Los rollos del cine revolucionario

La batalla y su sombra

Los salones de cine y la prensa de la época ponían énfasis en la autenticidad de las películas documentales, destacaban la peligrosa misión de los camarógrafos e insistían en el valor realista de las tomas. Al anunciar el reportaje Revolución orozquista (1912), de los hermanos Alva, el célebre Salón Rojo de la Ciudad de México resaltaba que la cinta había sido “lograda felizmente después de no pocos peligros para los operadores en los campos de batalla” 81 y que éstos “fueron víctimas de muchas vejaciones y su vida estuvo en inminente peligro, pues las balas cruzaron en donde se encontraban con sus aparatos, que sufrieron serios desperfectos […]”. 82 Un anuncio del Cine Hidalgo del reportaje de Enrique Rosas La revolución en Veracruz (1912) pregonaba: “Esta película fue tomada con gran valor por parte del manipulador, porque sin temor á los proyectiles se aventuró hasta la línea de fuego, hay detalles sensacionales […]”. 83 A propósito de Sangre hermana (1914), otro reportaje de los hermanos Alva, el diario El Independiente publicó: “Con un valor á toda prueba, con una decisión ejemplar, hábiles cinematografistas mexicanos se aventuraron en los campos infestados por las hordas turbulentas y sacaron fiel reproducción de cuanto ha acaecido en los ensangrentados campos de Morelos durante esta lucha fratricida […]”. 84 El Entreacto de Mérida, Yucatán, divulgó el sábado 16 de enero de 1915: “Por circunstancias especiales [Jesús H. Abitia] es el único que ha podido hacer una gira cinematográfica tan larga como expuesta, habiendo estado á punto de perder en varias ocasiones la vida, pues en la batalla de León y la Trinidad, que indudablemente es la más grande que se ha registrado en la historia de México, al estar tomando un duelo de artillería, una granada la explotó tan cerca, que le inutilizó el aparato”. 85 Como se aprecia, se trataba de relacionar los riesgos que corrían los camarógrafos con el realismo cinematográfico.

A 253 Campamento improvisado (1914)
Imagen No. 47: Campamento villista improvisado sobre los vagones de un tren de ferrocarril. Estado de Chihuahua, 1914. Fotografía de autor desconocido.

La eficacia de las películas documentales de propaganda política radica en el convencimiento del público de que todas sus escenas han sido rodadas en el lugar de los hechos y que se encuentra ante pruebas irrefutables. Pero no es así. La selección de las tomas, el privilegiar algunos aspectos y omitir otros, y su montaje en una secuencia determinada permiten dar la interpretación que se quiera de los hechos. De ahí que los documentales de la Revolución mexicana no sean obras imparciales, ni tampoco ofrezcan una visión objetiva de los acontecimientos: portan las preferencias políticas e ideológicas de los primeros artistas nacionales del cine que —como advierte Andrés de Luna— recurrieron a la supresión, generalización y construcción de motivos, personajes y símbolos. 86

Según este autor, las visiones de la Revolución que produjeron los documentalistas mexicanos muy pronto se constituyeron en imágenes míticas, si entendemos por mito una “imitación secundaria de la acción”. En consecuencia, nos hallamos frente a versiones paralelas a la vida real que se fijaron e inmovilizaron apresuradamente de manera que concordaran con la ideología dominante en cada momento. Esto se aprecia claramente en las actualidades y los reportajes de la época, pero es particularmente notorio en tres montajes extemporáneos: Memorias de un mexicano (1950) y las dos versiones de Epopeyas de la Revolución mexicana (1961 y 1963).

Sostiene a Andrés de Luna que en estas representaciones de la Revolución mexicana el imperativo es suprimir, con el objeto de anular todo aquello que resulta innecesario para construir una “verdad”. Una cosa es el espiral de la historia y otra muy distinta es su síntesis fílmica. Y continúa el autor: “La generalización contribuye a fincar en un panorama bien soleado y con tierra fértil, las semillas del simplismo oficialista. De esta manera, todo cabe en una “versión” sabiéndolo acomodar. La última de las reglas de oro se refiere a la construcción en la que tiene mucho que ver la coherencia y la retórica, pues de ambos elementos depende la eficacia del mito”. 87

A 254 Embarque de soldados y fam. (1913)
Imagen No. 48: Revolucionarios y sus familias se embarcan en Sonora para reunirse con las fuerzas villistas en Torreón, Coahuila. Estado de Sonora, 1913. Fotografía de autor desconocido.

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