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Invitación a la presentación del libro Cine y Revolución. La Revolución Mexicana vista a través del cine

 

Cine y Revolución en el Antiguo Colegio de San Ildefonso

Cine y Revolución es el título de la exposición que abrirá sus puertas el 26 de mayo hasta el 4 de julio en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. Leticia Sánchez, reportera de Milenio, nos da los detalles en su artículo de mayo 17.

El Antiguo Colegio de San Ildefonso albergará esta exposición bajo la coordinación de Pablo Ortiz Monasterio. Recordemos su nombramiento como director del nunca realizado Museo del Cine Nacional que se tenía contemplado iniciara funciones en este cabalístico 2010, proyecto que se vio cancelado por cuestiones presupuestarias, de logística, falta de planeación y comunicación. Pero en fin, eso es arroz de otro costal. Según él, la exposición es una probadita de lo que será el museo del cine que Calderón anunció hace dos años, añadiendo que no será inaugurado este año, pero se está cabildeando con la iniciativa privada y gobiernos estatales.

Según Ortiz Monasterio, la idea de la exposición es “mostrar la Revolución que el cine ha construido a lo largo de cien años. Presentaremos desde el material documental que se filmó cuando sucedieron los hechos violentos, haciendo una escala en la década de los 30, cuando se comenzaron a hacer películas de ficción con temas revolucionarios, hasta llegar a nuestros días.”

Se contempla que la exposición se presente en Zacatecas en septiembre y el año que viene vaya a Francia pues será el “Año de México en Francia”.

Los investigadores que apoyaron el proyecto son Álvaro Vázquez Mantecón, Eduardo de la Vega Alfaro, Ángel Miquel, Carlos Flores Villela, Elisa Lozano, Claudia Arroyo, Alicia Vargas, Raúl Miranda, Francisco Montellano, Ricardo Pérez Monfort y Fernando Muñoz. La muestra esta dividida en seis ejes temáticos y curaduría específica para cada uno de ellos.

Destacan la sala denominada “cero” donde se instalarán dos líneas del tiempo: una sobre los acontecimientos revolucionarios y la otra los filmes relativos a ella de forma cronológica. También se exhibirá en dos pantallas simultáneas el trabajo de Nicolás Echeverría sobre los caudillos. La sala “escucha” será un cuarto negro con pasamanos para los visitantes para apreciar la partitura que Antonio Fernández compuso basado en el cine de la Revolución.

Se instalará un “cinito” para 50 personas donde se proyectarán diez películas emblemáticas donde destacan ¡Vámonos con Pancho Villa! (1935) de Fernando de Fuentes; La Cucaracha (1958), de Ismael Rodríguez; La sombra del caudillo (1960), de Julio Bracho; Emiliano Zapata (1970), de Felipe Cazals y Reed, México Insurgente (1973), de Paul Leduc. Sería harto gratificante que también proyectaran algunas vistas de los hermanos Alva, Salvador Toscano o los hermanos Becerril o ya de perdida lo que queda del serial El automóvil gris (1919) de Joaquín Coss y Juan Canals de Homs.

Los espectadores se sorprenderán al saber que Pancho Villa es la máxima estrella del cine revolucionario, pues ha sido interpretado por casi medio centenar de actores en todas partes del mundo. Destacan entre ellos Raoul Walsh, Wallace Berry, Domingo Soler, Pedro Armendáriz, José Elías Moreno, Yul Brynner, Antonio Aguilar y Antonio Banderas.

Se murió el Museo del Cine Nacional

Se murió el Museo del Cine Nacional A inicios de 2008 fue que la creación del Museo del Cine Nacional fue anunciada por el Presidente de la República durante la inauguración de una muestra homenaje al cine-fotógrafo Gabriel Figueroa, en el Palacio de Bellas Artes. Esto dentro de los festejos que habrían de celebrarse por el bicentenario independentista y centenario revolucionario. Este espacio, señaló el mandatario, deberá estar listo como parte de las actividades que recordaran el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, a efectuarse en 2010.

Se anunció la siempre postergada creación del museo del cine y los cinéfilos e historiadores del cine, en especial el mexicano, tuvimos un momento de franca euforia. Recordamos, aquellos que conocimos y fuimos formamos cinematográficamente en las la vieja Cineteca Nacional en Calzada de Tlalpan y Río Churubusco su triste desaparición a raíz del incendio que la arrasó en 1982. Fue durante el Festival Internacional de Cine de Monterrey en 2008, donde el Conaculta anunció que el famoso fotógrafo Pablo Ortiz Monasterio sería la cabeza de ese proyecto quien vaticinó que “el proyecto de realización de un museo del cine en México es inminente. Sus labores resultan no sólo indispensables y oportunas, sino también importantísimas”.

Entre las varias declaraciones que emitió resulta interesante y hasta la fecha aplicable que “ese proyecto tiene dos grandes vocaciones. En primer lugar cumplirá con la labor de salvaguardar el patrimonio cinematográfico, que nos remite a una considerable riqueza en materia de imágenes y la segunda sería la de difundir el arte cinematográfico, la cultura fílmica, vaya, que no llegue simplemente Batman y la gente diga guau, sino que se establezca la posibilidad de que todos tengamos acceso a un patrimonio importante, que se liga con nuestra historia y nuestro país”.

Reproduzco a continuación la entrevista que el fotógrafo concedió a Milenio al momento de ser designado director del proyecto:

¿Cómo ha evolucionado el ataque al problema de la desmemoria cinematográfica?

La historia de la Cineteca Nacional es un hoyo negro en nuestra cultura y la Filmoteca de la UNAM es una opción importantísima. Pero junto a esas plataformas, tenemos que crear otros sitios para que la gente valore y cuide nuestro patrimonio. Pero hay que tener guardado nuestro patrimonio y además hacerlo circular. Hay que digitalizar el cine, hacerlo circular, ¿cómo? a través de la creación de un circuito virtual, que nos permita enlazar a Ciudad Juárez con Campeche y a Monterrey con Sonora.

¿Cómo se ha pensado la posibilidad de crear distintos espacios para este museo?

 Sería un museo horizontal. La espina dorsal es la unión digital de los distintos espacios. Así, podremos tener un esquema de proyección compartido, que podría ser complementada por exposiciones en torno a segmentos o fragmentos de la actividad fílmica, que se integraran para socializarnos en torno al cine.

¿Cómo se podría lograr eso?

Originalmente, se piensa en apoyos federales, pero eso habría que complementarlo con recursos estatales y municipales. Así, tener un centro propiciador, pero también vamos a rascarnos con nuestras propias unas.

¿Qué tanto se ha avanzado?

Ya hablamos en Juárez, en Chihuahua, en Michoacán, en Guanajuato, y fuimos a todos los lugares donde hay festivales de cine, así hemos ido a plantear este asunto, esta posibilidad. Poco a poco, se tiene que ir creando una comunidad fílmica en México, una comunidad que aprecie, valore y disfrute el cine, realmente a fondo.También la directora del Instituto Mexicano de Cinematografía, Marina Stavenhagen afirmó que “estamos en un anteproyecto, que es lo que nosotros elevamos a consideración del Consejo y desde luego de Presidencia y me da mucho gusto que se haya retomado y se haya anunciado ya como un proyecto de facto. Se están recogiendo las propuestas, que ha habido muchísimas en los últimos años, y que existen en el interés de muchos sectores.

 Reproduzco el artículo de Gabriel Contreras publicado en 2008 y que se puede consultar en la página web del CONACULTA sobre este evento:

“La creación de un Museo Nacional del Cine Mexicano es un proyecto acariciado por muchos sectores del ámbito de la cultura y la cinematografía desde hace varios años. Históricamente, ha existido un número importante de propuestas en ese sentido tanto de instituciones, como de particulares, lo que evidencia el interés por parte de la comunidad cinematográfica de rescatar la memoria fílmica nacional. El anuncio público hecho por el C. Presidente de la República sobre la creación del Museo de Cine, recoge la genuina aspiración de la comunidad cinematográfica en torno a la creación de un espacio dinámico e interactivo que de cuenta de la historia de nuestro cine y del papel que han jugado las imágenes y los protagonistas del cine mexicano en nuestra cultura y su aportación al imaginario colectivo. Este museo destacará la influencia del cine mexicano en nuestra educación sentimental y en el imaginario colectivo de los mexicanos, además de explorar las inmensas posibilidades de las imágenes en movimiento como uno de los lenguajes artísticos más importantes de nuestra historia reciente. El mundo de hoy es audiovisual. Por ello, un museo que acerque a las nuevas generaciones a los referentes culturales de nuestro cine en la construcción de nuestra identidad nacional para el siglo XXI, al tiempo que revele la importancia estratégica del cine como una de las industrias culturales de mayor relevancia en nuestra sociedad, es una necesidad. El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a través del Instituto Mexicano de Cinematografía, ha puesto en marcha un grupo de trabajo multidisciplinario que desarrolla el proyecto de un magno Museo Nacional del Cine Mexicano, buscando articular las iniciativas ya existentes en un magno proyecto nacional. Historiadores del cine, coleccionistas, museógrafos, guionistas, arquitectos y artistas multidisciplinarios trabajan en un proyecto que por el momento está en una etapa embrionaria, pero que crece día con día, y al cual sin duda, se sumarán apoyos y financiamiento de la iniciativa privada. Aún sin sede definida, el Museo será sin duda fruto de la colaboración entre las instituciones que tradicionalmente han recogido y resguardado la historia de nuestro cine en colecciones y acervos fílmicos de enorme valor, así como de coleccionistas particulares. La inauguración de una primera etapa del Museo está prevista en ocasión de la celebración del Centenario de la Revolución Mexicana, en 2010.”

A pesar de todo el boato y anuncio que se cacareó a los cuatro vientos, el pasado 5 de enero de 2010, en entrevista con Milenio, Gustavo García, historiador cinematográfico de reconocida trayectoria manifestó su pesimismo sobre el asunto. La nota titulada Se murió el Museo del Cine, lo dice todo. Algunas de sus acotaciones a continuación:

“Ni en broma tendremos un Museo del Cine en este 2010. Si llegamos a tener un ciclo de películas con las soldaderas y Vámonos con Pancho Villa, nos vamos a dar por bien servidos. Por desgracia, aunque la Revolución Mexicana fue la primera que se filmó, y muy bien filmada por los hermanos Alva y por Salvador Toscano, ni siquiera eso ha conmovido a las titubeantes autoridades encargadas de los festejos del centenario.”

“Me parece gravísimo que sigan titubeando con respecto al Museo del Cine, el cual debería hacerse en el Distrito Federal, por la sencilla razón e que aquí surgió el cine mexicano. Lo ideal sería que se utilizara un local adecuado – podría ser el cine Ópera que todavía está en pie – o construir un espacio especial, pues un museo debe ser una escuela y un cineclub, que programen conferencias y ciclos de cine, donde se revise no sólo el cine mexicano sino al cine mundial. Esa sería mi propuesta, pero sé que estamos hablando a oídos sordos. Los oídos de Conaculta los presta a cualquier otra grilla, menos al rescate de nuestra identidad verdadera.”

“No sólo no nos ha consultado a la comunidad cinematográfica. Quedó claro desde el principio que no quería que existiéramos, sólo le interesa cubrir un renglón de un informe burocrático.”

Por otro lado, Marina Stavenhagen, directora del Imcine en entrevista dada a Leticia Sánchez  y publicada en Milenio el 6 de enero pasado, manifiesta lo siguiente:

¿Cuál fue el proyecto que no gustó?

 No es que no haya gustado, es que estamos analizando los diversos proyectos para el museo y se anunciará en su debido tiempo.

¿Les dará tiempo para este 2010?

Nosotros trabajamos muy bien, además vamos muy adelantados.

¿Llenará las expectativas del presidente Felipe Calderón?

Por supuesto que llenará sus expectativas, ya que estamos trabajando muy de cerca con la presidencia de la república para arribar a buen puerto con este proyecto.

Entonces, ¿el museo es para 2010?

Si yo tuviera una bolita de cristal y pudiera garantizar que todo sucederá, lo afirmaría. Pero todo es la suma de voluntades y de recursos. No debemos ser irresponsables al lanzarnos con proyectos que luego no podemos sostener.

Tal parece ser que el quehacer cinematográfico y la historiografía del cine en México continuarán siendo Nosotros los pobres, Pepe “el Toro” y las películas de Cantinflas dirigidas por Miguel M. Delgado, que periódicamente recicla Televisa.

Museo del cine

En la original Cineteca Nacional ubicada en el cruce de Tlalpan y Churubusco, donde hoy se localiza el Centro Nacional de las Artes, al entrar a la sala Fernando de Fuentes se podía disfrutar y admirar una serie de dibujos que Eisenstein dibujó durante su estancia en México para filmar ¡Qué viva México! a principios de los años treinta. En la misma instalación al entrar al Salón Rojo que estaba en el primer piso se apreciaban algunos espejos cóncavos y convexos, que al igual que en el original Salón Rojo de la segunda década del siglo pasado, nos permitía vernos deformados.

En el nuevo y moderno Museo del Estanquillo, ubicado en la esquina de Madero e Isabel la Católica en el Centro Histórico de la capital del país, se puede admirar la colección de arte popular, sobre todo urbano, de Carlos Monsiváis. Incluye la colección un muy buen número de carteles y fotos fijas de innumerables películas que han sido parte de la educación sentimental del mexicano.

Museo de cine de Viena
Film museum en Viena, Austria

Durante los festejos de los ochenta años de la llegada del cine a México en 1977 se montó la exposición 80 años de cine en México en el Museo del Chopo y se editó un libro del mismo título con varios ensayos sobre el tema debidos a las plumas de Aurelio de los Reyes, David Ramón, María Luisa Amador y Rodolfo Rivera.

Quitando estos ejemplos bastante distantes en el tiempo y descontextualizados entre sí, no hemos podido crear un museo dedicado exclusivamente al cine como parte integral de la historia de México. Existe un proyecto en ciernes que parece va por buen camino, según se desprende de una entrevista a Pablo Ortiz Monasterio, cabeza visible del proyecto de creación del museo.

El afamado fotógrafo – no entiendo por qué no encabeza el proyecto un historiador del cine – nos comenta en entrevista con Milenio Diario (21 de agosto de 2008) que la realización del susodicho museo “es inminente”. Es necesario preservar y reconstruir mucho de nuestra cinematografía nacional, en especial el período mudo. La mayoría de la producción que se filmo entre 1896 y 1930 esta perdida. Desgraciadamente no hubo memoria histórica entre los pioneros del cine por lo que se requiere salvaguardar lo poco que queda del patrimonio cinematográfico de esa época para mejor comprender nuestro presente. Un museo del cine también ayudará a difundir el arte cinematográfico.

En la entrevista mencionada Ortiz Monasterio comenta que “la historia de la Cineteca Nacional es un hoyo negro en nuestra cultura, y la Filmoteca de la UNAM es una opción importantísima…” refiriéndose al incendio que acabó con parte importante de nuestro acervo fílmico cuando Margarita López Portillo dirigió los destinos del cine nacional.

Se necesita digitalizar al cine para difundirlo a través de foros virtuales que unan a la totalidad de nuestras entidades, y no, como hasta la fecha, que están bastante desvinculadas.

Según Ortiz Monasterio ya se han creado canales de comunicación con las autoridades locales de aquellas entidades donde se llevan a cabo festivales de cine y con las instancias oficiales que los promueven. Después de 113 años de que llegó el cine a nuestro país, no hemos logrado crear un museo que aglutine la historia cinematográfica mexicana. De lograrse llevar a buen puerto la creación del susodicho museo, éste llenará un grandísimo hueco que tiene nuestra oferta museística, pues no entiendo cómo tenemos museos de culturas populares y, el cine, que es una de las actividades populares más socorridas, carece de uno.

Tres propuestas quiero externar: la primera que sea un reconocido historiador del cine que encabece el proyecto; segunda, que el museo no se ubique en la ciudad de México, pues ya estamos cansados de centralismos culturales; y finalmente que trabajen juntos, productores, distribuidores, directores, músicos, editores, actores y actrices, sonidistas, tramoyistas, guionistas, fotógrafos y cuánta persona tenga algo que ver con la industria del cine para obtener una visión plural del fenómeno.