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Hallan banda sonora de Un espectador impertinente (1932)

Material sonoro perteneciente al cortometraje Un espectador impertinente, de Arcady Boytler (1893-1965), preservado durante casi tres décadas en el acervo de la Cineteca Nacional y redescubierto por la investigación que se realiza para la creación del Museo del Cine, es un hallazgo sin precedente dado que, se sabe ahora, constituyó la segunda película sonora después de Santa.

El filme representaba al propio Boytler como actor, junto con Anita Ruanova en una especie de obra de teatro en la que el espectador “subía a la pantalla” de cine instigado por la actriz.

El anuncio del hallazgo fue dado a conocer por Paula Astorga, directora de la Cineteca; Itala Schemlz, curadora de la exposición sobre Boytler, que será la exhibición inaugural del Museo, y el investigador Eduardo de la Vega.

Arcady Boytler, es un referente indiscutible de la llamada Época de Oro del cine nacional. Con más de una decena de filmes realizados, entre los que destacan La mujer del puerto (1933), cinta que gracias a sus logros estéticos lo consagró como uno de los cineastas con mayor potencial creativo; El tesoro de Pancho Villa (1935); Celos (1935); y Águila o sol (1937), entre otros, Boytler, mejor conocido como El gallo ruso, realizó también varios cortometrajes tanto en México como en Estados Unidos, además de estar vinculado a la administración de varios establecimientos dedicados a la exhibición de cine.

Como señala el investigador Eduardo de la Vega, Boytler “inició su carrera cinematográfica en México administrando durante un tiempo el afamado cine Regis y con la producción y realización del corto Un espectador impertinente, sonorizado con discos, cofinanciado y codirigido por Raphael J. Sevilla (1902-1975) y estrenado el 26 de mayo de 1932 en el cine Olimpia…”

De aquel primer proyecto experimental se ha especulado mucho a lo largo de la historia de nuestro cine, ya que se dudaba de su existencia. Sin embargo, este material sonoro comprueba su existencia material.

Casi veinte años después del fallecimiento de Boytler, Victoria Ellis, amiga de la familia, donó a la Cineteca Nacional una parte del archivo del cineasta conformado por fotografías, poemas, argumentos cinematográficos (entre ellos la versión en inglés de Celos), recortes de prensa, diplomas, caricaturas, carteles y una colección de discos de 78 revoluciones, además de otros objetos.

Con el apoyo del técnico cinematográfico Andrea Di Castro y el investigador Eduardo de la Vega se realizó el proceso de transferencia de formatos, descubriendo material inédito del realizador perteneciente al cortometraje Un espectador impertinente, lo que representa un hallazgo sin precedentes.

Arcady Boytler en su juventud

Por más de dos décadas la colección de discos permaneció preservada en el acervo, pero también en el mayor anonimato debido a las carencias tecnológicas de la institución en aquel entonces para realizar el proceso que permitiera conocer su contenido.

Al respecto de los discos, Eduardo de la Vega, relata: “Tales objetos contienen los diálogos y la música (es decir, la “banda sonora” completa) de Un espectador impertinente, cinta de la que se sabía fue un experimento vanguardista de fusión entre el teatro y el cine (las dos pasiones artísticas de El gallo ruso), en la que uno de los personajes entraba y salía de la pantalla de una manera un tanto caprichosa para conformar todo un sketch cómico musical (…)”

El proceso de restauración de los discos y de transferencia de formatos estuvo a cargo de un equipo de especialistas altamente calificado que fue extremadamente cuidadoso, debido a que se trata de materiales en vinil muy antiguos y, por lo tanto, muy delicados. Para ello se utilizó un reproductor con punta de diamante que permitió que las voces de Boytler y la actriz protagónica, Anita Ruanova, escondidas durante tantos años, volvieran a escucharse al ritmo de los acordes del piano interpretado por esta última con melodías que aludían al ya desaparecido hotel Regis.

El filme presentaba al propio Boytler en compañía de Anita en una especie de obra de teatro que buscaba interactuar con los espectadores que podían en dado caso “subir a la pantalla”, en un intento de hacer prácticamente inexistentes las fronteras entre cine y teatro.

“Por notas periodísticas aparecidas en torno a la fecha del estreno, se sabe que Un espectador impertinente fue filmada en tan sólo tres horas y que además de Boytler, Sevilla y Ruanova, el resto del equipo de rodaje estuvo integrado por Alex Phillips (fotografía), Max Urban (música), Carlos L. Cabello (asistente de dirección), Fernando A. Rivero (auxiliar de escenografía) y los hermanos Roberto y Joselito Rodríguez (sonido). El corto duraba 10 minutos e incluía un fragmento de la canción Capullito de alelí, del compositor puertorriqueño Rafael Jibarito Hernández (…)”, apunta De la Vega.

Este hallazgo representa un valioso documento histórico que no sólo demuestra la existencia de la primera incursión fílmica de Arcady Boytler, sino también la participación de los hermanos Rodríguez, quienes poco tiempo antes de colaborar en el sonido de este corto habían patentado en Los Ángeles, California, un equipo de sonido óptico que utilizaron en el rodaje de Santa (Antonio Moreno, 1931) y que, al ser filmada también en la Compañía Nacional Productora de Películas, donde tomó forma Un espectador impertinente, permite suponer que esta última también fue realizada con el equipo sonoro de los Rodríguez.

De este modo, el contenido de los discos, así como las más de 250 fotografías restauradas por la Cineteca, poemas, guiones, recortes de prensa, diplomas, caricaturas, carteles y objetos varios pertenecientes a Arcady Boytler formarán parte de las actividades inaugurales del Museo del Cine de la Cineteca Nacional, en las que a lo largo de varios meses ha trabajado un equipo de especialistas a cargo de Itala Schmelz y el museógrafo Salvador Quiroz, quienes han realizado una profunda y dinámica revisión de los acervos iconográficos y documentales para presentar exposiciones de gran calidad. En la muestra inaugural se presentará una selección de materiales provenientes del acervo, fuente fundamental para la historia de la cinematografía nacional.

(Fuente: Cineteca Nacional / Conaculta)

Arcady Boytler y Anita Ruanova en Un espectador impertinente (1932)

Emilio García Riera en el volumen 1 de Historia documental del cine mexicano que cubre los años 1929 a 1937 (p.72), menciona en la sección de cortometrajes filmados en 1932 lo siguiente sobre este filme:

Un espectador impertinente, cortometraje de dos rollos (25 minutos), escrito, producido y dirigido por Arcady Boytler y Raphael J. Sevilla (asistidos por Carlos L. Cabello), fotografiado por Alex Phillips, editado por Sevilla, con música de Max Urban, escenografía anónima (intervino en ella Fernando A. Rivero) y sonido de los hermanos Rodríguez, e interpretado por Boytler y Anita Ruanova, actriz del teatro de revista, fue una curiosa “integración de espectáculo vivo y proyección” (o sea, un antecedente de La linterna mágica checa de los años cincuenta). Raphael J. Sevilla me contó el modo en que se desarrollaba. En la pantalla, una joven (Ruanova, en foto) tocaba el piano. Desde un plano oscuro de la sala de cine, un borracho (Boytler en persona, de carne y hueso) gritaba “¡mamarracho, lo hago mejor que tú!” Mientras el público del cine protestaba, como es natural, la imagen de Ruanova respondía: “bueno, ¿por qué no lo haces tú?” Boytler en persona salía del palco y aparecía en foto, en la película; peleaba con Ruanova, la dominaba y terminaba bailando con ella, porque, según decía la canción que ambos interpretaban, querían “ir al hotel Regis a coctelear”. Esa muestra de “humorismo vanguardista del cine sonoro” (publicidad), se estrenó acompañando la película norteamericana Mujercitas (Girls about Town), de George Cukor, con Kay Francis, el 25 de mayo de 1932 en el cine Olimpia. Sevilla me dijo que Un espectador impertinente duraba 45 minutos, pero el programa de su estreno demuestra que eran sólo 25: el corto pasaba a las 6:45 y 9:05 y Mujercitas a las 7:10 y 9:30 p.m. Según la publicidad, Boytler filmó la película en sólo tres horas.

Tenemos pues, una gran discrepancia entre la información del descubrimiento y lo que originalmente, según García Riera, le compartió Raphael J. Sevilla: la duración del cortometraje.

María Luisa Amador y Jorge Ayala Blanco en Cartelera cinematográfica, 1930-1939 ni siquiera listan el cortometraje, pues su obra se circunscribe exclusivamente a largometrajes; sin embargo sí está incluida Mujercitas, la cual se estrenó en el cine Olimpia el 25 de mayo de 1932 y no el 26. Por cierto, el gerente del cine Olimpia era Fernando de Fuentes.

Arcady Boytler abrió un cinito que fue muy original y popular, el Cinelandia, en los bajos del edificio Rule, del cual todavía existe su fachada en San Juan de Letrán 6. Este cine con 376 asientos abrió el 4 de enero de 1935. A partir de 1944, Boytler deja de dirigir y producir películas y al poco tiempo abre su segundo cine, al que muy apropiadamente bautiza con el nombre de Arcadia con 1500 butacas. Éste se inauguró el 14 de junio de 1948 en Balderas 39. Hasta su muerte en 1965, Boytler se dedicó a administrar sus dos salas cinematográficas.

Renace el Museo del cine nacional

Artículo de Milenio publicado en la sección de cultura el 10 Julio 2012 por Jesús Alejo:

Luego de que hace casi dos años se anunciara su cancelación, ahora es recuperado como un espacio para proyectar la memoria hacia el siglo XXI.

A fines de 2010, en pleno apogeo de los festejos por el bicentenario, se dio a conocer la cancelación del proyecto de creación del Museo del cine, anunciada como una de las actividades más importantes de las conmemoraciones.

Al dar a conocer la construcción del Museo del cine y videoteca digital, que formaría parte de la Cineteca Nacional, la presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Consuelo Sáizar, devela algunas de las razones por las que se decidió recuperar la idea del espacio museográfico.

“Lo que queríamos era encontrar un museo del siglo XXI, que tuviera la vocación de recuperar la memoria y de proyectarla hacia el futuro. El proyecto de Pablo (Ortiz Monasterio), siendo muy bueno, prácticamente concluyó con la exposición que se hizo para las fiestas centenarias: revisé con enorme cuidado aquel proyecto y pensé que podíamos trabajar algo mucho más enfocado hacia el futuro.”

“El museo siempre estuvo ahí, como una constante; sabíamos del compromiso y de la enorme ilusión del presidente Calderón por hacerlo, y un día, cuando ya se construían las nuevas salas, ya imaginábamos el cerebro, se iniciaba la digitalización y pensábamos en la preservación, nos reunimos a platicar con Carlos Bonfil y a raíz de esa conversación decidimos retomar el museo del cine, enfocándolo al siglo XXI.”

Proyecto de museo del cine en la Cineteca Nacional

Con un costo de 96 millones de pesos, 41 para la obra y el resto para el equipamiento tecnológico, la construcción del recinto se comenzó a realizar desde mayo pasado, pero no se había dado a conocer por la veda electoral.

El Museo del cine y videoteca digital estará dotado de áreas para exposiciones, tanto de las colecciones icónicas y documentales del acervo de la Cineteca, como de materiales provenientes de otros espacios similares en el mundo; se trata de un recinto con carácter interdisciplinario, cuya finalidad será que los espectadores conozcan y exploren las nuevas tecnologías y estéticas del lenguaje audiovisual.

El diseño del museo está a cargo de Mauricio Rocha y Gabriela Carrillo, quienes prácticamente insertaron su propuesta en el proyecto que ya venía trabajando el arquitecto Michel Rojkind para la remodelación de la Cineteca Nacional, con lo que se ofrece una superficie de exhibiciones superior a los mil 500 metros cuadrados, en cuatro pisos en forma de pirámide, en donde también se contará con una ludoteca, una sala de lectura, una tienda y una terraza.

“La idea es que el museo dinamice y amplíe la asistencia de la Cineteca Nacional y parte fundamental del presupuesto (del museo) estará ligado a los propios recursos autogenerados de la institución”, en palabras de Paula Astorga, directora de la Cineteca.

De acuerdo con Mauricio Rocha, la intención del diseño fue respetar las salas que habían sido trabajadas por su padre, Manuel Rocha, en la Cineteca Nacional, pero al mismo tiempo establecer los cambios sutiles que hicieran visibles los diferentes elementos.

“Rojkind hizo todo un eje central con sus salas, que logra dialogar con el cine y genera una conexión que respeta el edificio preexistente. Cuando se abre la oportunidad del Museo del cine, tratamos que la arquitectura desapareciera y sólo por los detalles te dieras cuenta de que se trata de una arquitectura del siglo XXI.

Se contempla que el Museo del cine y videoteca digital esté terminado al mismo tiempo que el resto del proyecto de la Cineteca Nacional, en otoño próximo.

Tendrá de todo:

  • El Museo del Cine que tendrá una superficie total de 1, 512 m2, presentará tres exposiciones grandes al año y diferentes muestras en sus cuatro pisos. Además de que se programarán actividades académicas y talleres infantiles.
  • La Videoteca Digital contará con 25 cabinas de revisión repartidas en tres niveles con una superficie total de 286 metros cuadrados, donde se resguardará el acervo de la Cineteca, cercano a los 35 mil títulos.
  • La videoteca dará cabida al Cerebro Digital de la Imagen, a través del cual los espectadores tendrán acceso a fotografías, documentos, carteles, y, por supuesto, películas del Acervo de la Cineteca Nacional.

Se murió el Museo del Cine Nacional

Se murió el Museo del Cine Nacional A inicios de 2008 fue que la creación del Museo del Cine Nacional fue anunciada por el Presidente de la República durante la inauguración de una muestra homenaje al cine-fotógrafo Gabriel Figueroa, en el Palacio de Bellas Artes. Esto dentro de los festejos que habrían de celebrarse por el bicentenario independentista y centenario revolucionario. Este espacio, señaló el mandatario, deberá estar listo como parte de las actividades que recordaran el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, a efectuarse en 2010.

Se anunció la siempre postergada creación del museo del cine y los cinéfilos e historiadores del cine, en especial el mexicano, tuvimos un momento de franca euforia. Recordamos, aquellos que conocimos y fuimos formamos cinematográficamente en las la vieja Cineteca Nacional en Calzada de Tlalpan y Río Churubusco su triste desaparición a raíz del incendio que la arrasó en 1982. Fue durante el Festival Internacional de Cine de Monterrey en 2008, donde el Conaculta anunció que el famoso fotógrafo Pablo Ortiz Monasterio sería la cabeza de ese proyecto quien vaticinó que “el proyecto de realización de un museo del cine en México es inminente. Sus labores resultan no sólo indispensables y oportunas, sino también importantísimas”.

Entre las varias declaraciones que emitió resulta interesante y hasta la fecha aplicable que “ese proyecto tiene dos grandes vocaciones. En primer lugar cumplirá con la labor de salvaguardar el patrimonio cinematográfico, que nos remite a una considerable riqueza en materia de imágenes y la segunda sería la de difundir el arte cinematográfico, la cultura fílmica, vaya, que no llegue simplemente Batman y la gente diga guau, sino que se establezca la posibilidad de que todos tengamos acceso a un patrimonio importante, que se liga con nuestra historia y nuestro país”.

Reproduzco a continuación la entrevista que el fotógrafo concedió a Milenio al momento de ser designado director del proyecto:

¿Cómo ha evolucionado el ataque al problema de la desmemoria cinematográfica?

La historia de la Cineteca Nacional es un hoyo negro en nuestra cultura y la Filmoteca de la UNAM es una opción importantísima. Pero junto a esas plataformas, tenemos que crear otros sitios para que la gente valore y cuide nuestro patrimonio. Pero hay que tener guardado nuestro patrimonio y además hacerlo circular. Hay que digitalizar el cine, hacerlo circular, ¿cómo? a través de la creación de un circuito virtual, que nos permita enlazar a Ciudad Juárez con Campeche y a Monterrey con Sonora.

¿Cómo se ha pensado la posibilidad de crear distintos espacios para este museo?

 Sería un museo horizontal. La espina dorsal es la unión digital de los distintos espacios. Así, podremos tener un esquema de proyección compartido, que podría ser complementada por exposiciones en torno a segmentos o fragmentos de la actividad fílmica, que se integraran para socializarnos en torno al cine.

¿Cómo se podría lograr eso?

Originalmente, se piensa en apoyos federales, pero eso habría que complementarlo con recursos estatales y municipales. Así, tener un centro propiciador, pero también vamos a rascarnos con nuestras propias unas.

¿Qué tanto se ha avanzado?

Ya hablamos en Juárez, en Chihuahua, en Michoacán, en Guanajuato, y fuimos a todos los lugares donde hay festivales de cine, así hemos ido a plantear este asunto, esta posibilidad. Poco a poco, se tiene que ir creando una comunidad fílmica en México, una comunidad que aprecie, valore y disfrute el cine, realmente a fondo.También la directora del Instituto Mexicano de Cinematografía, Marina Stavenhagen afirmó que “estamos en un anteproyecto, que es lo que nosotros elevamos a consideración del Consejo y desde luego de Presidencia y me da mucho gusto que se haya retomado y se haya anunciado ya como un proyecto de facto. Se están recogiendo las propuestas, que ha habido muchísimas en los últimos años, y que existen en el interés de muchos sectores.

 Reproduzco el artículo de Gabriel Contreras publicado en 2008 y que se puede consultar en la página web del CONACULTA sobre este evento:

“La creación de un Museo Nacional del Cine Mexicano es un proyecto acariciado por muchos sectores del ámbito de la cultura y la cinematografía desde hace varios años. Históricamente, ha existido un número importante de propuestas en ese sentido tanto de instituciones, como de particulares, lo que evidencia el interés por parte de la comunidad cinematográfica de rescatar la memoria fílmica nacional. El anuncio público hecho por el C. Presidente de la República sobre la creación del Museo de Cine, recoge la genuina aspiración de la comunidad cinematográfica en torno a la creación de un espacio dinámico e interactivo que de cuenta de la historia de nuestro cine y del papel que han jugado las imágenes y los protagonistas del cine mexicano en nuestra cultura y su aportación al imaginario colectivo. Este museo destacará la influencia del cine mexicano en nuestra educación sentimental y en el imaginario colectivo de los mexicanos, además de explorar las inmensas posibilidades de las imágenes en movimiento como uno de los lenguajes artísticos más importantes de nuestra historia reciente. El mundo de hoy es audiovisual. Por ello, un museo que acerque a las nuevas generaciones a los referentes culturales de nuestro cine en la construcción de nuestra identidad nacional para el siglo XXI, al tiempo que revele la importancia estratégica del cine como una de las industrias culturales de mayor relevancia en nuestra sociedad, es una necesidad. El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a través del Instituto Mexicano de Cinematografía, ha puesto en marcha un grupo de trabajo multidisciplinario que desarrolla el proyecto de un magno Museo Nacional del Cine Mexicano, buscando articular las iniciativas ya existentes en un magno proyecto nacional. Historiadores del cine, coleccionistas, museógrafos, guionistas, arquitectos y artistas multidisciplinarios trabajan en un proyecto que por el momento está en una etapa embrionaria, pero que crece día con día, y al cual sin duda, se sumarán apoyos y financiamiento de la iniciativa privada. Aún sin sede definida, el Museo será sin duda fruto de la colaboración entre las instituciones que tradicionalmente han recogido y resguardado la historia de nuestro cine en colecciones y acervos fílmicos de enorme valor, así como de coleccionistas particulares. La inauguración de una primera etapa del Museo está prevista en ocasión de la celebración del Centenario de la Revolución Mexicana, en 2010.”

A pesar de todo el boato y anuncio que se cacareó a los cuatro vientos, el pasado 5 de enero de 2010, en entrevista con Milenio, Gustavo García, historiador cinematográfico de reconocida trayectoria manifestó su pesimismo sobre el asunto. La nota titulada Se murió el Museo del Cine, lo dice todo. Algunas de sus acotaciones a continuación:

“Ni en broma tendremos un Museo del Cine en este 2010. Si llegamos a tener un ciclo de películas con las soldaderas y Vámonos con Pancho Villa, nos vamos a dar por bien servidos. Por desgracia, aunque la Revolución Mexicana fue la primera que se filmó, y muy bien filmada por los hermanos Alva y por Salvador Toscano, ni siquiera eso ha conmovido a las titubeantes autoridades encargadas de los festejos del centenario.”

“Me parece gravísimo que sigan titubeando con respecto al Museo del Cine, el cual debería hacerse en el Distrito Federal, por la sencilla razón e que aquí surgió el cine mexicano. Lo ideal sería que se utilizara un local adecuado – podría ser el cine Ópera que todavía está en pie – o construir un espacio especial, pues un museo debe ser una escuela y un cineclub, que programen conferencias y ciclos de cine, donde se revise no sólo el cine mexicano sino al cine mundial. Esa sería mi propuesta, pero sé que estamos hablando a oídos sordos. Los oídos de Conaculta los presta a cualquier otra grilla, menos al rescate de nuestra identidad verdadera.”

“No sólo no nos ha consultado a la comunidad cinematográfica. Quedó claro desde el principio que no quería que existiéramos, sólo le interesa cubrir un renglón de un informe burocrático.”

Por otro lado, Marina Stavenhagen, directora del Imcine en entrevista dada a Leticia Sánchez  y publicada en Milenio el 6 de enero pasado, manifiesta lo siguiente:

¿Cuál fue el proyecto que no gustó?

 No es que no haya gustado, es que estamos analizando los diversos proyectos para el museo y se anunciará en su debido tiempo.

¿Les dará tiempo para este 2010?

Nosotros trabajamos muy bien, además vamos muy adelantados.

¿Llenará las expectativas del presidente Felipe Calderón?

Por supuesto que llenará sus expectativas, ya que estamos trabajando muy de cerca con la presidencia de la república para arribar a buen puerto con este proyecto.

Entonces, ¿el museo es para 2010?

Si yo tuviera una bolita de cristal y pudiera garantizar que todo sucederá, lo afirmaría. Pero todo es la suma de voluntades y de recursos. No debemos ser irresponsables al lanzarnos con proyectos que luego no podemos sostener.

Tal parece ser que el quehacer cinematográfico y la historiografía del cine en México continuarán siendo Nosotros los pobres, Pepe “el Toro” y las películas de Cantinflas dirigidas por Miguel M. Delgado, que periódicamente recicla Televisa.

Museo del cine

En la original Cineteca Nacional ubicada en el cruce de Tlalpan y Churubusco, donde hoy se localiza el Centro Nacional de las Artes, al entrar a la sala Fernando de Fuentes se podía disfrutar y admirar una serie de dibujos que Eisenstein dibujó durante su estancia en México para filmar ¡Qué viva México! a principios de los años treinta. En la misma instalación al entrar al Salón Rojo que estaba en el primer piso se apreciaban algunos espejos cóncavos y convexos, que al igual que en el original Salón Rojo de la segunda década del siglo pasado, nos permitía vernos deformados.

En el nuevo y moderno Museo del Estanquillo, ubicado en la esquina de Madero e Isabel la Católica en el Centro Histórico de la capital del país, se puede admirar la colección de arte popular, sobre todo urbano, de Carlos Monsiváis. Incluye la colección un muy buen número de carteles y fotos fijas de innumerables películas que han sido parte de la educación sentimental del mexicano.

Museo de cine de Viena
Film museum en Viena, Austria

Durante los festejos de los ochenta años de la llegada del cine a México en 1977 se montó la exposición 80 años de cine en México en el Museo del Chopo y se editó un libro del mismo título con varios ensayos sobre el tema debidos a las plumas de Aurelio de los Reyes, David Ramón, María Luisa Amador y Rodolfo Rivera.

Quitando estos ejemplos bastante distantes en el tiempo y descontextualizados entre sí, no hemos podido crear un museo dedicado exclusivamente al cine como parte integral de la historia de México. Existe un proyecto en ciernes que parece va por buen camino, según se desprende de una entrevista a Pablo Ortiz Monasterio, cabeza visible del proyecto de creación del museo.

El afamado fotógrafo – no entiendo por qué no encabeza el proyecto un historiador del cine – nos comenta en entrevista con Milenio Diario (21 de agosto de 2008) que la realización del susodicho museo “es inminente”. Es necesario preservar y reconstruir mucho de nuestra cinematografía nacional, en especial el período mudo. La mayoría de la producción que se filmo entre 1896 y 1930 esta perdida. Desgraciadamente no hubo memoria histórica entre los pioneros del cine por lo que se requiere salvaguardar lo poco que queda del patrimonio cinematográfico de esa época para mejor comprender nuestro presente. Un museo del cine también ayudará a difundir el arte cinematográfico.

En la entrevista mencionada Ortiz Monasterio comenta que “la historia de la Cineteca Nacional es un hoyo negro en nuestra cultura, y la Filmoteca de la UNAM es una opción importantísima…” refiriéndose al incendio que acabó con parte importante de nuestro acervo fílmico cuando Margarita López Portillo dirigió los destinos del cine nacional.

Se necesita digitalizar al cine para difundirlo a través de foros virtuales que unan a la totalidad de nuestras entidades, y no, como hasta la fecha, que están bastante desvinculadas.

Según Ortiz Monasterio ya se han creado canales de comunicación con las autoridades locales de aquellas entidades donde se llevan a cabo festivales de cine y con las instancias oficiales que los promueven. Después de 113 años de que llegó el cine a nuestro país, no hemos logrado crear un museo que aglutine la historia cinematográfica mexicana. De lograrse llevar a buen puerto la creación del susodicho museo, éste llenará un grandísimo hueco que tiene nuestra oferta museística, pues no entiendo cómo tenemos museos de culturas populares y, el cine, que es una de las actividades populares más socorridas, carece de uno.

Tres propuestas quiero externar: la primera que sea un reconocido historiador del cine que encabece el proyecto; segunda, que el museo no se ubique en la ciudad de México, pues ya estamos cansados de centralismos culturales; y finalmente que trabajen juntos, productores, distribuidores, directores, músicos, editores, actores y actrices, sonidistas, tramoyistas, guionistas, fotógrafos y cuánta persona tenga algo que ver con la industria del cine para obtener una visión plural del fenómeno.