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El camarógrafo Vicente Cortés Sotelo

En el número 66 de la revista Relatos e historias en México correspondiente a febrero se publicó el artículo “Vicente Cortés Sotelo: un aventurero en la revolución” de la pluma de Arturo Guevara. Del artículo tomo la parte final donde el autor relata las aportaciones cinematográficas del personaje (pp.74-77):

El camarógrafo

Durante los siguientes años nuestro personaje inicia otra vida y quién sabe cómo se involucra en una nueva actividad: maneja un modesto estudio fotográfico en su natal Ciudad Juárez, “Foto Cortés”, ubicado en la calle del Porvenir número 3. También adquiere una cámara de cine y filma algunos documentales. No sería el único ni el primero que cambió el disparo del fusil por el de la cámara fotográfica. Quizá debido a que desde niño vio e incluso convivió con los fotógrafos que registraron la revolución, por lo que pudo presenciar reiteradamente el trabajo de los camarógrafos Alva, pioneros del cine documental.

En 1965 la revista Impacto presentó el artículo “Cien documentales inéditos de la Revolución”, cuya información se ha repetido en otros documentos. Ahí se dice que Cortés Sotelo se dedicó a filmar desde 1900 y que tenía más de 100 películas sobre la lucha revolucionaria, así como aspectos sociales y culturales del país. Pero es claro que no puede ser verdad; quizá Vicente, de alguna manera, adquirió material producido por alguien más. De hecho, en 1935 mostró al presidente Lázaro Cárdenas una extensa lista de títulos de “su filmografía”; el primero se llamaba Don Francisco I. Madero proclamó la revolución y sublevó a todo el pueblo mexicano, al grito de tierra, justicia y libertad, en contra del gobierno de Porfiro Díaz.

El personaje durante la entrevista entre Villa y Hugh Lenox Scott en Cd. Juárez (Foto: net.lib.byu.edu)
El personaje durante la entrevista entre Villa y Hugh Lenox Scott en Cd. Juárez (Foto: net.lib.byu.edu)

En 1920 trabajó para la candidatura a la presidencia del general Álvaro Obregón en la mayor parte de los estados de la República, haciendo campaña proselitista. Tras el triunfo de éste, Vicente solicitaría que se le dieran permisos de tránsito por todo el país para filmar documentales y exhibirlos en el extranjero. Para 1923 es comisionado por el general Francisco R. Serrano para realizar nuevamente propaganda dentro del ejército, ahora en favor del general Plutarco Elías Calles, y de esta forma mantiene sus ligas con el triunfante grupo de los políticos sonorenses.

Sobreviene la rebelión del sonorense Adolfo de la Huerta, y Vicente, como estafeta motociclista del Ejército, participa en la sangrienta campaña de Ocotlán; a su decir, bajo las órdenes del general Lázaro Cárdenas. Sin embargo, no es miembro regular de las fuerzas armads, a pesar de ser ese su gran anhelo. Lo que sí es que siempre lo acompaña la fotografía.

En agosto de 1928 se da de alta como soldado ayudante en la aviación y, una vez más, empieza desde abajo. Sin desearlo, siete meses después está en campaña contra la fuerte rebelión del general José Gonzalo Escobar, quien se había alzado en varios estados contra el presidente Calles. Vicente se desempeña como fotógrafo aéreo bajo las órdenes del coronel Alfredo Lezama, de la Fuerza Aérea Mexicana. Una vez terminada la emergencia escobarista, es ascendido, pero en 1931 se le da de baja “por economías al presupuesto de Guerra”. Debido a que no podía vivir fuera del Ejército, ingresa ocasionalmente como fotógrafo del Estado Mayor, para ser cesado de nuevo bajo el mismo argumento.

En 1932 logra ingresar al agrupamiento de motociclistas de la policía capitalina, donde permanece durante esa década. Al mismo tiempo, en 1933 participa en la campaña del candidato presidencial Lázaro Cárdenas, distribuyendo propaganda fotográfica entre las fuerzas armadas. Alos después busca entrevistarse con el ya presidente, y en una carta le “suplica” que se le reintegre al Ejército, en vista de los innumerables y desinteresados servicios que ha prestado. Asimismo, le ofrece una serie de películas hechas para el Ejército y el proyecto de otras más dedicadas a la causa obrera y los quehaceres de su gobierno. La propuesta es escuchada y, de diciembre de 1934 a noviembre de 1940, Filmemex le produce varios de sus trabajos.

Cortés Sotelo junto a un avión de la FAM, 1929 (Col. Cristina Cortés)
Cortés Sotelo junto a un avión de la FAM, 1929 (Col. Cristina Cortés)

En 1939 don Vicente  sufre un accidente y las penurias económicas lo orillan a solicitar su ingreso a los “Veteranos de la Revolución”. Según la Ley de Veteranos de la Revolución, tenía derecho a un puesto en el gobierno federal, de acuerdo con sus capacidades y con preferencia sobre los demás ciudadanos. Tras tres años de rigurosa investigación, el Ejército le niega el derecho a recibir los beneficios de los Veteranos de la Revolución por haber servido por más de 90 días al régimen usurpador de Victoriano Huerta.

Entonces recurre a un amigo, el genral Juan F. Azcárate, quien fue director de los Talleres Nacionales de Construcciones Aeronáuticas, fundador de la fábrica de aviones Azcárate, productor del Noticiero EMA (España-México-Argentina) y presidente de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica en 1943. Él lo invita a participar como camarógrafo del Noticiero Mexicano Semanal, órgano oficial del gobierno de la República.

Parece que la vida lo ha resarcido y ha encontrado un oficio fijo cuando, a consecuencia de la diabetes, comienza a perder la vista a los 53 años, quedando diego dos años después. Vicente Cortés Sotelo muere en la ciudad de México en 1966. Hoy, un fondo en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM resguarda poco más de 100 fotografías suyas y una decena de trozos de películas con su firma.

La Revolución en el cine mexicano

La Revolución en el cine mexicano
Carlos Martínez Assad

 En el actual número de Relatos e historias en México correspondiente a agosto se incluye un breve ensayo sobre la Revolución en el cine mexicano. Todo lo que ayude a divulgar el cine mexicano debe ser apoyado. Transcribo el inicio del ensayo del Dr. Martínez Assad; para leer el texto completo, sólo en la edición impresa.

En cierto sentido, el cine inventó la Revolución.

Editó imágenes reales y tramas falsas para transmitir

una imagen distorsionada del proceso real que vivió

México hasta volverlo un mito. Pero la Revolución

aún tiene muchas historias que deben ser contadas…

 

Las imágenes del siglo XX  mexicano comenzaron a expandirse con el cine. Los cine documentalistas se desarrollaron paralelamente al régimen que fenecía. Los hermanos Alva se contaron entre los más destacados, filmaron un evento singular como lo fue el primer encuentro formal en el marco de la diplomacia entre México y Estados Unidos encabezado por los presidentes de los respectivos países en la importante plaza de Ciudad Juárez, que en poco tiempo se convertiría en escenario del inicio de la Revolución mexicana.

La sociedad había cambiado
El centenario camino de caballos y carretas que unió México con Santa Fe, terminó cuando el ferrocarril llegó a El Paso en 1881. En apenas diez años el poblado que se componía de unas cuantas casas, un fuerte militar y algunos comercios se transformó en una ciudad de casi once mil habitantes. El 14 de agosto de 1881 se comenzó la línea férrea en la parte mexicana cuando se colocó un primer simbólico clavo de plata en la orilla derecha del río Bravo, para quedar vinculada tres años después con la ciudad de Chihuahua y con la capital de la república. Su población no creció tanto, porque del otro lado se vivían las ventajosas condiciones del comercio, la variedad de mercancías, el empleo creciente y los bajos precios, resultando muy atractivo para los mexicanos. Ciudad Juárez tomó su nombre en 1888, cuando ya los reclamos sociales llegaban al régimen porque debían pagarse altos costos de los productos llegados del sur y los gravosos impuestos de las mercancías que se importaban.
Eso dio origen a la zona de libre comercio, lo cual fue aprovechado por el establecimiento de casas comerciales de mexicanos y de estadunidenses que se beneficiaron de la liberación fiscal. No obstante el crecimiento de El Paso continuó y en 1900 contaba con dieciséis mil habitantes y diez años después tenía cuarenta mil. Ciudad Juárez alcanzó en 1910 una población de once mil habitantes.

Revista Relatos e historias en México

En el número 19 correspondiente al mes de marzo de la revista Relatos e historias en México se incluyen dos artículos sobre cine mudo mexicano. Uno de ellos, de la pluma de Jesús Flores y Escalante, nos recuerda el Salón Rojo, emblemático cinematógrafo que se localizaba en la esquina de  las actuales calles de Madero y Bolivar. El segundo, escrito por Carlos Silva y titulado Tomó su cámara y se fue a la bola, habla de Jesús H. Abitia, camarógrafo y cineasta del periodo revolucionario.

Más que la información, que no aporta nada nuevo a lo ya escrito con anterioridad, el material iconográfico es de primera calidad, pues se incluyen fotografías tomadas por Abitia durante los años 30 y 40 donde nos muestra una ciudad de México tranquila y nada populosa. Igual sucede con las fotografías del artículo sobre el Salón Rojo: nos permiten casi respirar el ambiente que se vivía durante las funciones a principios del siglo XX. 

Da gusto y gratifica que exista interés en divulgar aspectos de la historiografía cinematográfica mexicana del periodo silente. La inclusión de dos artículos en el mismo número referidos al cine mudo, aún siendo éstos bastante cortos y poco profundos, abona a no olvidar y rememorar una ciudad y tiempo hace mucho olvidados y raramente recordados.

De querer ahondar en cualquiera de los dos temas: el cine Salón Rojo o el cineasta Jesús H. Abitia pueden los lectores encontrar posts en el blog.