Tres cines de los años 20: Granat, Isabel y Odeón

Jacobo Granat fue uno de los empresarios más importantes en los inicios del siglo XX. Fue propietario el circuito Olimpia llegando a contar con más de 25 salas y fue dueño del salón Granat, ubicado en la plaza de San Miguel, entre Pino Suarez y San Miguel (hoy Izazaga). Fue de las primeras salas construidas en 1918 para la proyección cinematográfica.
Este salón se mantuvo en este lugar hasta la década de los sesenta, pero cambió su nombre en 1921 por el de Rialto. Aunque el nombre de Granat, permaneció en otro cine construido en Peralvillo en 1923. En la revista Lux se definen las características de este emporio fílmico:

La apertura del Cinema Olimpia en 1921, en el centro de la ciudad, perteneciente al mismo Circuito Granat, Cinema que tenía cupo para 4000 espectadores. Pude haber citado el Cine Rívoli o el Cine Majestic en Santa María; el Briseño, el Capitolio o el Odeón en la Guerrero; el Lux en San Rafael. El hecho era que el cine se había convertido en un auténtico espectáculo de masas.

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Este cine sustituyó al antiguo salón La Redonda en 1925. El cine Isabel se encontraba en Santa María la Redonda número 80, enfrente de la hoy popular plaza Garibaldi.
Su arquitectura era sobria: pilastras estiradas, arcos rebajados, cornisas y remates. La marquesina, aunque ya presente, es la estructura volada que protegía la entrada, y en la que se inscribía el nombre del cine. Las películas exhibidas, se anunciaban por medio de láminas colgadas en la marquesina.

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Inaugurado en 1922 en la calle de Mosqueta número 29, donde originalmente se encontraba el Teatro Apolo, refleja una clara influencia del Palacio de las Bellas Artes, como del academicismo imperante todavía en esos años. El cine Odeón fue construido por el arquitecto Carlos Crombé a quien también se debe el diseño y la construcción de otros palacios cinematográficos de la ciudad de México como el Olimpia, Cosmos, Colonial y Alameda. En los extremos de la fachada del cine Odeón se apreciaban las salidas de emergencia, fruto de las reglamentaciones de época. Las dimensiones del volumen arquitectónico de los cines se acrecentaban y, por lo mismo, comenzaban a resaltar y contrastar con el paisaje de la ciudad.

Sin duda el origen del nombre Odeón está relacionado a los nickelodeons. El nombre de nickelodeon fue acuñado por Harry Davis y John P. Harris, quienes abrieron un pequeño local con ese nombre en la calle Smithfield en Pittsburgh, Pennsylvania el 19 de junio de 1905. Aunque el suyo no fue el primer negocio en el mundo, especializado en la presentación de películas, Davis y Harris encontraron un gran éxito al darle un eficaz nombre mercadológico donde se exhibían 105 películas simultáneamente. Este modelo pronto fue imitado por cientos de empresarios ambiciosos, como era el nombre del lugar en sí. Cabe explicar que las más de 100 películas exhibiéndose en un solo local, se refiere a los 105 kinetoscopios inventados por el “mago de Menlo Park”, Thomas Alva Edison y que exhibían una película para una sola persona por vez. Edison también descubrió el cine y el principio de la persistencia retiniana, pero no lo inventó para ser mostrado de una manera “social y colectiva”, como si lo hicieron los hermanos Lumière. El kinetoscopio era una caja, con un visor, que albergaba una cinta de celuloide, montada en una banda sinfín. El espectador debía depositar un nickel, 5 centavos de dólar, para poder ver las “películas”.

Louis B. Mayer en sus inicios como empresario, incluso antes de convertirse en el dueño de la MGM, entra en el negocio de los nickelodeons cuando la fiebre por este tipo de diversión empezaba a crecer en el gusto del público. Mayer transformó el “Teatro Gema” en Haverhill, Massachusetts, convirtiéndolo en un nickelodeon que abrió sus puertas en 1907 como el “Orpheum Theater”, y anunció que sería “el hogar de refinado entretenimiento dedicado a los Hermanos Miles con imágenes en movimiento que animaban e ilustraban sus canciones”. La moda de los nickelodeons disminuyó cuando las ciudades crecieron y surgieron grandes y cómodos cines, lo que, con los altos ingresos de taquilla, consolidó la industria del entretenimiento.

Antes por supuesto en la arquitectura clásica, se denomina Odeón al edificio teatral que se utilizaba en la antigua Grecia y posteriormente en la Roma clásica para los acontecimientos musicales, que podían consistir tanto en las propias representaciones musicales como para canto y poesía.

*Fragmento de Antiguos monumentos del séptimo arte publicado por Fernando Bañuelos Medina en homocinéfilus.com

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