura de Arte Digital y tenemos un estudio de video grabación semi profesional, iluminación y cámaras profesionales con las cuales podemos iniciar”, acotó.

A partir del segundo año en adelante si van a requerir la ampliación de la Facultad de Artes, algún auditorio y otras instalaciones; por el momento pueden adaptarse con los espacios que tienen.

Esta carrera y la de Música, serán los dos nuevos programas que ofertarán el siguiente año. Para el ciclo 2015-2016 habrá otras opciones, como son las relacionadas con la aeronáutica y nuevas especializaciones acordes a la región y a las necesidades del mercado.

Para la licenciatura en Música, dijo, viajaron a Texas para visitar la Universidad del Norte y el Colegio de Música, donde les fue muy bien, pues la intensión original era solo conocer cómo trabajan en esas instituciones la formación de los alumnos, y cuales son las características que tiene su escuela.

No obstante, acotó, durante los dos días que estuvieron ahí lograron interesarlos y que ofrecieran apoyar la operación de los estudios, de manera conjunta para garantizar mayor efectividad.

Para esta área cuentan con recursos que les etiquetó el gobierno federal, de manera que podrán construir algunos espacios considerados como básicos para formar jóvenes en esta área. “Ya estamos trabajando el proyecto arquitectónico porque son áreas muy especializadas por la acústica y otras características que necesitan”, refirió.

Resucitan el cine Lido

Información publicada por Jesús Alejo en Milenio:

El cine Lido tiene una historia que comienza en 1942, proyectado por Charles Lee como una sala de lujo, con más de mil 300 asientos y una torre de más de 20 metros de altura; tras un periodo de bonanza, en los años 70 se remodeló y cambió su nombre por el de Bella Época, hasta que hace poco más de seis años, durante la gestión de Consuelo Sáizar al frente del Fondo de Cultura Económica (FCE), se comenzó a gestar el Centro Cultural Bella Época.

Para respetar los orígenes del lugar, se dejó como parte de la infraestructura una pequeña sala que funcionaba lo mismo para la proyección de películas que para presentaciones editoriales o espectáculos infantiles.

Así, con la finalidad de recuperar la vocación original del espacio en el que se encuentra el Centro Cultural Bella Época, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el FCE y la Cineteca Nacional establecieron un convenio de colaboración a fin de que la institución cinematográfica se encargue de la administración de la pequeña sala que se había mantenido en el centro cultural.

“Había estado atendida con funciones de cine, pero la experiencia y la tradición de la Cineteca Nacional le va a dar mucha mayor visibilidad al Lido y, por lo tanto, mucha mayor afluencia de público y movimiento al de por sí gran movimiento que tiene el Bella Época”, destacó Joaquín Díez-Canedo, durante la presentación de la renovada vocación de la Sala Lido.

De acuerdo con Consuelo Sáizar, titular del Conaculta, se trata de un proyecto que pretende convertir a la Cineteca “verdaderamente nacional”, para lo cual se trabaja en tres grandes rubros: la remodelación a fondo de su casa matriz —al sur de la Ciudad de México—, la digitalización de gran parte del catálogo canónico de la filmografía nacional y una expansión que, por supuesto, incluirá a la Ciudad de México, pero con un horizonte que abarque a varios estados de la República”.

Foto: http://www.mubi.com

Misma calidad

En ese contexto se inserta la integración de la Sala Lido como parte de la Cineteca Nacional; para ello, se concreta un nuevo espacio de exhibición descentralizado, que funcionará con los estándares de calidad tanto en la programación como en la parte técnica y de servicio que caracteriza a la Cineteca, en palabras de su directora, Paula Astorga.

“La sala va a funcionar bajo la completa administración de la Cineteca Nacional, tanto en la taquilla —va a tener un costo de 40 pesos—. Es una sala que va a funcionar en formato digital, no tenemos la capacidad de meter un proyector de 35 mm. Los miércoles se va a dedicar al cine y letras, y hacia los fines de semana trabajaremos con estrenos de la Cineteca, con la intención de favorecer a la producción de cine nacional.

Desde la perspectiva de Consuelo Sáizar, se trata de un paso para fortalecer la exhibición del cine mexicano y para refrendar la vocación o intención inicial de vincular el cine, la literatura y la música.

“Con la Sala Lido, Conaculta refrenda su compromiso de fortalecer la industria cinematográfica nacional, mediante el establecimiento de espacios de reflexión y de debate.”

La Sala Lido de la Cineteca Nacional comenzará a funcionar a partir del 25 de noviembre, atendiendo los horarios del Centro Cultural, por lo cual se darán funciones en formato digital lunes, miércoles, viernes, sábado y domingo, a fin de dejar que martes y jueves se mantenga como espacio para las presentaciones editoriales.

La primera programación de la sala —que se puede consultar en la misma página de la Cineteca— se conforma con ocho películas, que son un extracto de la Muestra Internacional de Cine.

Ahora un poco de historia sobre el cine Lido con información tomada de www.mubi.com:

A mediados de diciembre de 1942, un anuncio en primera plana rezaba así:

Foto: http://www.mubi.com

“¿Por qué quiere Lupita que la lleven al Cine Lido? Porque, mujer de gran imaginación, quiere frecuentar centros sociales en los que impera un ambiente que, a más de ser distinguido, eleva la mente y el espíritu a regiones de fantasía.”

Por supuesto, antes del cafecito sentado en las mesas sobre las banquetas y las pedas en los pubs estilo irlandés o en los antros al ritmo de la música Groove Lounge, fué el cine. Diseñado por el arquitecto S. Charles Lee (quién también construyó los cines Lindavista, Chapultepec y Tepeyac, y cuyo lema era: “El show comienza desde la calle”) e inaugurado el 25 de diciembre de 1942, el cine Lido se convirtió en el punto de referencia para los vecinos (y no tan vecinos) del lugar. La composición arquitectonica del enorme recinto evidenciaba las influencias del entonces tan de moda estilo art deco y el spanish revival, siendo el elemento compositivo más caracteristico de este inmueble una torre de más de 20 metros de altura, semejante a un minarete que preside la entrada al lugar, la cual se encontraba enmarcada por una gran marquesina. En el inmueble se proyectaban los últimos estrenos procedentes de Hollywood y solían darse programas dobles dedicados a tal o cual artista o director de la época, con las infaltables (en ese entonces, claro) programaciones de matinee dedicadas a los escuincles del hogar.

Foto; http://www.mubi.com

Este nuevo “Centro de reunión de todas las damas elegantes”, contaba con luz negra, clima artificial, (todo un un verdadero lujo entonces) sistema de ventilación, así como con un buen numero de entradas y salidas de seguridad, con capacidad para recibir a 1325 espectadores. Desde su inauguración, el cine Lido era, junto con el cine Lindavista, una de las principales manzanitas de la discordia entre productoras y distribuidoras cinematográficas nacionales y extranjeras, las cuales les dedicaban planas enteras en los diarios más importantes del país en las que, de paso, anunciaban los estrenos exclusivos que se peleaban por destinar para cada una de estas salas. El cine Lido inició sus actividades con la proyección de la cinta A caza de novio, (Her cardborad lover), de Georges Cukor y protagonizada por Norma Shearer y Robert Taylor.

Dos reseñas bibliográficas sobre libros de historia del cine

Reseñas publicadas por Jesús Anaya Rosique en su columna Criba de Milenio diario los días 7 de abril y 11 de agosto de 2011.

La ficción de la historia. El siglo XIX en el cine mexicano

En ocasión del Bicentenario, la Cineteca Nacional publicó este volumen que hace un fascinante recorrido fílmico por las variadas interpretaciones que el cine mexicano y extranjero han hecho de figuras y gestas históricas de nuestro turbulento siglo XIX. Dice Susana López Aranda, en la presentación, que “hace poco más de cien años recién llegaba el cinematógrafo a México… Muy pronto empezó a contar historias”. A partir de las Fiestas del Centenario en 1910, nuestros héroes se volvieron estampas apenas delineadas que permearon la imaginación nacional y se integraron a la cultura popular. Además de la Independencia, esta obra abarca otros momentos significativos del XIX mexicano: la guerra entre México y EU, la intervención francesa, los personajes centrales de la época. En tres capítulos se integraron 23 textos de 15 especialistas, que componen un coro de voces diversas, múltiples puntos de vista y diferentes maneras de contar, registrando “todos los géneros, desde la épica hasta el esperpento, con protagonistas heroicos o villanos”.

En el primer capítulo (“La Independencia y sus héroes”), 9 textos analizan las películas sobre Hidalgo (donde destacan El grito de Dolores, 1907; y 1810 o los libertadores de México, 1916); el estandarte guadalupano (La virgen que forjó una patria, 1942); Morelos y las licencias históricas del director Miguel Contreras Torres (sobre todo en El padre Morelos, 1942, y El rayo del sur, 1943); las historias de la Güera Rodríguez (1977) y de Gertrudis Bocanegra (1991); la gesta libertadora de Mina (1976); tres “fantasías cinematográficas sobre la Independencia” (Conspiración, 1927; El insurgente, 1940; y El criollo, 1944); el Marqués de Bradomín en Sonatas (1959); y las vistas tomadas en los centenarios de 1910 y 1921.

En el segundo capítulo (“Santa Anna y la intervención estadunidense”), 6 textos estudian la guerra de Texas (las diferentes películas norteamericanas sobre la batalla de El Álamo); Su Alteza Serenísima (1970); los Niños Héroes (El cementerio de las águilas, 1938); las imágenes de la guerra con EU y dos episodios originales: una historia de canibalismo ambientada en la invasión estadunidense (Ravenous/Voraz, 1999) y las diferentes versiones de Hollywood en torno al “Zorro”, el enmascarado justiciero de California.

En el tercer capítulo (“Juárez y la intervención francesa”), 8 textos comentan las películas sobre Juárez y Maximiliano (“dos modelos de nación”: de La caída de un imperio, 1933, y Juárez, 1939, a El joven Juárez, 1954 y Aquellos años, 1972); la música cinematográfica sobre la intervención francesa y el Segundo imperio (La paloma, 1937; Caballería del imperio, 1942; Mexicanos al grito de guerra y Una carta de amor, ambas de 1943); La Guerra de los Pasteles (1943 y 1978); el tema juarista durante la Época de Oro del cine mexicano (El camino de los gatos, 1943; Doña Perfecta, 1950, basada en la novela homónima de Galdós; y dos películas de EU: La fuga y Alma de bronce, 1944); Porfirio Díaz (1944); dos westerns de Hollywood sobre la lucha juarista (Vera Cruz, 1954; y Dos mulas para la hermana Sara, 1970); así como las diferentes adaptaciones cinematográficas de tres novelas del siglo XIX (Astucia. El jefe de los Hermanos de la Hoja, de Luis G. Inclán; Los bandidos de Río Frío, de Manuel Payno; y El Zarco, de Ignacio Manuel Altamirano).

Junto a todas las referencias fílmicas mencionadas a lo largo de este volumen, se incluye al final una detallada filmografía.

Cine y Revolución. La Revolución Mexicana vista a través del cine

Para celebrar el Bicentenario, la Cineteca Nacional y el Imcine coeditaron este volumen dedicado a “la Revolución Mexicana vista a través del cine”. En diez ensayos de destacados especialistas se analizan unos 300 largometrajes nacionales y extranjeros que sustentan el heterogéneo imaginario construido alrededor de este capítulo de nuestra historia. El cine permitió el registro directo de la lucha armada y sus caudillos, y, más tarde, cuando se desarrolló la industria cinematográfica nacional, la Revolución aportó a los cineastas temas, personajes y ambientes. Los textos de este libro, ilustrado con fotogramas, se refieren a películas de todos los géneros, de cineastas de distintas generaciones y con puntos de vistas contrastantes.

Álvaro Vázquez Mantecón hace un análisis historiográfico del “cine de la Revolución”, donde destaca el trabajo de los primeros documentalistas (Salvador Toscano, los hermanos Alva y Jesús H. Abitia), reunido posteriormente en Memorias de un mexicano (1950) y en Epopeyas de la Revolución (1963); la primera ficción cinematográfica (El automóvil gris, filmada por Enrique Rosas en 1919); la visita a México en 1930 de Sergei Eisenstein y ¡Que viva México!; la trilogía revolucionaria de Fernando de Fuentes: El compadre Mendoza (1933), basado en un cuento de Mauricio Magdaleno; El prisionero trece (1933); y ¡Vámonos con Pancho Villa! (1935), a partir de la novela de Rafael F. Muñoz; la primera versión de Los de abajo, novela de Mariano Azuela filmada por Chano Urueta; las grandes producciones de Emilio Fernández y de Juan Bustillo Oro en los años 40 (“la Edad Dorada del cine mexicano”), de Ismael Rodríguez en los 50, y La sombra del caudillo (1960), basada en la novela de Martín Luis Guzmán y dirigida por Julio Bracho, “enlatada” durante décadas por la censura gubernamental; Reed, México insurgente (1970), de Paul Leduc, El principio, de Gonzalo Martínez (1972), y Cuartelazo (1976), de Alberto Isaac.

Ángel Miquel estudia el cine silente de la Revolución y resalta la creación del “género documental de compilación histórica”. David Wood se refiere a la integración del archivo fílmico de Salvador Toscano. Eduardo de la Vega analiza cómo fueron tratados en el cine los “caudillos de la Revolución”, en particular Villa. Carlos Flores Villela menciona las tres fuentes fundamentales de las que nutre el retrato de la crueldad, la violencia y la muerte en las ficciones cinematográficas sobre la revolución: documentales y fotografías de los
combates, narrativa de la Revolución y la plástica desarrollada en torno al conflicto. Hugo Lara Chávez se concentra en “los símbolos de la movilidad en el cine de la Revolución: entre el caballo y el ferrocarril” y afirma que el cine “inventó una revolución diferente a la historia oficial”. Elisa Lozano escribe sobre el trabajo cinematográfico de los directores de fotografía, los stillman (fotógrafos de fijas) y los artistas plásticos. La construcción de “los roles de género” en el cine de la Revolución es el tema de Alicia Vargas; Claudia Arroyo se ocupa del “amor romántico y la lucha armada” y analiza cómo en los años 30 el cine “reflejó una visión pesimista sobre la Revolución”, mientras que en las dos décadas posteriores predominó “un discurso celebratorio y en los años 60 y 70 emergió una mirada desencantada”. Raúl Miranda López escribe sobre las principales películas extranjeras (de Hollywood, del eurowestern, de los soviéticos y el Tercer Mundo) que han sucumbido a la fascinación de nuestra Revolución. El libro concluye con una amplia filmografía (1907-2011) y la bibliografía consultada.

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Ángel Miquel (coord.), La ficción de la historia. El siglo XIX en el cine mexicano, Cineteca Nacional, México 2010, $149, 148 pp. ISBN 978-607-7535-03-4

Cine y Revolución. La Revolución Mexicana vista a través del cine, Cineteca Nacional-Imcine, México 2010, $200, 240 pp. ISBN 978-607-7535-04-1

La Cineteca Nacional del siglo XXI

Artículo de Xavier Quirarte publicado en Milenio el 13 de julio de 2011. ¡Enhorabuena por la Cineteca Nacional!

Con una inversión de 380 millones 400 mil pesos, que incluye la construcción de cuatro salas, la remodelación de las actuales, un laboratorio de restauración digital, la ampliación de las áreas verdes y nuevas oficinas, se anunció ayer el proyecto de Cineteca Nacional del siglo XXI.

En conferencia de prensa celebrada ayer, Consuelo Sáizar, presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), recordó que en 1982 las antiguas instalaciones, ubicadas en Río Churubusco, sufrieron un terrible incendio. “La Cineteca Nacional era uno de los grandes proyectos culturales del siglo XX. Dos años después, la nueva Cineteca abrió sus puertas en el lugar que hoy estamos y ha crecido hasta afianzarse como un centro indispensable de preservación, divulgación de las artes cinematográficas, rescate e investigación”.

Sin embargo, desde hace varios lustros la institución resulta insuficiente para cumplir con sus necesidades, agregó Sáizar, por lo que era necesario llevar a cabo un proyecto de renovación. En este sentido, dijo, “se dotará a la Cineteca de las mejores herramientas posibles para preservar el importante legado fílmico de México”, lo que le permitirá “consolidarse como un recinto cinematográfico líder en el mundo”.

Indicó que el proyecto, encargado a los arquitectos Michel Rojkind y Gerardo Salinas, significará más que un remozamiento, “pues aumentará la superficie construida y la destinada a la preservación de la memoria fílmica”. Se construirán cuatro salas, lo que suma mil butacas a las de las seis ya existentes, por lo que se alcanzará una cantidad de 3 mil 50 butacas. También se erigirán dos nuevas bóvedas con capacidad para 25 mil rollos de película cada una y un laboratorio de restauración digital.

Las obras, que se llevarán a cabo de otoño de este año a otoño de 2012, no implicarán un aumento al costo del boleto, aseguró Sáizar. “La idea es que siga siendo una Cineteca con marcado espíritu juvenil. La idea es que, además de que se tenga la posibilidad de ver cine, dándole mucha importancia al nacional, se tenga un espacio público que los jóvenes puedan recorrer”.

Se construirán más de 28 mil metros cuadrados, de los cuales la cuarta parte estará destinada a áreas verdes. Como una innovación, se crearán foros de usos múltiples en los que se realizarán funciones gratuitas al aire libre para un público de cerca de 700 espectadores.

Paula Astorga, directora de la Cineteca Nacional, indicó que para la institución este proyecto es “un reto muy importante que reúne las peticiones del público asistente y las necesidades de nuestra industria, desde la producción del cine nacional, que no encuentra suficientes pantallas, hasta la diversificación de la cartelera comercial que las distribuidoras nos ofrecen con un esfuerzo cada vez mayor. También atiende las necesidades de los festivales de cine que son sucesos fundamentales para esta institución y con gusto albergamos”.

Astorga destacó la importancia de contar con un laboratorio de restauración digital, ya que en los de revelado en México han dejado de trabajar material en blanco y negro, problema que se acrecienta cada vez más. Por ello se contará con un laboratorio integrado, que permitirá hacer restauración digital, en vez de mandar los materiales a Estados Unidos o Canadá. “Nos va a dar la oportunidad no sólo de restaurar, sino de ir digitalizando nuestras propias colecciones, con el objetivo de que la divulgación de estos materiales pueda estar mucho más al alcance de todos”.

Hacia un Museo del Cine

La Cineteca Nacional es mucho más que un sitio para la proyección de películas, afirmó la titular del Conaculta. “En su acervo están depositadas 365 mil piezas, que incluyen una colección de carteles, fotografías, diapositivas y negativos. También alberga 7 mil guiones y 14 mil libros sobre cine. Entre estos tesoros está la colección completa de la revista Cahiers du Cinema, objetos como vestuario personal de Dolores del Río e históricos de nuestros grandes realizadores, como Roberto Gavaldón o documentos del director ruso Arcady Boytler”.

La funcionaria afirmó que la Cineteca Nacional, institución a la que denominó “faro de la ilusión colectiva”, es “un sitio de reflexión indispensable, una fuente de material iconográfico, un baluarte de nuestra memoria visual”. Y más adelante, mencionó que en un par de meses se darán a conocer los detalles sobre la construcción del Museo del Cine, que será albergado por la Cineteca Nacional como parte de un proyecto integral.